Jacinto Verdaguer
| Nombre completo | Jacinto Verdaguer |
|---|---|
| Nombre nativo | Jacint Verdaguer |
| Descripción | Poeta catalán |
| Fecha de nacimiento | 17-05-1845 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 10-06-1902 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | poeta, escritor, sacerdote católico |
| Géneros | poesía |
| Grupos | Real Academia de Buenas Letras de Barcelona |
| Idiomas | catalán, español |
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Jacinto Verdaguer y Santaló fue un poeta y sacerdote catalán cuya vida recorrió varias regiones de Cataluña, la capital catalana y rutas lejanas del Atlántico, para entregar una obra que fusionó la espiritualidad con la melancolía de su tiempo. Reconocido como una de las voces más influyentes de la literatura en lengua catalana, su figura fue elevada por el obispo Torras y Bages y, en la tradición, se le llamó “príncipe de los poetas catalanes”. En su país también se le conoce como Mossèn Cinto Verdaguer, por su condición de clérigo.
Jacinto Verdaguer y Santaló fue un poeta y sacerdote catalán cuya vida recorrió varias regiones de Cataluña, la capital catalana y rutas lejanas del Atlántico, para entregar una obra que fusionó la espiritualidad con la melancolía de su tiempo. Reconocido como una de las voces más influyentes de la literatura en lengua catalana, su figura fue elevada por el obispo Torras y Bages y, en la tradición, se le llamó “príncipe de los poetas catalanes”. En su país también se le conoce como Mossèn Cinto Verdaguer, por su condición de clérigo.
Biografía
Desde su origen humilde, Jacinto Verdaguer nació en Folgarolas el 17 de mayo de 1845 y llegó al mundo como el segundo de ocho hermanos pertenecientes a una familia marcada por la escasez de recursos. Su padre, José Verdaguer y Ordeix, ejercía como maestro de obras, y su madre, Josefa Santaló y Planas, desempeñaba labores domésticas y textiles. Sólo tres de los ocho hermanos lograron sobrevivir a la infancia, de modo que la infancia del joven transcurrió entre precariedades y la fortaleza de una fe familiar que le influiría de forma decisiva. En esa atmósfera de esfuerzo, la devoción religiosa de su madre empujó al muchacho a ingresar, ya con dieciséis años, en el Seminario de Vich en 1855. En esos años juveniles, mientras estudiaba para el sacerdocio, residía en una casa de campo cercana a la ciudad —Can Tona—, donde impartía clases a los niños del entorno y contribuía con labores agrícolas. Su talento temprano afloró al participar en los Juegos Florales de Barcelona en 1865 con dos galardones y, al año siguiente, logró otros dos premios. Este doble triunfo lo perfiló como una figura destacada en el panorama literario catalán de su época.
La vocación sacerdotal tomó forma de manera formal cuando, el 24 de septiembre de 1870, fue ordenado en Vich por el obispo Luis Jordá. Poco después, en octubre, celebró su primera misa en la ermita de Sant Jordi de Puigseslloses, cerca de su pueblo natal, y la segunda en la ermita de San Francisco, situada cerca de Vich. Su camino sacerdotal se fue intensificando a medida que su familia y su parroquia confiaban en él, incluso cuando la salud lo obligó a reorganizar su vida e itinerarios.
La desgracia golpeó en enero de 1871 con la muerte de su madre, a la edad de 52 años. En septiembre de ese mismo año recibió un encargo como coadjutor en Viñolas de Oris (en la región de Osona), cargo que ocupó durante dos años. Ya en 1873 publicó la Passió de Nostre Senyor Jesucrist, una obra que consolidó su presencia literaria. Sin embargo, las dolencias físicas le obligaron a trasladarse a Barcelona para buscar alivio y recuperar fuerzas.
En diciembre de 1874, con apenas 29 años, ingresó como sacerdote en la Companía Trasatlántica de Antonio López y López, futuro Marqués de Comillas, recomendándole médicos que el aire marino podía favorecer su salud. Su vida dio un giro notable: durante dos años realizó travesías transatlánticas entre España y Cuba, experiencia que nutriría su escritura y su visión del mundo. En septiembre de 1876 falleció su padre y, de regreso a la península en el barco Ciudad Condal, terminó de componer el poema La Atlántida. De vuelta a la Barcelona de la casa del Marqués de Comillas, entró como capellán en el palacio Moja, con la familia del que sería su mecenas y protector.
