Alvin Ailey
| Nombre completo | Alvin Ailey |
|---|---|
| Nombre nativo | Alvin Ailey |
| Descripción | Bailarín y coreógrafo estadounidense (1931–1989) |
| Fecha de nacimiento | 05-01-1931 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 01-12-1989 |
| Nacionalidad | Estados Unidos |
| Ocupaciones | bailarín de ballet, coreógrafo, director artístico |
| Grupos | Legacy Walk, National Museum of Dance and Hall of Fame, Rainbow Honor Walk |
| Idiomas | inglés |
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Alvin Ailey Jr. nació en Rogers, Texas, el 5 de enero de 1931 y partió hacia la eternidad en Nueva York el 1 de diciembre de 1989. Su vida estuvo dedicada a la danza y a la creación, y dejó una huella indeleble en la escena artística estadounidense gracias a una visión que combinó la herencia afroamericana, la religión y las sonoridades populares. Ailey no solo fue intérprete y creador; fue quien articuló un lenguaje propio que permitió que comunidades antes marginadas pudieran reconocerse en la danza profesional.
Alvin Ailey Jr. nació en Rogers, Texas, el 5 de enero de 1931 y partió hacia la eternidad en Nueva York el 1 de diciembre de 1989. Su vida estuvo dedicada a la danza y a la creación, y dejó una huella indeleble en la escena artística estadounidense gracias a una visión que combinó la herencia afroamericana, la religión y las sonoridades populares. Ailey no solo fue intérprete y creador; fue quien articuló un lenguaje propio que permitió que comunidades antes marginadas pudieran reconocerse en la danza profesional.
Biografía
Su infancia transcurrió en un entorno rural de Texas, y a temprana edad mostró interés por el movimiento y la música. En 1942 emprendió un largo traslado hacia Los Ángeles, donde inició un aprendizaje formal en danza y exploró las bases de la coreografía durante varios años. En ese periodo, Ailey fortaleció su técnica y su sensibilidad escénica, preparando el terreno para una trayectoria que lo llevaría a las escenarios más exigentes de Estados Unidos. Entre 1949 y 1954, su formación se consolidó y, ya como joven profesional, se trasladó a Nueva York para participar en múltiples producciones teatrales que amplificaron su experiencia y su Red de contactos en el mundo de la escena.
La década de los cincuenta marcó su entrada decisiva a la danza moderna cuando se integró a una compañía de danza de influencia contemporánea. En ese marco aprendió a convivir con una exigencia técnica elevada, a escuchar la música de manera orgánica y a construir piezas desde la narrativa. En esa etapa, Ailey asumió responsabilidades que iban más allá del oficio del bailarín: se convirtió en un colaborador clave para las obras que requerían dirección y concepto, y empezó a trazar un camino propio como coreógrafo emergente. En ese proceso, su primer contacto con las colaboraciones artísticas de la época lo acercó a figuras que dejarían una impronta duradera en su carrera, entre ellas artistas que trabajaban con texturas de espiritualidad y blues. Su intuición para crear piezas que dialogaran con el público fuera de los circuitos habituales empezó a forjarse entonces, cuando comenzó a reunir talentos dispuestos a explorar una visión de danza diferente.
