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Juan Jose Francisco de Sámano y uribarri

Nombre completo Juan Jose Francisco de Sámano y Uribarri
Nombre nativo Juan José de Sámano y Uribarri
Descripción Último virrey de la Nueva Granada.
Fecha de nacimiento 01-01-1753
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 01-01-1821
Nacionalidad España
Ocupaciones político, militar
Idiomas español
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Juan José Francisco de Sámano y Uribarri de Rebollar y Mazorra nació en Selaya, Cantabria, en 1753 y murió en Panamá en 1821. Fue un militar español cuya trayectoria lo llevó a ocupar, de facto, el último virreinato efectivo del Virreinato de Nueva Granada, periodo marcado por campañas, confrontaciones y reajustes de poder durante las guerras de independencia. Su figura, controvertida y duramente criticada por las autoridades patriotas, aparece asociada a la defensa de los intereses monárquicos frente a los movimientos que terminarían por desmantelar el antiguo sistema colonial.

Juan Jose Francisco de Sámano y uribarri — Imagen principal

Juan José Francisco de Sámano y Uribarri de Rebollar y Mazorra nació en Selaya, Cantabria, en 1753 y murió en Panamá en 1821. Fue un militar español cuya trayectoria lo llevó a ocupar, de facto, el último virreinato efectivo del Virreinato de Nueva Granada, periodo marcado por campañas, confrontaciones y reajustes de poder durante las guerras de independencia. Su figura, controvertida y duramente criticada por las autoridades patriotas, aparece asociada a la defensa de los intereses monárquicos frente a los movimientos que terminarían por desmantelar el antiguo sistema colonial.

Primeros años

Procedía de una familia con arraigada tradición castrense. Su padre, Agustín de Sámano, y su madre, Clara de Uribarri Mazorra, cultivaron desde temprano la disciplina militar en el muchacho. Ingresó como cadete en 1771 y, apenas ocho años después, ya ostentaba el rango de teniente de infantería. En España recibió enseñanza superior en matemáticas, ejerciendo como profesor en la entonces destacada Academia Militar de Barcelona durante un lustro.

En 1780 emprendió un nuevo capítulo de su vida moviéndose hacia las Indias, primero a Puerto Rico y después a Cuba, para finalmente tomar puestos en Cartagena de Indias, siempre con el rango de teniente. Tras años de servicio en el extranjero, volvió a Europa en 1785 y, durante la década siguiente, alcanzó a ser capitán. En esos momentos estuvo involucrado en acciones contra las potencias que se movían bajo la égida de la Revolución francesa, combatiendo a las fuerzas revolucionarias bajo las órdenes del general Ventura Caro; en una de esas operaciones recibió heridas en ambos muslos. Posteriormente fue admitido como caballero de la Orden Militar de Alcántara, reconocimiento que atestiguó su estatus dentro del ejército.

En 1794 regresó a la Nueva Granada como comandante del Batallón Auxiliar con el grado de teniente coronel. Ya para 1806 ocupó la gobernación de Riohacha, resistiendo un intento de agresión británica. Su trayectoria demostró una marcada preferencia por las misiones de mando en escenarios difíciles y por la disciplina de tropa, rasgos que caracterizarían su conducta durante las etapas convulsas siguientes.

Entre Ríohacha y Santafé

Desde Riohacha avanzó a Santa Fe de Bogotá, donde en 1809 desembarcó con una pequeña fuerza de caballería para presentarse voluntariamente ante el virrey, con la idea de sumarse a la defensa de la causa monárquica frente a la creciente insurrección. En esa época, la riqueza de la experiencia y la rigidez de su formación le ganaron la valoración de algunos mandos como un elemento capaz de imponer el orden en un entorno político que se volvía cada vez más inestable.

Revolución hispanoamericana

El 20 de julio de 1810, cuando la nueva Junta de Santa Fe trataba de consolidar la ruptura con la Corona, Sámano se encontraba al frente del batallón Auxiliar en la ciudad de Santafé de Bogotá. En ese momento, varios oficiales cercanos a él, entre ellos José María Moledo y Antonio Baraya, mostraron simpatía con las aspiraciones independentistas, aunque Sámano aguardaba instrucciones del virrey para actuar.

