Diego García de Paredes
| Nombre completo | Diego García de Paredes |
|---|---|
| Descripción | Conquistador español (1506-1563) |
| Fecha de nacimiento | 01-01-1506 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 31-07-1563 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | conquistador, militar |
| Idiomas | español |
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Diego García de Paredes y Vargas nació en Trujillo, en la Extremadura castellana, hacia el año 1506, y su vida cruzó continentes en busca de conquista, orden y reconocimiento para su apellido. Su trayectoria lo llevó desde las ásperas guerras europeas hasta las selvas y ciudades nuevas del Nuevo Mundo, dejando tras de sí una estela de gestas, controversias y fundaciones que marcaron la historia de Venezuela y de las inicios de una región que comenzó a definirse ante los ojos de la Corona. En su memoria, se alzaron plazas y avenidas, y su figura pasó a ser símbolo de un periodo de expansión y de conflictos entre autoridad, nobleza y pueblos originarios.
Diego García de Paredes y Vargas nació en Trujillo, en la Extremadura castellana, hacia el año 1506, y su vida cruzó continentes en busca de conquista, orden y reconocimiento para su apellido. Su trayectoria lo llevó desde las ásperas guerras europeas hasta las selvas y ciudades nuevas del Nuevo Mundo, dejando tras de sí una estela de gestas, controversias y fundaciones que marcaron la historia de Venezuela y de las inicios de una región que comenzó a definirse ante los ojos de la Corona. En su memoria, se alzaron plazas y avenidas, y su figura pasó a ser símbolo de un periodo de expansión y de conflictos entre autoridad, nobleza y pueblos originarios.
Biografía
El nacido en Trujillo provino de una familia vinculada con la milicia y el mundo de la campaña; su padre, Diego García de Paredes y Torres, conocido como “el Sansón de Extremadura”, fue un veterano de campañas italianas, del norte de África y Navarra, mientras que su madre fue Ana Mencía de Vargas Calderón. En algunas versiones se sugiere una educación practicada por su propio padre, aunque la herencia de un apellido ilustre y la promesa de una carrera militar fueron ingredientes decisivos en su juventud. A lo largo de los años, la figura de García de Paredes se forjó en coincidencias con la visión de un hombre que aspiraba a seguir los pasos de su linaje, con una voluntad de navegar entre honor y desafío.
Desde joven estuvo ligado a una atmósfera de ambición y disciplina. Su vida familiar incluyó a Leonor de la Fuente, con quien procreó dos hijos: Juan de la Fuente Calderón y Paredes y otro heredero cuyo nombre completo también se repite en crónicas de la época. A falta de una legitimidad inequívoca, su estirpe se convirtió en una fuente de orgullo que, a la vez, provocó disputas y alianzas en un mundo de lealtades cambiantes.
Soldado
Con dieciocho años recién cumplidos, emprendió su rumbo hacia las tierras del Nuevo Mundo y tomó tierra en Nicaragua, donde formó parte de la élite militar que acompañaba a Gil González Dávila y a Hernando de Soto en campañas de conquista y pacificación. Su periplo le llevó luego a Panamá, en principios de la década de 1530, cuando la estrategia de la Corona era acelerar la articulación de fuerzas para avanzar hacia los dominios del sur.
En ese momento, el panorama de la empresa en Perú comenzó a reorganizarse. Llegó a la región procedente de España Francisco Pizarro, y se unió a la expedición junto a de Soto y a otros capitanes, con lo que el grupo se movió hacia Cajamarca y el corazón del imperio incaico. En aquel escenario, García de Paredes formó parte de un contingente clave que participó en las primeras maniobras que consolidaron la campaña contra una civilización poderosa y milenaria.
Detención del Inca Atahualpa
Entre las maniobras previas a la entrevista de Atahualpa, García de Paredes entabló vínculos con otros capitanes que, desde la defensa de Cajamarca, rodearon la escena de la cautividad del soberano inca. En esa coyuntura histórica, formó parte de la decena y media de hombres que orquestaron una emboscada en la que Atahualpa fue apresado durante la entrevista pactada entre Pizarro y el Inca. Su presencia en aquella operación quedó registrada por los cronistas como un acto de valor en medio de un conflicto de enorme magnitud.
El 16 de noviembre de 1532, la batalla de Cajamarca dejó a la tropa española bajo el mando de Pizarro y a un Inca prisionero. García de Paredes desarrolló una labor destacada en las calles cercanas al lugar fortificado, sosteniendo la defensa ante una ofensiva que buscaba garantizar la captura y la continuidad de la presión militar. En ese momento, la violencia y la estrategia se fusionaron en un episodio que costó miles de vidas y dejó un impacto indeleble en la historia de la conquista.
La caída de Atahualpa se vinculó a un episodio en el que las fuerzas españolas avanzaron con decisión para asegurar el cautiverio del Inca, y las crónicas señalan que, pese a la resistencia de sus tropas, la disciplina y el control español prevalecieron. En esa coyuntura, García de Paredes demostró su temple en una confrontación que definió el curso de las expediciones posteriores y situó a sus hombres frente a un desafiante mundo nuevo.