La unión con Horton y los primeros pasos como coreógrafo marcaron un giro fundamental. En 1953 se incorporó a la compañía de Danza Horton, donde recibió entrenamiento diario en técnica, investigación de movimiento y lectura musical, además de impartir clases para niños y jóvenes. En esa etapa, Ailey asumió la dirección artística ante la inesperada desaparición de su mentor y líder, Horton, quien murió a finales de ese año. Esa partida dejó al elenco sin guía, y fue Ailey quien, ante la urgencia de cumplir compromisos, tomó las riendas de la compañía con una visión clara: continuar el trabajo iniciado y buscar nuevas expresiones para el grupo. Durante el verano de 1954, trabajó junto a intérpretes de Horton para preparar compromisos de alto nivel, incluyendo la participación en Jacob’s Pillow, un hito que consolidaría su nombre entre los bailarines emergentes de la escena. Entre las obras creadas en ese periodo destacan piezas que mostraban un enfoque novedoso para la danza de sociedad: una coreografía homenaje a Horton llamada According to St. Francis, con James Truitte como protagonista, y Morning Mourning, inspirada en una obra de Tennessee Williams con la colaboración de Lavallade y una partitura original. En ese mismo verano, Ailey diseñó decorados e iluminación para esas piezas y exploró una línea de creación grupal que se consolidaría con la pieza Creation of the World, con música de Darius Milhaud, una obra que marcó su primer gran logro como autor de coreografías de conjunto. En ese momento él ya trabajaba codo a codo con bailarines que confiaban en su dirección pese a la experiencia desigual dentro del colectivo. Su compromiso con el grupo y su capacidad para liderar proyectos lo llevaron a que, bajo su supervisión, Horton presentara espectáculos televisivos y teatrales, entre ellos apariciones en programas de variedad y colaboraciones en shows en vivo. En ese contexto, Ailey también participó en proyectos de otros artistas y compañías, lo que le permitió ampliar su horizonte creativo y afianzar su estilo personal.
La etapa neoyorquina profundizó su itinerario de aprendizaje y colaboración. En diciembre de 1954 intervino en una producción de Broadway que lo conectó con el vertiginoso mundo de la ópera y el musical, donde la pareja de Lavallade y él se convirtió en una figura destacada. Esta experiencia le abrió la puerta a nuevas oportunidades en escenarios de gran prestigio, y durante la última parte de la década de los cincuenta continuó estudiando técnicas de danza con maestros influyentes como Hanya Holm, Anna Sokolow, Charles Weidman y Karel Shook, buscando una síntesis entre disciplina y libertad expresiva. Ailey entendía que la danza necesitaba moverse fuera de los círculos habituales y, en consecuencia, comenzó a reunir bailarines para cristalizar su propia visión, una que no encajaba del todo con las corrientes predominantes de la época. En ese proceso, halló un grupo de intérpretes dispuestos a explorar un repertorio que combinaba ritmo, historia y emoción compartida, y que se convertiría en la base de su futura compañía.
La escuela Ailey
La semilla de la enseñanza artística germinó en 1969, cuando Ailey decidió fundar, junto a la directora y coreógrafa Martha Graham, el Alvin Ailey American Dance Center. La iniciativa, pensada para acercar la danza a comunidades con recursos limitados, tuvo como objetivo abrir puertas a personas que rara vez podían acceder a la formación de alto nivel. El proyecto se inició en Brooklyn con una matrícula modesta, de apenas 125 estudiantes, y contaba con la colaboración de Pearl Lang, una figura destacada de la escena. Con el tiempo, el centro encontró su rumbo y se trasladó a Manhattan, situándose entre las instalaciones cercanas al Lincoln Center, lo que facilitó su proyección a un público más amplio. En 1984, Denise Jefferson asumió la dirección y, con ella, la institución fortaleció sus vínculos académicos y pedagógicos.
El giro académico llegó en 1998, cuando la escuela forjó una alianza con la Universidad de Fordham para ofrecer un programa de Licenciatura en Bellas Artes, una alianza que integró la formación de danza con un marco universitario más amplio. Esa década marcó también la reconfiguración de la institución como The Ailey School, y su evolución continuó hacia instalaciones más amplias y modernas, como The Joan Weill Center for Dance. Tras la muerte de Jefferson en 2010, la escuela recibió una rotación de liderazgo entre Tracy Inman y Melanie Person, quienes asumieron la gestión como codirectoras y consolidaron la continuidad del proyecto educativo. En 2012, cuando Sylvia Waters dejó la dirección de Ailey 2 tras 38 años al frente, el panorama directivo fue ocupado por Troy Powell, quien asumió como directora artística de la compañía de segunda línea, y se sumó a la plantilla de docentes con Elaine Wynn y el ala educativa familiar. Con estas modificaciones, The Ailey School ha seguido avanzando y se ha convertido en el centro más reconocido de Nueva York para la formación de bailarines, manteniendo su compromiso con el desarrollo artístico y social de una ciudad en constante transformación.
