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Gregorio XI

Nombre completo Gregorio XI
Nombre nativo Gregorius PP. XI
Descripción 201.er Papa de la Iglesia Católica
Fecha de nacimiento 30-11-1328
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 27-03-1378
Nacionalidad Francia
Ocupaciones sacerdote católico
Idiomas francés
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Gregorio XI irrumpió en la historia de la Iglesia como el último pontífice francés que vivió en la Ciudad Eterna tras el conjunto de años en Aviñón. Su nombre de pila fue Pierre Roger de Beaufort, nacido en Rosiers-d'Égletons hacia 1330, y su muerte ocurrió en Roma el 27 de marzo de 1378. Su mandato, desarrollado entre 1370 y 1378, marcó una transición crucial en la relación entre la Iglesia y los estados europeos y dejó una huella indeleble en la memoria de la cristiandad.

Gregorio XI — Imagen principal

Gregorio XI irrumpió en la historia de la Iglesia como el último pontífice francés que vivió en la Ciudad Eterna tras el conjunto de años en Aviñón. Su nombre de pila fue Pierre Roger de Beaufort, nacido en Rosiers-d'Égletons hacia 1330, y su muerte ocurrió en Roma el 27 de marzo de 1378. Su mandato, desarrollado entre 1370 y 1378, marcó una transición crucial en la relación entre la Iglesia y los estados europeos y dejó una huella indeleble en la memoria de la cristiandad.

Orígenes y formación

Pierre Roger de Beaufort provenía de una estirpe noble vinculada a la casa Beaufort, hijo de Guillaume Roger, conde de Beaufort, y de Marie de Chambon, y poseía lazos cercanos con Clemente VI por las líneas familiares. Su educación se desarrolló en la península italiana, donde amplió sus estudios de Derecho y Teología en la Universidad de Perugia, alcanzando un nivel notable que anticipó su posterior ascenso eclesiástico. En ese período se fue consolidando como una figura que combinaba prestigio familiar y vocación doctrinal, capaz de moverse con destreza en los círculos curiales y académicos de la época.

Carrera eclesiástica

La trayectoria eclesiástica del joven... En 1342 obtuvo un puesto como canónigo en la catedral de Ruan, y poco después amplió su influencia en Rodez y, finalmente, en la catedral de París, donde llegó a ser archidiácono. Su ascenso continuó de manera meteórica, y el 28 de mayo de 1348 su tío, Clemente VI, lo elevó al cardinalato diaconal cuando apenas superaba la veintena. Este temprano reconocimiento marcó el inicio de una carrera que fusionaría una formación sólida con una experiencia administrativa notable dentro de la Iglesia.

Papado

Elección

El 30 de diciembre de 1370 la Iglesia eligió a Gregorio XI por consenso general para guiarla en tiempos de gran fragilidad institucional, y la consagración se demoró hasta el 5 de enero del año siguiente. La demora respondió a la necesidad de que el nuevo líder recibiera las órdenes clericales necesarias antes de asumir plenamente la autoridad papal, un detalle que subraya las condiciones excepcionales de la época.

Política pontificia

En el plano político, su objetivo principal fue reconciliar a los grandes reinos cristianos para abrir una vía común hacia una cruzada contra las amenazas turcas. Sin embargo, Francia e Inglaterra seguían inmersas en la Guerra de los Cien Años y priorizaron sus intereses, dificultando la unidad. Aun así, logró que Enrique II de Castilla, Pedro IV de Aragón y Carlos II de Navarra resolvieran sus disputas mediante matrimonios concertados, en lugar de recurrir a conflictos armados, con lo que se evitó una ruptura mayor entre potencias europeas.

La lucha contra los Visconti

La estrategia de influencias de Gregorio XI consistió en designar obispos franceses para las diócesis italianas, búsqueda que generó un rechazo popular en Italia. Los hermanos Bernabé y Galeazzo II Visconti, señores de Milán, aprovecharon el descontento para apoderarse de Reggio y de otros dominios pontificios en 1371. En respuesta, el Papa declaró la excomunión de estos señores y permitió la confiscación de sus bienes, una medida que reflejaba la contundencia de su postura frente a las pretensiones seculares en el Norte italiano.