Guerras europeas y expedición de Orellana
En 1534, el conquistador regresó a la Península para alistarse en los tercios europeos y participar en campañas que abarcaron Flandes, Francia, Túnez y Sicilia, donde alcanzó el grado de capitán. Tras completar ese compromiso, volvió a su tierra natal para reanudar su vida en la ciudad de Trujillo.
La historia lo llevó, en 1544, a embarcarse de nuevo hacia las Indias, formando parte de la expedición de Francisco de Orellana destinada a abrir camino por el río Amazonas en busca de riquezas y de una ruta hacia el Dorado. El desembarco se produjo poco antes de la Navidad de 1545, y la empresa llevó a la tripulación a navegar por el delta y explorar un cauce que parecía interminable.
El avance no estuvo exento de contratiempos: muchos hombres cayeron por hambre y el campamento quedó aislado en una isla del delta, rodeado de una población indígena que seguía su propio pulso. Orellana, decidido a hallar la corriente principal, se internó en un bote hacia el interior para localizar una ruta de abastecimiento. A su regreso, el campamento había cambiado de lugar, sus ocupantes habían construido un segundo bote y se habían marchado en busca de él.
La expedición continuó por la costa hacia la isla Margarita, mientras los exploradores seguían la esperanza de hallar un canal que conectara con el océano. Sin embargo, la resistencia de los caribes y las tensiones propias de una empresa tan riesgosa cobraron su peaje: el líder, Orellana, murió en noviembre de 1546, y trece de los compañeros perdieron la vida. García de Paredes salió con vida de aquella prueba y, tras el silencio de la selva, participó en la posterior conquista del Nuevo Reino de Granada, asentándose luego en otra región de la América española.
Fundador de ciudades
En 1550 regresó a Venezuela y, junto a Juan de Villegas, tomó parte en la creación de una nueva villa que recibió el nombre de Nueva Segovia de Barquisimeto en 1552. En ese momento, el protagonista asumió el cargo de regidor y recibió encomiendas y privilegios que reconocían su estatus y su aliento para impulsar proyectos de asentamiento y seguridad.
Durante aquel periodo, la ciudad también enfrentó amenazas provenientes de rebeliones de cimarrones y diversas tensiones internas. En particular, en 1553, la población se defendió frente a una columna de negros cimarrones que operaban desde minas sublevadas; García de Paredes, junto a otros capitanes y refuerzos, contribuyó a la derrota de aquel levantamiento y al sometimiento de los rebeldes. Según testigos de la época, fue Paredes quien asestó un golpe decisivo contra la autoridad de la revuelta.
Las ambiciones del conquistador no se detuvieron allí: la necesidad de consolidar el control sobre los territorios indígenas cercanos llevó a que se emprendiera la tarea de someter a las poblaciones conocidas como cuicas, con la fundación de una nueva ciudad en 1557 que recibió el nombre de Trujillo, en honor a su lugar de origen y para perpetuar la memoria de su infancia. La localidad recibió la advocación de Nuestra Señora de la Paz y se convirtió en un centro de defensa, comercio y administración en la región.
Problemas con el gobernador
Después de la fundación de Trujillo, el conquistador regresó al Tocuyo para informar sobre los hechos y, durante su ausencia, la ciudad sufrió ataques de los indígenas que habían quemado parte de las instalaciones. El gobernador interino, Gutierre de la Peña Langayo, encontró en García de Paredes un rival político y lo relevó de su cargo. En 1559, Francisco Ruiz recibió la misión de sofocar la rebelión de los cuicas y reorganizar la estructura de la ciudad, que habría de cambiar de nombre y de emplazamiento en cierto momento. Aquel proceso terminó con la reconfiguración de la población y la construcción de Mirabel, la actual Escuque, en el contexto de tensiones entre jurisdicciones y autoridades.
En medio de estas contiendas, Juan Maldonado, un capitán de la misma época, entró en la región con intenciones de poblarla, encontrando disputas de competencia entre las Real Audiencias de Santo Domingo y Santa Fe. Con la llegada del gobernador titular Pablo Collado, García de Paredes fue restituido a sus funciones, mientras Ruiz se trasladaba a Mérida y habría de entablar una amistad con Maldonado para superar rencillas pasadas.
La recomposición de la gobernanza permitió que Trujillo volviera a prosperar bajo la protección de García de Paredes, que demostró su capacidad para mantener a la ciudad a salvo y para convertirla en un refugio para quienes buscaban amparo político. En reconocimiento a su liderazgo, la población y las autoridades de la región lo consideraron un garante de la seguridad y un ejemplo de perseverancia ante la adversidad.
Detención del tirano Aguirre
En 1561, Las noticias de Lope de Aguirre, un líder insurgente que desafiaba a la Corona, llegaron a la costa y atravesaron parte de la región en una marcha desafiante que dejó consternación entre las autoridades. Aguirre asoló Margarita, Borburata y Valencia, desatando una serie de actos de violencia y desorden. En El Tocuyo, la aparición de un marañón que anunciaba la llegada de Aguirre fortalecía la impresión de un movimiento que requería una respuesta firme.