Carrera
Compañía de Danza Horton
La etapa de Horton representa el umbral de su ascenso como creador. En 1953 se integró a la compañía de Horton, donde recibió instrucción diaria de técnica, exploró profundidad musical y participó como profesor de danza para jóvenes. En ese año debutó como coreógrafo en la pieza Revue Le Bal Caribe de Horton, y durante el taller de verano de 1953 concebiría Afternoon Blues, una composición que tomó como referencia un solo de blues inspirado por la obra On the Town. La muerte repentina de Horton en noviembre de 1953 dejó al grupo desorientado, pero Ailey aceptó la responsabilidad de mantener a flote la empresa y de continuar con proyectos pendientes. Su liderazgo permitió que la compañía tomara rumbo y, en el verano de 1954, avanzara hacia compromisos comerciales de gran magnitud, incluido un plan de actuaciones en Jacob’s Pillow para la siguiente temporada. En ese periodo, Ailey colaboró estrechamente con los bailarines de Horton y creó coreografías basadas en su experiencia y en su capacidad para escuchar voces diversas dentro del elenco. Nacieron obras como According to St. Francis, concebida en homenaje a Horton y con James Truitte como protagonista, y Morning Mourning, una pieza inspirada en un texto de Tennessee Williams con Lavallade y una partitura original de Gertrude Rivers Robinson. Además de concebir y dirigir estas coreografías, Ailey se encargó de los decorados y la iluminación, y exploró la creación de nuevas piezas de grupo como Creation of the World, con música de Darius Milhaud. Bajo su dirección, la compañía del Horton se movió hacia otros frentes, participando en programas televisivos y en producciones de gran envergadura, entre ellas apariciones en The Red Skelton Show y en Jack Benny Show. También colaboró en Carmen Jones, demostrando su versatilidad para trabajar con intérpretes de diferentes formaciones y estilos.
La imagen de Horton en Ailey fue decisiva: su intervención no solo salvó compromisos comerciales, sino que también sentó las bases para que Ailey desarrollara una identidad coreográfica propia dentro de un marco de colaboración y aprendizaje constante. En ese primer encuentro con la coreografía para la pantalla y el escenario, el joven bailarín ya mostraba una aptitud para fundir técnica, emoción y narrativa en piezas que recogían la memoria cultural de una comunidad y la llevaban al gran público. En ese contexto, Ailey consolidó una forma de trabajar que priorizaba la cooperación entre bailarines y la capacidad de convertir la experiencia de una generación más joven en un proyecto común y de largo aliento.
Primeros años de carrera en Nueva York
El salto hacia Broadway se dio en diciembre de 1954, cuando De Lavallade y Ailey fueron reclutados por Herbert Ross para integrarse al elenco de un espectáculo de Broadway: House of Flowers. Ross, designado para reemplazar a Balanchine como coreógrafo del espectáculo, quiso contar con la pareja como bailarines principales. El musical, escrito y adaptado por Truman Capote a partir de una novela suya, contaba con música de Harold Arlen y fue protagonizado por Pearl Bailey y Diahann Carroll. Este periodo dejó una impronta importante en el ascenso del dúo y reforzó la red de contactos que enriquecería a Ailey en los años siguientes.
Encuentros decisivos en ese tramo lo condujeron a colaborar con Geoffrey Holder, quien trabajó a su lado en el coro del montaje y, años después, se convirtió en un colaborador artístico constante para Ailey. Holder contrajo matrimonio con De Lavallade y sostuvo una relación profesional que se mantuvo durante toda la trayectoria de Ailey. Tras el cierre de House of Flowers, Ailey y De Lavallade continuaron su recorrido artístico, apareciendo en la gira itinerante de Harry Belafonte, Sing, Man, Sing, con Mary Hinkson como pareja de baile, y participando en el musical Jamaica, de Broadway, junto a Lena Horne y Ricardo Montalbán. En ese proceso, el joven creador siguió nutréndose de experiencias en otras compañías y entornos de danza, lo que le permitió ampliar su repertorio e incorporar nuevas ideas a su propio lenguaje.