Con la campaña papal, una fuerza bélica dirigida por John Hawkwood desbarató a las tropas milanesas en Pesaro y Sabbio Chiese. En 1374, la autoridad papal logró someter a Vercelli, Piacenza y Pavía, y una coalición de potencias imperiales, junto con la reina de Nápoles y Luis I de Hungría, obligó a Bernabé a iniciar contactos de paz que culminaron con un acuerdo favorable el 6 de junio de ese mismo año.

La guerra de los Ocho Santos

La crisis italiana no se resolvió de inmediato, ya que el sostenimiento de obispos franceses en territorio italiano continuó alimentando tensiones. Florencia, temiendo el incremento de la influencia papal, se alió con Bernabé Visconti en 1375 y provocó múltiples revueltas en dominios pontificios. Surgieron entonces ocho magistrados florentinos, a quienes la población atribuyó el apodo de los ocho santos, encargados de tasar bienes e dirigir la defensa de la ciudad. Esta etapa dio origen al periodo conocido como la guerra de los Ocho Santos, que mostró la compleja cohabitación entre autoridad religiosa y poder municipal.

El 31 de marzo de 1376 el Papa intervino con un entredicho sobre Florencia, declarando a sus habitantes como enemigos de la Iglesia y de la autoridad papal, lo que agravó las pérdidas económicas y las escenas de violencia vividas durante el conflicto. Las masacres y saqueos cometidos por mercenarios al servicio de la Iglesia intensificaron el clamor por una solución pacífica, y una embajada florentina viajó a Aviñón buscando acercamientos, con la intermediación de Catalina de Siena jugando un papel destacado.

El regreso definitivo a Roma

La rebelión en las dominios papales se convirtió en una amenaza real para la autoridad temporal del Papa, lo cual impulsó la decisión de regresar a Roma como medida estratégica para recuperar el control de la iglesia y sus territorios. Si bien Catalina de Siena no logró reconciliar por completo a los florentinos con la Santa Sede, sí logró convencer a Gregorio XI de retornar la sede a la Ciudad Eterna, estableciendo así un retorno decisivo para la Church.

El 17 de enero de 1377, Gregorio XI dejó Aviñón y recuperó la residencia en Roma, pero las hostilidades continuaron. El Papa se vio obligado a refugiarse en Anagni a finales de mayo de 1377 tras los agravios surgidos en Cesena, y retornó a la Ciudad Eterna el 7 de noviembre para intentar una pacificación duradera, un esfuerzo que no pudo completar.

Mano dura contra los herejes

Durante su pontificado, Gregorio XI mantuvo una trayectoria contundente contra movimientos heréticos de la época. En 1372 condenó a los Turlupines, un grupo que promovía una pobreza extrema y un rechazo radical de las vestiduras, lo que condujo a la ejecución de Jeanne Daubenton, una de sus líderes, en París. En ese mismo año enfrentó doctrinas fatalistas asociadas a Albert Alberstadt desde Alemania, declarando su oposición a esas ideas. En mayo de 1377, emitió cinco bulas contra John Wycliff, tildándolo de hereje, aunque las sanciones aplicadas por la Iglesia inglesa resultaron ser más reservadas gracias a las influencias políticas de la corte de aquel reino.

Fallecimiento y sepultura

El 27 de marzo de 1378 marcó el fin de su liderazgo; murió sin lograr trasladar su cuerpo a la abadía de La Chaise-Dieu, como deseaba, y fue enterrado en la iglesia de Santa María Nova en Roma. Su legado incluyó la singular distinción de ser el último Papa de origen francés que estableció de forma permanente su residencia en el Vaticano, rompiendo con la tradición de moverse entre Roma y Letrán y dejando claro un cambio de época para la sede papal.

Gregorio XI en la literatura

En la tradición profética, San Malaquías se refiere a este Papa con la frase Novus de virgine forti, expresión que suele interpretarse como una alusión a su linaje noble de Beaufort y a su anterior condición de cardenal de St. Marie la Neuve antes de asumir la sede de San Pedro. Esta interpretación ha ido ganando espacio en las lecturas históricas que relacionan su figura con la transición entre dos eras de la historia eclesiástica.

Imágenes de Gregorio XI