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Juan Gelman

Nombre completo Juan Gelman
Nombre nativo Juan Gelman
Descripción Poeta argentino
Fecha de nacimiento 03-05-1930
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 14-01-2014
Nacionalidad Bolivia
Ocupaciones lingüista, poeta, escritor, periodista, traductor
Géneros poesía
Idiomas español
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Juan Gelman fue una de las voces centrales de la poesía en español, cuyo pulso creativo se sostuvo a la vez en la pluma y en la militancia. Nacido en la capital argentina y fallecido en la Ciudad de México, su trayectoria abarcó niñez, juventud y una vida adulta marcada por la escritura, el periodismo, la traducción y una participación política que lo llevó al exilio durante la represión. Su destino estuvo íntimamente ligado a la desaparición de familiares y a la incansable búsqueda de verdad, hechos que signaron tanto su vida personal como su obra literaria. En reconocimiento a su obra, recibió uno de los galardones literarios más prestigiosos, y su muerte fue conmemorada con duelo oficial en su país.

Juan Gelman — Imagen principal

Juan Gelman fue una de las voces centrales de la poesía en español, cuyo pulso creativo se sostuvo a la vez en la pluma y en la militancia. Nacido en la capital argentina y fallecido en la Ciudad de México, su trayectoria abarcó niñez, juventud y una vida adulta marcada por la escritura, el periodismo, la traducción y una participación política que lo llevó al exilio durante la represión. Su destino estuvo íntimamente ligado a la desaparición de familiares y a la incansable búsqueda de verdad, hechos que signaron tanto su vida personal como su obra literaria. En reconocimiento a su obra, recibió uno de los galardones literarios más prestigiosos, y su muerte fue conmemorada con duelo oficial en su país.

Biografía

Gelman nació en la Ciudad de Buenos Aires, en el corazón de un distrito lleno de vida cultural, en el domicilio 300 de la calle Canning, hoy conocida como Scalabrini Ortiz, dentro del barrio de Villa Crespo. Fue el tercer hijo de una pareja de inmigrantes judíos procedentes de Ucrania, los Gelman y Burichson, y desde pequeño mostró una curiosidad incansable por las palabras. Aprendió a leer muy temprano, a los tres años, y su infancia transcurrió entre paseos en bicicleta, partidas de fútbol y la lectura, afianzando una admiración por el club local que más tarde llevaría su nombre a la memoria de la ciudad como un homenaje a su vida. La biblioteca de ese afecto juvenil se convirtió en una especie de segundo hogar para él, y a los once años ya publicaba su primer poema en una revista estudiantil, un indicio temprano de la intensidad con que abordaría la escritura.

En la escuela secundaria completó sus estudios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, y a los quince años formó parte de la Federación Juvenil Comunista, una experiencia que canalizó su interés por la escena política de la época. En 1948 inició estudios de Química en la Universidad de Buenos Aires, pero pronto optó por abandonar esa ruta para dedicarse de lleno a la poesía, integrándose a una corriente que él describiría como nueva poesía durante los años 1955 a 1967. Esta decisión marcó un giro decisivo: convertir la palabra en un instrumento de compromiso y experimentación.

En 1955 participó como uno de los fundadores del grupo El pan duro, compuesto por jóvenes militantes comunistas que pretendían sembrar una poesía de carácter popular y combativo, organizándose de forma cooperativa para publicar y difundir sus creaciones. Al año siguiente, ese colectivo tomó la decisión de editar su primer libro, Violín y otras cuestiones, un proyecto que consolidó la voz colectiva de la camada y abrió paso a una poesía que trataba de responder a las realidades sociales de su tiempo. Este momento fue señalado por Gelman como una experiencia de aprendizaje profundo sobre la construcción de un oficio literario que dialogaba con la calle.

En 1959, la influencia de la Revolución Cubana empujó a Gelman a aproximarse a la vía de la lucha armada en Argentina y a distanciarse del Partido Comunista tradicional. Este paso no sólo afectó su trayectoria política, sino que también marcó un giro en su lectura de la historia y la estrategia de cambio social. A inicios de la década siguiente, durante la presidencia de Guido, Gelman fue objeto de detención junto a otros escritores por su pertenencia al Partido Comunista, en el marco de una acción represiva denominada CONINTES. Su detención generó una ola de solidaridad y una amplia circulación de sus poemas como protesta ante la medida. Tras la liberación, optó por desvincularse del PC y acercarse a sectores del peronismo revolucionario.

Encabezó, junto a jóvenes que habían dejado el comunismo, el grupo Nueva Expresión y creó la editorial La Rosa Blindada, iniciativas que difundían libros de izquierda que no encajaban en las líneas marxistas ortodoxas. Este periodo consolidó la idea de que la poesía podía ser una forma de intervención política y cultural, no sólo una reflexión estética.

