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Federico II de Sicilia

Nombre completo Federico II de Sicilia
Nombre nativo Fidiricu II
Descripción Rey de Sicilia, Corona de Aragón
Fecha de nacimiento 13-12-1272
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 25-06-1337
Ocupaciones trovador, poeta, compositor, soberano
Idiomas catalán
HermanosIsabel de Portugal, Violante de Aragón y Sicilia, Jaime II de Aragón, Alfonso III de Aragón, Pedro de Aragón y Sicilia, Jaime Pérez de Aragón
ParejasSibila Sormella
EsposasLeonor de Anjou
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Federico II de Sicilia nació en la ciudad de Barcelona en 1272 y falleció en Paternò en 1337, convirtiéndose en una figura central de la historia mediterránea de su tiempo. Conocido también como Federico III de Aragón o Federico III de Trinacria, fue el tercer hijo de Pedro III de Aragón y de Constanza de Hohenstaufen. Su ascensión al trono de Sicilia se presentó como una manera de garantizar la continuidad dinástica con la casa suaba, a la vez que insistía en una unión entre la Corona de Aragón y la isla. En su reinado impulsó transformaciones administrativas y religiosas, y reformó símbolos de poder al incorporar la enseña de la dinastía Hohenstaufen al escudo del reino de Sicilia.

Federico II de Sicilia — Imagen principal

Federico II de Sicilia nació en la ciudad de Barcelona en 1272 y falleció en Paternò en 1337, convirtiéndose en una figura central de la historia mediterránea de su tiempo. Conocido también como Federico III de Aragón o Federico III de Trinacria, fue el tercer hijo de Pedro III de Aragón y de Constanza de Hohenstaufen. Su ascensión al trono de Sicilia se presentó como una manera de garantizar la continuidad dinástica con la casa suaba, a la vez que insistía en una unión entre la Corona de Aragón y la isla. En su reinado impulsó transformaciones administrativas y religiosas, y reformó símbolos de poder al incorporar la enseña de la dinastía Hohenstaufen al escudo del reino de Sicilia.

Conflicto por Sicilia

La muerte de Pedro III en 1285 dejó la Corona de Aragón en manos de su heredero mayor, Alfonso III, mientras que su hermano Jaime II asumía la regencia del reino de Sicilia. Poco después, la corona aragonesa pasó a Jaime II tras la muerte de Alfonso III en 1291. En esa época ya se enfrentaban la Casa de Anjou y la Casa de Aragón por la jurisdicción de Sicilia. Aunque la balanza parecía favorecer a Aragón, la situación militar, los esfuerzos realizados para capturar Murcia y los ataques franceses del norte obligaron a que se buscara una salida diplomática mediante negociaciones con Carlos de Anjou.

Los vaivenes papales influyeron notablemente en el curso de la guerra. Tras varios vaivenes provocados por la muerte de dos papas, la Santa Sede intervino para impulsar un acuerdo conocido como la Paz de Anagni (1295), que no beneficiaba a Aragón de forma directa. En esa fórmula, a cambio de la posesión de las islas de Cerdeña y Córcega, Aragón debía ceder Sicilia a la Iglesia, que a su vez la devolvería a la casa de Anjou. En Sicilia, los representantes optaron por mantener la independencia frente a Francia, y el 11 de diciembre de 1295 el Parlamento siciliano proclamó a Federico II como soberano de Sicilia, desafiando las pretensiones externas.

El Papa intentó disuadirlo, ofreció privilegios y promesas, pero Federico insistió en su derecho y recibió la coronación de mano de la nobleza en Palermo en 1296. Con este acto, Federico demostró un carisma que le permitió modernizar la administración y ampliar las competencias del Parlamento siciliano, integrado por barones, prelados y representantes urbanos. Su postura lo enfrentó de inmediato a nuevas tensiones papales, pues la contradicción entre su autoridad y la pretensión papal degeneró en una nueva guerra.

La reacción papal convirtió de nuevo la contienda en un choque entre intereses sagrados y políticos: Federico desembarcó en Calabria y levantó el cerco en varias villas, alentó revueltas en Nápoles y buscó alianzas con facciones de Toscana y Lombardía, al tiempo que asesoró a la Casa de Colonna contra Bonifacio VIII. En paralelo, la Santa Sede envió a Carlos de Valois para invadir Sicilia, mientras Jaime II recibió apoyos de la Santa Sede y procedía a casar a su hermana Violante con Roberto, tercer hijo de Carlos II de Nápoles y Sicilia.

Ante estas noticias, Federico envió emisarios a Aragón para movilizar a barones, caballeros y ciudades en contra de la ofensiva real, pero la fidelidad de la nobleza fue desigual: algunos favorecieron a Jaime II y se alinearon con Juan de Procida y Roger de Lauria, héroes de las Vísperas Sicilianas, que marcharon junto a las tropas de Anjou. Los príncipes Carlos, Roberto y Felipa desembarcaron en la isla y fueron derrotados antes de capturar Catania; Felipa cayó en manos de Federico y fue sometido a prisión y tormento.

