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Buenaventura Durruti

Nombre completo José Buenaventura Durruti Domínguez
Descripción Anarquista revolucionario español (1896-1936)
Fecha de nacimiento 14-07-1896
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 20-11-1936
Nacionalidad España
Ocupaciones anarcosindicalista, anarquista, sindicalista, político, mecánico, miliciano anarquista
Grupos Confederación Nacional del Trabajo, Los Solidarios, Federación Anarquista Ibérica, Milicias de la CNT
Idiomas francés, español
HermanosMarciano Pedro Durruti
EsposasÉmilienne Morin
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En esta semblanza se aborda la vida de José Buenaventura Durruti Domínguez, figura central del anarquismo español y de la CNT, cuya acción minera, obrera y militante atravesó dos guerras y múltiples exilios. Nacido en León el 14 de julio de 1896, su biografía combina oficio, lucha social y una inclinación irrenunciable hacia la transformación radical de la sociedad. Su deceso en Madrid, durante la Guerra Civil, cerró una trayectoria marcada por la incesante militancia y el liderazgo de milicias libertarias.

Buenaventura Durruti — Imagen principal
Firma de Buenaventura Durruti

En esta semblanza se aborda la vida de José Buenaventura Durruti Domínguez, figura central del anarquismo español y de la CNT, cuya acción minera, obrera y militante atravesó dos guerras y múltiples exilios. Nacido en León el 14 de julio de 1896, su biografía combina oficio, lucha social y una inclinación irrenunciable hacia la transformación radical de la sociedad. Su deceso en Madrid, durante la Guerra Civil, cerró una trayectoria marcada por la incesante militancia y el liderazgo de milicias libertarias.

Biografía

Primeros años

El lugar de nacimiento de Durruti fue León, y la fecha clave que lo revive en la memoria histórica es el 14 de julio de 1896. Fue el segundo de ocho hermanos en una familia cuyos ingresos provenían del trabajo manual; su padre, Santiago Durruti, se desempeñaba como ferroviario, y su madre, Anastasia Domingo, criaba a los pequeños en un entorno obrero. El barrio de Santa Ana, humilde y con casas de trazos antiguos, fue el escenario cotidiano de su niñez, rodeado de vecindarios de talleres y fábricas que marcaban la vida de la ciudad. En ese marco, la educación formal acompañó sus primeros años hasta los ocho años, cuando la familia trasladó su atención hacia otras prioridades económicas. Para entonces, la escuela de la calle Misericordia ya no era suficiente para el desarrollo de un niño que intuía, a partir de la experiencia diaria, el peso del sufrimiento de los suyos. En una reflexión posterior, Durruti consignaría que desde la más tierna edad percibió la desigualdad y, sin saberlo, empezó a forjar una sensiblidad rebelde que determinaría su destino.

Con dieciséis años comenzó a trazar su camino profesional. En 1910 dejó los estudios para entrar como aprendiz de mecánico en el taller de Melchor Martínez, un profesional que tenía cierta reputación como agitador en la ciudad. Durante dos años, Martínez instruyó al joven en los rudimentos de la mecánica y le acercó a las ideas de socialismo. Cuando el aprendizaje parecía agotarse, Durruti pasó a las tareas del taller de Antonio Mijé, especializado en ensamblaje de lavadoras mecánicas para la limpieza de minerales extraídos de las minas cercanas. En 1913, ya como tornero de segunda clase, se afilia a la Unión de Metalúrgicos, una organización vinculada a la UGT, pero pronto se dejó sentir la frialdad de los consejos moderados que guiaban a la agrupación. Estas tensiones marcaron el descontento que germinaba en sus métodos y en su visión de la acción obrera.

La década siguiente, marcada por el contexto de la Primera Guerra Mundial, encontró a España en una neutralidad que, sin embargo, impulsó cierta dinamización industrial. En estas circunstancias, la coyuntura laboral llevó a Durruti a trabajar en minas y a desplazarse a Matallana de Torío para acometer instalaciones de lavadoras mecánicas. En ese lugar, la protesta de los mineros ante un ingeniero represivo desencadenó una huelga, y Durruti se sumó a la respuesta colectiva negándose a continuar con el montaje mientras persistiera el paro. Este episodio llamó la atención de su empleador y de los responsables sindicales, que vieron en él un posible riesgo de complicidad con posturas más radicales. Su maestro, Melchor Martínez, le advirtió de la vigilancia de la Guardia Civil, y fue entonces cuando surgieron los rumores de una necesidad de migrar para evitar represalias. En estas circunstancias, su padre consiguió una plaza como mecánico ajustador en el Ferrocarril del Norte, y Durruti aceptó la oportunidad, poniendo fin momentáneamente a un periodo de incertidumbre y de experimentación. El cosmos laboral se vió sacudido por la huelga general revolucionaria de 1917, y la rebeldía mostrada por Durruti condujo a la pérdida de su puesto en la compañía, además de su expulsión de la UGT por indisciplina y por defender posturas revolucionarias. Estas experiencias forjaron un carácter que no aceptaba la pasividad ante la explotación.

