Bertel Thorvaldsen
| Nombre completo | Albert Bertel Thorvaldsen |
|---|---|
| Nombre nativo | Bertel Thorvaldsen |
| Descripción | Escultor danés |
| Fecha de nacimiento | 19-11-1770 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 24-03-1844 |
| Nacionalidad | Reino de Dinamarca |
| Ocupaciones | escultor, diseñador |
| Géneros | arte público |
| Grupos | Instituto Arqueológico Alemán, Real Academia de Artes y Ciencias de los Países Bajos, Accademia delle Arti del Disegno, Academia de Bellas Artes |
| Idiomas | danés |
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Albert Bertel Thorvaldsen fue un escultor y grabador de medallas cuyo nombre quedó asociado a un giro decisivo en el neoclasicismo europeo. Nacido en un entorno multicultural y formado en Dinamarca, llevó su oficio a Roma, donde forjó un lenguaje propio de líneas sobrias y proporciones clasicistas. Su vida transcurrió entre dos grandes escenarios—Copenhague y la Ciudad Eterna—y dejó un legado que se mantiene vivo en museos, monumentos y colecciones dedicadas a la historia del arte. Su obra abraza la serenidad griega y la precisión técnica con la que modelaba el mármol y el bronce, consolidándose como referente para generaciones futuras.
Albert Bertel Thorvaldsen fue un escultor y grabador de medallas cuyo nombre quedó asociado a un giro decisivo en el neoclasicismo europeo. Nacido en un entorno multicultural y formado en Dinamarca, llevó su oficio a Roma, donde forjó un lenguaje propio de líneas sobrias y proporciones clasicistas. Su vida transcurrió entre dos grandes escenarios—Copenhague y la Ciudad Eterna—y dejó un legado que se mantiene vivo en museos, monumentos y colecciones dedicadas a la historia del arte. Su obra abraza la serenidad griega y la precisión técnica con la que modelaba el mármol y el bronce, consolidándose como referente para generaciones futuras.
Biografía
Thorvaldsen nació en la capital de Dinamarca en torno a la década de 1770, dentro de una familia cuyo origen es objeto de debate histórico. Algunas fuentes sitúan su nacimiento en 1770, mientras otras señalan 1768; lo cierto es que desde pequeño mostró un talento notable para la escultura y la talla. Su padre, un artesano de origen islandés, se instaló en Copenhague y trabajó como tallista de madera, una actividad que dejó huellas visibles en las primeras obras del joven artista.
Durante sus años formativos, Thorvaldsen ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de Dinamarca (Det Kongelige Danske Kunstakademi), donde recibió la tutela de maestros relevantes como Nikolai Abildgaard. Su rendimiento fue excepcional: obtuvo todos los premios y alcanzó la gran medalla de oro, un honor que le abrió las puertas para una experiencia decisiva. Con esa distinción, recibió una beca real para viajar y estudiar en Roma, donde las normas de la escultura clásica serían la guía de su aprendizaje. Su llegada a la ciudad eterna ocurrió el 8 de marzo de 1797, fecha que él celebró como su propio “cumpleaños romano” a partir de entonces.
Entre sus primeros triunfos emergió un modelo para una estatua de Jasón, que recibió elogios públicos y la admiración de figuras influyentes, como el célebre escultor Antonio Canova. En 1803 obtuvo el encargo de tallarla en mármol para Thomas Hope, un adinerado mecenas inglés, lo que consolidó su prestigio y abrió la vía a encargos de gran envergadura que le asegurarían el éxito profesional.
Con el paso de los años, Thorvaldsen vivió principalmente en Roma, donde llegó a convertirse en uno de los líderes del neoclasicismo en la escultura. En esa etapa fortaleció lazos con artistas de su país y de otros naciones; entre sus amistades se cuentan el pintor Eckersberg y su compañera bióloga-artística, Anna Maria Magnani. Su taller creció significativamente: hacia 1820 era común que trabajaran en las piezas de su repertorio unas cuarenta personas para responder a la avalancha de encargos que recibía.
