Percy Fawcett
| Nombre completo | Percival Harrison Fawcett |
|---|---|
| Nombre nativo | Percy Fawcett |
| Descripción | Arqueólogo y explorador inglés |
| Fecha de nacimiento | 18-08-1867 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 30-11-1924 |
| Nacionalidad | Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda |
| Ocupaciones | explorador, antropólogo, arqueólogo, escritor, ingeniero, topógrafo, recolector de plantas, mayor |
| Idiomas | inglés |
| Esposas | Nina Agnes Paterson |
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Percival Harrison Fawcett nació en la ciudad costera de Torquay, en el condado de Devon, en 1867, en el seno de una familia que bebería de la aventura y el aprendizaje. Su formación, marcada por la influencia de un padre activo en la Royal Geographical Society, forjó en él una curiosidad insaciable y un espíritu práctico para las expediciones. A lo largo de su vida combinó la disciplina militar, la arqueología y la exploración como pocos han hecho, dejando una huella imborrable en la historia de la exploración británica y en la mitología de las “ciudades perdidas” de la Amazonía. Su trayectoria estuvo teñida de combates armados, hallazgos arqueológicos y una búsqueda que terminó en la desaparición en 1925 durante una misión destinada a descubrir la enigmática ciudad de Z.
Percival Harrison Fawcett nació en la ciudad costera de Torquay, en el condado de Devon, en 1867, en el seno de una familia que bebería de la aventura y el aprendizaje. Su formación, marcada por la influencia de un padre activo en la Royal Geographical Society, forjó en él una curiosidad insaciable y un espíritu práctico para las expediciones. A lo largo de su vida combinó la disciplina militar, la arqueología y la exploración como pocos han hecho, dejando una huella imborrable en la historia de la exploración británica y en la mitología de las “ciudades perdidas” de la Amazonía. Su trayectoria estuvo teñida de combates armados, hallazgos arqueológicos y una búsqueda que terminó en la desaparición en 1925 durante una misión destinada a descubrir la enigmática ciudad de Z.
Vida y carrera
Familia y formación
El joven Fawcett vino al mundo en una familia donde el gusto por la aventura se convertía en heredado y compartido. Su padre, nacido en la India, fue miembro de la Royal Geographical Society, una institución que incentivó sus primeras aspiraciones ligadas a la exploración. Su madre, Myra, junto a su padre, le transmitieron los valores del estudio y de la observación, bases que más tarde ramificarían en sus expediciones. Su hermano mayor, Edward Douglas Fawcett, destacó como alpinista y escritor de aventuras, un entorno que sin duda influyó en la formación de Percival. En su etapa educativa, se formó en el Newton Abbot Proprietary College, institución que le proporcionó herramientas técnicas y culturales para enfrentarse a las misiones que vendrían. A la sombra de esa atmósfera familiar, su interés por la topografía, la cartografía y la historia regional tomó forma y se consolidó como un proyecto de vida.
Con la herencia de su padre y la influencia de su círculo familiar, Fawcett cultivó una mirada que combinaba la precisión de la ciencia con la imaginación de la leyenda, un rasgo que definiría gran parte de su carrera. Su hermano Edward Douglas, por su parte, ayudó a perfilar un temperamento que oscilaba entre la disciplina y la fascinación por lo oculto, lo que enriqueció las fuentes de inspiración de Percival cuando debió interpretar relatos antiguos y archivos en busca de una ruta hacia Z.
Primeras expediciones
La primera misión de importancia para Fawcett a escala regional tuvo lugar en 1906, cuando, con 39 años, emprendió un viaje hacia Brasil para trazar un mapa de una zona selvática situada en la frontera entre Brasil y Bolivia. El encargo venía de la Royal Geographical Society, que requería una labor de cartografía para dirimir una disputa fronteriza—un papel de árbitro neutral en una región tensa. Su llegada a La Paz marcó el inicio de una trayectoria que combinaría exploración, observación y una cierta dosis de osadía.
Durante 1907, Fawcett comunicó haber observado y abatido una anaconda de tamaño extraordinario, una afirmación que desató ironía y escepticismo dentro de la comunidad científica de la época. A su relato se sumaron descripciones de otros hallazgos hipotéticos, como un cánido de diminuta estatura con apariencia felina o una araña gigante atribuida a una clase de avatares mitológicos. Aunque muchas de estas afirmaciones fueron recibidas con escepticismo, ilustran el ángulo audaz de su narrativa sobre la fauna amazónica y sus misterios.
