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Alfred Sisley

Nombre completo Alfred Sisley
Nombre nativo Alfred Sisley
Descripción Pintor impresionista francobritánico
Fecha de nacimiento 30-10-1839
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 29-01-1899
Nacionalidad Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, Francia
Ocupaciones pintor, aguafuertista, litógrafo, artista visual
Géneros pintura del paisaje, bodegón
Idiomas francés, inglés
HermanosAline-Frances Sisley, Emilie Sisley
ParejasMarie-Louise Adélaïde-Eugénie Lescouezec
EsposasMarie-Louise Adélaïde-Eugénie Lescouezec
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Alfred Sisley nació en París en el año 1839 y es recordado como uno de los pintores impresionistas más dedicados a la exploración del paisaje. Su vida, marcada por la búsqueda de la luz, el agua y los ritmos cambiantes de las estaciones, transcurrió en un itinerario que lo llevó desde la ciudad a los márgenes del Sena y a los campos que rodean los pueblos de la campiña francesa. Aunque su fama creció tras su muerte, su obra ofrece una visión serena y rigurosa de la naturaleza en su forma más pura.

Alfred Sisley — Imagen principal
Firma de Alfred Sisley

Alfred Sisley nació en París en el año 1839 y es recordado como uno de los pintores impresionistas más dedicados a la exploración del paisaje. Su vida, marcada por la búsqueda de la luz, el agua y los ritmos cambiantes de las estaciones, transcurrió en un itinerario que lo llevó desde la ciudad a los márgenes del Sena y a los campos que rodean los pueblos de la campiña francesa. Aunque su fama creció tras su muerte, su obra ofrece una visión serena y rigurosa de la naturaleza en su forma más pura.

Biografía

Juventud y formación (1839-1871)

El joven Sisley vio la luz el 30 de octubre de 1839 en la dirección londinense de una familia de comerciantes ingleses asentada en la capital francesa; sus padres buscaban para él un camino en el comercio. El progenitor, William Sisley, provino de un origen francés y dirigía una empresa de importación con sede en Londres, mientras que su madre, Felicia Sell, cultivaba aficiones artísticas y sociales. La educación familiar no tardó en chocar con la inclinación artística que ya se intuía en el joven, lo que más tarde lo acercó a la pintura.

Su bautismo, realizado el 31 de octubre de 1840, tuvo lugar en una comunidad de la Iglesia Reformada de París, con el pastor Athanase Coquerel ejerciendo como officiant; este episodio marcó un inicio discreto en su trayectoria espiritual. El destino del joven tomó un giro cuando, en la década de 1850, recibió la orden de dirigirse a Londres para iniciarse en el mundo mercantil. Durante aquellos años, sin embargo, la atracción por la cultura visual creció con rapidez.

A mediados de los años cincuenta, un aprendizaje más práctico lo llevó a la vida empresarial en la capital británica, periodo en el que el joven Sisley pasó más tiempo visitando museos que afinando su técnica comercial. Sus visitas a los museos le permitieron admirar a maestros como Constable y Turner, inspiración que dejó huella en su sensibilidad cromática. Regresó a Francia en 1860 con la convicción de abandonar la empresa familiar para dedicarse por completo al arte. La decisión de dedicarse a la pintura supuso un cambio decisivo en su trayectoria.

En 1861, antes de formalizar su incursión en el mundo artístico, él frecuentó conciertos de Pasdeloup y compartió confidencias con Arsène Alexandre sobre la intensidad emocional de ciertas obras. Este ambiente musical y crítico reforzó su interés por la experiencia sensorial que la pintura podía transmitir. En 1862 ingresó en el estudio de Charles Gleyre, donde entró en contacto con Renoir, Monet y Bazille, formando entre ellos una amistad artística que se consolidaría con el tiempo. La relación con sus futuros compañeros fue el motor de una experimentación que buscaba abandonar las rígidas tradiciones académicas.

Apenas unos meses después, en 1863, el grupo decidió abandonar el estudio de Gleyre para salir a trabajar al aire libre y abrazar el paisaje como motivo central. Sus caballetes se plantaron en Fontainebleau, en Chailly-en-Bière, Barbizon y Marlotte, zonas que alimentaron un empeño común en la pintura de la naturaleza desde una perspectiva nueva. Este primer activismo colectivo culminó en 1865 con una reconfortante renovación de su vínculo y la consolidación de un impulso que anticipaba el nacimiento del impresionismo. Sus influencias se nutrieron especialmente de Corot y Daubigny.