Trayectoria temprana: exilio, lucha y afiliación

Con la caída de su empleo, Durruti encontró refugio en Gijón y, luego, cruzó la frontera hacia Francia para eludir el servicio militar. En el periodo de diciembre de 1917 a enero de 1919 residió fuera de España, manteniendo vínculos con militantes de su ciudad natal. A su regreso, se reintegró a la CNT, asentándose en La Felguera, donde el anarquismo y la actividad obrera contaban con un sólido respaldo entre los trabajadores metalúrgicos. A este punto, la Guardia Civil mostró interés en su figura, y la autoridad procedió a su detención y posterior traslado a La Coruña y, después, a San Sebastián, en un proceso que se relacionaba con su deserción del ejército. En su defensa utilizó la estrategia de exigir una pausa para asegurar la posibilidad de escapar, pero la realidad de la represión obligó a emitir nuevas decisiones familiares. Más adelante, el padre de Durruti intervino para facilitar que su hijo encontrara un nuevo camino.

La ruta de la vida lo llevó entonces a la frontera francesa, donde trabajó en los talleres de la compañía Renault en París. Mientras tanto, recibió noticias sobre la evolución de los acuerdos entre los grupos anarquistas españoles y sobre la adhesión de la CNT a la III Internacional, un hecho que lo animó a retornar a España en 1920. De vuelta, se trasladó a Barcelona, donde se integró en la CNT. En los años siguientes, Durruti estrechó lazos con el grupo de colaboradores conocido como Los Solidarios, formado junto a Juan García Oliver, Francisco Ascaso y Ricardo Sanz, que llevó a cabo acciones de alto perfil, como el asalto al Banco de España en Gijón en 1923. La construcción de una identidad revolucionaria se consolidaba a través de estos episodios, que también dieron lugar a acusaciones de asesinato atribuidas al propio Durruti, como la muerte del arzobispo Juan Soldevila y Romero.

La presión política y la necesidad de escapar de la persecución llevaron a Durruti a buscar refugio en Argentina y, posteriormente, en Chile, donde participó en la primera acción de asalto bancario de ese país, en el marco de una campaña destinada a reunir recursos para liberar a compañeros encarcelados en España. Su periplo continuó por otros países hispanoamericanos y europeos, y en Francia compartió prisión con Ascaso y Gregorio Jover debido a actividades revolucionarias. Una campaña internacional a favor de su amnistía logró finalmente la liberación de los tres presos. A su regreso definitivo a la península en la década de 1920, la actividad sindical continuó marcando su trayectoria.

En 1931, Durruti volvió a España y se acercó al sector faísta de la CNT, alineándose con la FAI y contribuyendo a la dinámica de insurrecciones de Figols en 1932 y 1933. Su detención en Barcelona el 13 de diciembre de 1933, como consecuencia de la insurrección anarcosindicalista, marcó otro episodio de confrontación con el poder republicano. El Gobierno llevó a cabo su deportación, junto a otros anarcosindicalistas, a Guinea Ecuatorial y a Canarias, a bordo del buque mercante Buenos Aires, en una maniobra para apartarlos de la actividad política en el territorio nacional. Durante ese periodo, su presencia fue constante en huelgas, mítines y foros a lo largo del país, con varias detenciones que reflejaban la persistente tensión entre las corrientes políticas y el Estado.

Su actuación en la guerra civil española

Con el estallido de la Guerra Civil en 1936, Durruti se convirtió en una de las figuras más influyentes de las jornadas revolucionarias de Barcelona, donde lideró la continuidad de milicias y emergió como pieza clave de la defensa de la ciudad ante la insurrección militar. Formó parte del grupo conocido como “Nosotros”, heredero de Los Solidarios, y asumió un papel directivo en la defensa de la capital catalana, incluso tras la muerte de su aliado Francisco Ascaso en los combates callejeros contra las tropas sublevadas. En el contexto de la central CNT, se convino la creación de un órgano de mando conocido como el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, que se consolidó como el núcleo de poder en la región y que fue reconocido por la Generalidad de Cataluña.

En los primeros meses de la contienda, emergió un conflicto entre la FAI y Durruti, con diferencias sobre el envío de armamento. Mientras la facción faísta defendía reservar las armas para la retaguardia, la CNT y la FAI acordaron que los dirigentes principales no debían ir al frente para dirigir la lucha, con la idea de mantenerlos para la negociación posbélica. Así, se procuró evitar la dispersión de fuerzas políticas y conservar la unidad en la defensa de la región, aun cuando ese enfoque restaba protagonismo a figuras destacadas en primera línea. Las miradas sobre la estrategia y las prioridades reflejaban un debate sostenido entre quienes deseaban una acción más directa y quienes temían las consecuencias políticas posteriores.

