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Alfredo Kindelán

Nombre completo Alfredo Kindelán
Descripción Militar español
Fecha de nacimiento 13-03-1879
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 14-12-1962
Nacionalidad España
Ocupaciones militar, piloto de aviación
Grupos Real Academia de la Historia
Idiomas español
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Alfredo Kindelán Duany es una figura clave en la historia de la aviación militar española y en el devenir político del siglo XX. Nacido en Santiago de Cuba en 1879 y fallecido en Madrid en 1962, su trayectoria abarcó hitos técnicos, cargos de mando y una relación compleja con el régimen franquista y con las candidaturas monárquicas. Este texto propone una reconstrucción narrative de su vida, desde los albores de la aeronáutica hasta su reconocimiento en la cultura militar, sin perder de vista las tensiones políticas que marcaron su tiempo.

Alfredo Kindelán — Imagen principal

Alfredo Kindelán Duany es una figura clave en la historia de la aviación militar española y en el devenir político del siglo XX. Nacido en Santiago de Cuba en 1879 y fallecido en Madrid en 1962, su trayectoria abarcó hitos técnicos, cargos de mando y una relación compleja con el régimen franquista y con las candidaturas monárquicas. Este texto propone una reconstrucción narrative de su vida, desde los albores de la aeronáutica hasta su reconocimiento en la cultura militar, sin perder de vista las tensiones políticas que marcaron su tiempo.

Biografía

Orígenes

El relato de sus primeros años comienza en Santiago de Cuba, donde nació el 13 de marzo de 1879, en un entorno familiar de gran tradición técnica. Sus progenitores, Ultano Kindelán, ingeniero militar, y Manuela Duany, provienen de familias acomodadas de origen irlandés. A la vez, su linaje contempla la influencia de su abuelo, Sebastián Kindelán, en un marco de glorias familiares vinculadas a las profesiones de ingeniería y defensa. En 1882, la familia se trasladó a España como parte de un nuevo destino profesional del padre, y aquel cambio. además, precipitó la ruina económica heredada a raíz de la confrontación con Estados Unidos en 1898. A los trece años quedó huérfano de padre y, con catorce, ingresó como cadete en la Academia de Ingenieros de Guadalajara, dando inicio a una carrera que lo situaría entre las figuras más destacadas de la aeronáutica militar. En 1899 obtuvo el rango de teniente, una marca temprana de su progreso en el ejército.

Aerostatos y dirigibles

En 1901 logró la certificación de piloto de globo aerostático dentro del Servicio de Aerostación Militar, lo que lo convirtió en el primer piloto español de dirigible y abrió camino a una serie de pruebas y retos técnicos. En las dos únicas participaciones que tuvo, alcanzó el tercer y cuarto lugar en la competencia de globos de la Copa Gordon Bennett, un hito que demostró la capacidad de liderazgo tecnológico que iría marcando su carrera. En esa fase inicial, Kindelán dedicó esfuerzos a impulsar el desarrollo de la aeronáutica, dejando constancia de su visión en obras y colaboraciones con destacados ingenieros. Entre 1905 y 1908 trabajó junto al ingeniero Leonardo Torres Quevedo en la creación de un prototipo de dirigible no rígido, cuyo concepto fue patentado en 1902 y que contribuyó a la formación de las líneas actuales de la aeronáutica. En paralelo, sus publicaciones de esa etapa, como Dirigibles y Aeroplanos (1910) y La flota aérea española (1916), mostraron un criterio analítico para entender la evolución de los medios de vuelo.

