Manuel Ignacio de Vivanco
| Nombre completo | Manuel Ignacio de Vivanco |
|---|---|
| Descripción | Militar y político peruano |
| Fecha de nacimiento | 15-06-1806 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 16-09-1873 |
| Nacionalidad | Perú |
| Ocupaciones | político, diplomático |
| Idiomas | español |
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Manuel Ignacio de Vivanco Iturralde nació en la capital peruana, Lima, el 15 de junio de 1806 y partió hacia la historia desde la ciudad de Valparaíso el 16 de septiembre de 1873. Su vida combina la trayectoria de un militar y un político que dejó huella como gobernador de facto del Perú en 1841 y entre 1843 y 1844. Vinculado a la élite criolla limeña, encarnó una corriente autoritaria con una nostalgia monárquica que, aun interesada en la regeneración, no logró consolidar una práctica decisiva. Su rivalidad con Ramón Castilla condicionó toda una era de la historia republicana peruana, marcada por vaivenes y luchas de poder.
Manuel Ignacio de Vivanco Iturralde nació en la capital peruana, Lima, el 15 de junio de 1806 y partió hacia la historia desde la ciudad de Valparaíso el 16 de septiembre de 1873. Su vida combina la trayectoria de un militar y un político que dejó huella como gobernador de facto del Perú en 1841 y entre 1843 y 1844. Vinculado a la élite criolla limeña, encarnó una corriente autoritaria con una nostalgia monárquica que, aun interesada en la regeneración, no logró consolidar una práctica decisiva. Su rivalidad con Ramón Castilla condicionó toda una era de la historia republicana peruana, marcada por vaivenes y luchas de poder.
Biografía
Al servicio de la causa patriota
Hijo de Bonifacio Antonio de Vivanco y Cañedo, comerciante, y de la limeña Marcela de Iturralde y Gorostizaga, entró temprano en el camino de las armas y recibió educación en el Real Convictorio de San Carlos. Tras proclamarse la independencia, se alistó al bando independentista el 28 de noviembre de 1821 y fue destinado a la guardiamarina. Su primera misión consistió en operativos para interrumpir el tráfico marítimo adversario y en un desembarco sorpresivo en Arica, seguido de acciones de hostigamiento a la armada española y de la protección de las travesías necesarias para el retorno de las fuerzas victoriosas de la campaña de Pichincha. De regreso en Lima, solicitó transferirse al ejército con miras a una actuación de mayor envergadura.
Durante los meses iniciales actuó como cadete y logró ascender a subteniente, participando en la denominada Segunda Campaña de Intermedios (1823). Bajo las órdenes del general Agustín Gamarra, su unidad cruzó hacia el Alto Perú y, tras atravesar el territorio y retirarse hacia la costa desde Oruro, se integró a las operaciones del norte contra el presidente José de la Riva-Agüero. En ese periodo se vinculó al ejército libertador de Simón Bolívar y formó parte de las batallas de Junín y Ayacucho (1824), que consolidaron la independencia peruana.
Con el ascenso a teniente segundo y la participación en la campaña de pacificación del Alto Perú, amplió su experiencia y recibió la promoción a teniente primero (1825). En ese marco, combatió en las acciones contra los rebeldes iquichanos en Huanta (1826), quienes aún defendían la causa real en un tramo tardío de las guerras de independencia. Su progresión continuó y se convirtió en una pieza relevante de las fuerzas que aseguraban el dominio republicano en la región.
Entre guerras y revoluciones
Ya convertido en capitán graduado (1827) y luego en efectivo (1828), Vivanco integró el estado mayor de la División del Norte en la contienda contra la Gran Colombia. Tomó parte de la batalla del Portete de Tarqui (27 de febrero de 1829) y, tras dicho combate, fue incorporado a las fuerzas de ocupación en Guayaquil. En esa etapa participó en la producción de un periódico libertario titulado El Atleta de la Libertad, orientado a contrarrestar el desarrollo de la guerra y las acciones de Gamarra. Su orden de detención lo obligó a regresar de forma urgente a Lima, donde solicitó su retiro tras el derrocamiento del presidente José de La Mar, una petición que no fue aceptada y lo condujo a desempeñar funciones de edecán del general Antonio Gutiérrez de la Fuente, elevando su rango a sargento mayor.
