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José María Velasco

Nombre completo José María Velasco y Gómez Obregón
Nombre nativo José María Velasco Gómez
Descripción Artista mexicano
Fecha de nacimiento 06-07-1840
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 26-08-1912
Nacionalidad México
Ocupaciones pintor, profesor universitario, viajero, pintor de paisajes
Géneros pintura del paisaje
Idiomas español
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José María Velasco y Gómez-Obregón nació en Temascalcingo, en el entonces denominado Departamento de México, el 6 de julio de 1840, y falleció en la Ciudad de México el 26 de agosto de 1912. Su trayectoria artística lo elevó a una referencia central de la pintura de paisajes en México, donde la luz, el terreno y el cielo se integran para dibujar una visión que se volvió emblema nacional. Su legado influyó en generaciones de pintores y en la enseñanza del paisaje en instituciones del país.

José María Velasco — Imagen principal

José María Velasco y Gómez-Obregón nació en Temascalcingo, en el entonces denominado Departamento de México, el 6 de julio de 1840, y falleció en la Ciudad de México el 26 de agosto de 1912. Su trayectoria artística lo elevó a una referencia central de la pintura de paisajes en México, donde la luz, el terreno y el cielo se integran para dibujar una visión que se volvió emblema nacional. Su legado influyó en generaciones de pintores y en la enseñanza del paisaje en instituciones del país.

Infancia

En los primeros años de vida, Velasco ejerció como primogénito de una familia dedicada al comercio. Sus padres, Felipe Velasco y María Antonia Gómez-Obregón, lo criaron junto a otros hermanos en un hogar de vecindarios populares. Según consta en su acta de bautismo, recibió el nombre completo de José María Tranquilino Francisco de Jesús Velasco y Gómez-Obregón, una designación que permanecería como recuerdo formal de su infancia.

En 1849 la familia recibió un traslado hacia la capital, la Ciudad de México, buscando mejores oportunidades. Poco después, su padre perdió la vida a causa de la virulenta plaga de cólera morbo que asoló la urbe en aquellos años de cambios y transición.

La madre, María Antonia Gómez-Obregón, se dio a la tarea de sostener a los suyos con el apoyo de su cuñado, José Guadalupe Velasco, quien abrió las puertas de su casa para acoger a la familia. En ese ambiente, los jóvenes buscaron consolidar su formación, mientras las condiciones sociales de la época marcaban el incierto tránsito entre tradición y modernidad.

Sus primeros encuentros con el arte se dieron bajo la guía de maestros modestos y con la oportunidad de estudiar en instituciones jesuitas y clericales cercanas. En el Colegio Lancasteriano de Santa Catarina Mártir inició sus primeras nociones de dibujo, y luego continuó su aprendizaje en la Escuela de la Divina Providencia, donde recibió las primeras lecciones de dibujo de Vicente Villaverde. En esas aulas emergía ya la curiosidad que definiría su carrera, combinando intuición plástica con una curiosidad por la observación de la realidad natural y urbana.

Primeros años en San Carlos

Concluida la educación primaria, en 1855 Velasco llevó a cabo una vida doble: de día trabajaba como dependiente en la tienda de rebozos de sus tíos en el mercado de la plaza del Volador, y por las noches se matriculaba como alumno supernumerario en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, con la esperanza de abrirse camino como pintor.

Para ingresar como alumno numerario se exigía una base de estudios primarios y un examen de historia general y de bellas artes, con conocimientos de arquitectura, anatomía, perspectiva y dibujo aplicado a la estampa y al yeso. Quienes no cumplían esas condiciones podían prepararse en cursos previos como estudiantes supernumerarios, una vía por la que Velasco transitó en sus años formativos.

En enero de 1858, tras superar el examen y completar un periodo de preparación de tres años, Velasco se convirtió en alumno numerario de la Academia de San Carlos, y dejó su empleo para dedicarse por completo a la pintura, actividad que ocuparía la próxima década. Este giro marcaría el inicio de una etapa de aprendizaje intenso, centrado en el paisaje y su representación con rigor técnico.

La influencia decisiva de Eugenio Landesio, llegado a la institución en 1855 para enseñar perspectiva y pintura de paisaje, dejó una huella profunda en su método. Desde su llegada, Landesio implementó un programa exigente que abarcaba desde la observación en el natural hasta la comprensión de ciencias que acompañaban la pintura, como biología, geología y física, con el fin de fundamentar cada obra en una observación rigurosa del mundo natural. Velasco se convirtió así en uno de los discípulos más destacados de su enfoque.

