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Plutarco

Nombre completo Plutarco
Nombre nativo Πλούταρχος
Descripción Historiador griego
Fecha de nacimiento 30-11-0039
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 30-11-0119
Nacionalidad Antigua Roma
Ocupaciones ensayista, sacerdote, magistrado, biógrafo, historiador, escritor, filósofo
Géneros biografía
Idiomas latín, griego antiguo
HermanosLamprias
EsposasTimóxena
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Plutarco fue un pensador griego de la época helenística tardía que, tras vivir en la Grecia clásica y en territorios del mundo romano, dejó una herencia literaria y ética que trascendió su tiempo. Conocido como Plutarco de Queronea, llegó a recibir la ciudadanía romana y adoptó el nombre Lucius Mestrius Plutarchus en la intimidad de la vida cívica de la época. Su obra, amplia y variada, conjuga biografías, ensayos morales y tratados, y se convirtió en un puente entre la ética personal y la historia de los grandes personajes. En su figura confluyen la vida pública y la reflexión íntima, la erudición y la curiosidad incansable por los motivos del comportamiento humano.

Plutarco — Imagen principal

Plutarco fue un pensador griego de la época helenística tardía que, tras vivir en la Grecia clásica y en territorios del mundo romano, dejó una herencia literaria y ética que trascendió su tiempo. Conocido como Plutarco de Queronea, llegó a recibir la ciudadanía romana y adoptó el nombre Lucius Mestrius Plutarchus en la intimidad de la vida cívica de la época. Su obra, amplia y variada, conjuga biografías, ensayos morales y tratados, y se convirtió en un puente entre la ética personal y la historia de los grandes personajes. En su figura confluyen la vida pública y la reflexión íntima, la erudición y la curiosidad incansable por los motivos del comportamiento humano.

Biografía

Infancia y juventud

Plutarco nació en la ciudad de Queronea, en la región beocia de Grecia, en una época en la que la pequeña urbe ostentaba un pasado glorioso y, sin embargo, era ya un centro menor en el mapa político y cultural. Su linaje procedía de una familia acomodada de la zona; entre los antepasados se cuenta el bisabuelo, cuyo nombre resuena en sus escritos como testimonio de las cicatrices de la guerra y el conflicto que marcó la región tras guerras y batallas decisivas. En su genealogía aparecen también su abuelo y su padre, hombres de cultura diversa y aficiones distintas: uno era culto y dialogante, el otro un aficionado a la caza y a los caballos; y a su alrededor crecieron dos hermanos que ocuparon un lugar importante en su vida. Lamprias, su abuelo, destacaba por su formación filosófica y su interés por la conversación intelectual, mientras que su padre, Autóbulo, cultivaba el gusto por la vida al aire libre. En esa atmósfera familiar, el joven Plutarco recibió una educación tradicional que encauzaría su vocación posterior hacia la ética y la filosofía.

Atenas marcó una etapa decisiva en sus estudios, donde se dejó moldear por la tradición académica de la ciudad. Guiado por Amonio, un maestro de notable influencia entre los jóvenes, ingresó en la Academia de Atenas y allí, junto a la formación en lógica y teorías, el aprendizaje se orientó hacia la matemática; sin embargo, su inclinación real fue ética y moral. El título de una obra perdida sugiere que pidió que la ética fuera el eje de su reflexión: Amonio, o de la no convivencia voluntaria con el mal. Tras completar esa etapa, regresó a Queronea para cumplir funciones administrativas ante el procónsul romano con sede en Corinto, lo que le permitió acercarse a la administración provincial y entender la interacción entre culturas griega y romana.

Alejandría y Asia Menor lo acogieron a mediados de las décadas siguientes, en un periplo de formación que tuvo como destino principal la ciudad de Esmirna, un centro destacado de la llamada segunda sofística. Es muy probable que participara en los Misterios Eleusinos, experiencias que alimentaron su visión de la relación entre lo sagrado y lo humano, y que luego, con una memoria rica en detalles, convertiría en parte de su oficio literario.

Durante algún tiempo, la vida de Plutarco estuvo atravesada por el paso de distintas tradiciones religiosas y culturales. Se habría sumergido en la vida ritual de Delfos y en las ceremonias que allí se desarrollaban, sin abandonar, sin embargo, su carácter cívico y social. Sus años de formación dejaron una impronta en su forma de entender la virtud como una fuerza en tensión entre la moral personal y las circunstancias históricas, una tensión que más tarde se vería reflejada en sus escritos y en su manera de presentar a los personajes de su obra.