Entre 1906 y 191? Fawcett llevó a cabo un total de siete campañas de exploración que profundizaron en los sistemas hidrográficos y la fauna de la región amazónica. Mantuvo una relación en general cordial con comunidades locales, en gran parte gracias a la práctica de distribuir regalos y a su actitud respetuosa y paciente ante los pueblos indígenas. En 1908 rastreó la fuente del río Guaporé y, dos años después, emprendió un viaje hacia el Heath River, intentando desentrañar su origen. Sus observaciones fueron, como es natural, discutidas por la comunidad científica, pero también alimentaron su convicción de que existía un entramado histórico y geográfico por descubrir.
Tras su expedición de 1913, el naturalista afirmó haber visto perros con dos narices, una afirmación que, si bien curiosa, generó aún más controvertidos debates sobre la fauna Andina y los límites del conocimiento zoológico de la época. En paralelo, sostuvo investigaciones basadas en documentos que lo llevaron a plantear la existencia de una ciudad perdida en la región de Mato Grosso, Brasil. En ese periodo, dejó atrás a la Royal Geographical Society por diferencias de criterio, y regresó al servicio activo durante la Primera Guerra Mundial, donde dirigió una brigada de artillería pese a la edad. Sus experiencias en el frente, expuesto al gas cloro, afectaron su visión, pero fueron decisivas para su ascenso a teniente coronel. Después de la contienda, retomó exploraciones para estudiar fauna y culturas locales, consolidando su rol como figura clave de la exploración británica de la época.
Búsquedas de una civilización prehistórica
Habiendo analizado mitos antiguos y archivos históricos, Fawcett consolidó la convicción de que una ciudad perdida aguardaba entre las tierras interiores del Mato Grosso. A esa civilización la bautizó como “Z”, un nombre que se convirtió en emblema de su investigación. Su pista principal era un supuesto documento portugués del siglo XVIII, atribuido a un grupo de aventureros que recorrieron Brasil en búsqueda de una ciudad perdida descrita en un Manuscrito 512, texto que presentaron a la Royal Geographical Society en 1911 y que sirvió como motor para futuras expediciones.
Para Fawcett, esa urbe era una memoria de Atlantis, un reducto de una civilización que, aunque decadente, conservaba restos de un pasado remoto en forma de momias, pergaminos y láminas de metal cincelado. La llegada de Hiram Bingham a Machu Picchu en 1911 siguió dándole impulso a su convicción, al reforzar la idea de que aún quedaban tesoros arqueológicos por descubrir en la región andina y amazónica.
Otra señal que reforzaba su teoría era una estatuilla de basalto negro, de un tamaño contenido, que supuestamente tenía origen Atlante. La obtuvo de H. Rider Haggard, y en su última expedición la llevó consigo. Después de consultar a un psíquico, según sus propias crónicas, afirmó que la pieza provenía de una civilización atlante. Estas piezas simbólicas alimentaron su supuesto vínculo entre la ciudad de Z y un mundo anterior a las grandes culturas conocidas.
En 1921 inició una nueva incursión que lo llevó por Bahía y otros escenarios, guiándose tanto por el Manuscrito 512 como por testimonios de otros viajeros, incluido un exdiplomático británico que afirmaba haber visto una urbe similar cerca de Salvador de Bahía. Con esa ruta, Fawcett buscaba ampliar la evidencia de ciudades perdidas y ampliar su interpretación de la historia regional.
En sus escritos, el explorador reveló que, tras recorrer la cuenca del Gongogi, había recabado nuevos testimonios sobre la posibilidad de asentamientos olvidados. En cada pasaje de su obra, la figura de Z aparecía como un hilo conductor entre mito y realidad, entre documentos y hallazgos que nunca llegaban a cristalizar plenamente.
Expedición final
El 3 de diciembre de 1924, Fawcett presentó con claridad sus planes para una misión que se proponía durar tres años y atravesar la selva en busca de las ciudades perdidas. En 1925, con el patrocinio de un grupo financiero londinense conocido como The Glove, Fawcett decidió regresar a Brasil junto a su hijo mayor, Jack, para encabezar una expedición destinada a hallar Z. Antes de partir, dejó claras instrucciones: si él y sus compañeros no regresaban, no se debía pedir un rescate y, si alguien asumía la tarea de buscarles, debía seguir su propio destino para evitar que otros corriesen el mismo peligro.