Durante esa etapa temprana, Sisley dio inicio a proyectos como Los caminos de castaños en La Celle-Saint-Cloud, creados junto a Bazille y llevándolo a los bosques cercanos a La Celle-Saint-Cloud. En el invierno de 1867-1868, Bazille realizó su retrato, un testimonio de la fraternidad que compartían. La vida personal también dejó huella: en 1866 conoció a Marie-Louise Adélaïde-Eugénie Lescouezec, una joven de Toul, relación que enfureció a su padre y llevó a que se apartara de la familia, provocando un desmarque social y económico. En el ámbito artístico, Renoir pintó en 1869 una escena que alude a la convivencia de Sisley con su futura esposa. Posteriormente, Marie Bracquemond les retrató en 1880 en una obra que alude al paseo en bote y a la intimidad de la pareja en Sevres.

Con la llegada de los hijos, la memoria familiar se hizo presente: Pierre (1867) se convirtió en decorador y anticuario, Jeanne (1869) fue pintora y acuarelista, y Jacques (1871) falleció ese mismo año. En 1871, Sisley pintó a sus hijos en un salón, una imagen que, quizá, constituye uno de sus retratos familiares más simples y poderosos. En ese periodo, la vida diaria en París y en su periferia le ofreció un campo fecundo para la práctica: entre talleres y reuniones en el Café Guerbois, donde convivían Manet y otros críticos, la energía de la escena parisina alimentó su impulso de experimentar. La crónica de Émile Zola y la atmósfera de la juventud impulsaron a este grupo hacia una dirección que sería decisiva para el movimiento impresionista.

En los años posteriores, la familia se trasladó a Bougival y luego a Louveciennes, lugares que ofrecían vistas acuáticas y amplios horizontes para su obsesión con el agua y las temperaturas cambiantes. Sempre, Sisley trabajó en su estudio o al aire libre, y envió dos paisajes del canal Saint-Martin a un Salón de París en 1870. Durante la ocupación prusiana de 1870, huyó de Bougival a París y luego regresó al entorno, estableciéndose en Louveciennes, donde inició una serie de pinturas que representarían la nieve y la costa circundante. La región de Coeur-Volant fue también escenario de su producción, con una persistente atención al efecto de la luz en superficies mojadas y superficies heladas. La guerra marcó una pausa, pero no debilitó su compromiso con la observación de la naturaleza.

La pérdida de su padre, que había caído en la ruina a raíz de los acontecimientos, llevó a Sisley a trasladarse con su familia a Louveciennes y a realizar una cantidad considerable de paisajes en Marly-le-Roi, Bougival y sus alrededores, donde la ausencia de conflicto parecía concederle un refugio para la contemplación. En 1872, tras una reunión con Paul Durand-Ruel a través de Monet y Pissarro, Durand-Ruel adquirió una cantidad considerable de obras de Sisley y se convirtió en su principal agente durante décadas. Esta relación estrecha facilitó que, en 1874, el artista participara en la primera exposición de los pintores impresionistas, presentando varias obras que mostraban su capacidad para capturar la inestabilidad de la luz en paisajes nocturnos y diurnos.

Durante la década de 1870, el pintor viajó a Londres gracias al mecenazgo de Jean-Baptiste Faure, ejecutando una serie de paisajes alrededor de Molesey y Hampton Court, y consolidó su presencia como autor de sensibilidades ligadas al paisaje natural. A finales de 1874 y durante 1875, permaneció en Louveciennes, dejando constancia de la nieve en sus lienzos con una paleta que oscilaba entre tonos rosados, amarillos y azules para capturar la atmósfera gélida. En 1875 se mudó a Marly-le-Roi, continuando su exploración de los temas invernales, entre ellos l’Abreuvoir de Marly-le-Roi y las escenas de las riberas del Sena. Sus intereses se centraron en las estaciones, las corrientes de agua y las estructuras del paisaje, que integración constante y concreta de su visión. En esos años, Sisley fue quizá el de mayor permanencia en el meandro del Sena, convirtiéndose en el pintor que produjo más escenas de esa corriente.

