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Joaquín Ibarra

Nombre completo Joaquín Ibarra
Descripción Impresor español
Fecha de nacimiento 20-07-1725
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 13-09-1785
Nacionalidad España
Ocupaciones tipógrafo, editor, impresor
Idiomas español
HermanosManuel Ibarra y Marín
EsposasManuela Contera
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Joaquín Ibarra y Marín emergió como una figura central en la historia de la imprenta española durante el siglo XVIII. Nació en Zaragoza el 20 de julio de 1725 y falleció en Madrid el 13 de noviembre de 1785, dejando una trayectoria de innovaciones técnicas que anticiparon una mayor racionalización del oficio. A partir de 1754 levantó un taller de impresión en la capital que contribuyó a la renovación de las artes gráficas europeas en su época.

Joaquín Ibarra — Imagen principal

Joaquín Ibarra y Marín emergió como una figura central en la historia de la imprenta española durante el siglo XVIII. Nació en Zaragoza el 20 de julio de 1725 y falleció en Madrid el 13 de noviembre de 1785, dejando una trayectoria de innovaciones técnicas que anticiparon una mayor racionalización del oficio. A partir de 1754 levantó un taller de impresión en la capital que contribuyó a la renovación de las artes gráficas europeas en su época.

Biografía

Probablemente mantenía vínculos familiares con Lorenzo de Ibarra, comerciante de libros del siglo XVII, aunque no hay certeza plena al respecto. Lo que sí se sabe con seguridad es que nació en Zaragoza en 1725, hijo de Juan Ibarra, tafetanero, y de Mariana Marín, hermana de Antonio Marín, reconocido impresor. Su formación se ármo en Cervera, dentro de la provincia de Lleida, donde aprendió el oficio como aprendiz de su hermano Manuel, quien dirigía la Imprenta Pontificia y Real de la Universidad. Además de su vocación técnica, recibió instrucción en latín y en fundamentos de la cultura clásica. Ya como maestro, se trasladó a Madrid en 1754 y allí instaló un taller de impresión que sería el motor de su carrera.

Con gran ingenio, Ibarra introdujo mejoras importantes en la propia labor tipográfica y en el proceso de composición. Entre sus experiencias, llevó el satinado del papel para eliminar las marcas de la plancha y promovió la adopción de un formato de medidas estandarizado para la elaboración de los tipos, basado en una referencia semejante a la superficie de la M mayúscula. Estas ideas guardaban cierta cercanía con las reglas que luego desarrollaría Pierre-Simon Fournier. Asimismo, dejó atrás ciertas costumbres tipográficas de entonces, como el uso indistinto de V y U, o la s larga que con frecuencia se confundía con la f en distintas variantes de texto.

Entre sus discípulos figure un nombre destacado: Juan José Sigüenza y Vera, quien más tarde llegó a regentar la Compañía de Impresores y Libreros del Reino. Este noviazgo intelectual propició la recopilación de las observaciones de Ibarra en una obra publicada en 1811 con el título Mecanismo del Arte de la Imprenta, consolidando la herencia técnica de su taller para las generaciones siguientes.

La continuidad de su taller se extendió, en estos años, desde 1754 hasta 1836, con una producción que alcanzó aproximadamente las 2500 ediciones distintas. Entre las publicaciones más relevantes que salieron de su imprenta destacan las del Cervantes y las de Salustio. En este último caso, se llevó a cabo una edición con una tirada extraordinaria de 120 ejemplares destinada al uso de la Casa Real y a dignatarios extranjeros, subrayando la relación entre la imprenta y la esfera palatina y diplomática de la época. También se registraron ediciones notables como Paleografía española (1758), Historia de las plantas (1762), Breviarium Gothicum Secundum Regulam Beatissimi Isidori (1775), la segunda edición del Viaje de España de Antonio Ponz, la Historia general de España de Juan de Mariana (1780) y la Bibliotheca Hispana Vetus et Nova (1783-1788) de Nicolás Antonio, en cuatro volúmenes. Estas obras atestiguan la amplitud de su labor y su influencia en la cultura impresa de la época.

Antes de que Antonio Sancha consolidara su propia imprenta, Ibarra colaboró con este editor imprimiendo, entre otras obras, los primeros volúmenes del Parnaso Español, lo que subraya su papel de colaborador clave en una red de editores y talleres que atravesaban la corte y la academia.

Tipos

Ibarra no fue diseñador, grabador ni fundidor de tipos, y no debe entenderse como el creador de letras propias para sus colecciones. La confusión común nace de la edición del Quijote que llevó a cabo para la Real Academia Española, en la que se hizo una nueva fundición para la Biblioteca Real de Madrid, sin que ello signifique un diseño original de su parte.

La imprenta de Ibarra trabajó con un conjunto de fundiciones de su tiempo, destacando varias fuentes de prestigio y tradición tipográfica. Entre ellas se cuentan los juegos de Jerónimo Antonio Gil, los de la Fundición de Rangel —empleados a menudo por la Gaceta— que, en la práctica, comparten afinidad con el estilo de Garamond, y la aportación del leridano Eudald Pradell con fundición en Madrid. También se utilizó un repertorio de tipografías de Caslon, y un juego de cursiva que, en un caso destacado, estuvo asociado a la edición de Salustio, abierto por el académico e espinosa de los Monteros, quien poseía una fundición en Madrid.

A comienzos del siglo XX, la fundición de Gans en Madrid llevó a cabo un revival que recibió la designación Ibarra, partiendo de varias de las fundiciones citadas y generando así un punto de inflexión para posteriores rediseños tipográficos modernos. Esta relectura histórica, lejos de ser un simple homenaje, marcó el origen de cambios estilísticos y técnicos que se verían reflejados en generaciones siguientes de impresores y diseñadores.

Imágenes de Joaquín Ibarra