La noche anterior al 21 de julio, el coronel Sámano permaneció en su cuartel, vigilado por Moledo y Baraya, quienes habían jurado obedecer a la Junta Suprema de Santa Fe. Al no recibir la orden esperada, el amanecer del 21 de julio lo sorprendió con un juramento prestado ante el presidente de la Junta, José Miguel Pey. Este episodio sembró controversia y desencadenó que, a las pocas horas, fuese relevado del mando y reemplazado por Moledo, que recibió un ascenso para hacer frente a las fuerzas patriotas. Bajo la nueva realidad institucional, la ciudad quedó bajo la autoridad del gobierno insurgente y el mando militar fue coaligado con esa autoridad emergente.

Con el paso del tiempo, la historia consignó que el fallo de Sámano para neutralizar la revuelta ese día concreto contribuyó a que la rebelión ganara terreno. Un documento histórico posterior referido por Pablo Morillo sugiere que, de haber podido actuar con la libertad de una autoridad plenamente respaldada, la situación podría haber tomado un rumbo distinto. Estas consideraciones, aunque debatidas, ilustran el peso de las decisiones en un contexto donde cada acto podía cambiar el curso de la historia.

En ese marco, la capitulación o la aceptación de capitulaciones no se dio en ese momento, y el mando realista quedó bajo una nueva organización. A partir de entonces, la ciudad quedó bajo la autoridad de las juntas revolucionarias, y la figura de Sámano pasó a ocupar un lugar singular en la historia militar de la región, asociada a un periodo de transición entre un siglo de dominación y la chispa de las guerras por la independencia.

Ofensiva contra Quito

Con la región de Quito declarada independiente como Estado de Quito, Sámano recibió un pasaporte para regresar a la península y asumir la tarea de pacificar esa área que había roto con la metrópoli. Bajo la coordinación de Toribio Montes, mariscal de campo, asumió el mando de la expedición realista para recomponer la autoridad virreinal allí donde la rebelión había cobrado impulso. Sámano puso bajo su mando a tropas americanas y avanzó con la intención de revertir los ...

La campaña culminó en la Batalla de Ibarra, ocurrida el 27 de noviembre de 1812, donde las fuerzas realistas derrotaron a las fuerzas patriotas de Montúfar y Pedro de Montúfar. Esta victoria permitió a Sámano entrar en Pasto y consolidar una posición que más adelante se convertiría en base de operaciones para la posterior campaña contra la Nueva Granada. La campaña en tierras quiteñas mostró la capacidad del bando monárquico para retener territorios clave y reconstituir estructuras administrativas en momentos de crisis.

Invasión de la Nueva Granada

Con Quito bajo control nuevamente, Montes decidió extender la acción militar hacia el territorio de la Nueva Granada. Desde la ciudad de Pasto, Sámano recibió la orden de liderar la fuerza expedicionaria, que llegó a una cifra cercana a las dos mil tropas, integradas por milicias de Pasto, una compañía de caballería de lanza y columnas de fusilería. También contaba con artillería y guerrillas, lo que le permitió organizar un dispositivo capaz de sostener acciones en diversos frentes.

La estrategia inicial contemplaba un empuje hacia Popayán, defendida por apenas 300 hombres al mando del teniente coronel Rodríguez. Sin embargo, a nivel estratégico, la Junta local de la ciudad dejó claro que no estaba en condiciones de resistir la avanzada realista y abrió la posibilidad de capitulación, decisión que Sámano no aceptó, prefiriendo mantener una posición de sometimiento incondicional a las órdenes de la autoridad real. Este episodio marcó la primera de varias tensiones entre las autoridades republicanas y las fuerzas realistas en el sur del país.

La progresión de Sámano continuó hacia Cali, que cayó en manos de las tropas realistas el 18 de julio, tras lo cual dispuso un destacamento para bloquear a los insurgentes en Las Juntas y buscar un control más amplio sobre la ruta hacia Cartago. En esa etapa se aprehendió una cantidad considerable de armamento y suministros de los patriotas, lo que fortaleció a los realistas para los siguientes movimientos en la región. Aun así, la tensión entre las órdenes superiores y las decisiones propias de Sámano generó fricción táctica y desencadenó consecuencias que influyeron en el curso de la campaña.