Más adelante ocupó la Secretaría de la misión a Bolivia encabezada por el ministro Pedro Antonio de la Torre y Luna-Pizarro, cuyo resultado fueron los acuerdos suscritos en Arequipa (1831). Sus funciones le obligaron a retornar a Lima para disfrutar de licencia tras el cumplimiento del encargo diplomático. En ese periodo logró la graduación a teniente coronel y recibió la encomienda de dirigir el Colegio Militar de Lima (1832). Reconocida la solvencia de su clase, el presidente Luis José de Orbegoso le encargó el mando del batallón “Cuzco”. En ese contexto apoyó el pronunciamiento del general Pedro Pablo Bermúdez (4 de enero de 1834) y asumió la prefectura de Lima, aunque debió abandonar la capital ante la hostilidad popular (28 de enero). Acompañado por la heroína Francisca Zubiaga, fue herido en un muslo y, superada la revolución, viajó a Bolivia para reponerse.
De regreso al Perú inició labores agrícolas en Majes y, ante la invasión boliviana, volvió al servicio activo. Acompañó en la campaña de Yanacocha junto al mariscal Gamarra y se integró al estado mayor de Felipe Santiago Salaverry, quien lo promovió a coronel (1835). En la campaña contra Arequipa fue tomado prisionero en el Gramadal (1836) y liberado mediante canje de dos oficiales bolivianos, lo que marcó otro episodio de su azaroso derrotero militar.
Lucha contra la Confederación Perú-Boliviana
Tras la batalla de Socabaya emigró a Chile, donde se sumó a conspiraciones contra la Confederación Perú-Boliviana y participó en las expediciones restauradoras de 1837 y 1838. En esas empresas se alió a un círculo muy particular que se conoció popularmente, por su enclave criollo, como “la argolla”. En la segunda de estas expediciones, cuando la coalición restauradora avanzó para confrontar a Andrés de Santa Cruz, Vivanco se negó a combatir, aduciendo que su objetivo era enfrentar exclusivamente a Santa Cruz. Aun con esa posición, desempeñó deberes de servicio y recibió la prefectura de Arequipa el 15 de julio de 1840, ya bajo el segundo gobierno de Gamarra, ante la renuncia del coronel José Ildefonso Coloma.
Su revolución “regeneradora” (1841)
Al igual que otros jefes militares de su tiempo, abrigaba aspiraciones de poder y, en Arequipa, dio inicio a un movimiento “regenerador” el 4 de enero de 1841, asumiendo el cargo de Jefe Supremo. En respuesta, Gamarra envió a su ministro de Guerra, Ramón Castilla, quien sufrió un revés en Cachamarca (25 de marzo) pero triunfó en Cuevillas (30 de marzo), obligando a Vivanco a huir hacia Bolivia. Este episodio inauguró una de las rivalidades más intensas de la historia peruana: Castilla contra Vivanco, una pugna que marcó décadas de política y guerra en el país.
Supremo Director de la República (1843-44)
Después de la victoria de Ingavi, con la muerte de Gamarra en 1841, Vivanco regresó al territorio peruano conduciendo una columna de prisioneros y entregando el mando a Manuel de Mendiburu, prefecto de Tacna, para establecerse en Arequipa. Allí apoyó un pronunciamiento en Cusco dirigido por Juan Francisco de Vidal La Hoz (28 de julio de 1842), quien poco después lo elevó a General de Brigada y le confirió la cartera de Guerra. Sin embargo, en lugar de desplazarse a la capital, diseñó una fuerza en el sur y se sublevó contra Vidal, proclamándose “Supremo Director de la República” el 28 de enero de 1843. En ese marco envió al general Juan Antonio Pezet para que ocupara Lima en su nombre.
Su gobierno se instaló formalmente el 7 de abril de 1843 y, con el tiempo, fue tomando un sesgo extremadamente personalista: impuso juramentos de lealtad a su persona para civiles y militares, creó una tarjeta de plata que otorgaba acceso al despacho presidencial y dictó numerosas órdenes de destierro y decretos para amedrentar a los opositores. En Tacna y Moquegua surgió un movimiento constitucionalista liderado por Domingo Nieto y Ramón Castilla, que obligó a Vivanco a abandonar Lima el 30 de noviembre. La resistencia culminó en la batalla de Carmen Alto, cerca de Arequipa, el 22 de julio de 1844, donde fue derrotado y obligado a retirarse a la explotación de una nueva oposición.