Actividad como periodista

La trayectoria periodística de Gelman se forjó a partir de la década de los sesenta. En 1966 comenzó a trabajar en la revista Confirmado, y poco después asumió la jefatura de redacción de la revista Panorama (1969). También desempeñó funciones como secretario de redacción y director del suplemento cultural del diario La Opinión (1971-1973), y más adelante fue secretario de redacción de la revista Crisis (1973-1974). En 1974 pasó a dirigir el diario Noticias, que había ingresado el año anterior desde las Fuerzas Armadas Revolucionarias y que, para Gelman, se convirtió en uno de los mejores escenarios de su vida profesional en los medios. En 1971 participó como coguionista de la película Por los senderos del Libertador,un encargo del régimen militar que buscaba una visión oficial de la historia, una experiencia que lo llevó a reflexionar sobre el papel del arte en épocas de censura.

Militancia en organizaciones guerrilleras

En 1967 Gelman ingresó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), una organización guevarista que combatía la dictadura autodenominada Revolución Argentina. El grupo fue posteriormente formalizando su fusión con Montoneros el 12 de octubre de 1973. Durante ese periodo, Gelman ocupó destacadas funciones de liderazgo dentro de la dirección montonera, y ejerció como secretario de prensa para Europa hasta su alejamiento en 1979. En esa etapa alcanzó el rango de teniente dentro de la estructura organizativa. Su salida se sustentó en un impulso crítico: no estaba de acuerdo con el verticalismo militar y las negociaciones que su alta jerarquía sostuvo con miembros de la Junta, en Francia, mientras el movimiento enviaba a militantes de regreso al país en una contraofensiva. Esa postura fue publicada en una carta a su colega Rodolfo Puiggrós y en un artículo en Le Monde en 1979; poco después fue acusado de traición y condenado a muerte por Montoneros.

Con la llegada de la democracia y la asunción de Raúl Alfonsín en 1983, las investigaciones sobre homicidios y otros crímenes atribuidos a Montoneros continuaron, lo que impidió su regreso inmediato a Argentina. La condena y las solicitudes de extradición generaron protestas en el ámbito cultural internacional, con el respaldo de figuras notables de la literatura y la cultura de América y Europa. En 1988 la justicia dejó sin efecto la orden de captura y Gelman regresó en junio de ese año, estableciéndose finalmente en México.

Hacia esas fechas, Gelman publicó una obra que ofrecía una lectura crítica de las tácticas y las derrotas de la organización, un libro titulado Contraderrota. Montoneros y la Revolución Perdida, cuyo análisis generó debates intensos y consolidó su fama de poeta que no temía interrogar a sus propias experiencias políticas. Esta proposición de crítica y memoria se convirtió en una referencia obligada para entender las complejidades de la década de los setenta en Argentina, y marcó un hito en su trayectoria como intelectual crítico.

En 1989 fue uno de los exiliados indultados por el presidente Carlos Menem, junto a otros sesenta y cuatro antiguos integrantes de movimientos guerrilleros y a militares imputados por violaciones a los derechos humanos. Gelman rechazó la medida y dejó constancia de su posición mediante una nota publicada en Página/12, manteniendo su postura de buscar justicia en lugar de aceptar amnistías ambiguas. Este periodo de tensiones políticas y culturales dejó una herencia de debates que siguieron definiendo su voz pública y su imagen de escritor comprometido.

Exilio

Durante el gobierno de facto de José María Guido, Gelman fue encarcelado junto a otros escritores por su vínculo con el Partido Comunista. Este periodo de detención lo acercó a ciertos segmentos disidentes y al peronismo en lucha, que entonces estaban fuera de la órbita oficial y sometidos a la represión. En abril de 1975 viajó a Roma con su compañera de entonces, Lilí Massaferro, enviado por Montoneros para realizar gestiones de difusión de la situación argentina ante la comunidad internacional y denunciar las violaciones de derechos humanos en el país, bajo el gobierno de Isabel Perón. En ese mismo marco fue testigo del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, que dio inicio a un régimen de terrorismo de Estado y a la desaparición de miles de personas. Su permanencia fuera del territorio argentino se extendió a través de ciudades como Madrid, Managua, París, Nueva York y México, desempeñando labores de traducción para la UNESCO y participando en esfuerzos de denuncia internacional. Sus gestiones lograron que la dictadura recibiera un repudio internacional sin precedentes dentro de la prensa europea de la época, con difusiones en Le Monde que contaron con el respaldo de líderes y figuras de renombre internacional como François Mitterrand y Olof Palme.