La repercusión de la obra de Verdaguer se consolidó en 1877, cuando el Consistorio de los Juegos Florales le concedió el premio extraordinario de la Diputación de Barcelona por La Atlántida. Los elogios no tardaron en llegar desde los más destacados críticos de la época: Menéndez y Pelayo reconoció su talento como uno de los más grandes creadores de España, mientras que Frédéric Mistral, el poeta provenzal, le envió una carta de felicitación anticipando un porvenir luminoso. En 1878, financiada por el Marqués de Comillas, apareció la primera edición bilingüe de La Atlántida, y Verdaguer viajó a Roma en una peregrinación organizada por el obispo de Barcelona. El Papa León XIII, también poeta, recibió al escritor y conversó con él sobre su poema; Verdaguer le regaló un ejemplar de la obra.
En 1880, tras obtener los tres premios canónicos en los Juegos Florales, fue nombrado Mestre en Gai Saber. Ese mismo año publicó dos volúmenes dedicados a Montserrat: Canciones y Leyenda. En los años siguientes viajó con frecuencia, visitando París, Suiza, Alemania y Rusia, y previamente había explorado el norte de África junto al segundo Marqués de Comillas. Sus caminatas por los Pirineos catalanes fueron extensas y le convirtieron en el primer español que pisó la cumbre del Aneto. En 1883 presentó a los Juegos Florales una extensa oda titulada A Barcelona, que obtuvo un premio extraordinario y cuyo texto fue impreso por el Ayuntamiento en una tirada de cien mil ejemplares, marcando un hito editorial en la comunidad.
El año 1886 supuso otro gran logro: publicó Canigó, su segundo gran poema épico. El obispo Morgades lo coronó el 21 de marzo, en nombre de Cataluña, en el Monasterio de Santa María de Ripoll. Después emprendió una peregrinación a la Tierra Santa que le dejó una profunda crisis personal. Entre los años siguientes concentró su vida en la oración y en las limosnas, desempeñando, además, funciones de capellán-limosnero del Marqués de Comillas. Durante ese periodo, su producción literaria entró en una fase de sequía, sin publicar poesía durante varios años.
En mayo de 1893 se vio obligado a abandonar su cargo de capellán-limosnero en el palacio de los marqueses de Comillas. En ese marco cierra la trilogía Jesús Infant, dedicada a la Sagrada Familia, y se traslada al santuario de La Gleva, cerca de Vich, donde residirá durante dos años. En 1894 llegan nuevas obras como Roser de tot l'any y Veus del Bon Pastor. El 31 de marzo de 1895 abandona el santuario y se instala en Barcelona, en casa de la familia Durán-Martínez, a la que había asistido en la enfermedad de su padre.
La trayectoria eclesiástica de Verdaguer experimentó un giro notable cuando el obispo de Vich abrió un expediente disciplinario por desobediencia y le retiró temporalmente las licencias para ejercer el ministerio. El poeta afrontó años de soledad y amargura, durante los cuales escribió una poesía más íntima y cargada de dolor. En 1895 y 1897 publicó artículos de firme defensa propia en diarios de la izquierda barcelonesa, provocando la sorpresa de la jerarquía eclesiástica y de la opinión pública catalana. A partir de la intervención de los monjes agustinos del Monasterio de El Escorial, el obispo Morgades accedió a restituirle las licencias tras la retractación del capellán-poeta, y a fines de 1897 pudo celebrar misa de nuevo. En febrero de 1898 fue nombrado párroco de la iglesia de Belén, en Barcelona, cargo que desempeñó en sus últimos años.
La salud le traicionó de manera definitiva en 1902 cuando se declaró una tisis galopante. El 17 de mayo, día de su 57.º aniversario, se trasladó desde Barcelona a la finca de Quinta Vilajoana en Vallvidrera, donde el propietario le ofreció refugio para intentar recuperarse de la enfermedad. El 10 de junio falleció. Sus restos fueron expuestos en el Ayuntamiento de Barcelona y, tras un desfile de duelo de gran magnitud, fueron enterrados en la Montaña de Montjuïc, frente al mar. Este acto de duelo se convirtió en una de las manifestaciones populares más multitudinarias de la historia catalana.