El capitán Rodríguez, ante la imposibilidad de enfrentarse a la ofensiva realista, optó por retirarse hacia La Plata, y Sámano, al frente de las fuerzas que había dejado en Cali, inició la persecución de los rebeldes. A su llegada a Popayán, tomó medidas que revelaron una versión de la guerra centrada en la presión y el dominio de los pueblos, y se mantuvo fiel a una estrategia de avance más allá de la coalición que esperaba la resistencia patriota. En ese contexto, el evento decisivo fue la batalla del Alto Palacé, donde el avance de la división patriota, al mando de Cabal, obligó a los realistas a retroceder y a replantear su táctica, con pérdidas notables para las fuerzas de Sámano.

A pesar de la derrota, Sámano reorganizó sus fuerzas y continuó la campaña hacia Cartago y Popayán, sin lograr inmovilizar al conjunto insurgente. La maniobra de las fuerzas patriotas en Ibagué, y la caída de la ciudad de Cartago en manos de otros componentes de la lucha, obligaron a Sámano a replantear su posición. En ese momento, la conjunción de errores tácticos y la dispersión de las tropas patriotas causó que la campaña perdiera dinamismo y permitiera al enemigo recuperar terreno estratégico clave en la región del Cauca.

El desenlace de la campaña de Nariño en el Sur, sin embargo, no era sencillo de prever, y la ofensiva realista continuó articulándose con una mezcla de acciones locales y apoyo desde Quito. Sámano, al frente de una fuerza que se sostuvo a lo largo de varios meses, tuvo que responder a las demandas de cada encuentro, enfrentando la complejidad de una guerra que combinaba asedios, combates y maniobras de retirada que terminarían por redefinir el control en la región.

Campaña de Nariño en el Sur

La irrupción de Sámano en la región sur de la Nueva Granada provocó una respuesta coordinada entre las autoridades patriotas, que buscaban contrarrestar la amenaza con un esfuerzo conjunto. Antonio Nariño, presidente de Cundinamarca, aceptó la propuesta de comandar la expedición destinada a liberar Popayán y las áreas afines, y para ello se levantó una fuerza de casi dos mil soldados. A mediados de 1813 comenzaron a mover tropas de Santafé hacia el sur, con la finalidad de consolidar un frente común y presionar al ejército realista desde varias direcciones.

En ese periodo, Sámano disponía de una reserva de aproximadamente 1.700 hombres, desplegada en una cámara de派 de fuerzas que incluía infantería y caballería, además de una relevante cantidad de artillería. Montes, gobernador desde Quito, insistió en exigir un avance significativo hacia el oeste y la ruta de La Plata como punto estratégico de encuentro para las fuerzas que venían desde la sierra. Sin embargo, la decisión de Sámano de mantener la estación en Popayán y no avanzar de forma más contundente terminó por abrir una brecha entre la estrategia y la realidad de campo, permitiendo que las tropas patriotas tomaran la iniciativa en puntos clave del valle.

Con el inicio de la marcha patriota, Sámano ordenó dividir sus fuerzas: una porción de unos 500 infantes, con artillería y caballería, para proteger el norte de Popayán y de esa forma enfrentar al batallón de Antioquia que avanzaba por el Valle; y el resto se agrupó en un bloqueo defensivo alrededor del palacio de Palacé, en un terreno que permitía control sobre el camino y la ribera del río. La disposición era muy táctica, basada en coordinar varias líneas y entablar emboscadas cuando el enemigo cruzara las rutas de comunicación. Pero la articulación entre las fuerzas en este escenario resultó ser un factor decisivo para el desarrollo de los combates siguientes.