Aviación militar

Con la llegada del aeroplano en 1911, Kindelán participó en la realización de un estudio para crear una escuela militar de pilotos a pedido del gobierno, que se materializó en la instalación de la experiencia educativa en el aeropuerto de Madrid-Cuatro Vientos. En ese proceso, se le encargó la dirección de la institución y se emitió el primer título de piloto militar de aeroplano que se expedía en la nueva academia. En 1913 recibió el encargo de jefe de Aviación del Servicio Aeronáutico Militar, asumiendo la conducción de la primera escuadrilla que participó en la guerra de Marruecos. Dos años después, en 1915, quedó al frente de la Escuela Nacional de Aviación (ENA), establecimiento de carácter civil situado en el Getafe y concebido para la formación de una élite de pilotos. Más adelante, en 1921, fundó en Los Alcázares (Murcia) la Escuela de Combate y Bombardeo y, al año siguiente, asumió la jefatura de las Fuerzas Aéreas de África. En 1923, durante una misión de observación en Tissi-Assa, recibió un impacto de fuego que le dejó una lesión en el hombro y el cuello, obligándolo a una larga convalecencia; tres años después, dirigió la Escuadra Expedicionaria en la operación de Alhucemas.

En 1926, ante la creciente necesidad de planificar y profesionalizar la aeronáutica, Miguel Primo de Rivera lo designó director general de Aeronáutica. Estos años supusieron el despegue de grandes proyectos de vuelos de alcance internacional para España, como la aventura del Plus Ultra, la participación de Ramón Franco y las misiones que conectaron Palos de la Frontera con Buenos Aires. También surgieron iniciativas como la Patrulla Atlántida y la Escuadrilla Elcano, junto con vuelos que partieron de Madrid hacia Manila y que recorrieron rutas oceánicas y tropicales, remontando la historia de la aviación nacional. En estos hitos, varios Breguet 19 llevaron a bordo a pilotos que luego se distinguirían, como Eduardo González-Gallarza y Joaquín Loriga, y las campañas de los ingenios que testimoniaron el esfuerzo técnico de la época. En 1928, Kindelán participó también en la peregrinación aérea a Jerusalén, un testimonio de la proyección internacional de la aviación española en aquella década.

La República y la Guerra Civil

Con la proclamación de la República y la posterior crisis que precedió a la Guerra Civil, Kindelán, que se había mantenido fiel a la monarquía, decidió exiliarse primero en Francia y luego en Suiza durante el período de inestabilidad política que siguió a la caída de Alfonso XIII. En esta fase, trabajó como ingeniero para la empresa Saurer en Arbon. En 1934 regresó a España para participar en la gestión de la tentativa golpista de julio de 1936, que desembocó en una guerra civil. Durante el conflicto, el general Francisco Franco lo nombró Jefe del Aire, asumiendo así la dirección de los Servicios del Aire y supervisando las fuerzas aéreas del bando sublevado, incluidas las unidades de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana. Kindelán había apoyado a Franco desde etapas tempranas, lo que consolidó su destacada posición entre los aliados del régimen y lo convirtió en una de sus figuras de confianza. Su visión de la reconstrucción monárquica y su vínculo con la Corona quedaron expresados a lo largo de esta época convulsa, aun cuando su relación con el presidente de facto se veía atravesada por diferencias sobre el ritmo y la forma de la consolidación del poder.

A medida que la contienda avanzaba, emergieron tensiones entre Franco y Kindelán. Frente a la insistencia de Mola y la influencia de Vigón sobre la estrategia bélica, Kindelán valoró la conveniencia de adaptar las operaciones para reducir las campañas prolongadas y priorizar movimientos que permitieran consolidar una salida rápida al conflicto. Sus recomendaciones se orientaron a evitar, o al menos posponer, acciones que desviaran recursos de los frentes críticos. Estas posturas generaron fricción con el mando franquista y añadieron capas de complejidad a la articulación de las decisiones estratégicas en ese periodo tan decisivo de la historia española.