El equipo de la última misión llevaba equipamiento minuciosamente escogido: alimentos conservados, leche en polvo, armamento y pistolas de bengalas, además de herramientas de navegación como un sextante y un cronómetro. Fawcett tomó la decisión de elegir a dos compañeros por su salud, habilidad y lealtad mutua: su hijo Jack y Raleigh Rimell, un amigo de toda la vida de la familia. Con un objetivo tan audaz y una presencia tan discreta como posible, el plan era moverse con rapidez para atravesar áreas donde muchas tribus aún no habían entrado en contacto con foráneos.
El 20 de abril de 1925 la expedición partió desde Cuiabá, acompañada de dos guías y arrieros brasileños, así como caballos, mulas y perros. El último mensaje conocido data del 29 de mayo de 1925: una carta a su esposa en la que anunciaba que se adentraban en territorio inexplorado, acompañados solamente de Jack y Raleigh Rimell, enviada a través de un mensajero indígena. El grupo cruzó el Alto Xingú, un afluente oriental del Amazonas, y la última carta—emitida desde Dead Horse Camp—daba señales de optimismo respecto a su ubicación. Después de ese punto, nadie volvió a verlos.
Diversos rumores surgieron rápidamente: algunos sugirieron que las tribus locales habían acabado con la expedición; sin embargo, la evidencia de ese momento no fue concluyente. Las parejas que componían el equipo llegaban ya con quebrantos de salud y caminaban con signos de desgaste, lo que alimentó hipótesis sobre causas naturales o enfermedades en la selva, más que sobre un enfrentamiento directo. Con el paso del tiempo, la ausencia de pruebas sólidas hizo más compleja la reconstrucción de aquel destino.
Expediciones posteriores, explicaciones y teorías
Rumores e informes no verificados
En las décadas siguientes, distintos grupos emprendieron campañas de rescate sin resultados concluyentes. A partir de esos esfuerzos surgieron relatos que resultan difíciles de verificar, con versiones que hablan tanto de muertes a manos de indígenas o de animales salvajes como de episodios de amnesia o de vida entre comunidades caníbales. La mezcla de mitología y memoria dejó un rastro de hipótesis que no logró afianzar una versión inequívoca del destino de Fawcett y sus compañeros.
Aproximadamente un centenar de iniciativas de salvamento se perdieron en la selva o terminaron sin pruebas concluyentes, y entre los esfuerzos que quedaron más en la memoria figura la expedición de 1927 liderada por un explorador estadounidense que afirmó haber encontrado indicios de muerte; otros hallazgos de esqueletos, más tarde descartados, alimentaron nuevas especulaciones. Las operaciones posteriores continuaron sin lograr un desenlace definitivo, en un marco de sospechas y rumores que persisten hasta hoy.
Historia de Villas-Bôas
En los años sesenta, un explorador danés llamado Arne Falk-Rønne viajó a Mato Grosso y recogió una versión de los Villas-Bôas, una familia de exploradores brasileños, según la cual Fawcett y sus compañeros habrían perdido su rumbo tras un accidente en el río. De acuerdo con esa narración, habrían dejado regalos que eran parte de un protocolo tribal, y, al no poder continuar, optaron por un trágico destino entre las comunidades Kalapalo. Este relato sugiere que la tribu habría decidido matar a los tres exploradores para mantener su confidencialidad cultural y evitar la intrusión. En esa versión, Jack Fawcett y Raleigh Rimell habrían sido arrojados al río, mientras que el coronel habría recibido un entierro ritual por su estatura de anciano. Falk-Rønne habría entrevistado a miembros Kalapalo que corroboraron la versión de Villas-Bôas.
¿Los huesos de Fawcett?
En 1951, unas circunstancias que rodearon la entrega de restos por parte de Orlando Villas-Bôas alimentaron un controvertido debate sobre la identidad de los huesos. Testimonios de la época sugirieron, sin consenso, que los restos podrían pertenecer al propio Fawcett, aunque la evidencia forense fue objeto de fuertes cuestionamientos. El hijo menor, Brian Fawcett, mostró reticencia a aceptar la validez de aquel hallazgo. Con el paso de los años se demostró que los huesos no pertenecían a Fawcett, y desde entonces circulan dudas sobre la procedencia de aquellos restos. En cualquier caso, el fenómeno sigue alimentando las discusiones historiográficas sobre la desaparición.