El 30 de diciembre de 1813 se desarrolló la batalla del Alto Palacé, un enfrentamiento crucial en el que Cabal, al mando de la caballería patriota, logró atravesar el paso y vencer a la avanzada realista. Este triunfo dio al campamento insurgente el control de la ruta y obligó a Sámano a replegarse hacia Popayán, con la apariencia de haber asegurado la defensa de la región. A partir de ese momento, el control del Cauca quedó en manos de los patriotas, que buscaban asegurar sus líneas de suministro y evitar que las fuerzas realistas consolidaran su presencia en la zona.

Aunque las tropas realistas habían sufrido un desgaste significativo, la disciplina de Sámano no desapareció. La retirada hacia El Tambo, con la pretensión de dirigir la atención a otros frentes, dejó a Popayán en manos de la insurgencia y desencadenó una serie de maniobras que continuaron en el siguiente periodo de confrontación. En la madrugada de enero de 1814, Asín, al mando de la columna de apoyo, logró reagrupar fuerzas y se movió para reunirse con Sámano, estableciendo una concentración en la región de Calibío. Este reagrupamiento sirvió para unificar fuerzas y presentar resistencia frente a la ofensiva patriota, que en ese momento parecía haber definido la contienda a favor de una parte del bando en pugna.

Con el aumento de la resistencia y la concentración de tropas, Sámano alcanzó una fuerza combinada de más de mil soldados y estableció una posición robusta que incluía potente artillería y blindaje de caballería. El balance de fuerzas favorecía a la élite realista en términos de equipo y municiones, lo que hacía plausible sostener la lucha en un escenario de alto contraste entre ambas partes. Sin embargo, el destino de la campaña no se definía solamente por las capacidades materiales, sino también por la capacidad de maniobrar estratégicamente ante las noticias del frente enemigo y por la habilidad de las largas marchas para mantener la cohesión de las tropas.

La batalla de Calibío, librada el 15 de enero de 1814, constituyó el punto más intenso del choque entre las fuerzas en pugna. Sámano configuró una formación de tipo cuadrilátero, con la fuerza principal en el centro, y delimitaron bandas derechas e izquierdas para contener el avance patriota. La artillería fue utilizada de forma intensa para recibir el choque de las columnas de Cabal, que intentaban romper las defensas españolas por el flanco derecho. El combate fue prolongado y tenso, con un avance sostenido de los insurgentes que terminó por desbordar las líneas realistas y permitió que la caballería patriota lograra un doble ataque desde flancos y retaguardia. En ese momento, el teniente coronel Asín cayó en combate, y sin reservas suficientes, Sámano ordenó una retirada que terminó isolando a las fuerzas del Cauca en el Tambo y cediendo terreno estratégico importante.

La derrota de Calibío marcó el inicio de un descenso estratégico para Sámano. Tras la derrota, las tropas realistas retrocedieron por el río y abandonaron varios dispositivos que habían preparado para la contienda, mientras que la moral de las guarniciones en la región se vio afectada por las pérdidas y por la sensación de estar menos protegidas ante el empuje patriota. Este episodio dejó en evidencia la necesidad de una reorganización urgente y la imposibilidad de sostener una campaña extensa sin un refuerzo adecuado, que en ese momento no pudo materializarse.

Reconquista española de la Nueva Granada

Con la pérdida de la autoridad en Popayán y la retirada de Sámano hacia territorios más cercanos a Quito, la Corona retomó la iniciativa y llevó a cabo una nueva operación para recuperar la Nueva Granada. En 1816, tras ser restituido al mando en Pasto, Sámano obtuvo una victoria significativa en la Batalla de la Cuchilla del Tambo, asegurando un control temporal sobre la región y causando considerables bajas entre los rebeldes. En el mismo combate, el ejército realista logró capturar prisioneros y acoplar armamento que fortaleció sus líneas. El balance de la contienda dejó un resultado claro: la reimposición del orden monárquico en ciertas zonas y la consolidación de las tropas realistas en áreas clave.

