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Ebrahim Raisi

Nombre completo ابراهیم رئیس‌الساداتی
Nombre nativo ابراهیم رئیسی
Descripción 8.º presidente de Irán de 2021 a 2024
Fecha de nacimiento 14-12-1960
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 19-05-2024
Nacionalidad Irán Imperial, Irán
Ocupaciones político, cadí, alfaquí
Idiomas persa, árabe
EsposasJamileh Alamolhoda
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Ebrahim Raisí fue una figura central de la vida política e institucional de Irán, cuyos años de actividad combinaron una formación religiosa consolidada con una carrera judicial que dejó huella en distintas esferas del poder. Nacido en Mashhad el 14 de diciembre de 1960 y desaparecido el 19 de mayo de 2024en un trágico accidente de helicóptero cerca de Varzaqan, su trayectoria pública abarcó cargos de alto impacto, campañas electorales y una postura insistente sobre la lucha contra la corrupción y la estructura del Estado. Su nombre quedó grabado en la historia reciente por su ascenso a la Presidencia de la República Islámica de Irán y por el papel que desempeñó en la gestión de inquietudes internas y tensiones internacionales. En su trayectoria se mezclaron, además, responsabilidades religiosas, administrativas y políticas, que acercaron a Raisí a distintos sectores de la sociedad iraní y que, al concluir su vida, dejaron un legado complejo y debatido.

Ebrahim Raisi — Imagen principal
Firma de Ebrahim Raisi

Ebrahim Raisí fue una figura central de la vida política e institucional de Irán, cuyos años de actividad combinaron una formación religiosa consolidada con una carrera judicial que dejó huella en distintas esferas del poder. Nacido en Mashhad el 14 de diciembre de 1960 y desaparecido el 19 de mayo de 2024en un trágico accidente de helicóptero cerca de Varzaqan, su trayectoria pública abarcó cargos de alto impacto, campañas electorales y una postura insistente sobre la lucha contra la corrupción y la estructura del Estado. Su nombre quedó grabado en la historia reciente por su ascenso a la Presidencia de la República Islámica de Irán y por el papel que desempeñó en la gestión de inquietudes internas y tensiones internacionales. En su trayectoria se mezclaron, además, responsabilidades religiosas, administrativas y políticas, que acercaron a Raisí a distintos sectores de la sociedad iraní y que, al concluir su vida, dejaron un legado complejo y debatido.

Biografía

Raisi nació en una familia de clérigos en el seno de Mashhad, una ciudad santuario para millones de iraníes, y su origen humilde contrasta con la posterior relevancia que alcanzaría en la esfera judicial y política. Su padre, procedente de Dashtak en la provincia de Sistan y Baluchistán, falleció cuando él apenas tenía cinco años, un hecho que marcó la niñez y la formación temprana de Raisí, que buscó respuestas y orientación en la tradición familiar y en las comunidades religiosas de la región. A partir de entonces, su vida tomó un rumbo marcado por la vida estudiantil y por la dedicación a los estudios jurídicos y religiosos que definirían su identidad pública. En esas décadas jóvenes, Raisí echó raíces en un entramado de instituciones que darían forma a su visión del Estado, la ley y la relación entre fe y poder.

Formación religiosa

Desde muy joven, Raisí emprendió un itinerario de aprendizaje en la tradición islámica, ingresando al seminario de Qom a los quince años para profundizar en la jurisprudencia y los principios teológicos que orientarían su actuación futura. En ese periodo de formación, se adentró en el estudio de las corrientes doctrinales y en la interpretación de las fuentes jurídicas, avanzando gradualmente hacia los grados superiores del currículo seminario. Durante su itinerario, pasó por centros como la escuela Haqqani y la escuela Navvab, y se preparó en la Escuela Teológica Ayatollah Mousavinejad para consolidar destrezas en literatura, lógica, significado y expresión de ideas. En ese marco, Raisí adoptó la autopercepción de un clérigo en ascenso, primero autoreconocido como “ayatolá” por algunos medios, y luego presentándose con el rango de “hoyatoleslam”, una designación que, si bien superior a la de un estudiante, no equivale al nivel más elevado del clero chií. A lo largo de estos años, su discurso y su actitud pública mostraron una ambición por consolidar una autoridad que pudiera articular fe y justicia en el seno del Estado. En ese contexto, su trayectoria religiosa se presentó como la base de su legitimidad para intervenir en asuntos judiciales y normativos de la nación.