Dictadura de Franco

Tras la victoria de las fuerzas nacionalistas en 1939, Kindelán adoptó una postura crítica frente a Franco, viéndolo como una voz de autoridad compartida más que como un superior indiscutible. Desde ese momento, contempló la posibilidad de una restauración de la figura del rey y jugó un papel activo en las intrigas de carácter monárquico. En este marco, el Ricardo de la Cierva lo propuso como candidato para un eventual Ministerio del Aire, dada su trayectoria durante la guerra; sin embargo, Franco decidió confiar en otro perfil para ese cargo y desplazó a Kindelán, situándolo como responsable de la región de Cataluña, mientras designaba a Juan Yagüe como ministro y fortalecía el Ejército del Aire, creando así una estructura que buscaba equilibrar las distintas corrientes dentro del régimen. En ese momento, Kindelán se convirtió en un pieza clave de la geografía militar nacional, pero a la vez se distanció de los círculos de poder que consolidaban la línea oficial del régimen.

El entramado internacional de la época encontró a Kindelán con un comportamiento algo ambivalente: si bien la política exterior del gobierno se apoyó en la cooperación con fuerzas del Eje, Kindelán demostró cierta cercanía a los aliados de la Segunda Guerra Mundial y formó parte de círculos de la alta jerarquía que discutían nombres y estrategias para evitar comprometer a España en una guerra total. En ocasiones, su interlocución con el Reino Unido —a quien apoyaba indirectamente para presionar por una restauración monárquica— le valió la recepción de apoyos y, según algunas crónicas, cierto reconocimiento de los británicos con fines persuasivos. En una escena que ilustra su posición, la embajada alemana se quejó de su invitación al embajador británico al palco del Liceo de Barcelona, en 1941, mientras que su orientación general tendía a buscar una salida a la neutralidad de España en el marco de la guerra mundial. En ese periodo, su estatus fue objeto de debates y presiones, que se vieron potenciados por la necesidad de reconciliar la lealtad institucional con las aspiraciones políticas que marcaron su vida.

En 1941, el mando de Capitanía General de Cataluña le otorgó una plataforma de influencia que, con el paso del tiempo, se convirtió en un intento de moderar la confrontación entre facciones dentro de las Fuerzas Armadas y de contener las tensiones que surgían con sectores del gobierno. En noviembre de 1942, cuando el ministro del Ejército empujaba para que España entrara en conflicto, Kindelán advirtió a Franco que, de aceptarse ese curso, él podría activar un golpe para restaurar la monarquía. Su respaldo no estuvo exento de divisiones internas: contaba con el apoyo de una porción significativa de los generales, pero Franco no respondió de inmediato. A los tres meses, en 1943, Kindelán ocupó un nuevo cargo y fue designado director de la Escuela Superior del Ejército y, al mismo tiempo, miembro académico de la Real Academia de la Historia, aunque no llegó a tomar posesión de la plaza en esa ocasión. Este ciclo de altibajos reflejó la persistente tensión entre el deseo de una restauración monárquica y la realidad de un régimen que consolidaba su propia legitimidad.

Ya al finalizar la década de los cuarenta, Kindelán vivió un giro en su trayectoria: tras un discurso que fue percibido como promonárquico, perdió su posición en la academia militar en agosto de 1945. En paralelo, su obra más ambiciosa, Mis cuadernos de guerra, experimentó retrasos editoriales y fue objeto de censura, en particular un pasaje crítico con las decisiones de Franco en el frente norte. Estos hechos reforzaron la idea de que su influencia, aunque considerable, estaba sujeta a las corrientes políticas dominantes en cada momento. En medio de estas circunstancias, Kindelán encontró tiempo para dedicarse a las conspiraciones orientadas a facilitar la restauración de la dinastía a través del infante Juan de Borbón, el conde de Barcelona, a quien apoyó desde diversas tramas y contactos institucionales. Con la notoriedad de Lausana en 1946, donde se planteó de forma pública la aspiración de devolver la Corona, Franco lo señaló como promotor de dichas iniciativas y ordenó su encarcelamiento. Posteriormente, Fidel Dávila Arrondo intercedió ante Franco para recordar sus servicios y su avanzada edad, lo que llevó a su exilio a las Islas Canarias, una medida que lo apartó de la capital y lo dejó fuera del centro del poder a muchos miles de kilómetros.