En estos años tempranos, el vínculo con la ciudad de Queronea permaneció estable; aquí comenzó a forjarse su papel de ciudadano apacible y a la vez activo en la vida pública. Sus estudios en Atenas no solo le brindaron conocimientos técnicos, sino que también le proporcionaron la experiencia de convivir con distintas corrientes filosóficas, desde la ética socrática hasta las corrientes platónicas que después se volverían el marco de su pensamiento. A partir de esas experiencias, Plutarco fue consolidando una visión que buscaría la síntesis entre tradición griega y civilización romana, entre la búsqueda de la verdad ética y la necesidad de comprender el mundo político que lo rodeaba.

Magistrado y embajador

Queronea no fue solo un escenario de vida para Plutarco; fue también el lugar donde desempeñó funciones públicas como magistrado y donde representó a su ciudad en misiones diplomáticas ante reinos y estados extranjeros. Su relación con la alta jerarquía romana se fortaleció cuando Lucio Mestrio Floro, un cónsul, intercedió para conseguirle la ciudadanía romana, un paso decisivo que cambió su estatus y abrió nuevas posibilidades en su carrera. Con el paso de los años, la estima de los emperadores fue aumentando, y las crónicas señalan que durante la vejez recibió de Trajano la investidura de procurador de la provincia de Acaya, lo que le concedió las prerrogativas de rango cónsular para la administración de ese territorio. Este encargo le permitió portar las insignias propias de un cónsul, un honor que pone de relieve su estatura política y su aceptación en los círculos del poder romano.

El itinerario de Plutarco por la capital del imperio fue constante y diverso. Viajó a Roma en al menos tres ocasiones y en una de ellas, ocurrida poco antes de la muerte de Vespasiano, entabló relaciones con distintos protagonistas del Senado y de las oligarquías gobernantes. Entre sus amistades figurarían personajes de elevada condición política, como Cayo Julio Antíoco Epífanes Filopapo, miembro de la dinastía que heredó el reino de Comagéne, y otros senadores influyentes que compartían con él una visión de la cultura grecorromana. Su diario andar por la Ciudad Eterna le permitió tejer lazos con figuras de la administración y de la vida literaria de la época, al punto de que algunas de sus obras podrían haber sido influidas por esas relaciones. A pesar de estos vínculos, Plutarco continuó viviendo en Queronea, ciudad que, a pesar de su modestas dimensiones, acogía a uno de los intelectuales más relevantes de su tiempo.

En el transcurso de su vida, Plutarco viajó también por Grecia y estableció contactos con personalidades destacadas de distintas ciudades. Su presencia se dejó sentir en Atenas, Patras, Eleusis y Corinto, entre otros lugares, donde recibió apoyos, hospitalidad y reconocimiento. En Atenas, por ejemplo, fue admitido como ciudadano honorario; en Patras tuvo un recibimiento cordial por parte de un destacado contemporáneo; y en Eleusis, Corinto y Eubea halló escenarios para la reflexión y la celebración de la tradición filosófica y retórica de la época. Estas circulaciones, lejos de ser simples visitas, fortalecieron su idea de una Europa cultural compartida, en la que la filosofía y la ética podían dialogar con la historia y la política. Un suceso personal, como la pérdida de una hija, lo llevó a escribir una Consolación hacia su esposa, recordatorio de que para Plutarco la vida doméstica y la escritura formaban una sola constelación de experiencias humanas.

Su vida pública estuvo matizada por una certeza: su vocación personal podía convivir con la demanda de un servicio activo a la comunidad en la que había nacido. En Queronea ejerció como telearco y como arconte epónimo y, probablemente, como beotarca; cargos que simbolizaban la continuidad entre su dedicación cívica y su devoción religiosa. Sin embargo, su compromiso con Delfos y con el templo de Apolo marcó un eje constante en su existencia: desde 95 d.C. desempeñó funciones sacerdotales en Delfos, y dedicó al oráculo obras que buscaban comprender la voz de lo sagrado y su presencia en la vida humana. Entre sus textos dedicados al oráculo se cuentan estudios sobre la sílaba en el templo, la crítica de los oráculos en verso y la reflexión sobre la cesación de los oráculos. Aun en Roma, el griego le bastaba para entenderse con su entorno, y no sintió la necesidad de dominar perfectamente el latín hasta edades avanzadas, cuando la documentación histórica lo obligó a acercarse a ese idioma para las obras de su madurez.