En 1819 emprendió un retorno temporal a Dinamarca con un objetivo claro: planificar un conjunto decorativo de esculturas en mármol que representaría a Jesucristo y a los doce Apóstoles para la reconstrucción de la iglesia de Nuestra Señora (Vor Frue Kirke) de Copenhague, tras la destrucción de la catedral en el siglo anterior durante la ocupación británica. El proyecto se llevó a cabo tras su regreso a Roma y no quedó terminada hasta 1838, cuando volvió a Dinamarca y fue recibido como un héroe cultural. En la ejecución final, Thorvaldsen talló las figuras centrales de Cristo y San Pablo; el resto de las esculturas fue completado por los aprendices de su taller a partir de los modelos del maestro.
La muerte sorprendió al artista el 24 de marzo de 1844 en el Teatro Real de Copenhague, dejando tras de sí un legado que incluía la financiación de un museo; también dejó su colección personal y los moldes de todas sus obras para conservar su historia. El Museo Thorvaldsen de Copenhague recibió la herencia artística y hoy conserva una extensa colección de esculturas antiguas y piezas de su producción. Thorvaldsen fue enterrado en el patio del museo, cubierto con un lecho de rosas, tal y como él mismo solicitó. Años después, la institución organizó una subasta de obras repetidas de su taller, lo que generó cierto debate entre críticos y coleccionistas. En esa venta figuraron piezas que acabarían formando parte de colecciones extranjeras, entre ellas obras relacionadas con el Museo del Prado y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, compradas por Leopoldo Augusto de Cueto López de Ortega, I Marqués de Valmar, quien viajó a Copenhague para participar en la puja.
Obras importantes
Como figura destacada del neoclasicismo, Thorvaldsen encarnó una lectura del arte griego antiguo que se aparta de la exuberancia de otros contemporáneos, priorizando una geometría serena y una composición contenida que subraya la claridad formal. A menudo se le compara con Antonio Canova, aunque en su obra la influencia del mundo helénico aparece con una sobriedad y una precisión que la alejan de ciertas levedades del maestro italiano. Sus piezas se exhiben en numerosos países y, sobre todo, en el Museo Thorvaldsen de Copenhague, que funciona como su archivo y santuario creativo.
Muchas de sus motivaciones se apoyan en la mitología griega, pero no faltan retratos de personajes históricos y religiosos de alta relevancia. Se le atribuye, entre otras realizaciones, la tumba de Pío VII en la basílica de San Pedro y varias estatuas que combinan memoria histórica y belleza ideal. Sus templos y monumentos fueron concebidos con el objetivo de plasmar un ideal de pureza formal y de equilibrio que ha resonado a lo largo de los siglos.
Entre su repertorio de figuras públicas y mitológicas, destacan obras que hoy se sitúan como hitos icónicos de la escultura monumental. En ciudades europeas se hallan encargos como un Copérnico sedente en Varsovia y una representación del Johannes Gutenberg en Maguncia, encargos que subrayan la capacidad de Thorvaldsen para convertir a hombres y dioses en símbolos de memoria cívica y cultural. En Lucerna, Suiza, se erige el célebre León de Lucerna, un monumento al sacrificio de los guardias suizos durante la Revolución Francesa, que forma parte de la iconografía que lo hizo conocido en el paisaje alpino y alpino-adinerado de la época.
Otra de sus creaciones emblemáticas es el Monumento al león de Lucerna, que se ha convertido en una de las esculturas al aire libre más reconocidas del mundo. Este conjunto busca capturar el dolor del animal herido como metáfora de la nobleza de un cuerpo que ha caído protegiendo a un poder que ya no existe. Su serie de reliefs, escenas y retratos de personajes legendarios se completó con piezas de menor tamaño que, sin embargo, mantienen la misma ética de claridad y forma.
Fuera de Europa, la reputación de Thorvaldsen no fue tan explosiva como en el continente, pero algunas obras lograron una difusión significativa. En particular, su escultura de Jesucristo resucitado, conocida popularmente como Cristo de Thorvaldsen, para la catedral luterana de Copenhague, atrajo la atención de comunidades religiosas de otras tradiciones. Una réplica de esta figura, de tamaño aproximado a 3,4 metros, se erige en la Salt Lake City (en la denominada Manzana del Templo), y la imagen ha sido consumida en distintos medios de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días. Incluso, una copia de su Autorretrato en bronce se encuentra en Central Park de Nueva York, ubicada cerca de la entrada de la calle 97 Este, donde se aprecia la continuidad de su influencia monumental más allá de su época.