Tratado de paz

La lucha se prolongó unos años más, durante los cuales las fuerzas de Carlos de Valois se vieron mermadas por las enfermedades, obligando a buscar un cese de hostilidades. En agosto de 1302 quedó sellado el Tratado de Caltabellotta, por el cual Federico fue reconocido como rey de Trinacria (un nombre usado para designar Sicilia en ese periodo) con carácter vitalicio. A cambio, se pactó el casamiento de Federico con Leonor de Anjou, hija de Carlos II de Anjou, y se acordó que Sicilia volvería a los Anjou tras la muerte del rey, con una compensación para sus hijos. El Papa Bonifacio VIII presionó para que se quebrara el acuerdo, pero Carlos I no cedió y en mayo de 1303 el Pontífice ratificó la paz, exigiendo a Federico el pago de un tributo.

La paz no fue un periodo libre de tensiones: una constelación de mercenarios provenientes de la Península Ibérica, conocidos como almogávares, llegó a Sicilia para apoyar a Federico, pero su presencia generó desorden público y, en particular, mostró ser una fuerza extremadamente ligada a su hermano más que al propio rey. Frente a esta situación, Federico trató de deshacerse de ellos, y la solución llegó cuando contempló una alianza con el emperador Andrónico II Paleólogo de Bizancio. Los almogávares, liderados por Roger de Flor, partieron hacia la campaña oriental formando la célebre Gran Compañía Catalana.

La Paz de Caltabellotta no fue duradera: en 1313 Federico reclamó el trono para su hijo Pedro, y se sucedieron años de choques con Roberto de Anjou que intentó recuperar Sicilia sin éxito. En 1317 se firmó una tregua que dio un respiro temporal, pero las tensiones resurgieron poco después y no tardaron en enfrentarse de nuevo las casas rivales de Anjou y Aragón.

En 1335, la Iglesia reaccionó con severidad contra Federico por haber buscado el control de la Santa Sede para impulsar la causa gibelina en detrimento de Génova, y lo excomulgó bajo la autoridad de Juan XXII. A la par, un interdicto papal que se extendió desde 1321 hasta 1335 intensificó los conflictos con los Anjou. El Papa Benedicto XII finalmente prometió en 1334 respetar la soberanía de Federico sobre sus dominios, cerrando un ciclo de tensiones entre el poder civil y la jerarquía eclesiástica.

La muerte de Federico II aconteció el 25 de junio de 1337 en Paternò, dejando como heredero a su hijo Pedro II de Sicilia. Más allá de las disputas, su reinado consolidó la idea de que la dinastía aragonesa podía entender Sicilia como una entidad integrada y que los sicilianos podían forjar un sentimiento de identidad compartida, distinto de otras potencias externas. Su tumba, junto a los reyes de la Casa de Aragón, fue depositada en la catedral de Santa Ágata en Catania.

Descendencia

Con Leonor de Anjou engendró una numerosa ascendencia que dejó una huella duradera en la historia de la isla. Entre sus hijos legítimos destacan:

  • Pedro II de Sicilia (1304-1342), quien heredó el trono y continuó la consolidación de la dinastía.
  • Rogelio (nacido en 1305), que falleció en la juventud.
  • Manfredo (1306-1317), duque de Atenas y Neopatria, quien murió prematuramente tras una caída.
  • Constanza (1305-1344), quien contrajo tres nupcias: Enriqué II de Chipre, León IV de Armenia y Juan de Lusignan, tejiendo alianzas en la región oriental.
  • Isabel o Isabella (1310-1349), que se vinculó por matrimonio a Esteban II de Baviera.
  • Guillermo II de Atenas (1312-1338), príncipe de Tarento, y después duque de Atenas y señor de Neopatria; también fue conde de Calatafimi y señor de Noto y Passero.
  • Juan de Randazzo (1317-1348), duque de Randazzo, de Atenas y de Neopatria; regente de Sicilia desde 1338.
  • Catalina (1320-1342), abadessa de Santa Clara de Messina.
  • Margarita (1331-1360), que contrajo matrimonio con Rodolfo II del Palatinado, dejando descendencia femenina y falleciendo en 1377, fue enterrada en la región de Neustadt y dejó memoria de su linaje en la crónica de la casa.

Además de los hijos legitimados, se atribuyen progenies ilegítimas, fruto de relaciones con Sibila Sormella. Entre los nombres que la tradición registra aparecen Alfonso Fadrique, señor de Salona y conde de Gozo y Malta, actuando como regente en la minoría de varios de sus hermanos; Orlando, barón de Avola; Isabel, que alternó matrimonios con Ponce VI de Ampurias y Ramón de Peralta, conde de Caltabellotta; y otros vínculos que muestran la complejidad de la prole real en un reino tan activo políticamente como Sicilia durante aquel siglo.

Imágenes de Federico II de Sicilia