Américo Castro
| Nombre completo | Américo Castro |
|---|---|
| Nombre nativo | Américo Castro Quesada |
| Descripción | Filólogo, cervantista e historiador cultural español, perteneciente a la llamada "Generación del 14" |
| Fecha de nacimiento | 04-05-1885 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 25-07-1972 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | diplomático, historiador de la cultura, historiador de la literatura, antropólogo, historiador, escritor, crítico literario, profesor universitario, filólogo |
| Grupos | Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, Unión Ibero-Americana, Real Academia de Buenas Letras de Barcelona |
| Idiomas | español |
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Américo Castro Quesada, reconocido filólogo, cervantista y historiador cultural español de origen brasileño, se erigió como figura central de la Generación del 14 y del movimiento novecentista. Su trayectoria académica, su exilio y la influencia sostenida que ejerció sobre la historiografía de la lengua y la cultura hispánicas lo convierten en un referente clave para entender la modernidad crítica en España y en el mundo hispano. A lo largo de su vida alternó la labor docente con proyectos de investigación y una prolificidad editorial que dejó huellas profundas en la disciplina.
Américo Castro Quesada, reconocido filólogo, cervantista y historiador cultural español de origen brasileño, se erigió como figura central de la Generación del 14 y del movimiento novecentista. Su trayectoria académica, su exilio y la influencia sostenida que ejerció sobre la historiografía de la lengua y la cultura hispánicas lo convierten en un referente clave para entender la modernidad crítica en España y en el mundo hispano. A lo largo de su vida alternó la labor docente con proyectos de investigación y una prolificidad editorial que dejó huellas profundas en la disciplina.
Biografía
En Cantagalo, pintoresca localidad del estado de Río de Janeiro, nació el 4 de mayo de 1885 el joven que más tarde se convertiría en uno de los más agudos interpretes de la cultura española. Sus padres regentaban un negocio y allí transcurrieron sus primeros años; en 1890 la familia emigró a la Península y se afincó en España, donde adquirieron tierras en el municipio de Huétor Tájar, en la provincia de Granada.
Con sólidas bases en Letras y Derecho, concluyó sus estudios en la Universidad de Granada en 1904 y luego defendió el doctorado en la capital, Madrid. Allí, bajo la tutela de Ramón Menéndez Pidal, inició una formación que combinaría filología, historia y pensamiento crítico. Después viajó a París para estudiar en La Sorbona (1905-1907), debiendo sostenerse enseñando español al quedarse huérfano. También completó estancias en Alemania, antes de regresar a Madrid para cumplir con el servicio militar y retomar su colaboración con el propio Pidal en el< b> Centro de Estudios Históricos, así como con la Institución Libre de Enseñanza, entornos que consolidaron su vínculo con el movimiento krausista y su horizonte ideológico.
En 1910 participó en la organización del Centro de Estudios Históricos en Madrid y asumió la dirección del departamento de lexicografía, un rol que lo situó en el centro de las investigaciones lingüísticas de la época. Su trayectoria continuó ligada a la institución incluso después de que fuera nombrado catedrático de Historia de la Lengua Española en la universidad de Madrid en 1915. Dos años antes se había adherido al manifiesto de Ortega y Gasset, de 1913, que proponía una salida “superadora del pesimismo noventayochista” para España y lo vinculaba de manera definitiva al Novecentismo. También estrechó lazos con Ramón Menéndez Pidal, así como con figuras destacadas como Francisco Giner de los Ríos, acercándose a las ideas krausistas. Frecuentaba además a José María de Cossío, al novelista Benjamín Jarnés, al poeta Juan Ramón Jiménez y al pintor Joaquín Sorolla. En lo personal, contrajo matrimonio con Carmen Madinaveitia, vinculada al krausismo por su padre, y fue progenitor de la catedrática Carmen Castro Madinaveitia.
En el plano intelectual, Castro viajó para impartir conferencias por Europa y América y participó en la fundación de la Revista de Filología Española, donde dejó constancia de algunos de sus escritos más notables. Durante este periodo tradujo a Wilhelm Meyer-Lübke, llevó a cabo una edición —con Federico de Onís— de los Fueros leoneses (1916) y redactó una importante introducción para El burlador de Sevilla de Tirso de Molina (1922). Su interés por el Erasmismo se manifestó en una de sus obras más influyentes, El pensamiento de Cervantes (1925), donde analiza la relación del autor del Quijote con el Renacimiento y el Humanismo ecléctico de la época; de ese ciclo nacieron también trabajos como Santa Teresa y otros ensayos (Madrid, 1929; reeditado en 1972 bajo el título Teresa la Santa y otros ensayos) y Lo hispánico y el erasmismo (1940-1942). En 1923 se trasladó a Buenos Aires para dirigir el Instituto de Filología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires; su impronta allí fue de una filología general centrada en la textualidad literaria, en contraposición al plan original del decano Ricardo Rojas, que priorizaba la investigación lingüística descriptiva y normativa. Más adelante dio clases en la Universidad Nacional de La Plata y escribió para La Nación.