En sus propias palabras se describía, en distintas etapas, como poseedor de una formación religiosa reconocible y, al mismo tiempo, como un profesional capaz de moverse con soltura en el terreno de la jurisprudencia y la administración de justicia. Los títulos clericales y las referencias a sus credenciales formales circularon con frecuencia, alimentando una conversación pública que, con frecuencia, confrontó percepciones sobre la educación formal y la autoridad dogmática. A lo largo de su carrera, Raisí sostuvo que su trayectoria formativa se fundamentaba en un compromiso con la interpretación de la ley islámica y su aplicación en el marco de la Constitución, y mantuvo la aspiración de continuar su labor en roles que exigían equilibrio entre la ética religiosa y la responsabilidad cívica.

Educación académica

Raisi afirmó haber obtenido un doctorado en jurisprudencia y derecho privado en la Universidad Shahid Motahari, una mención que circuló en su ficha académica y en distintos apartados de su historial público. Aun cuando su afirmación fue objeto de debate en el debate político de las elecciones, el relato oficial mantuvo la idea de una formación académica que le habría otorgado herramientas para entender las complejidades jurídicas contemporáneas. En el terreno público, esto alimentó discusiones sobre la amplitud de su preparación y sobre hasta qué punto esa educación formal podría o no equipararse a la experiencia práctica en la administración de justicia. En todo caso, Raisí se presentó ante la opinión pública como un jurista con una visión integral, capaz de combinar la teoría con la experiencia administrativa y judicial que acumuló a lo largo de décadas de servicio público.

Trayectoria judicial

Inicios

Raisi ingresó al ámbito judicial en 1980, con apenas 20 años, como parte de un grupo inicial de clérigos jóvenes que se incorporaron al incipiante sistema judicial islámico. Su entrada coincidió con un momento de profundos cambios institucionales en Irán, cuando se buscaba articular una nueva forma de justicia dentro de un marco constitucional renovado. En 1981, fue designado fiscal de la ciudad de Karaj, una responsabilidad que le dio la primera experiencia operativa en la persecución y supervisión de procesos penales desde una posición de autoridad. Posteriormente, se hizo cargo también de la fisa de Hamadán, asumiendo ambas funciones de manera simultánea, lo que marcó su primera etapa de consolidación en el ámbito judicial. En esos años tempranos, Raisí se movió entre localidades y responsabilidades para demostrar su capacidad de gestión y su afinidad por la labor de monitar, persuasión y ejecución de las medidas penales que el sistema exigía.

Fiscal adjunto de Teherán

En 1985, Raisí fue trasladado a la capital y asumió la responsabilidad de fiscal adjunto en Teherán, una designación que lo ubicó en el centro neurálgico del aparato judicial del país. Tres años después, en 1988, recibió una señal que marcó su relación con la entonces cúpula doctrinal: recibió indicaciones y directrices de Ruhollah Jomeiní, el líder fundador de la Revolución Islámica, que le otorgaron potestades especiales para intervenir en asuntos judiciales en varias provincias, entre ellas Lorestan, Kermanshah y Semnan. Esa fase de su carrera consolidó la idea de que su figura podría operar con un margen de autonomía dentro de la estructura gubernamental para enfrentar desafíos legales y políticos en distintas regiones, fortaleciendo una red de vínculos que luego influirían en su ascenso a cargos de mayor alcance. Su desempeño en Teherán y las provincias vecinos se mantuvo como un elemento clave de su perfil, que combinaba aguerrida aplicación de la ley, disciplina y una visión de largo plazo sobre la función judicial y su relación con el poder político.

