Adriano del Valle
| Nombre completo | Adriano del Valle |
|---|---|
| Nombre nativo | Adriano del Valle Rossi |
| Descripción | Poeta español |
| Fecha de nacimiento | 19-01-1895 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 01-10-1957 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | poeta, escritor |
| Géneros | poesía |
| Idiomas | español |
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Adriano del Valle Rossi nació en Sevilla el 19 de enero de 1895 y falleció en Madrid el 1 de octubre de 1957. Fue un poeta español, articulista, cuentista y pintor que formó parte de la generación de 1927, dialogando entre el modernismo y el ultraísmo, con una obra que se difundió mayormente en periódicos y revistas. Su trayectoria le valió varios reconocimientos, destacando el Premio Nacional de Poesía otorgado en 1933 por Mundo sin tranvías.
Adriano del Valle Rossi nació en Sevilla el 19 de enero de 1895 y falleció en Madrid el 1 de octubre de 1957. Fue un poeta español, articulista, cuentista y pintor que formó parte de la generación de 1927, dialogando entre el modernismo y el ultraísmo, con una obra que se difundió mayormente en periódicos y revistas. Su trayectoria le valió varios reconocimientos, destacando el Premio Nacional de Poesía otorgado en 1933 por Mundo sin tranvías.
Biografía
La vida de Adriano transcurrió entre Sevilla y otros horizontes culturales; su padre era de origen asturiano y su madre, sevillana, de la familia Rossi, que había dejado Córcega rumbo a París. A los dieciséis años dejó los estudios para colaborar en la empresa familiar dedicada a la fabricación de juguetes, experiencia que añadió un componente práctico a su formación.
Durante su adolescencia se agrieta por tragedias familiares: la muerte de su madre en 1907 y la pérdida de tres de sus cuatro hermanos, cambios que dejaron huellas profundas en su ánimo y en su visión del mundo. En ese periodo, el joven Adriano ensaya la vida más allá de las aulas y va formando su propia sensibilidad artística.
La relación entre lectura y vocación poética se consolidó en 1912, cuando descubrió la obra de Rubén Darío, un encuentro que desencadenó una intensa exploración de la palabra poética. En los años siguientes, entró en contacto con Federico García Lorca, ocasión en la que el joven poeta se acercó a corrientes neopopulistas, que influirían en su trayectoria de alternancia entre lo popular y lo innovador. En 1918, en Sevilla, fundó la revista Grecia junto a su círculo cercano de amigos, como Isaac del Vando-Villar y Luis Mosquera, para difundir una línea ultraísta en la ciudad. Allí adoptó seudónimos como Amalio Rossi para la poesía y Adrianus para la prosa, y halló en Eugenio d’Ors a un maestro a quien veneró desde entonces.
En el ámbito personal, en 1923 contrajo matrimonio con Pepita Hernández en Huelva; la luna de miel los llevó a Lisboa, donde conocieron a figuras de renombre como José Pacheko, Judith Teixeira, Raúl Leal y Fernando Pessoa. Ese año comenzó también a traducir a Mario de Sá-Carneiro, una labor de traducción que acompañaría su trayectoria literaria.
El año 1927 marcó un giro significativo con la fundación de Papel de Aleluyas en Huelva, asociación entre Adriano y Fernando Villalón, Rogelio Buendía Manzano y otros colaboradores; esa publicación reunió a varios nombres ilustres de la poesía y el arte de la época. En la capital se vinculó al proyecto Santo y Seña, y se relacionó estrechamente con panóplias artísticas que iban desde la pintura hasta la literatura. Sus encuentros con pintores como Daniel Vázquez Díaz y su participación en murales para el monasterio de La Rábida en 1929 lo conectaron con un círculo de creadores que incluía a Dalí, Miró, Cristino de Vera y Rafael Canogar. En esa misma época introdujo el collage en el contexto español, influencia de Max Ernst, y cultivó una activa afición musical que lo aproximó a figuras como Turina, Fleta, Falla, Jacinto Guerrero, Joaquín Rodrigo y Ernesto Halffter. Mantuvo también lazos de amistad con toreros y aficionados taurinos, entre ellos Ignacio Sánchez Mejías, Luis Miguel Dominguín y Manolete, lo que nutriría uno de sus hilos temáticos más perdurables: la poesía taurina.
La vida pública de Adriano se vio marcada por una anécdota que dejó huella en la memoria literaria: el 20 de octubre de 1931 recibió una carta de Gerardo Diego en la que el poeta se disculpaba por no haberlo incluido en su Antología, lo que desató críticas, incluso por Camilo José Cela, que lo consideró injusto. Este episodio subraya el tono polémico y la sensibilidad de su entorno.