El reconocimiento académico llegó cuando Castro fue nombrado profesor honorario de varias instituciones de prestigio, entre ellas la Universidad de La Plata, la Universidad de Santiago de Chile y la Universidad Nacional Autónoma de México, además de la Universidad de Columbia en Nueva York. En el plano de distinciones recibió la condecoración de la Legión de Honor y fue académico correspondiente de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona.
Con una visión liberal de la política, Castro asumió en 1931 la representación diplomática como embajador ante Berlín, en plena consolidación de la Segunda República. Al irrumpir la Guerra Civil, se trasladó a San Sebastián con su familia; siendo republicano, aceptó el cargo de cónsul en Hendaya, desde donde protegió a gran parte del cuerpo diplomático ante el asedio de la San Sebastián bombardeada, y, tras esa etapa, se marchó en automóvil acompañado de Azorín. En 1938 partió hacia los Estados Unidos para exiliarse.
En suelo estadounidense, Castro ejerció la docencia en la Universidad de Wisconsin (1937-1939), la Universidad de Texas (1939-1940) y la Princeton University (1940-1953), donde ocupó la cátedra de lengua y literatura española que recibió el nombre de Emory L. Ford. Allí creó una escuela de hispanismo que dejó discípulos notables como Russell P. Sebold y Stephen Gilman. Su obra en ese período conectó con la vida intelectual del exilio y su red editorial.
Entre las publicaciones de la etapa de exilio destacan revistas de gran influencia dentro del giro cultural hispánico: Realidad. Revista de Ideas, Las Españas, Los Sesenta, Cabalgata y Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, entre otras. En 1953 recibió el rango de profesor emérito de Princeton y, posteriormente, pasó sus últimos años en la Universidad de California, San Diego, antes de regresar a España por motivos familiares en 1970. Su fallecimiento se produjo en Lloret de Mar, donde murió víctima de una asfixia por sumersión tras un colapso cardíaco mientras se bañaba en la plaza de Fenals.
Trabajos e ideas
La labor crítica de Castro incorporó la edición, la prologación y la anotación de obras clave del cancionero español y de renombrados autores. En su gestión de ediciones y estudios, trabajó sobre Lope de Vega (El Isidro, La Dorotea), Francisco Rojas Zorrilla (Cada cual lo que le toca; La viña de Nabot) y Tirso de Molina (El condenado por desconfiado; El burlador de Sevilla; El vergonzoso en palacio). También enfrentó a Francisco de Quevedo con su La vida del Buscón y aportó recopilaciones sobre los Fueros leoneses de Zamora, Salamanca, Ledesma y Alba de Tormes; además prologó y tradujo la Introducción a la lingüística románica de Wilhelm Meyer-Lübke.
Entre sus publicaciones destacan una serie de obras de mayor peso bibliográfico: una Vida de Lope de Vega (1919) y El pensamiento de Cervantes (1925), en las que defendió la grandeza intelectual de Cervantes y sostuvo la idea de que aún no estaba exhaurado el caudal de su pensamiento. En España en su historia. Cristianos, moros y judíos (Buenos Aires, 1948), Castro esbozó una lectura estratégica de la historia de España que luego sería refundida como La realidad histórica de España (México, 1954). Sus estudios sobre la religiosidad y las minorías judaicas y musulmanas en la cultura peninsular y su influencia sobre la identidad española del Siglo de Oro constituyen uno de sus ejes más discutidos y controvertidos. Sus investigaciones sobre los moriscos y los marranos pusieron de relieve que la España de la Edad Moderna convivió con un “ser de España” disputado, una tensión que él calificó de edad conflictiva. En este marco, enfrentó a otro historiador republicano, Claudio Sánchez Albornoz, en un episodio relevante del debate historiográfico sobre el “ser de España”.
Para entender su método interpretativo, Castro articuló dos categorías para explorar la historia de las ideas en la península: la morada vital, que refiere al horizonte de posibilidades y a las limitaciones que condicionan la existencia humana, y la vividura, la conciencia subjetiva que las personas van construyendo respecto a esa morada. Estas nociones permiten situar la existencia en un marco de circunstancias concretas y de respuestas personales frente a ellas: la morada vital es el escenario; la vividura, la actitud ante ese escenario.