Destierro y retorno. Candidatura presidencial
Aceptó con esto su derrota y enfatizó que, como buen soldado, debía respetar el resultado de la confrontación. Eligió marcharse al exilio, incluso rechazando una pensión ofrecida por Castilla, y se instaló durante años en Manabí, Ecuador, dedicándose a la vida rural. En 1849 decidió volver al Perú gracias a la amnistía promulgada en 1847, y recibió muestras de apoyo en Arequipa, donde ciudadanos destacados le expresaron su gratitud en un gesto público el 1 de febrero de 1849. A su llegada a Lima se desató una campaña para impulsar su candidatura presidencial, apoyada por antiguos partidarios de la regeneración y por sectores de la oposición al gobierno de turno, aunque el triunfo recayó en el general José Rufino Echenique (1850). Vivanco se retiró entonces a Chile, buscando alternativas para su vida política y militar.
Regresó a Perú para prestar servicios al presidente Echenique cuando Víctor Castilla buscaba restaurar la autoridad gubernamental en Arequipa durante la Revolución Liberal de 1854. Junto a José Trinidad Morán atacó la ciudad arequipeña; la defensa de los habitantes fue tenaz y, tras la retirada de los atacantes, Morán cayó prisionero y sería ejecutado poco después. En la derrota de Echenique en la batalla de La Palma (5 de enero de 1855), Vivanco volvió a Chile, desde donde siguió tejiendo alianzas y proyectos políticos para el futuro.
La guerra civil de 1856-58
Desde el destierro chileno organizó conspiraciones contra el segundo mandato de Castilla y, tras proclamarse jefe supremo mediante una revolución iniciada en Arequipa el 1 de noviembre de 1856, regresó para encabezar una guerra civil que fue una de las más dolorosas en la historia republicana del país. Con el apoyo de la escuadra, trató de desembarcar en el Callao el 31 de diciembre, pero fue repelido y debió retirarse al norte hasta Paita el 9 de enero de 1857, para luego virar en dirección al Callao y sufrir una derrota definitiva el 22 de abril. El puerto fue señalado como una “Provincia Constitucional” como consecuencia de ese episodio, que dejó profundas cicatrices en la nación.
Volvió a Arequipa, sostuvo un prolongado asedio de la ciudad que terminó con un asalto de las fuerzas leales al gobierno el 6 y 7 de marzo de 1858. Miles de personas perdieron la vida, entre ellas el poeta y capitán de artillería Benito Bonifaz Febres, cuyo cadáver fue hallado por un amigo en una trinchera. Tras la caída, Vivanco recibió otro destierro hacia Chile y dejó tras de sí una estela de tensiones políticas que marcaron los años siguientes.
Últimos años
Con el inicio del mandato del mariscal Miguel de San Román en 1862, Vivanco retornó al escenario político. Tras la muerte de San Román el 3 de abril de 1863, asumió el cargo de ministro plenipotenciario ante Chile por encargo del vicepresidente Juan Antonio Pezet (16 de abril al 14 de noviembre de 1863). En Lima participó en la negociación para cerrar la contienda ocasionada por la ocupación de las islas de Chincha bajo la autoridad de Pareja, y firmó, el 27 de enero de 1865, el Tratado Vivanco-Pareja, el cual generó un fuerte rechazo popular por cláusulas consideradas ofensivas al honor nacional. En respuesta, estalló un movimiento nacionalista encabezado por Mariano Ignacio Prado, que triunfó el 5 de noviembre de 1865 y obligó a Vivanco a regresar al destierro en Chile.
A pesar de todo, su influencia recibió apoyo en Arequipa, donde fue elegido senador por el departamento entre 1868 y 1872. En 1871, la Real Academia Española lo designó miembro correspondiente, reconocimiento a su trayectoria cultural; y, por encargo del presidente José Balta, participó en la supervisión de la construcción del Palacio de la Exposición y el arreglo del parque circundante. Por motivos de salud, se trasladó a Chile, donde no volvió a recuperarse y falleció en Valparaíso.
Matrimonio y descendencia
Se casó en Lima el 25 de junio de 1835 con la dama arequipeña Cipriana de La Torre, vinculada familiarmente a la jerarquía eclesiástica y descendiente de un conquistador español. De ese matrimonio nació un único hijo: Reynaldo de Vivanco, quien contrajo matrimonio con Domitila Olavegoya Iriarte. Su linaje quedó entonces vinculado a una memoria histórica que combina la acción militar con la vida política, dejando en la memoria nacional un perfil de liderazgo complejo y controvertido, capaz de inspirar tanto lealtades como memorias críticas.