Para fines de junio de 1816, Sámano consiguió ocupar de nuevo Popayán y se convirtió en figura central de la represión contra los movimientos independentistas. Entre los prisioneros en esas operaciones destacaron algunas figuras destacadas de la lucha libertaria, como Carlos de Montúfar y Francisco José de Caldas, arrestados por las autoridades realistas durante las operaciones de reocupación. En esa etapa, la figura de Sámano se consolidó como un símbolo de la estrategia de la Corona para contrarrestar la expansión de los movimientos de independencia en el interior del territorio que hoy corresponde a Colombia y a sus vecinos.

La experiencia de Sámano se consolidó cuando fue designado Mariscal y recibió la misión de dirigir la defensa de Santa Fe de Bogotá ante la inminente amenaza patriota. Su llegada a la capital fue en octubre de 1816, y desde allí ejerció una represión que dejó huella en la memoria histórica de la etapa. Estableció un conjunto de órganos judiciales y de seguridad para gestionar el proceso de la lucha contra los rebeldes y controlar las capas sociales que participaban en el proceso insurgente. Entre esos cuerpos se crearon tribunales para la ejecución de sentencias y para el manejo de bienes de los acusados, así como dispositivos que permitían la confiscación de bienes con fines de sostén militar y político de la Corona.

La represión dejó nombres de peso en la historia de la lucha por la independencia, entre ellos Camilo Torres, Francisco de Caldas y Policarpa Salavarrieta, así como otros cargos relevantes que sostuvieron la columna central de las fuerzas realistas. Estas acciones, aunque objeto de debate, mostraron la dureza de la dirección de Sámano en la fase de reconquista, y cómo sus decisiones se entrelazaron con las operaciones de la Corona para el control de la región y la preservación de las instituciones coloniales.

Virreinato

En agosto de 1817 recibió la designación como virrey, gobernador, capitán general y presidente de la Audiencia de un renacido Virreinato de Nueva Granada. A esas alturas recibió la gran cruz de la Orden de San Hermenegildo por sus servicios a la Corona. Tomó posesión formal de sus cargos en marzo de 1818 y, en forma paralela, impulsó la creación de la Academia de Medicina en Bogotá, una iniciativa destinada a fortalecer la vida académica y profesional de la élite administrativa y militar de la metrópoli, aunque la autoridad de la Audiencia luego elevó quejas a Madrid respecto a ese emprendimiento.

La noticia de la derrota de las fuerzas de apoyo en Boyacá llegó a la capital en agosto de 1819; ese revés precipitaría la caída de la estructura que Sámano trataba de sostener. En ese momento, abandonó la ciudad y huyó hacia Cartagena de Indias, desde donde su autoridad quedó deslegitimada y su figura pasó a ser objeto de cuestionamientos por parte de las autoridades realistas en el virreinato. Su retirada fue tan abrupta que pronunció una frase que quedó para la historia: “Huyamos antes de que nos atrapen”.

Después de su salida, Sámano emprendió el viaje hacia Jamaica, territorio británico, y terminó asentándose en Panamá, sin mando efectivo ni jurisdicción sobre tropas. En ese periodo de exilio forzado, su salud se deterioró y decidió poner fin a su vida pública, esperando poder regresar a España para enfrentar los procesos que correspondieran. Su muerte, en julio de 1821, marcó el cierre de un ciclo en el que su figura fue central para entender la compleja dinámica entre la Corona y los movimientos independentistas de la región.

El periodo de Sámano como virrey estuvo signado por un conjunto de acciones que, en combinación, permitieron a la Corona conservar, durante unos años más, el control de la región novohispana de Nueva Granada. Si bien las dificultades y las derrotas frente a los movimientos de independencia fueron significativas, la figura del virrey Sámano sigue siendo un referente para analizar la respuesta de las autoridades coloniales ante la presión de la resistencia patriota y la compleja articulación entre frentes militares, administrativos y judiciales en un territorio en crisis.

Con su retiro definitivo de la vida política y administrativa de las colonias, Sámano dejó un legado que ha sido objeto de estudio entre historiadores y especialistas. Su trayectoria, que abarcó desde la formación militar temprana hasta la culminación de su carrera en Panamá, ofrece una ventana para entender las tensiones entre lealtad imperial y aspiraciones de autonomía que marcaron la primera mitad del siglo XIX en la región andina y del Caribe adjacent.