Cargos judiciales de alto rango

Con la muerte de Jomeiní y la elección de Ali Jamenei como líder supremo, Raisí recibió la designación de fiscal de Teherán por el presidente de la Corte Suprema de ese entonces, Mohammad Yazdi. Durante ese periodo, que se extendió desde 1989 hasta 1994, desempeñó un papel central en la definición de los lineamientos de la justicia en la capital y en la articulación de estrategias para la persecución de figuras y movimientos que, a ojos de las autoridades, representaban amenazas para el régimen. En 1994, la función administrativa dentro del aparato judicial fue acompañada por su nombramiento como jefe de la Agencia Nacional de Inspección, una instancia destinada a vigilar y evaluar el cumplimiento de las normas y procedimientos a cargo de la Administración Pública. Este tramo de su carrera consolidó su reputación de ejecutor de políticas estatales con un énfasis en la legalidad y en la disciplina institucional. Más adelante, en 2004, Raisí fue designado vicepresidente de la Corte Suprema, cargo que ocupó durante una década y que le permitió consolidar una visión de conjunto sobre el funcionamiento de las estructuras judiciales, la protección de los derechos y la vigilancia de la aplicación de las sentencias. En 2012, el líder supremo lo designó como fiscal general especial del Clero, una posición que le confirió un estatus particularmente señalado dentro del circuito judicial conservador. En esa función, participó en procesos y decisiones de alto impacto, como la condena a Ahmad Montazeri por la publicación de un material sonoro; sin embargo, la decisión fue retirada posteriormente por mediación de autoridades de la jerarquía religiosa, lo que dejó en claro la complejidad de las tensiones entre la autoridad judicial y las dinámicas internas de poder en Irán. En 2014, Raisí fue nombrado fiscal general de Irán, cargo que ocupó hasta 2016, cuando renunció para asumir la responsabilidad de custodiar Astan Quds Razavi, la fundación que administra uno de los santuarios más venerados del país. Esta trayectoria de ascenso y rotación entre distintas capacidades judiciales subrayó su capacidad para moverse entre funciones técnicas y políticas, manteniendo una presencia constante en las decisiones que daban forma al sistema de Justicia de Irán.

Presidente de la Corte Suprema

El 7 de marzo de 2019, Ali Jamenei designó a Raisí como presidente de la Corte Suprema, desbancando al anterior titular Sadeq Larijani. La designación generó reacciones diversas: algunos reformistas dieron su apoyo, mientras que otros críticos, así como diversas organizaciones de derechos humanos y el propio Departamento de Estado de Estados Unidos, expresaron reservas ante el nombramiento. Durante su gestión como cabeza de la Corte Suprema, Raisí promovió una campaña intensiva contra la corrupción que provocó la destitución de una cantidad considerable de jueces y el arresto de altos funcionarios, entre ellos el hermano de Hasan Rohani, Hossein Fereidoun; Hadi Razavi, ministro de Trabajo en el gobierno de Rohani; y Issa Sharifi. En el marco de ese esfuerzo, impulsó una agenda legislativa orientada a limitar la influencia de la élite en ámbitos sensibles, propugnando medidas como la prohibición para que los hijos de funcionarios estudien en el extranjero y la exploración de alternativas a la pena de muerte para determinados supuestos. También defendió iniciativas para asegurar la seguridad y la dignidad de las mujeres y presentó proyectos destinados a fortalecer la integridad pública y la probidad en el aparato estatal. En el ámbito internacional, su labor tuvo un impacto en las relaciones con otros países y, en particular, en la percepción de Irán frente a actores externos. En febrero de 2021, llevó a cabo una visita oficial a Irak, donde sostuvo encuentros con figuras de gobierno, lo que subrayó su interés en la cooperación regional y en la promoción de la estabilidad en el vecino este de Irán.