En el ámbito familiar, su esposa fue Timóxena, una mujer que compartía con él la afición por la tradición y la religiosidad que prescribía la vida de su tiempo. Con ella procrearon cinco hijos: tres varones y dos mujeres, aunque la mayor parte de los varones murió joven. La pérdida de una hija que llevó el mismo nombre de la madre ontó a Plutarco a escribir una Consolación dirigida a su esposa; este registro revela la intimidad de su vida personal y su capacidad de convertir la pena en materia de reflexión moral y literaria. En la madurez, los hijos mayores mostraron indicios de un desarrollo intelectual que inspiró a su padre en obras que luego se mantendrían como parte de su legado, entre ellas trabajos dedicados a la procreación del alma y a la ética de las relaciones familiares, girando alrededor de la idea de la continuidad de la vida dentro de la memoria y la cultura.

La figura de Sexto, su sobrino, marcó también una conexión con la cúspide del poder imperial, ya que fue preceptor de Marco Aurelio, lo que refleja la influencia de la genealogía y de las redes de parentesco en la vida intelectual de la época. Aunque algunas crónicas señalan que Trajano nombró a Plutarco procurador de Iliria, la hipótesis no es unánime entre los historiadores, pues Iliria no parecía una provincia procuratorial y el manejo de su lengua podría haber sido un obstáculo. De todas formas, la figura de Plutarco quedaría vinculada de forma estrecha a la red de contactos que le permitió acceder a puestos relevantes y a la posibilidad de cultivar su obra en espacios de alta circulación cultural. En el ocaso de su vida, la voz de su contemporaneidad no siempre lo acompañó, y a pesar de los vínculos que lo unían a la élite romana, continuó eligiendo vivir en Queronea y dedicar su tiempo a la reflexión y al relato biográfico.

Cartografía de su obra y sus miradas

Plutarco fue un escritor prolífico que dejó una obra vasta y diversa. Su producción abarcó los Moralia —conjunto de escritos morales y de conducta— y las Vidas paralelas, una serie de biografías en parejas que enfrentan ejemplos griegos y romanos para extraer lecciones sobre el carácter humano. En su catálogo personal, que habría recibido el nombre de Lamprias, figuran más de dos centenares de títulos; de ellos se conservan aproximadamente la mitad, distribuidos entre artículos de tono moral y biografías, señalando una intención literaria y ética más que una simple recopilación histórica. Su método no buscaba contar hechos de manera lineal, sino explorar cómo la virtud, la valentía, la astucia y la fortuna inciden en el destino de los grandes hombres.

La serie de Vidas paralelas es, sin duda, la obra más conocida de su repertorio. Consiste en pares de biografías que confrontan a un personaje griego con otro romano, cada par diseñado para contraponer virtudes y defectos morales, y para señalar similitudes o incongruencias entre culturas. Como señalaba el propio autor en la apertura de su Vida de Alejandro, su pretensión no era la mera crónica, sino mostrar cómo el ethos, es decir, el carácter humano, condiciona el curso de las hazañas y la fortuna de los hombres. Ese énfasis en la acción humana y en su marco ético convirtió la colección en un monumento de la literatura helenística que impactó a generaciones posteriores.

El resultado narrativo de sus Vidas combina elementos de historia y filosofía moral. Su retrato de personajes como Alejandro Magno, o de figuras como Numa Pompilio y Pirro, aporta material único para entender procesos históricos desde una mirada humana y psicológica. A la vez, la obra ofrece descripciones y anécdotas que no figuran en otras fuentes, y presenta lagunas que añaden un aire de enigma a la historiografía; estas ausencias, sin embargo, no empañan la riqueza de su método, que privilegia la comprensión de la ética del personaje por encima de una simple secuencia de hechos. Su estilo, además de su contenido, lo convirtió en modelo para grandes pensadores de la literatura y el pensamiento universal, desde Montaigne hasta Rousseau, pasando por Shakespeare y Quevedo, quienes encontraron en sus biografías una manera de explorar la condición humana a través de ejemplos históricos.