En 1874, junto a Monet, Renoir, Pissarro, Corot y Degas, formó parte de una sociedad que impulsaba la economía de la pintura al margen de las academias. Participó en las tres primeras exposiciones del grupo en los espacios de Nadar (1874), en la segunda edición de 1876 y en la tercera de 1877; una ética de exhibición que consolidó el imaginario impresionista aunque, curiosamente, no se integró en la séptima exposición de 1882. A partir de ese año, la participación en grandes muestras fue cediendo, y su presencia en las exposiciones colectivas se volvía más esporádica. En 1880-1881 su figura ocupó un lugar de honor en una exposición individual en Londres, mientras que Durand-Ruel organizó otras dos muestras en los años siguientes. La recepción crítica de su obra fue variada, con elogios de algunos críticos y reservas de otros que desconfiaban de la novedad que proponía.

A partir de 1880, la vida de Sisley dio un giro hacia una existencia más tranquila y cercana al campo de Moret-sur-Loing, pueblo al que se aferró como refugio y fuente de inspiración hasta el final de sus días. En estas décadas, el paisaje se convirtió en el eje central, y la distancia entre las figuras humanas se hizo más notoria, con lo que su pintura adquirió una cualidad cada vez más contemplativa. La dispersión del grupo impresionista fue evidente: Renoir, Monet y otros se alejaron de las exposiciones, mientras Sisley insistía en que su carrera seguiría bajo su propio sello, buscando la autenticidad de la experiencia visual más que la aprobación de las grandes vitrinas. En 1882 participó en la séptima exposición, y la octava fue la última en la que figuró junto a sus colegas fundadores. En esa etapa, la consolidación de su estilo se hizo patente en la serenidad de los temas de agua y bosque, que se convertirían en su legado más duradero.

En 1885, ante problemas de liquidez, aceptó la ayuda de Durand-Ruel para organizar dos exposiciones colectivas en Nueva York en 1886, señales tempranas del reconocimiento internacional que tardaría año tras año en consolidarse. También abrió nuevas vías comerciales de la mano de Georges Petit a partir de 1886 y, posteriormente, de 1893 en adelante, buscando ampliar la presencia de su obra más allá de Francia. En 1890 fue aceptado como miembro asociado de la Sociedad Nacional de Bellas Artes, una distinción que le garantizó la posibilidad de presentar trabajos anualmente, salvo contadas ausencias, hasta el cierre de su vida. Aun así, la crítica de la época siguió siendo áspera en momentos, con figuras como Octave Mirbeau calificando de manera contundente ciertos lienzos. En esas controversias, Geffroy lo defendió como un maestro del paisaje, y las cartas de Pissarro y otros colegas testificaron una estima que crecía a la sombra de las circunstancias adversas.

Fin de su vida (1896-1899)

Los últimos años estuvieron marcados por una salud debilitada y periodos de dolor intenso derivados de la artritis reumatoide. En 1896 se organizó una retrospectiva importante en la galería de Durand-Ruel, que reunió gran parte de su producción; la convocatoria fue extensa y, pese al esfuerzo de reunir obras de coleccionistas, la respuesta del público fue moderada y los comentarios de Arsène Alexandre y Adolphe Tavernier resultaron entre los pocos elogiosos. Este episodio dejó una marca profunda en el artista, que no encontró en su época la repercusión que esperaba. La exhibición se convirtió en una experiencia dolorosa, y para Sisley fue un recordatorio de la brevedad de la fama.

En 1897 recibió invitaciones para explorar escenarios en Inglaterra, concretamente en Londres y luego en Penarth, cerca de Cardiff. En el viaje a Cardif, el 5 de agosto, llevó a cabo su última gran producción de marinas y acantilados, capturando la fuerza de las rocas y las olas. Regresó a Moret en noviembre con el impulso de obtener la ciudadanía francesa, un deseo que terminó frustrándose por la ausencia de documentos oficiales. Un giro irónico de la vida, pues su dedicación al paisaje del Sena y del Loing parecía encarnar la identidad regional que no terminó de reconocerle su propio país. En estas horas, su salud continuó deteriorándose, y la noticia de la enfermedad de la garganta se convirtió en el último obstáculo que enfrentó con su habitual temple.

La situación económica se volvió precaria, y la pérdida de la esposa a fines de 1898 agravó su ánimo. Aun así, mantuvo la disciplina de trabajar cuando el dolor se permitía y dejó mensajes que revelaban su carácter resignado. En una carta a su médico declaró su agotamiento y la dificultad de seguir luchando. En ese momento, Monet intervino de manera destacada como amigo y apoyó a sus hijos, marcando una despedida empática de la comunidad artística. Sisley falleció el 29 de enero de 1899 en su casa de Moret-sur-Loing, sin haber obtenido la nacionalidad francesa que anhelaba.