Incidentes

Entre los hechos más controvertidos de las décadas anteriores, figura el episodio del 30 de agosto de 1981, cuando el ataque a la oficina del primer ministro de Irán dejó sin vida al presidente y a otros altos funcionarios. Este caso, que se desarrolló en varias etapas, terminó otorgando a Raisí una suerte de fulcro en las líneas de investigación que siguieron varios años después. En julio de 1985, la fiscalía general de Irán pasó a ser conducida por Raisí en un proceso que involucró a distintos actores y que se resolvió mediante un giro a favor de la autoridad central, en un contexto de tensiones por el control institucional. En ese periodo, el propio Jomeiní intervino para ordenar el cierre del expediente, y los prisioneros vinculados al caso fueron liberados tras un periodo de detención. Más adelante, Raisí fue señalado por su supuesta participación en el Comité de la Muerte, un cuerpo que se asoció a las ejecuciones de miles de prisioneros políticos en 1988, un capítulo que ha generado intensos debates históricos y éticos. Diversas versiones atribuyen su nombre a ese comité, junto a otros funcionarios judiciales y representantes de organismos de seguridad. Raisí ha negado su participación directa y sostiene que la verificación de las sentencias y su cumplimiento debe regirse por las normas y por los principios establecidos por Ruhollah Jomeiní. Aun así, la historia de esas ejecuciones se mantiene como un punto central en la crítica hacia su figura y hacia el periodo de consolidación de las estructuras de poder en la República Islámica. Las estimaciones sobre el número de ejecuciones varían ampliamente, y distintas agencias y personalidades han ofrecido cifras dispares, lo que alimenta un debate prolongado sobre el alcance de ese capítulo y su peso en la evaluación de su carrera. En otros frentes, Raisí apareció como parte de debates sobre derechos humanos y sanciones internacionales, estando incluido en la lista de funcionarios por parte de autoridades estadounidenses por presuntos abusos de derechos humanos, un señalamiento que ha sido tema de discusiones diplomáticas y de política exterior. En el marco de la aguda controversia que rodea su figura, también se ha discutido su papel en la respuesta ante denuncias de acoso en contextos de protestas, lo que dio lugar a la conformación de paneles de investigación y a declaraciones públicas que han formado parte de una narrativa crítica o defensiva según el ángulo desde el que se analice su labor.

Miembro de la Asamblea de los Expertos

En 2006 ingresó a la Asamblea de los Expertos por la provincia de Jorasán del Sur, obteniendo un respaldo amplio que se manifestó en una votación destacada. Aquel día, Raisí ingresó al cuerpo junto a otros colegas y logró acoger una considerable cantidad de votos. En 2016 fue reelegido para un segundo mandato, al obtener una porción elevada de apoyo popular y una cuota de representación que se mantuvo alta en el conjunto de electores. Su trayectoria en la Asamblea de los Expertos mostró su continuidad en la esfera religiosa y política, y su permanencia en ese órgano le permitió nutrirse de debates doctrinales y de la interacción con otros actores institucionales, reforzando su perfil como figura influyente dentro de la corriente conservadora que domina amplios sectores del poder en Irán.

Custodio de Astan Quds Razavi

El 8 de marzo de 2016 recibió un decreto del líder supremo que lo designó como nuevo custodio de Astan Quds Razavi, una designación que lo colocó al frente de una de las instituciones religiosas y patrimoniales más relevantes del país. En su carta de nombramiento, el líder subrayó la responsabilidad de servir a los peregrinos del santuario y de atender a los sectores más vulnerables, enfatizando la labor de acompañamiento a los pobres y necesitados como una de las misiones centrales de Raisí en su gestión. Esta designación convirtió a Raisí en un operador con una función dual: mantener una presencia religiosa y, al mismo tiempo, gestionar un organismo con una influencia social y cultural decisiva para el tejido nacional.

Elecciones presidenciales

Elecciones de 2017

En febrero de 2017, Raisí emergió como uno de los candidatos potenciales dentro del Frente Popular de las Fuerzas de la Revolución Islámica, y su nombre también recibió el apoyo de otros colectivos afines que buscaban consolidar una alternativa conservadora frente a la situación política vigente. En abril de ese año, anunció su intención de competir para la primera magistratura y, poco después, formalizó la inscripción de su candidatura, un trámite que le permitió presentarse ante el Consejo de Guardianes para su revisión y aprobación. Tras el proceso de revisión, la candidatura de Raisí recibió el visto bueno de la citada instancia, lo que le abrió el paso para competir en las elecciones presidenciales que tendrían lugar en mayo. Durante la campaña, incidió de forma marcada en problemáticas como el desempleo juvenil, la pobreza y el acceso a vivienda, proponiendo paquetes de subsidios y programas de vivienda para distintos sectores de la sociedad, con la promesa de crear un número significativo de empleos y de impulsar una planificación económica que, a su juicio, podría impulsar un crecimiento sostenible y reducir la brecha entre las distintas capas de la población. En el tramo final de la contienda, recibió un apoyo crucial cuando un rival de la competencia retiró su candidatura y dio su respaldo, lo que reforzó un frente de respaldo a Raisí. Entre gestos y encuentros públicos, Raisí mantuvo un contacto estratégico con actores culturales y figuras del mundo artístico para reforzar su visión de gobierno. En las elecciones, terminó en segundo lugar frente a Hasan Rohani, con una cantidad de votos que superó los catorce millones, mientras Rohani logró la reelección con una cifra significativamente mayor. La derrota fue presentada como un episodio que no desvió su compromiso político, al tiempo que sostenía la necesidad de exigir al Consejo de Guardianes una revisión de ciertos aspectos de la contienda y de las reglas electorales. Con todo, la comparación de resultados y números dejó en claro que su influencia en el espectro conservador había crecido y que su figura sería un referente para futuras contiendas y estrategias políticas dentro del marco estatal.