El análisis de sus textos revela que empleaba una diversidad de recursos: a veces dialoga, otras veces se aproxima a la reflexión en forma de diatriba o de tratado, e incluso aprovecha la forma de discurso epidíctico para enfatizar un juicio moral o una lección práctica. Esta heterogeneidad formal es una de las claves de su atractivo: la flexibilidad estructural permite que la idea central, el ethos, se mantenga viva en distintos tonos y géneros, sin perder de vista la finalidad de su escritura. Su maestría en la construcción narrativa y su habilidad para sostener el interés del lector en medio de la exposición de virtudes y defectos le confirieron un lugar privilegiado en la tradición literaria occidental.

Vidas paralelas

Las Vidas paralelas son, sin duda, su legado más visible, concebidas para presentar pares de biografías entre griegos y romanos famosos. Su modelo parece derivar de obras anteriores, como las De viris illustribus de Cornelio Nepote, pero Plutarco las reconfigura para enfatizar la relación entre carácter y destino. El conjunto presenta veintitrés pares y cuatro biografías desparejadas, todas ellas destinadas a ilustra la dinámica entre virtud y fortuna y a demostrar que la grandeza humana no es exclusiva de una cultura. Como él mismo señala en su prefacio a la Vida de Alejandro, no fue su interés registrar la historia en sí, sino examinar cómo la conducta de cada héroe define su trayectoria y, por ende, su memoria.

La exploración de cada personaje revela una comprensión de lo humano que trasciende la época en la que vivió. Se muestra el héroe como un ser de carne y hueso, capaz de grandes logros y de errores íntimos; la lucha entre la virtud y la adversidad se presenta como un motor que condiciona su biografía y la valoración que la posteridad realiza de sus actos. Este enfoque dio lugar a una visión de la historia en la que lo ético no es accesorio sino central, y donde la comprensión de la persona se convierte en clave para entender los acontecimientos que la rodean. Esa conjunción de vida y ética convirtió las Vidas en una de las obras más leídas en la tradición clásica y en un referente para quienes buscaban comprender la complejidad de la experiencia humana.

La obra no está exenta de lagunas o de fragmentos que han llegado incompletos a la actualidad. Hay biografías que se conservan en partes y otras que se pierden por completo, de modo que el lector encuentra huecos que la imaginación debe intentar rellenar. Aun así, el material disponible ofrece una ventana privilegiada para estudiar no solo la historia de las hazañas de figuras como Alejandro, sino también la manera en que se concebía la virtud en la Grecia y la Roma clásicas. El texto se nutre de una serie de fuentes que Plutarco cita con frecuencia, y que incluyen un conjunto de autores griegos y helenísticos, lo que evidencia su método de consulta y su intención de construir un mosaico crítico a partir de distintas tradiciones literarias. En su conjunto, las Vidas paralelas sostienen la idea de que la personalidad y la conducta moral deben ser el eje interpretativo de la grandeza humana, más que la mera enumeración de los hechos de gloria o de derrota.

La influencia de estas biografías ha llegado a la modernidad como un espejo que invita a la reflexión sobre la relación entre el individuo y la historia. Autores y pensadores de distintas épocas se han dejado interpelar por la manera en que Plutarco aborda la psicología de sus protagonistas y, a partir de esa base, han extraído lecciones para su propio tiempo. La fascinación por la personalidad de los grandes hombres que caracteriza las Vidas paralelas ha servido para establecer un puente entre la historia antigua y las preocupaciones morales y existenciales de siglos posteriores, subrayando la idea de que la ética es un instrumento para entender el rumbo de las civilizaciones y las acciones de aquellos que las conducen.

Otras obras

Los Moralia

Entre las colecciones de textos de Plutarco destacan los Moralia, un conjunto heterogéneo de piezas sobre ética, política, filosofía y vida diaria. El nombre con el que se agrupan estos escritos no proviene del propio autor, sino de una recopilación posterior realizada por el monje bizantino Máximo Planudes en la Edad Media, que les dio ese título común y sirvió de marco para su transmisión. En ese conjunto se acumulan sesenta y muchos títulos que recorren temas tan variados como la amistad, la virtud, la crítica social, la educación, la familia y la vida cívica. La diversidad de temas revela una mente inquieta y versátil, capaz de atravesar desde la ética práctica hasta la teología y la crítica literaria con el mismo rigor y la misma curiosidad.