El sepelio tuvo lugar el 1 de febrero en un velorio sobrio, con la presencia de artistas cercanos que habían convivido con él en París y en su entorno provincial. Renoir, Monet y Tavernier estuvieron entre los asistentes, y un discurso de Jean-Charles Cazin para la Sociedad Nacional de Bellas Artes acompañó el homenaje. Adolphe Tavernier pronunció una oración, recordando a un “mago de la luz” y a un “poeta de los cielos y las aguas” que legó una visión única del paisaje. Fue enterrado junto a su esposa y dejó grabada en su tumba una frase suya que celebraba la necesidad de envolver las cosas en la luz de la naturaleza.

Después de su muerte

La suerte comercial de Sisley dio un giro tras su fallecimiento: en febrero de 1899 la galería Bernheim-Jeune organizó una exposición con catorce lienzos, y en marzo Durand-Ruel montó una muestra de veintiocho obras en Nueva York. El 1 de mayo, Monet organizó una venta a beneficio de los hijos de Sisley a través de la Galerie Georges Petit, un acontecimiento que difundió su legado con cobertura periodística notable. En marzo de 1900, la compra de La inundación en Marly por el conde Isaac de Camondo, por un precio elevado en ese momento, consolidó la memoria de Sisley como uno de los grandes paisajistas del impresionismo. En 1911 recibió un homenaje póstumo singular: fue el primer impresionista en ser conmemorado con un monumento en su ciudad natal, Moret-sur-Loing.

A lo largo de su vida produjo una cantidad impresionante de obras: se estima que completó cerca de 960 óleos sobre lienzo y unos 100 pasteles, además de numerosos dibujos. La cantidad de obras falsas atribuídas a su nombre ha sido motivo de preocupación para historiadores y coleccionistas, lo que ha hecho aún más importante la labor de los catálogos y las firmas auténticas. Entre las piezas aceptadas como de su autoría hay trabajos de su hija Jeanne que, hacia 1895, heredaron el apellido Sisley y, pese a las dudas, forman parte del corpus histórico.

El arte de Sisley

Con una trayectoria centrada en el paisaje, Sisley se apartó notablemente de la figura humana para privilegiar la relación entre cielo, agua y terreno. Su obra se inscribe dentro de la escuela impresionista, pero su sello personal reside en una atención minuciosa al fenómeno atmosférico y a la fluidez de la luz. A diferencia de algunos de sus contemporáneos, él prefirió que las escenas se mantuvieran en un marco de silencio y contemplación, con las siluetas humanas apenas insinuadas y casi ausentes. La pureza del paisaje se convirtió en la misión principal de su arte.

Entre sus años de mayor creatividad, el periodo que va de 1872 a 1880 destaca por sus paisajes espontáneos alrededor de la región parisina y de localidades vecinas como Marly, Louveciennes, Bougival, Sèvres y Meudon. Estas obras muestran una interacción constante entre suelo, agua y cielo, donde el agua suele ocupar el primer plano o un papel dinámico que contrasta con el yacimiento de la vegetación y las edificaciones. Sus escenas de inundación en Marly revelan una interioridad que, sin abandonar la instantaneidad, conserva un lenguaje poético y meditativo.

Hoy se reconoce a Sisley como el paradigma del impresionismo en su esencia: la presencia mínima de figuras humanas, el énfasis en la percepción del espacio y la delicadeza de los toques, con una paleta que evoluciona de tonalidades oscuras hacia una luminosidad que captura la temperatura del día. Aunque algunos críticos señalan una aparente estasis en su desarrollo técnico, otros sostienen que ese encierro formal es la clave de su singularidad: la constante búsqueda de la verdadera naturaleza de la atmósfera, sin distracciones narrativas.

Un análisis de su evolución propone que, desde sus inicios, su interés por la influencia de Corot y Courbet dejó una huella en su manera de valorar la composición y el paisaje. A partir de 1870, su paleta se aligera y su atención se inclina hacia las riberas del Sena y los canales de la región, con un tratamiento de la superficie del agua y del reflejo que se convertiría en una marca indeleble de su estilo. Hacia el final de su carrera, trabajó en series que repetían un mismo motivo en diferentes momentos: Saint-Mammès, los Sablons y el Loing fueron objetos de exploración paciente, que ofrecían la posibilidad de estudiar la variación de la luz a lo largo del tiempo. Estas series mostraron una búsqueda de continuidad y renovación a la vez.