La etapa de posguerra y la articulación de la monarquía

Con el fin de la contienda en Europa y la consolidación de dos grandes frentes internacionales, Estados Unidos y la Unión Soviética, la estrategia gubernamental española evolucionó hacia una lectura más abierta sobre la posibilidad de una restauración real. En 1947, la legislación de Sucesión en la Jefatura del Estado reconoció, por primera vez, la figura de un Reino dentro del marco del Estado franquista, manteniendo a Franco como Jefe del Estado pero estableciendo un camino para que la figura monárquica pudiera afirmarse en un momento oportuno. En ese contexto, Kindelán pasó a la reserva a la edad de setenta años, una etapa de transición que le permitió conservar cierto protagonismo dentro de la comunidad militar y cultural. A partir de entonces, recibió una dosis de rehabilitación parcial: integró la Real Academia de Historia y recibió la Medalla Aérea, con condiciones que exigían la aprobación de la Casa de Borbón. En 1961 el régimen le otorgó el Marquesado de Kindelán, una distinción nobiliaria que, para algunos analistas, se interpretó como una ironía de Franco ante el hecho de que Kindelán aún no había visto su anhelo real hecho realidad. El historiador Paul Preston ha destacado esta concesión como una broma inquietante, que parecía subrayar la ironía de reconocer públicamente a una figura tan vinculada a las estructuras del régimen sin que la Monarquía hubiese retornado a España en la forma que él habría deseado. Kindelán falleció al año siguiente, en 1962, en Madrid, cuando la España franquista continuaba gobernando con un poder estable, pero con una memoria que empezaba a buscar otros rumbos para su pasado. En la actualidad, la Cátedra Kindelán honra su legado dentro del Ejército del Aire, en reconocimiento a su aportación a la aviación y a la historia militar española.

Obra escrita

Kindelán dejó un legado bibliográfico significativo, que recoge su visión de la aeronáutica y la coyuntura bélica que lo tocó directo. Sus textos fueron estructurados para abarcar desde los orígenes de la aeronáutica hasta el análisis estratégico de la guerra civil y el marco político del franquismo. En esa producción destacan trabajos que, a la vez que documentan, revelan su enfoque técnico y crítico de la realidad. A continuación se reseñan las obras agrupadas por temáticas, con atención a los títulos y fechas que configuran su cronología intelectual.

Alfonso XIII

  • Las ascensiones libres en la compañía de aerostación, 1905
  • Globos dirigibles, 1909
  • Dirigibles y Aeroplanos, Memorial de Ingenieros del Ejército, 1910
  • La flota aérea española, 1916

Segunda Guerra Mundial

  • España ante la esfinge, Plus Ultra, 1942
  • El generalato y el general: misiones y cualidades, Gráficas Yagües, 1943
  • España, ente geopolítico singular, Gráficas Yagües, 1943
  • Ciclo de lecciones militares de la hora presente, Gráficas Yagües, 1944
  • La guerra en el Mediterráneo y Norte de África, Idea, 1944
  • La próxima guerra, Manuel Aguilar, 1945
  • Plus Ultra, Madrid, 1945
  • Mis cuadernos de guerra, Madrid, 1945

Franquismo

  • Ejército y política, Aguilar, Madrid, 1947
  • Europa, su forja en cien batallas, J. Pueyo, Madrid, 1952
  • Clima de guerra, Aguilar, Madrid, 1952
  • Biografía del Señor D. Pedro Vives Vich, general de Ingenieros, fundador y primer jefe de la Aeronáutica española, Rex, Barcelona, 1955
  • Cuatro novias inglesas, Destino, Barcelona, 1960
  • El problema de los ejércitos, Euramérica, Madrid, 1961

Póstumas

  • Mis cuadernos de guerra, Planeta, Barcelona, 1982
  • La verdad de mis relaciones con Franco, Planeta, Barcelona, 1981

Imágenes de Alfredo Kindelán