Ética, política y filosofía se organizan en apartados en los que se exploran ideas sobre la virtud, la amistad, la persuasión y la vida pública. En estos textos, Plutarco no se limita a exponer principios abstractos; las propone como guías para la conducta real, contrastando la experiencia de griegos y romanos para entender mejor la naturaleza humana y las estructuras sociales. También aborda la educación y la pedagogía, sosteniendo que la formación del individuo está íntimamente ligada a la lectura y a la comprensión del mundo del niño; este eje pedagógico se articula con análisis de poetas, oradores y filósofos para ilustrar cómo la palabra y la cultura configuran la ética de una generación. En el apartado de política se presentan reflexiones con un realismo que contrasta de manera brillante la grandeza intelectual de los griegos con la habilidad política de los romanos, articulando una visión de la vida cívica que va más allá de los simples himnos a la gloria de los grandes nombres.

En el terreno de teología y mitología se exploran cuestiones sobre Lasil de Delfos, los oráculos y los dioses, con tratamientos que oscilan entre la interpretación simbólica y la crítica racional. Sus estudios sobre la Isis y el Osiris forman una pieza central en su corpus, pues ofrecen un análisis comparativo de cultos y rituales que ayuda a entender la religiosidad como fenómeno humano complejo y dinámico. También incide en la genealogía de los dioses y en la manera como las narrativas religiosas se entrelazan con la historia, la memoria y la identidad de las comunidades que las sostienen. En su visión, la religiosidad no está separada de la vida cotidiana; por el contrario, ilumina las motivaciones humanas y da consistencia a las instituciones que sostienen a la sociedad.

Una parte importante de los Moralia está dedicada a la pedagogía y a la educación de las futuras generaciones, defendiendo la lectura y la escritura como pilares para la comprensión del mundo y para el desarrollo de un juicio crítico. En este eje, Plutarco propone criterios para la formación del carácter, hace hincapié en la necesidad de dialogar con jóvenes y adultos por igual, y sugiere estrategias para cultivar la imaginación, el razonamiento y la sensibilidad ética. Aun cuando estos textos forman un conjunto amplio y, en ocasiones, diverso, la coherencia que los une reside en la convicción de que la educación es una vía para la vida buena y para el logro de la justicia en la polis. En el plano de la crítica y la erudición, su obra contiene secciones dedicadas a la interpretación de la historia y a la evaluación de las fuentes, junto con observaciones sobre la memoria colectiva, el alcance de la escritura y la responsabilidad del escritor ante la verdad y la ética.

Entre los Moralia también se hallan piezas de tono más declamatorio y crítico, que abordan la historia y la costumbre con un ojo atento a los detalles y otro a la enseñanza moral. Estas piezas conforman un mosaico que muestra la amplitud del pensamiento de Plutarco y su capacidad para combinar la erudición con la sensibilidad hacia la conducta humana. En conjunto, los Moralia contienen un tesoro de reflexiones que siguen siendo relevantes para entender cómo la ética, la cultura y la vida cívica se entrelazan en la experiencia humana, y cómo la reflexión sobre la virtud puede guiar las acciones en un mundo complejo y cambiante.

Cuestiones

Entre las piezas menores que se conservan dentro de su obra, se cuentan las Cuestiones, dos colecciones que tratan temas específicos de los cultos y las costumbres romanas y griegas. Una de ellas se centra en las particularidades del mundo romano, mientras la otra aborda aspectos de la vida griega, permitiendo una comparación entre tradiciones y prácticas religiosas. Estas secciones complementan la idea de Plutarco de entender la historia no solo como una secuencia de hechos, sino como un espejo de las prácticas y creencias de las comunidades antiguas. En su conjunto, las Cuestiones añaden material complementario para quienes desean profundizar en el análisis de la vida cotidiana y de la religiosidad antigua desde una perspectiva crítica y reflexiva.