Formación continua durante la segunda mitad de la década de 1950 incluyó estudios esporádicos con maestros de renombre, como los de New Dance Group y figuras de la vanguardia escénica, entre ellas Hanya Holm, Anna Sokolow, Charles Weidman y Karel Shook. Estas experiencias alimentaron su deseo de no depender de un único maestro o estilo, sino de extraer una síntesis que le permitiera expresar su visión con mayor libertad. Animado por la danza y el impulso de crear, Ailey empezó a reunir un grupo de intérpretes dispuestos a explorar una forma de danza distinta, basada en una memoria colectiva y un lenguaje coral que pudiera resonar fuera de los recintos habituales de Nueva York. En ese momento crucial, su meta era dar forma a un proyecto propio que, con el tiempo, se convertiría en una de las compañías más representativas del panorama mundial.
Alvin Ailey American Dance Theater
La gran gestación de una visión singular tuvo lugar en 1958, cuando Ailey fundó la Alvin Ailey American Dance Theater para expresar, mediante la Danza, un homenaje a la cultura negra y su diversidad. La compañía debutó el 30 de marzo de 1958 en el 92nd Street Y, en un programa compartido con el coreógrafo Ernest Parham, y con Talley Beatty como artista principal invitado. En esa velada, emergió la primera gran obra de Ailey, Blues Suite, que evocaba la propia infancia tejana y la conexión con el pasado, y se presentó House of Flowers, una propuesta que siguió el hilo narrativo de la emoción y el juego en una noche de blues y celebración. Ailey participó activamente en los estrenos, bailando en las dos piezas nuevas, Redonda—que más tarde recibió el título de Cinco Latinos—y Oda y homenaje, una danza de fe dedicada a la memoria de Lester Horton, todo ello con un cuerpo de bailarines que respondía a su dirección con una sorprendente naturalidad y entrega.
La consolidación de un formato colectivo continuó al año siguiente, cuando la compañía empezó a trabajar con un equipo de diseñadores para crear un repertorio sólido que respondiera a la dinámica de un grupo de intérpretes disponibles para trabajar en el 92nd Street YM-YWHA. Entre las piezas desarrolladas durante ese periodo destacan Ariette Oubliée, una fantasía coreográfica ambientada en el ciclo de canciones de Debussy y protagonizada por Don Price y Lavallade; Miss Julie, una colaboración con otra coreógrafa, y Mistress and Manservant, con musicas de Ravel para la Shirley Broughton Dance Company. Estas obras demostraron la apertura de Ailey a una variedad de compositores y escenarios, y su deseo de explorar una diversidad de lenguajes escénicos. En ese contexto, su reputación como creador creció y la compañía fue ganando prestigio en el circuito de la danza contemporánea.
El impulso de una década de experimentación continuó cuando, el 31 de enero de 1960, la AADT estrenó una serie de nuevas creaciones en el mismo espacio. Entre ellas se contó Knoxville: Summer of 1915, con música de Samuel Barber y basada en obras literarias previas, así como Three for Now, para piano de John Lewis y de Jimmy Giuffre, The Beloved de Horton y Portrait of Billie de John Butler. Al año siguiente, celebró el estreno de Hermit Songs, concebida para ser interpretada con la voz de Leontyne Price y la partitura de Samuel Barber. Esta obra, creada inicialmente como un proyecto de grupo, pasó a presentar a Ailey como solista acompañado por la grabación de Barber y se mantuvo en el repertorio de la compañía durante años, pasando a ser una de las piezas más representativas de su programa. Ailey demostró una habilidad para combinar capas de significado con una musicalidad precisa, y su acercamiento narrativo le permitió conectar con un público mucho más amplio que el de las audiencias habituales de la danza moderna.
Un giro hacia la accesibilidad y la narrativa marcó su obra en esa época fundacional. Ailey apostó por un enfoque centrado en la historia y en la experiencia humana, lo que le permitió atraer a un público que, en muchos casos, no tenía costumbre de asistir a representaciones de danza contemporánea. Su manera de hacer movía las emociones y, al mismo tiempo, ofrecía una experiencia estética rigurosa que combinaba técnica impecable, teatralidad y un fuerte sentido de identidad cultural. Gracias a esa estrategia, la danza que él proponía tuvo un alcance mayor que el que podría esperar una pieza de vanguardia, y su nombre se convirtió en un referente para generaciones de bailarines y coreógrafos. El objetivo de Ailey era claro: abrir las puertas del teatro a voces y ritmos que habían sido aprendidos y celebrados en comunidades específicas, pero que merecían un espacio en el escenario de una gran ciudad.