Cansado de la contienda interna y del desgaste que provocaba el Comité de Milicias, Durruti decidió dirigir su columna hacia el frente para liberar Zaragoza, un polo estratégico para la resistencia anarquista. La agrupación recibió el nombre de Columna Durruti, y su composición mostró una mezcla de libertarios, republicanos, nacionalistas y marxistas que buscaban una acción coordinada. Sin suficientes recursos ni artillería, la columna no se propuso tomar la capital aragonesa, sino avanzar por los pueblos que cruzaban, donde procedía a colectivizar tierras y a eliminar la propiedad privada, instaurando un marco de comunismo libertario en los territorios conquistados. En noviembre de ese año, la columna se trasladó a Madrid para sumarse a la defensa de la capital ante la ofensiva de las fuerzas sublevadas.

Muerte

Entre las 13:00 y las 14:00 del 19 de noviembre de 1936, en pleno estallido de la batalla por la Ciudad Universitaria de Madrid, Durruti recibió una herida en el pecho durante una breve entrevista para un noticiario filmado destinado a la prensa internacional. Fue trasladado al Hotel Ritz, que funcionaba como hospital de campaña para las milicias catalanas, donde falleció alrededor de las 04:00 de la mañana del día siguiente. La autopsia apuntó a una herida provocada por una bala de calibre nueve largo que traspasó el pecho y afectó órganos vitales. Su cadáver fue entregado para su preservación en el municipio de Madrid, con la intención de trasladarlo posteriormente a Barcelona, y su fallecimiento se mantuvo en secreto en un primer momento para evitar desánimos entre las milicias y la población. Con el paso de las horas, la noticia se difundió y el alcance de su pérdida fue evidente en la capital condal, donde miles de personas rindieron homenaje a su memoria.

La muerte de Durruti quedó rodeada de conjeturas y versiones contradictorias. Para la CNT, la versión oficial mencionó una “bala fascista” como origen de la herida, pero las emisiones radiofónicas del bando franquista atribuyeron el disparo a rivales comunistas o a fuerzas trotskistas, o incluso a disputas internas entre anarquistas. Otra versión, publicada por la prensa tradicionalista, afirmó que habían sido sus propios camaradas venidos de Barcelona los responsables de su muerte por conflictos sobre la distribución del botín obtenido en asaltos a palacios señoriales. También se sugirió la intervención de desertores que Durruti pretendía controlar. Una hipótesis adicional circuló conforme a la versión de que la herida fue accidental, producida por la munición de un arma que manejaba un escolta cercano. Diversos testimonios, incluyendo el análisis de un periodista, señalan que Durruti y su escolta portaban un subfusil MP28, con munición de nueve milímetros, y que el mecanismo de recámara abierta podía disparar accidentalmente. Con el paso de los años, algunas interpretaciones sostenidas por autores como Ramón J. Sender, en su obra Álbum de radiografías secretas, aportaron matices sobre la versión oficial y exploraron posibles escenarios alternativos de la muerte. En cualquier caso, la desaparición de Durruti dejó un vacío significativo en la dirección de las milicias y en la moral de las resistencias antifascistas.

El cuerpo de Durruti fue finalmente enterrado en Barcelona, y su muerte provocó un gran duelo popular que reunió a decenas de miles de personas en las calles. La difusión de su figura como símbolo de la lucha antioligárquica consolidó su lugar en la iconografía de la resistencia durante la contienda y en la memoria histórica de la España obrera. La interpretación de las circunstancias de su fallecimiento continúa generando debates entre historiadores y testigos, lo que ha contribuido a que su figura permanezca viva en distintos relatos sobre la Guerra Civil.

Consiguientemente, la historia de Durruti es presentada con un conjunto de interpretaciones que reflejan las complejidades de una época convulsa. Para algunos analistas, su muerte se enmarca en una cadena de accidentes y tensiones inherentes a la lucha revolucionaria; para otros, se abren lecturas centradas en las disputas entre quienes pretendían gobernar la posguerra dentro de un marco autónomo y libertario. En cualquier caso, la trayectoria del líder de las milicias libertarias constituye un referente de acción directa, coordinación de colectivos y desafío a las estructuras de autoridad que emergieron durante la década del treinta.

Estudios sobre Durruti

Las investigaciones históricas sobre este personaje se han ido sucediendo a lo largo de las décadas, con enfoques que van desde las crónicas militantes hasta las miradas críticas de los estudiosos. Diversos autores han analizado su papel dentro de la CNT y la FAI, su intervención en las jornadas de Barcelona y la difusión de su figura como símbolo del movimiento obrero. En estas aproximaciones, se examinan las tensiones entre dirección y base, el impacto de las insurrecciones de los años treinta y las decisiones estratégicas que condujeron a la creación de las milicias antifascistas en Cataluña. Los recuentos biográficos convergen en la idea de que Durruti personificó una corriente de acción que buscaba la transformación de la sociedad a través de la organización popular, la colectivización de recursos y la defensa de la autonomía de las comunidades frente a un poder centralizado. En este marco, el análisis se extiende hacia las campañas internacionales de apoyo, las estelas de su vida en el exilio y la memoria que dejó en las ciudades que lo recibieron y lo despidieron. Con ello, la figura de Durruti permanece como un referente para los movimientos sociales que buscan la justicia mediante la acción colectiva y la autogestión de las comunidades.

Imágenes de Buenaventura Durruti