Raisi no felicitó a Rohani por su triunfo y sostuvo la necesidad de que el Consejo de Guardianes investigara posibles violaciones a la normativa durante el proceso, presentando una documentación detallada que pretendía sustentar sus señalamientos. Este episodio dejó entrever un tono de confrontación y de exige una revisión de las reglas, que fue tema de debate público y de observación internacional en los días posteriores a la jornada electoral. Aun así, el proceso dejó ver a un Raisí que buscaba consolidar su posición dentro del espectro conservador y que, a la postre, seguiría persiguiendo un camino propio para lograr influir de forma decisiva en la política económica y social del país.

Elecciones de 2021

En 2021, Raisí volvió a presentarse a la Presidencia y su candidatura recibió el apoyo explícito de varias fuerzas políticas integradas en la coalición conservadora, así como de varias plataformas y frentes afines que buscaban un liderazgo que consolidara una postura firme ante los desafíos nacionales e internacionales. En esa ocasión su candidatura recibió la bendición de organizaciones de apoyo y de alianzas dentro de la esfera política que promovían un enfoque de unidad y de continuidad con ciertas políticas previas, lo que le facilitó una campaña fortalecida. Un elemento relevante de ese proceso fue la advertencia hecha por personal de la judicatura sobre comentarios electorales y la cautela de los servicios de inteligencia respecto a la circulación de material crítico sobre Raisí. En paralelo, destacaron gestos de apoyo de figuras mediáticas y políticas que reforzaron la imagen de un liderazgo capaz de unir a un bloque conservador en torno a un programa de gobierno centrado en la seguridad y la economía, con énfasis en estabilidad y soberanía nacional. El resultado electoral le asignó una victoria amplia: Raisí obtuvo un porcentaje mayoritario y una cifra de votos que superó los diecisiete millones, destacando la magnitud de su apoyo entre la población que se inclinaba por una línea política más conservadora. En contrapartida, la participación ciudadana registró una de las cifras más bajas de la historia electoral del país, lo que llevó a un debate sobre la legitimidad de la participación y la percepción de la legitimidad de la elección en un contexto de incertidumbre política. A partir de ese resultado, Raisí asumió la responsabilidad de dirigir un gobierno que prometía sostener ciertos principios y que, al mismo tiempo, enfrentaba un escenario internacional de alta complejidad y una economía condicionada por sanciones y dinámicas externas.

Presidencia

La investidura de Raisí como presidente tuvo lugar en agosto de 2021, cuando Ali Jamenei confirmó su aceptación ante la Asamblea Consultiva Islámica. En su discurso inaugural, Raisí presentó su visión centrada en la reducción de la presión de sanciones y en la defensa de la soberanía económica, sosteniendo que la influencia extranjera debía ser contenida en la gestión de la economía y que el país no estaría dispuesto a ceder a intereses externos. A mediados de agosto, nombró a Mohammad Mokhber como primer vicepresidente y a Gholam-Hossein Esmaeili como jefe de Gabinete, configurando un equipo que buscó equilibrar las trayectorias de gestión institucional y la coordinación con las estructuras administrativas. Dentro de ese marco, el gobierno desplegó una batería de iniciativas para la gestión de la economía, la seguridad social y la administración pública, buscando reducir la exposición del país a shocks externos y fortalecer la capacidad de respuesta institucional ante crisis. Al presentar las nominaciones para el resto del equipo gubernamental, Raisí dio señales de un plan estratégico para la gestión de áreas clave como economía, interior y relaciones exteriores, dejando ver un énfasis en la seguridad, la cohesión social y la gobernabilidad. En esa misma línea, la designación de Ahmad Vahidi como ministro del Interior provocó reacciones en ámbitos internacionales, dado su historial vinculado a ciertos episodios controvertidos de la historia regional. Aun así, la mayoría de las propuestas fueron aprobadas por la Asamblea Consultiva Islámica, con la única excepción de Hossein Baghgoli, a quien Raisí había propuesto para la cartera de Educación. Este episodio mostró un parlamento que, pese a su complejidad, se movía bajo un marco de apoyo y de escrutinio de las designaciones. En las semanas siguientes, Raisí fue delineando un entramado de cargos para su Gabinete y, a partir de la designación de Moḥammad Rezaei como vicepresidente de Asuntos Económicos, profundizó las relaciones con figuras de relevancia económica y con interlocutores internacionales que mantienen debates sobre la cooperación y la cooperación regional. Sin embargo, algunas decisiones fueron motivo de tensión diplomática, como la designación de Rezaí, señalado por su conexión con un atentado en un país extranjero. Las respuestas ante esa designación variaron entre gobiernos y medios, evidenciando un paisaje internacional complejo para la administración de Raisí.