Entre 1920 y 1923 escribió Primavera Portátil en Écija, un proyecto que, por falta de recursos, no pudo publicarse en su momento; la edición de ese libro se demoró y no vio la luz hasta 1934. En 1927 Papel de Aleluyas anunció su edición, pero la revista dejó de existir repentinamente, lo que retrasó la aparición de la obra.
El compromiso político de la época también dejó su marca: tras estallar la Guerra Civil, Adriano del Valle tomó partido por la causa nacional y colaboró en la revista Vértice, órgano de expresión de las Juntas y Falange. Después del conflicto, editó Lyra sacra y otras colecciones de verso como Los gozos del río y Arpa fiel. Su producción lírica continuó en un marco de posguerra, con ediciones póstumas que recogieron poemas escritos entre 1941 y 1957. Más tarde, Guillermo Díaz-Plaja promovió una edición póstuma y, en 1977, la Editora Nacional reunió gran parte de su obra en un volumen titulado Obra poética.
En 1942 fue nombrado director de la revista Primer Plano y, desde esa función, impulsó el Festival de Cine de Punta Umbría y promovió la presencia de un festival internacional de cine en San Sebastián. En 1943 recibió el premio Mariano de Cavia por Stella matutina, texto en prosa inspirado en la Semana Santa sevillana. En 1946 representó a España en la Exposición del Libro de Lisboa y, en 1952, formó parte del Primer Congreso Internacional de Poesía celebrado en Segovia, junto a figuras destacadas de la literatura española y de otros países. Su vínculo con el mundo cultural mantuvo lazos con Camilo José Cela, Vicente Aleixandre, José Hierro, Dionisio Ridruejo y otros nombres relevantes. Su vida llegó a su fin en Madrid, el 1 de octubre de 1957.
En 2006, su hijo Adriano del Valle Hernández publicaría una extensa biografía titulada Adriano del Valle, mi padre, en la editorial Renacimiento, que ofrecía una mirada íntima sobre la trayectoria del poeta y traductor. En 2000, parte de su archivo personal fue adquirido por el Museo Reina Sofía, donde se conservan unas setecientas fotografías que testimonian su relación con el arte y la escena cultural; otras instituciones, como la Diputación de Huelva, también conservan fragmentos de su legado.
Obra
La trayectoria creativa de Adriano estuvo dominada por la poesía, aunque también cultivó la prosa crítica y el ensayo en una abundante producción periódica. Sus textos aparecieron principalmente en revistas y periódicos, y, en menor medida, en libros; apareció asimismo en cabeceras literarias como Cervantes, Ultra, Reflector, Proa y Helios, entre otras, junto a colaboraciones en Centauro, La Esfera, Nuevo Mundo, Mediodía y Prisma. Su repertorio lírico es variado, con una marcada preferencia por motivos andaluces y una tendencia a combinar lo popular con formas clásicas, a menudo enriquecidas con un lenguaje de resonancias barrocas. En vida dejó inéditos varios proyectos: Mundo sin tranvías, El jardín del centauro, el auto sacramental La divina pastora (1923) y Musa-Omnibus (1934-1937).
Libros de poesía
- 1934 - Primavera portátil.
- 1939 - Lyra sacra.
- 1940 - Los gozos del río.
- 1941 - Arpa fiel.
- 1942 - Sonetos a Italia.
- 1954 - La innombrable.
- 1955 - Misa de Alba en Fátima y Gozos de San Isidro.
- 1956 - Oda náutica a Cádiz.
- 1957 - Égloga de Gabriel Miró y Fábula del Peñón de Ifach.
Poesía taurina
La obra de Adriano también se inscribe en el ámbito taurino, una vertiente que halló en la generación del 27 un cauce fértil. Participó de tertulias con intelectuales como Lorca y José María de Cossío, y gozó de la amistad de toreros y ganaderos que acompañaron su estética, entre ellos Manolete, Ignacio Sánchez Mejías y Fernando Villalón. En estas conversaciones y encuentros nació parte de su poesía dedicada al mundo de la tauromaquia, así como una labor de reconocimiento a figuras como Domingo Ortega y Álvaro Domecq, con piezas que acompañaron homenajes y ferias.
Entre sus aportes taurinos destacan piezas para El Ruedo y romances y poemas dedicados a personajes taurinos, que se consolidaron como una de sus facetas más singulares. Uno de sus romances, dedicado a Manolete, fue seleccionado e incluido en un libro conmemorativo del ayuntamiento de Madrid en 1998; las lecturas de ese poema se realizaron en 1944 durante un homenaje celebrado en el restaurante Lhardy, y una edición posterior añadió Brindis Póstumo tras la muerte del torero.