Además de su labor en Europa, Castro mostró un interés profundo por Iberoamérica en obras como Ibero-América, su presente y su pasado (1941). Sus contribuciones posteriores incluyen Aspectos del vivir hispánico (1949) y La realidad histórica de España (1954). Su influencia no se limitó a la crítica, sino que se extendió a través de correspondencias y encuentros con figuras como Juan Goytisolo, a quien se vinculó por medio de una correspondencia sostenida entre 1968 y 1972.
Críticas
La recepción del pensamiento de Castro ha sido objeto de debate entre hispanistas, especialmente entre aquellos formados en Princeton y entre su contemporáneo Juan Goytisolo, con quien mantuvo una amplia correspondencia. En el panorama español, la lectura de su obra se contrapone frecuentemente a la de Claudio Sánchez Albornoz, generando una polémica constante. Entre las críticas destacadas figuran las de Guillermo Araya, con Evolución del pensamiento histórico de Américo Castro (1969) y El pensamiento de Américo Castro (1983); José Luis Gómez Martínez, con Américo Castro y el origen de los españoles: historia de una polémica (1975); y Eugenio Asensio, con La España imaginada de Américo Castro (1976).
Una polémica menor, pero significativa en su momento, se produjo en torno a la visión eurocentrista del español rioplatense que Castro expuso en La peculiaridad lingüística rioplatense y su sentido histórico (1941). Su defensa de la menor valoración de las variantes rioplatenses frente al español peninsular fue objeto de críticas por parte de Jorge Luis Borges, quien reiteró estas objeciones en un artículo titulado Las alarmas del doctor Américo Castro. Este debate se convirtió en un ejemplo paradigmático de las discusiones sobre la diversidad dialectal y la identidad nacional en Iberoamérica.
Obras
Ediciones
- En 1916, presentó la edición de los Fueros leoneses de Zamora, Salamanca, Ledesma y Alba de Tormes, como una aportación central a la filología regional.
- Lope de Vega, El Isidro.
- Lope de Vega, La Dorotea.
- Francisco Rojas Zorrilla, Cada cual lo que le toca.
- Francisco Rojas Zorrilla, La viña de Nabot.
- Tirso de Molina, El condenado por desconfiado.
- Tirso de Molina, El burlador de Sevilla (edición de la comedia).
- Tirso de Molina, El vergonzoso en palacio.
- Francisco de Quevedo, La vida del Buscón.
Asimismo, participó en la edición de Fueros leoneses y colaboró en trabajos de reconstrucción bibliográfica vinculados a las obras de la Edad Moderna, consolidando un repertorio crítico que sirvió de puente entre la filología y la historia de la cultura.
Traducciones
- Introducción a la lingüística románica de Wilhelm Meyer-Lübke.
Ensayos y estudios
- Vida de Lope de Vega (con Hugo A. Rennert), 1919.
- El elemento extraño en el lenguaje (1921).
- La enseñanza del español en España (1922).
- Juan de Mal Lara y su «Filosofía vulgar» (1923).
- Lengua, enseñanza y literatura (1924).
- Don Juan en la literatura española (1924).
- El nuevo Diccionario de la Academia Española (1925).
- El pensamiento de Cervantes (1925).
- Santa Teresa y otros ensayos (1929).
- Glosarios latino-españoles de la edad media (1936).
- Los prólogos al Quijote (Buenos Aires, 1941).
- Lo hispánico y el erasmismo (1940-1942).
- La peculiaridad lingüística rioplatense (1941).
- Antonio de Guevara (Princeton, 1945).
- España en su historia (1948); versión ampliada La realidad histórica de España (1954, 1962 y 1966).
- Aspectos del vivir hispánico (1949).
- Hacia Cervantes (1957).
- Santiago de España (1958).
- Semblanzas y estudios españoles (1956).
- Origen, ser y existir de los españoles (1959).
- De la edad conflictiva (1961).
- La Celestina como contienda literaria (1965).
- Cervantes y los casticismos españoles (1967).
- Español, palabra extranjera (1970).
- De la España que aún no conocía (1971), 3 volúmenes.
- Españoles al margen (1972).
- Epistolario Américo Castro y Marcel Bataillon (1923-1972) (edición de Simona Munari; traducción al español por Dévora Santos Noguiera), Prólogo de Claude y Gilles Bataillon, y de José Lladó y Diego Gracia (2012).
Obra reunida
La editorial Trotta ha reunido la obra completa de Castro en una edición que reúne sus textos de mayor relevancia y ofrece una visión integrada de su pensamiento.