La estancia en Penarth, en Gales, abrió nuevas posibilidades para Sisley. Allí exploró marinas y paisajes costeros, experimentando con la interacción de la luz sobre la arena y el agua, y plasmando acantilados, rocas y espumas que parecían umbrales entre la tierra y el mar. Este episodio amplió su horizonte temático y demostró su capacidad de adaptar su lenguaje pictórico a entornos distintos sin perder la coherencia de su visión.

Inspiración

El cielo y el agua ocupan un lugar central en su inventario visual: la forma en que la luz se refleja en la superficie y el modo en que el agua modula el paisaje le confirieron una identidad propia. En Moret-sur-Loing vivió una fuente de resonancias especial, como atestigua la obra Una noche en Moret, que exhibe una atmósfera nocturna sobria y contemplativa. Sisley no persiguió un realismo extremo, sino una interpretación poética de la naturaleza, donde la estación y la temperatura del aire definían el carácter de cada lienzo. En la primavera empezó a insinuar la cadencia de los huertos en flor, pero fue el invierno y sus campos nevados lo que más le atrajo, pues su temperamento reservado encontraba en el silencio de esas escenas un refugio para la imaginación.

Influencia del arte japonés

En la obra de Sisley se perciben resonancias de la estética japonesa, resultado de la fascinación por grabados que circulaban en París. Algunos de sus paisajes presentan perspectivas que recuerdan a las composiciones de Hiroshige, y ciertos elementos de suoi lenguaje se inspiran en Hokusai, a quien Monet había conocido. Se aprecia un puente que se curva en escenas como El Pont de Villeneuve-la-Garenne, y campanarios que se elevan bajo cielos lluviosos, ejemplos claros de una lectura de la geometría del espacio que remite a la estética del país del Sol naciente. Este diálogo con la tradición visual asiática aportó, para Sisley, un marco de experimentación que enriqueció su tratamiento del paisaje.

Intenciones artísticas

Para Geffroy, uno de los primeros historiadores del arte que escribió sobre su figura, la madurez de Sisley se reveló en el momento de su muerte, cuando su pintura alcanzó un reconocimiento que había tardado en llegar. En sus palabras, el impacto de su legado provocó una respuesta emocional en el público cuando las obras parecían preparadas para venderse en cuanto alguien quisiera hacerlas suyas. En la actualidad, muchos especialistas sostienen que Sisley representa la esencia misma del impresionismo en lo que se refiere a la naturaleza, la atmósfera y la luz, aun cuando otros señalan que su proceso creativo fue menos evolutivo que el de algunos de sus contemporáneos. Para Daulte, el catálogo razonado de su obra subraya que la aparente monotonía de algunos motivos es, en realidad, la manifestación de un principio clave: la exploración constante del espacio y la búsqueda de una relación casi telegráfica entre la huella de la luz y la trayectoria de las formas. En esa línea, los motivos recurrentes de senderos y ríos que se repetían a lo largo de su carrera se leen como una exploración de la distancia y de la profundidad perceptual. El cielo, por su parte, adquiere un estatus de primer plano, no solo como telón, sino como motor de la composición, capaz de impartir movimiento y estructura, en una simbiosis que convierte la pintura en una experiencia de gestación de la luz.

La firma de Sisley también está asociada a una visión que él mismo articuló como crucial: la naturaleza debe estar envuelta en una atmósfera de iluminación que eleva su presencia y permite ver la realidad desde una perspectiva única. En ese sentido, su obra se caracteriza por una hondura de percepción espacial que, a la vez, respira la serenidad de la vida cotidiana y la quietud que acompaña a un paisaje bien observado. Esa doble dimensión —la precisión del mundo visible y la amplitud de su experiencia interior— da a su pintura un timbre único que ha sido descrito como la “ventana abierta” del impresionismo.

Evolución artística

Al inicio de su trayectoria, la paleta de Sisley tenía un tono más oscuro, dominado por marrones y verdes profundos, y sus retratos de paisaje denso y contemplativo mostraban una influencia marcada por Corot y Courbet. A partir de la década de 1870, se verifica un progreso hacia una iluminación más clara, especialmente en los paisajes litorales y en las escenas de orillas y canales que se vuelven temas recurrentes. Este cambio no implicó abandonar la textura ni la profundidad, sino recalibrar la temperatura de la luz para realzar la sensación de aire y espacio. Desde ese momento, las orillas del Sena y los canales parisinos se convirtieron en sus laboratorios visuales, con una atención constante a la vegetación, las sombras y los reflejos que la superficie del agua trenza con el entorno.