Documental ruso
En 2003 emergió un documental ruso centrado en la figura de Fawcett y en la expedición amazónica como objeto de estudio histórico; el filme se propuso examinar las teorías en torno al paradero del coronel y a las consecuencias de su búsqueda, además de analizar las conclusiones de un explorador occidental y sus interpretaciones sobre el Amazonas. El proyecto audiovisual ofreció una visión de la expedición y sus antecedentes, proporcionándole una dimensión visual a la mitología que ha rodeado la figura de Fawcett.
Comuna en la selva
Un reportaje del 21 de marzo de 2004 en un periódico británico presentó una tesis polémica sostenida por un director de televisión, Misha Williams, quien sostuvo que Fawcett no tenía intención de regresar a Gran Bretaña, sino de fundar una comunidad en la selva basada en principios teosóficos y en la veneración de su hijo Jack. La propuesta de Williams, basada en documentos personales del explorador, fue desarrollada al menos en un prefacio de una obra teatral estrenada en 2004, que planteó la idea de una utopía experimental en el corazón de la selva.
La ciudad perdida de Z
En 2005, el periodista David Grann, de The New Yorker, visitó la comunidad Kalapalo y registró una memoria oral que mencionaba a Fawcett como uno de los primeros foráneos que vieron la tribu. El relato oral describía que la expedición se desvió hacia una dirección oriental y que los Kalapalo les advirtieron que esa ruta los expondría a una población de “indios feroces” que habitaban ese territorio. Esa crónica orales dio soporte a la posibilidad de que existieran ciudades perdidas cercanas. Simultáneamente, el arqueólogo Michael Heckenberger y otros investigadores han mostrado evidencias de una sociedad monumental llamada Kuhikugu en la región, lo que acerca a Grann a una visión de complejidad prehistórica en la Amazonía. Los hallazgos de Grann se recogieron en su libro The Lost City of Z, publicado en 2009.
En la cultura popular
La figura de Fawcett ha trascendido la crónica histórica para convertirse en un símbolo de la aventura y del misterio. En la historia gráfica de Duda, una publicación mexicana, se dedicó un episodio a narrar su vida y la deserción de un mundo que parecía al alcance de la mano. En la novela The Watcher, de 1982, el protagonista afirma ser una reencarnación del explorador, un recurso literario que refleja la fascinación que Fawcett provoca en la ficción.
David Grann, en The Lost City of Z, consolidó la popularidad de la historia con un relato detallado que, en su momento, llevó a la realización de una película en 2016 dirigida por James Gray y protagonizada por Charlie Hunnam. Esta versión cinematográfica introdujo al público general la figura de Fawcett como un personaje de carne y hueso, enfrentado a decisiones extremas en la jungla amazónica. En paralelo, surgieron expresiones artísticas como la obra Señales de Humo, de Pilar Quinteros, que toma la premisa de la desaparición para explorar la conexión entre el explorador y su hijo. En el campo de la cultura digital, también aparecieron relatos de ficción y documentales breves que examinan la viabilidad de las ciudades perdidas desde aproximaciones modernas.
Obras
- Fawcett, Percy y Brian Fawcett (1953), Exploration Fawcett, Phoenix Press (reimpreso en 2001).
- Fawcett, Percy y Brian Fawcett (1953), Lost Trails, Lost Cities, Funk & Wagnalls.
- Fawcett y Brian Fawcett (1958), Ruins in the Sky, Hutchinson de Londres.
Inspiraciones ficticias
- Fawcett ha sido objeto de episodios en series documentales y novelas que juegan con su figura como precursor de exploradores modernos.
- Arthur Conan Doyle se nutrió de su historia para crear al Profesor Challenger, y las narrativas sobre la “ciudad perdida de Z” alimentaron la novela El mundo perdido, trasladando el mito de Fawcett a la literatura de aventura.
- Un crítico de la época de Evelyn Waugh sugirió que la desaparición de Fawcett habría inspirado parcialmente la trama de Un puñado de polvo, en la que un protagonista desaparece en la selva y queda cautivo en un esquema de misterio y resistencia.
- Se ha propuesto que Fawcett inspiró al personaje Indiana Jones, el arqueólogo aventurero de ficción, y que una versión ficcional de Fawcett aparece en ciertas historias relacionadas con su mundo, como el libro Indiana Jones y los siete velos.
- El libro de David Grann fue adaptado por Plan B Entertainment y Paramount Pictures para una película estrenada en 2016, con Charlie Hunnam interpretando a Fawcett y James Gray dirigiendo la producción.
- Varios autores han concebido sagas históricas que reflejan la vida de Fawcett, explorando su legado y posibles rutas alternativas en la Amazonía a través de distintas perspectivas culturales y literarias.