Entre su legado poético destacan obras como La Atlántida (1877), Idilios y cantos místicos (1879), Canigó (1886), Patria (1888), Flores del Calvario (1896), Montserrat (1898) y Aires del Montseny (1901). En prosa dejó trabajos como Excursiones y viajes (1887), Dietario de un peregrino a Tierra Santa (1889) y artículos compilados en En defensa propia (1895-1897). En la memoria popular no faltan referenciaspóstumas que subrayan su estatura como símbolo nacional y espiritual de Cataluña.
Su figura trascendió a nivel simbólico: en 1971 el organismo de la emisión de moneda acuñó un billete de 500 pesetas con su retrato y la imagen del Canigó en el reverso; tres años después, se difundió un sello con su figura, vistiendo la clásica barretina catalana, como parte de una serie de personajes españoles relevantes.
Fondo personal
Los manuscritos y la documentación personal de Jacinto Verdaguer se conservan en la Biblioteca de Cataluña y en el Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona, y comprenden tres grandes tipologías documentales: autógrafos, impresos y fotografías. Su colección se constituyó con aportes diversos a lo largo del tiempo y forma una de las colecciones fundacionales de la biblioteca. El corpus de su archivo incluye, en particular, una valiosa selección de borradores y borradores de sus libros, así como un conjunto de impresos que abarcan aleluyas, coplas, himnos, cantos, canciones de Navidad y partituras musicales.\"
La Biblioteca de Cataluña recibió su fondo en 1908, y poco después entraron importantes lotes de material de su colección personal y literaria, heredados por la familia y donados por la aristocracia que lo apoyó en vida; más adelante, a comienzos del siglo XX, se incorporaron seis cajas de documentos procedentes de la editorial L'Avenç. A los años sesenta ingresó un conjunto significativo de autógrafos y agendas procedentes de la colección de Fondevila, y a mediados de los setenta se sumaron documentos que habían sido conservados por parientes de uno de los médicos que acompañaron al poeta al morir. Hoy, la colección continúa abierta a nuevas incorporaciones.
El Archivo Histórico de Barcelona mantiene también una colección de autógrafos extensa: once libretas y cerca de doscientos documentos sueltos organizados por temáticas, que incluyen borradores de sus libros y notas diversas. En el apartado de impresos se ordenan aleluyas, cánticos de villancicos, himnos, coplas y partituras, igualmente clasificados por temas. A lo largo de este fondo figuran alrededor de ochenta imágenes con retratos dedicados o firmados, fotografías de lugares y escenas vinculadas a su vida y obra, junto con el álbum El Vanadis, que al timón del yate alquilado por el Marqués de Comillas permitió un crucero por el Mediterráneo con distintos miembros de las familias López-Güell y allegados. El conjunto de documentación personal del poeta ingresó en el AHCB el 16 de marzo de 1945, procedente de la Quinta Vilajoana. Tras su muerte, la ciudad de Barcelona organizó sus honras fúnebres, y hoy su casa en Vallvidrera funciona como un museo visitable, conservando su memoria y sus objetos más íntimos.
Legado
La presencia de Verdaguer en Barcelona dio lugar a un culto público sostenido que se articuló a través de diversas iniciativas conmemorativas. Raffiniadas muestras de su devoción surgieron de inmediato, entre ellas la tumba en el cementerio de Montjuïc, convertida en santuario de peregrinación para generaciones. También se inauguró una Sala Verdaguer en el Museo de Arte Decorativo y Arqueológico en 1903, y su retrato ingresó a la Galería de Catalanes Ilustres en 1906. Otros homenajes incluyeron la colocación de su retrato en la Galería de Excursionistas Catalanes Ilustres del Centre Excursionista de Catalunya y la instalación de una lápida de mármol en la estación superior del funicular cercano. Con todo, el proyecto del Monumento a Mosén Jacint Verdaguer nació poco después de su muerte, pero no se inauguró hasta 1924, cuando ya era un símbolo inequívoco de la identidad catalana.
La influencia de Verdaguer trasciende Barcelona y se extiende por toda la región. Su figura dio nombre a múltiples calles en Cataluña, y su pueblo natal, Folgarolas, conserva una casa-museo dedicada a su memoria. También destacan estatuas y memoriales en ciudades como Vic y en la Mare de Déu del Mont, señal de que su legado espiritual y literario permanece vivo. En el mundo científico, su huella quedó fijada en el asteroide (38671) Verdaguer, que recibió su nombre como homenaje a su contribución a la cultura y la lengua catalanas.