Política exterior

En el ámbito de la política exterior, Raisí se pronunció de forma clara tras la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, haciendo hincapié en la posibilidad de estabilización para el país vecino y en su disposición a apoyar la conformación de un gobierno inclusivo en la región. Reconoció la necesidad de que Afganistán realice elecciones para consolidar un nuevo liderazgo y reclamó que ninguna fuerza extremista, incluido el Estado Islámico, pudiera afianzarse en la frontera común entre Irán y Afganistán. En diciembre de 2023, Raisí pospuso un viaje a la sede de la diplomacia internacional en Ginebra, ante acusaciones dirigidas contra su persona por supuestos actos de torturas y asesinatos de prisioneros durante el periodo de 1988, una medida que fue interpretada por diversos actores como un estorbo a la agenda internacional. Estas tensiones reflejan la compleja relación entre la política interna y la escena diplomática, que se movía entre la defensa de la soberanía y las críticas de la comunidad internacional a prácticas controvertidas.

Vida personal

Casado con Jamileh-Sadat Alamolhod, una figura vinculada a la esfera religiosa y educativa, Raisí llevó una vida marcada por la unión entre la fe y la ciencia social. Su esposa, hija de un influyente clérigo de Mashhad y vinculada a la dirección de instituciones académicas, culminó su formación con un doctorado en filosofía de la educación y ha desarrollado una labor académica destacada como profesora asociada en una facultad de ciencias y como directora de un instituto dedicado a la investigación educativa en una de las universidades más reconocidas del país. Junto a él, Raisí formó una familia que incluye dos hijas y dos nietos, y cuyas hijas han seguido estudios superiores en disciplinas como sociología y física en prestigiosas instituciones del país, con matrimonios establecidos. En su entorno familiar, Raisí enfatizó valores de servicio y responsabilidad social, enmarcados en una visión educativa que buscaba cultivar el desarrollo humano y la toma de decisiones informadas para futuras generaciones.

Muerte

El 19 de mayo de 2024, Raisí perdió la vida en un accidente de helicóptero que le llevó junto al ministro de Exteriores y a otros altos funcionarios, cuando la aeronave se desplomó en una región cercana a la localidad de Uzi, en la provincia de Azerbaiyán Oriental. La noticia conmovió a la opinión pública y provocó una amplia variedad de reacciones, que oscilaron entre el dolor y la reflexión sobre el tramo final de una carrera marcada por la controversia y la fortaleza de una figura que dejó una marca profunda en la historia reciente del país. La agencia oficial de noticias iraní describió a las personas fallecidas como “mártires en el accidente”, una designación que, en el imaginario de muchos, subrayó el carácter simbólico de su desaparición. Raisí se convirtió en el segundo presidente iraní en morir en funciones, una circunstancia que rememora, en el plano histórico, el trágico deceso de Mohammad-Ali Rajai durante un atentado en 1981. La respuesta del público a su pérdida fue ambigua, con muestras de duelo entre amplios sectores y manifestaciones de aprobación o satisfacción entre otros, reflejando la diversidad de interpretaciones que su figura había suscitado a lo largo de su trayectoria.

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