Influencia de Plutarco

Literatura hispánica

La recepción de la obra de Plutarco en la literatura de habla hispana comenzó a configurarse con la primera traducción de sus textos a una lengua vernácula importante para el intercambio cultural europeo. En un esfuerzo ligado a la ordenación de la Orden de San Juan de Jerusalén, un destacado líder de la época medieval tomó la iniciativa de portar gran parte de las Vidas a un idioma regional, supervisando la versión en aragonés que llegaría a través de una etapa intermedia y que introdujo a lectores de la península un conjunto considerable de biografías y reflexiones éticas. Posteriormente, esa versión se difundió hacia otras lenguas y se convirtió en la base para posteriores adaptaciones y comentarios que consolidaron la presencia de Plutarco en la tradición castellana y de las lenguas ibéricas.

En el siglo XVI y XVII, la labor de traductores y comentaristas permitió ampliar la divulgación de las Vidas paralelas entre las comunidades hispánicas. Algunas de las versiones se enriquecieron con notas y glosas que ofrecían contexto histórico y cultural, y que ayudaron a comprender la estructura ética de las biografías. Autores como Alfonso de Palencia y otros humanistas jugaron un papel clave al traducir las obras al castellano y al adaptar fragmentos de otras lenguas para completar huecos que quedaban en las biografías. En el siglo XIX, la labor de intérpretes como Antonio Ranz Romanillos hizo que las Vidas paralelas cobraran una segunda vida en la Península, difundiendo el gusto por la literatura clásica entre nuevas generaciones y consolidando la influencia de Plutarco en la tradición hispánica. A partir de estas ediciones, la recepción de su obra se volvió más amplia, y la crítica española aportó interpretaciones que se han mantenido vigentes en la enseñanza de la literatura clásica.

La versión catalana contó con contribuciones destacadas, con una producción dedicada que dejó huella en la tradición filológica de esa nación. A lo largo de los siglos, las traducciones y las ediciones críticas evolucionaron, buscando acercarse con fidelidad a el o los textos griegos y a la calidad de la prosa y la argumentación de Plutarco. En este proceso, la figura del traductor y del comentarista se convirtió en parte del legado literario, ya que su labor permitió que un público más amplio accediera a las ideas de un autor que, lejos de ser solo un historiador, era un novelista de la ética y la vida pública. Así, la influencia de Plutarco creció, no solo como fuente de conocimiento histórico, sino como estímulo para el pensamiento crítico y la reflexión sobre la conducta humana en el mundo hispánico.

La tradición hispánica de las Vidas no terminó en el siglo XIX. En el siglo XX y en la actualidad, múltiples ediciones han buscado preservar la claridad de la prosa y la riqueza de las ideas, adaptando el texto a las convenciones modernas de lectura y a los hallazgos de las ediciones críticas. En este marco, la labor de traductores y editores ha sido decisiva para mantener viva la diálogo entre la Grecia clásica y la cultura hispánica, permitiendo que lectores de generaciones nuevas encuentren en Plutarco un espejo en el que contemplar la conducta humana, el destino de las grandes figuras y la historia como escenario de dilemas morales y decisiones que resuenan a través del tiempo. El nombre de Plutarco, por tanto, continúa anclándose en la tradición literaria de la lengua española gracias a un esfuerzo continuo de traducción, edición crítica y lectura atenta que preserva su legado para la comprensión de la ética y la civilización clásica.

Literatura francesa

La influencia de Plutarco también dejó una huella profunda en la literatura y el pensamiento francés de épocas posteriores. Diversos traductores y comentaristas franceses se sintieron atraídos por la capacidad de su prosa para provocar reflexión y por la pertinencia de sus biografías como herramientas para entender la moralidad y la política a través de ejemplos históricos. En la tradición gala, la lectura de las Vidas dio lugar a interpretaciones que acercaban la ética estoica, la ética socrática y la ética cristiana a la totalidad de la experiencia humana, creando un cruce entre la filosofía y la literatura que enriqueció la crítica y la ficción moral de su tiempo. Autores del Renacimiento y de la Ilustración se asomaron a sus textos para extraer lecciones sobre el liderazgo, la justicia, la prudencia y el autocontrol, mientras que las biografías se convertían en modelos de análisis de carácter y de motivaciones profundas de los hombres famosos. Así, la herencia de Plutarco en la tradición francesa consiste en una tradición de lectura crítica y de análisis histórico-ético que ha contribuido a la formación de una cultura literaria que valora la complejidad de la personalidad y la responsabilidad de la escritura en la construcción de la memoria colectiva.

Imágenes de Plutarco