Coreografía
- Cinco Latinos, Alvin Ailey American Dance Theatre, Kaufmann Concert Hall, Nueva York, 1958.
- Blues Suite, Alvin Ailey American Dance Theatre, Kaufmann Concert Hall, 1958.
- Revelations, Alvin Ailey American Dance Theatre, Kaufmann Concert Hall, 1960.
- Three for Now, Alvin Ailey American Dance Theatre, Clark Center, Nueva York, 1960.
- Knoxville: Summer of 1915, Alvin Ailey American Dance Theatre, Clark Center, 1960.
- Roots of the Blues (con Carmen De Lavallade), Lewisohn Stadium, Nueva York, 1961.
- Canciones de ermitaño, Alvin Ailey American Dance Theatre, Biblioteca del Congreso, Washington D. C., 1963.
- Ariadne, Harkness Ballet, Opera Comique, París, 1965.
- Macumba, Harkness Ballet, Gran Teatro del Liceo, Barcelona, 1966; luego Yemanja, Chicago Opera House, 1967.
- Quintet, Alvin Ailey American Dance Theatre, Church Hill Theatre, Festival de Edimburgo, 1968; luego Billy Rose Theatre, Nueva York, 1969.
- Masekela Langage, Alvin Ailey American Dance Theatre, American Dance Festival, New London, Connecticut, 1969; luego Brooklyn Academy of Music, Nueva York, 1969.
- Streams, Alvin Ailey American Dance Theatre, Brooklyn Academy of Music, 1970.
- Gymnopedies, Alvin Ailey American Dance Theatre, Brooklyn Academy of Music, 1970.
- The River, American Ballet Theatre, New York State Theatre, 1970.
- Flowers, Alvin Ailey American Dance Theatre, ANTA Theatre, 1971.
- Myth, Alvin Ailey American Dance Theatre, Centro de la Ciudad de Nueva York, 1971.
- Danzas corales, Alvin Ailey American Dance Theatre, Centro de la Ciudad de Nueva York, 1971.
- Cry, para Judith Jamison, Alvin Ailey American Dance Theatre, New York City Center, 1971.
- Mingus Dances, Robert Joffrey Company, Centro de la Ciudad de Nueva York, 1971.
- Misa de Mary Lou, Alvin Ailey American Dance Theatre, Centro de la Ciudad de Nueva York, 1971.
- Song for You, solo para Dudley Williams, Alvin Ailey American Dance Theatre, New York City Center, 1972.
- The Lark Ascending, Alvin Ailey American Dance Theatre, Centro de la Ciudad de Nueva York, 1972.
- Love Songs, Alvin Ailey City Center Dance Theatre, New York City Center, 1972.
- Shaken Angels, Décimo Festival de Danza de Nueva York, Teatro Delacorte, Nueva York, 1972.
- Sea Change, American Ballet Theatre, Kennedy Center Opera House, Washington, D. C., 1972; luego New York City Center, 1973.
- Hidden Rites, Teatro de Danza del Centro de la Ciudad de Alvin Ailey, Centro de la Ciudad de Nueva York, 1973.
- Archipelago, 1971.
- The Mooche, 1975.
- Night Creature, 1975.
- Pas de "Duke", 1976.
- Memoria, 1979.
- Phases, 1980.
- Landscape, 1981.
Reconocimientos
La influencia de su arte trascendió más allá de la escena de la danza y alcanzó otros campos culturales. En la pintura, el artista Indalecio Sobrino rindió homenaje al bailarín a través de una serie que, en tríptico, recoge la figura y la impronta de su figura. Su obra titulada El salto, junto al retrato Alvin Ailey y la composición The stack-up, comunicaron visualmente la intensidad y la singularidad de su personalidad, convirtiéndose en una valiosa memoria visual de su legado.