El primer acercamiento al paisaje en el estudio al natural se dio con una obra titulada Baño de los Pescaditos (1859), un óleo que retrata la vivienda de su tío José Guadalupe en la calle de Don Toribio, lugar donde el pintor había vivido tras la muerte de su padre. Este cuadro mostró ya una sensibilidad para trasladar al lienzo la luz y la atmósfera de un entorno cotidiano que poco a poco iría adquiriendo monumentalidad.

En 1860 Velasco participó y ganó un concurso convocado por la Junta Directiva de San Carlos para cubrir una plaza en la pensión de pintura de paisaje. Su obra Patio del Ex Convento de San Agustín recibió el reconocimiento de los profesores y le proporcionó una beca de 15 pesos mensuales. Posteriormente, decidió complementar su formación con una segunda versión de taller para la XII exposición de la Academia celebrada en 1862, consolidando su trayectoria como pintor en ascenso.

Durante 1864 recibió un apoyo económico para realizar un viaje de estudio de tres semanas que lo llevó a recorrer la región de Cuautitlán, Teoloyucan, Coyotepec, la laguna de Zumpango, Tepotzotlán y la Peña Encantada. De ese periplo emergieron obras al óleo como Laderas de las montañas de Tepotzotlán y Peñascos de la Peña Encantada, además de un tema de inspiración prehispánica titulado Xochitzin, reflejando la polifonía de paisajes y mitos que nutrieron su vocabulario visual.

En 1865, junto al dibujante Luis Coto, participó como parte de una expedición científica a Metlaltoyuca, en el estado de Puebla, organizada por la Secretaría de Fomento del Segundo Imperio con el objetivo de estudiar un hallazgo arqueológico totonaca. A raíz de esa misión, Velasco dejó constancia en un informe, que hoy forma parte de los archivos históricos de la Academia de San Carlos.

La maduración de su lenguaje visual se consolidó en 1866 con la obra La Alameda de México, un paisaje urbano que se convirtió en una de las entregas más complejas y logradas de su periodo estudiantil. En esa interpretación, la Alameda Central funciona como escenario de convivencia entre distintas clases sociales, y la presencia de la emperatriz Carlota a caballo aparece como un testimonio de la vida social de la ciudad en aquel momento.

Vida profesional y familiar

En 1868 Velasco culminó sus estudios en Pintura y asumió la cátedra de perspectiva en la Academia de San Carlos. Ese mismo año contrajo matrimonio con María de la Luz Sánchez-Armas Galindo, y sus testigos fueran su hermano Ildefonso Velasco y su maestro Eugenio Landesio. De su unión nacieron seis hijos, y Velasco cultivó una vida profundamente religiosa, participando activamente en la Sociedad Católica de la Nación Mexicana.

Gracias a sus trabajos para la revista La Flora del Valle de México, obtuvo la condición de miembro de número de la Sociedad Mexicana de Historia Natural. Su labor en botánica y zoología abarcó investigaciones como descripción y costumbres de una especie nueva del género Siredon, relacionada con el axolote. En la publicación de la Sociedad, colaboró además en textos científicos de otros colegas y aportó ilustraciones para la revista La Naturaleza, como ensayos sobre aves y volcanes cercanos a la región de Oaxaca y Nayarit, enriqueciendo la memoria visual de las colecciones y estudios de la época.

La creciente proyección de Velasco coincidió con un ciclo de exposiciones nacionales e internacionales. En 1876 participó en la Exposición Universal de Filadelfia, donde su obra El Valle de México desde el cerro de Santa Isabel recibió una medalla de oro, reconocimiento que marcó un hito importante para la difusión de su obra fuera de México y para la valoración internacional de su interpretación del paisaje.\n

En 1877 asumió la cátedra de paisaje en la Academia, sustituyendo a Salvador Murillo, quien ocupó el cargo tras la renuncia de Landesio frente a la imposición de las Leyes de Reforma. Ese mismo año presentó una nueva vista del valle de México para la Exposición Universal de París de 1878, ejecutada desde un punto diferente en el cerro de Santa Isabel y mostrando la escena del valle durante mayo, en una hora cercana a las tres de la tarde, con un acabado realista que conjuga detalle topográfico y atmósfera.

En 1878, a solicitud del director del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, Gumersindo Mendoza, Velasco se embarcó en campañas de campo a Teotihuacán y a Tezcutzingo, donde desarrolló pinturas emblemáticas como La pirámide del Sol, Las pirámides del Sol y la Luna y El baño de Nezahualcóyotl, que forman parte de colecciones importantes y del patrimonio visual de la época. Su labor en estas expediciones consolidó la simbiosis entre paisaje, arqueología y narrativa histórica que caracterizó gran parte de su producción.