A partir de los años noventa, Sisley inició una serie de repeticiones temáticas en las que un mismo motivo —casas antiguas en Saint-Mammès, los senderos de Sablons o los meandros del Loing— aparecía en diferentes condiciones de luz y estación. Esta estrategia no era meramente repetitiva, sino una exploración de la variabilidad perceptiva y de la memoria del artista: al repetir el motivo, buscaba la frescura de la experiencia a lo largo del tiempo y la posibilidad de que el ojo descubriera nuevas capas de significado en lo mismo. Algunos críticos ven en estas series una reminiscencia de la antigüedad en la forma y un testimonio de la paciencia que define al gran paisaje. En las visitas a Gales y a otras escenas costeras, el paisaje marino añadió una nueva dimensión a su vocabulario, con un tratamiento del viento, la espuma y la luz que mostró su versatilidad como observador de la naturaleza.

Obras en museos y colecciones públicas

  • Argel: museo de bellas artes — Le Canal de Loing
  • Mannheim: Kunsthalle — Une rue à Marly, 1876
  • Múnich: Neue Pinakothek — Le Chemin vers Hampton Court, 1874
  • Musées Royaux des Beaux-Arts de Belgique (Bruselas) — Route de Louveciennes, 1873-1874
  • Copenhague: Ny Carlsberg Glyptotek — La Machine de Marly, 1873
  • Barcelona: MNAC — El recodo del Loing, 1892
  • Madrid: Museo Thyssen-Bornemisza —
    • La inundación en Port-Marly, 1876
    • Una tarde en Moret, final de octubre, 1888
    • Claro de un bosque, 1895
    • Meandro en el río Loing. Verano, 1896
  • Chicago: Instituto de Arte de Chicago — La Seine à Port-Marly - Les piles de sable, 1875
  • New York: Metropolitan Museum of Art —
    • Le Pont à Villeneuve-la-Garenne, 1872
    • La Seine à Bougival, 1876
  • Pittsburgh: Carnegie Museum of Art — Vue de Saint-Mammès, 1881
  • Richmond (Virginia): Virginia Museum of Fine Arts — L'Abreuvoir à Marly-Le-Roi, gelée blanche, 1875
  • Toledo: Museo de Arte de Toledo — L'Aqueduc de Marly (1874)
  • Washington: National Gallery of Art — Les Berges de l'Oise, 1877-1878
  • París: Musée de l'Orangerie — Le Chemin de Montbuisson à Louveciennes, 1875
  • París: Musée d'Orsay — varias obras: Vue du canal Saint-Martin (1870); Le Canal Saint-Martin (1872); Passerelle d'Argenteuil (1872); Rue de la Chaussée à Argenteuil (1872); Louveciennes. Sentier de la Mi-côte (1873); Le Chemin de la Machine, Louveciennes (1873); Les Régates à Moseley (1874); Village de Voisins (1874); La Forge à Marly-le-Roi (1875); La Neige à Louveciennes (1875); L'Inondation à Port-Marly (1876); Le Repos au bord d'un ruisseau (1878); Allée de peupliers aux environs de Moret-sur-Loing (1890)
  • París: Petit Palais — Allée de châtaigniers à La Celle-Saint-Cloud, 1865
  • Rouen: musée des beaux-arts — La Place du Chenil à Marly, effet de neige, 1876
  • París: Musée du Petit Palais — La Place du Chenil à Marly, effet de neige, 1876
  • Praga: Galería Nacional de Praga — Pont de Sèvres, 1877
  • Inglaterra: Londres — National Gallery: Les Petits Prés au printemps, 1880-1881
  • Escocia: Glasgow — Burrell Collection (en), L'Église de Noisy-le-Roi, effet d'automne, 1874
  • Winterthur: Museo de bellas artes — Sous le pont de Hampton Court, 1874

Galería

La colección de Sisley está representada por numerosos lienzos que atestiguan su compromiso con el paisaje: vistas del Loing, canales de París y rincones de la campiña francesa. Sus obras, dispersas por museos de Europa y América, conservan la frescura de la luz y la delicadeza del trazo que lo identifican como un maestro de la luz líquida y del aire que se respira en los cuadros al aire libre.

Eponimia

El asteroide (6675) Sisley fue bautizado en su memoria, gesto que subraya la huella perdurable de su figura en el mundo cultural.

Imágenes de Alfred Sisley