García de Paredes recibió la convocatoria de Hernando Cerrada Marín para comandar las fuerzas que habrían de enfrentarlo desde Mérida y Trujillo. En Nueva Segovia de Barquisimeto, las tropas detuvieron a Aguirre, que había asesinado a su propia hija, Elvira. Uno de los primeros en entrar fue García de Paredes, y al reconocer al tirano por su insignia de maestre de campo, Aguirre pidió permiso para hablar con él antes de morir, pues tenía mucho que revelar. Un marañón le quitó la vida con un disparo, y el caudillo fue decapitado en cumplimiento de la sentencia.
García de Paredes dio la orden de ejecutar la decapitación y, luego, el cuerpo fue desmembrado; los restos, en un cruel escarmiento, fueron expuestos para disuadir a otros insurgentes y a futuros abusos de poder. Los perros devoraron los restos, salvo la cabeza, que permaneció encerrada y exhibida en El Tocuyo. Las manos de Aguirre fueron enviadas a Trujillo como testimonio de la sentencia. En la investigación posterior, Aguirre fue condenado póstumamente por lesa majestad y varios de sus seguidores recibieron la pena de muerte.
Vuelta a España
Con la derrota de Aguirre y la reparación de las relaciones con Gutierre de la Peña, García de Paredes recibió un reconocimiento por sus servicios y se planteó la posibilidad de proseguir la campaña en Caracas para continuar la labor de conquista iniciada por Fajardo y el propio Rodríguez Suárez. Sin embargo, el protagonista declinó la oferta para emprender una nueva ruta personal: regresar a la península para reclamar por sus méritos ante la Corona. En 1562 partió hacia España, acompañado por Gutierre de la Peña y Pedro Alonso Galeas, con el objetivo de presentar sus gestas y obtener recompensas. Aprovechó la travesía para colocar banderas en la tumba de su padre, en la iglesia de Santa María la Mayor de Trujillo, como gesto de reconocimiento y memoria de su linaje.
Mercedes concedidas
La Corona, al reconocer la magnitud de sus logros y la dedicación a la expansión de las fronteras reales, nombró a García de Paredes capitán general y gobernador de la provincia de Popayán, en el Nuevo Reino de Granada. Este encargo significaba un nuevo capítulo de responsabilidad, con autoridad para dirigir operaciones en una región estratégica que conectaba las rutas andinas con los territorios costeros del Caribe.
Tras un breve retorno a su ciudad natal y una visita al santuario de Guadalupe para pedir guía y ayuda divina, emprendió de nuevo el viaje hacia el Nuevo Mundo a principios de 1563, esta vez acompañado por su lugarteniente Gabriel de Ávila. El periplo incluyó escala en La Española y, desde allí, el tramo hacia Santa Ana de Coro, de donde planeaba proseguir a través de tierra hasta Popayán. En su recorrido, hizo una breve parada en Barquisimeto, El Tocuyo, Trujillo, Mérida, Pamplona y otros enclaves de los Andes donde había ejercido influencia en campañas previas.
La amistad le cuesta la muerte
Al arribar a las costas venezolanas, García de Paredes tuvo la intuición de acercarse a su antiguo colega Luis de Narváez, quien exploraba la región y ya había iniciado la conquista de los caracas. A sabiendas de la presencia de Narváez, el navegante decidió desembarcar para saludar a su amigo, con la esperanza de hallar una alianza que fortaleciera la empresa. En la orilla, los nativos ofrecían señales festivas y una hospitalidad que, en la práctica, ocultaba una trampa mortal.
Durante la conversación en el bohío que los indios les ofrecieron, la siniestra maniobra se reveló: el cacique Guarauguta ordenó la ejecución de Narváez, mientras que García de Paredes y cinco de sus hombres se encontraban en la mesa. En un instante de traición, aguardaban una inofensiva tregua que terminó en una emboscada. En pocos minutos, el grupo fue atacado y García de Paredes cayó junto a sus escoltas. El resto de la tripulación, incapaz de intervenir, continuó su ruta, dejando atrás a quienes habían caído en la trampa. Este suceso, relatado por el cronista Pedro Simón, ocurrió en las cercanías de Catia La Mar, en los primeros días de enero de 1563.
Honores
En Trujillo, la ciudad venezolana que le dio nombre, varias calles y espacios públicos llevan su memoria desde mediados del siglo XX. A partir de 1957, y durante la conmemoración del cuatricentenario de la fundación de la urbe, se erigieron una plaza y un parque que llevan su nombre, junto a una avenida de continuidad urbana. En aquella época, se levantó una estatua de García de Paredes en la plaza homónima, que con el paso del tiempo fue objeto de vandalismo y destrucción. Los detractores de la figura del conquistador apuntaron su responsabilidad en hechos violentos contra pueblos originarios, justificando la caída de la escultura y el resurgir de un debate sobre la memoria histórica.