El 24 de julio de 1880 recibió el nombramiento de dibujante del Museo Nacional por decreto de Porfirio Díaz, cargo que desempeñó con continuidad hasta 1910. Durante ese periodo, Velasco se convirtió en una pieza central de las colecciones, aportando dibujos y pinturas que documentaban la riqueza natural y arqueológica del país y que sirvieron de referencia para futuras generaciones de investigadores y artistas.

En 1887 realizó un viaje de estudio a Oaxaca para pintar in situ la Catedral metropolitana de Oaxaca, a pedido del obispo Eulogio Gillow y Zavalza. Esa experiencia se sumó a una extensa agenda de viajes y encargos que consolidaron su reputación como uno de los grandes intérpretes del paisaje y de la arquitectura mexicana en un marco de encuadre cultural y religioso.

En 1889 Velasco lideró la sección de Bellas Artes de la delegación mexicana en la Exposición Universal de París, presentando 68 obras. Fue galardonado con una medalla de plata y recibió el título de Caballero de la Legión de Honor por la autoridad francesa, en reconocimiento a la calidad de su obra y su contribución al acervo artístico del país. En correspondencia desde Europa, dejó constancia de sus impresiones y del aprendizaje que esa estancia le aportó.

En 1893 participó en la Exposición Mundial Colombina de Chicago, evento conmemorativo del cuarto centenario del descubrimiento de América, y en México continuó presentando sus obras en exposiciones periódicas organizadas por la Academia, además de exhibir en la Exposición de Aguascalientes de 1891 y en la Exposición de Bellas Artes del Círculo Católico de Puebla en 1900.

Últimos años

En octubre de 1901 Velasco sufrió un accidente de tranvía que dejó secuelas y marcó el inicio de un periodo de deterioro físico. A partir de 1902 dejó de impartir la enseñanza de perspectiva en la Academia y, desde 1905, se volcó casi por completo a la producción artística en su casa de la Villa de Guadalupe Hidalgo, sin que su disciplina creativa disminuyera.

En 1906 llevó a cabo un proyecto monumental para decorar la planta superior del vestíbulo del Instituto Geológico Nacional, ejecutando diez murales dedicados a la evolución de la vida marina y terrestre a través de las eras geológicas; esta obra dialoga con ciclos pictóricos de la tradición europea, reinterpretando una propuesta similar realizada por un pintor austríaco para un museo de Viena.

En 1908 publicó el ensayo El arte de la pintura, en el que aborda la enseñanza de la pintura de paisaje y propone bases pedagógicas para el desarrollo de la mirada del artista frente a la realidad natural y urbana, con un tono crítico y didáctico que anticipa métodos modernos de enseñanza.

Velasco falleció por un ataque cardíaco el 26 de agosto de 1912 y fue sepultado en el panteón Celestial de Tepeyac, donde su memoria pasó a formar parte de la tradición de la pintura mexicana y de su aproximación a la representación de la tierra que lo rodea.

Homenajes

En 1962, la Galería José Clemente Orozco de la Ciudad de México adoptó el nombre de Galería José María Velasco para honrar su trayectoria y facilitar el acceso público a su legado artístico.

En 1974 se creó, en Temascalcingo, la Casa de Cultura “José María Velasco”, emplazada en la vivienda natal del pintor, para preservar la memoria y organizar actividades culturales que conecten a la comunidad con su historia artística.

En 1977 se inauguró, en una de las glorietas de la Calzada de los Misterios, un monumento dedicado a Velasco, obra del escultor Lorenzo Rafael Gómez Bustamante, con el fin de situar su figura en un espacio urbano representativo de la ciudad.

En 1997, los botánicos Graciela Calderón y Jerzy Rzedowski identificaron y nombraron una planta de la familia Crossosomataceae como Velascoa recondita, un tributo que reconoce su interés por la naturalista y la taxonomía junto con su labor de ilustración científica.

El 6 de julio de 2012, en ocasión del 172.º aniversario de su nacimiento, Google dedicó a Velasco un doodle para conmemorar su relevancia en la historia del arte y la cultura visual de México.

En 2023, el Museo Kaluz adquirió el archivo personal de Velasco, que reúne más de 2.500 objetos documentalmente organizados por la bisnieta del pintor, María Elena Altamirano Piolle, consolidando un repositorio clave para el estudio de su legado.

En 2025, la National Gallery de Londres organizó la exposición José María Velasco: A view of Mexico, la primera muestra individual dedicada a un pintor mexicano en esa institución, consolidando su alcance internacional y su influencia en la cultura visual global.

Una estación de la línea 1 del Metrobús de la Ciudad de México, en la alcaldía Álvaro Obregón, lleva el nombre “José María Velasco” y su iconografía hace alusión a una montaña, aludiendo a la estética paisajista que caracteriza su obra.

Galería

Imágenes de José María Velasco