En 1977 Gelman ingresó al Movimiento Peronista Montonero, aunque ya para 1979 había abandonado ese espacio debido a diferencias con la estructura vertical y a la postura de la conducción respecto a las negociaciones con la cúpula militar en Francia. Su disenso quedó registrado en una carta dirigida a Rodolfo Puiggrós y en un artículo en Le Monde; este posicionamiento lo llevó a ser acusado de traición por parte de la organización y a una condena a muerte. Con la llegada de la democracia, las causas judiciales contra Montoneros continuaron, y Gelman, que ya tenía una orden de captura en su contra, decidió no regresar para enfrentar las acusaciones. Su posición provocó un amplio arco de apoyos entre escritores y artistas de todo el mundo, que se manifestó en pronunciamientos públicos y gestos de solidaridad por parte de figuras como Gabriel García Márquez, Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, Alberto Moravia, Mario Vargas Llosa, Eduardo Galeano y Octavio Paz, entre otros. A inicios de 1988 la justicia argentina levantó la orden de captura, y Gelman regresó al país un año después, decidiendo fijar su residencia en México.

A mediados de los años ochenta Gelman publicó contrarrelevancias que cuestionaban la lectura ortodoxa de las luchas revolucionarias y ofrecían una narración crítica de las experiencias vividas por Montoneros, especialmente en lo que respecta a las derrotas y las tensiones de su liderazgo. Estas publicaciones, que se inscribieron en el contexto de un diálogo intenso sobre la memoria y la responsabilidad histórica, dejaron una señal indeleble en la forma en que se entendían las múltiples caras de la resistencia en la región. Este periodo de su vida consolidó su reputación como un poeta-ensayista que no rehúía a la polémica y que, aun en el exilio, continuó alimentando el debate público desde una óptica poética y ética.

El secuestro y desaparición de sus hijos / búsqueda de la nieta

El 26 de agosto de 1976, una tragedia marcó de forma irreversible la vida de Gelman: sus dos hijos, Nora Eva y Marcelo Ariel, y la nuera María Claudia García Iruretagoyena, quien esperaba un embarazo de siete meses, fueron detenidos por las fuerzas represivas. Nora recuperó la libertad años más tarde (fallecería en 2017), pero Marcelo y María Claudia, junto con su nieta nacida en cautiverio, desaparecieron. En 1978 Gelman supo a través de la Iglesia católica que la nuera había dado a luz, sin que se revelara el lugar ni el sexo del menor. Este episodio marcó para siempre su vida y su obra, que se convirtió en una búsqueda constante de verdad y de reparación.

El 7 de enero de 1990 el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de Marcelo Ariel, hallados en un río del Gran Buenos Aires dentro de un tambor de grasa cemento, con una herida de arma de fuego en la nuca. A lo largo de los años siguientes se descubrieron nuevos indicios sobre el destino de la nieta, vinculada a la red de secuestros y desapariciones que operó durante la dictadura. En 1998 Gelman supo que la nuera había sido trasladada a Uruguay mediante el Plan Cóndor y que había dado a luz una niña que habría sido mantenida con vida al menos hasta ser ingresada al Hospital Militar de Montevideo. Este hallazgo encendió una intensa colaboración entre Argentina y Uruguay para ubicar a la nieta, que involucró un prolongado desencuentro con el presidente uruguayo Julio María Sanguinetti, frente a la cual Gelman articuló un debate público respaldado por destacados intelectuales y artistas. Entre quienes respaldaron su posición se contaron Günter Grass, Joan Manuel Serrat, Darío Fo, José Saramago y Fito Páez.

En 2000, poco después de la llegada de un nuevo gobierno en Uruguay, la nieta Macarena Gelman fue encontrada y Gelman pudo reencontrarse con ella. Tras verificar su identidad, la joven decidió adoptar los apellidos de sus padres biológicos y se llamó María Macarena Gelman García. En 1999 Gelman exigió públicamente al jefe del Ejército argentino, Martín Balza, que se investigara el secuestro y asesinato de su hijo, aportando el nombre y la documentación del supuesto responsable inmediato, el general Eduardo Rodolfo Cabanillas. En su incansable búsqueda de verdad, Gelman asumió el objetivo de esclarecer los crímenes de Automotores Orletti y otros casos de represalia. Aunque la justicia buscaba avanzar hacia un proceso judicial en 2008, el camino estuvo plagado de obstáculos y querellas, mientras él mantenía la esperanza de que se hiciera justicia para Marcelo y María Claudia y para las decenas de víctimas que aún aguardaban por verdad y reparación.

Publicaciones después del destierro

En la madurez de su carrera, Gelman continuó produciendo obras y reflexiones que integraban la memoria política y el testimonio humano, estrechando el vínculo entre su experiencia personal y la memoria colectiva de la región. Sus textos posteriores a las etapas de exilio se centraron en la experiencia de volver a pie al terreno de la vida pública, en la tensión entre la voz poética y las demandas de justicia, y en la posibilidad de una reconciliación histórica a través de la palabra escrita. A través de estas publicaciones, reforzó la idea de que la poesía puede sostener la memoria de las víctimas, al tiempo que ofrece una plataforma para la exégesis de los traumas colectivos que atravesaron la sociedad argentina y sus disproportionately afectadas comunidades.

Imágenes de Juan Gelman