Silvia Federici
| Nombre completo | Silvia Federici |
|---|---|
| Nombre nativo | Silvia Federici |
| Descripción | Filósofa y activista italo-estadounidense |
| Fecha de nacimiento | 24-04-1942 |
| Lugar de nacimiento | |
| Nacionalidad | Estados Unidos, Italia |
| Ocupaciones | filósofo, escritor, profesor universitario, activista por los derechos de las mujeres, activista, científico social, autor |
| Idiomas | inglés, italiano |
| Esposas | Constantine George Caffentzis |
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Silvia Federici es una pensadora italiana con proyección transatlántica que ha tejido una biografía de labor social, académica y militante. Nacida en Parma, en la región del norte italiano, su vida y obra han estado atravesadas por el feminismo, el marxismo y un compromiso radical con la justicia social. Su trayectoria revisiona los fundamentos del capitalismo desde la perspectiva de género, poniendo en el centro del análisis el trabajo reproductivo y las formas de cooperación y cuidado que sostienen la vida cotidiana. A lo largo de décadas, su voz ha impulsado debates sobre salario para el trabajo doméstico, autonomía de las comunidades y la defensa de lo común frente a las lógicas de acumulación.
Silvia Federici es una pensadora italiana con proyección transatlántica que ha tejido una biografía de labor social, académica y militante. Nacida en Parma, en la región del norte italiano, su vida y obra han estado atravesadas por el feminismo, el marxismo y un compromiso radical con la justicia social. Su trayectoria revisiona los fundamentos del capitalismo desde la perspectiva de género, poniendo en el centro del análisis el trabajo reproductivo y las formas de cooperación y cuidado que sostienen la vida cotidiana. A lo largo de décadas, su voz ha impulsado debates sobre salario para el trabajo doméstico, autonomía de las comunidades y la defensa de lo común frente a las lógicas de acumulación.
Biografía
Federici es la segunda de dos hermanas y nació en un periodo marcado por la confrontación entre la guerra y la vida cotidiana. Creció en un entorno del norte italiano donde la militancia antifascista y las ideas comunistas eran parte de la experiencia diaria. Su familia atravesó desplazamientos forzados hacia zonas rurales durante las contiendas, en un esfuerzo por resguardar a sus seres queridos del hostigamiento de las ciudades bombardeadas. En este marco, la figura materna—de raíz campesina—tuvo la responsabilidad de sostener a la familia durante las crisis, mientras que su padre, historiador y profesor de filosofía, mantenía un diálogo constante sobre política y teoría. Esta dinámica familiar, lejos de reconocer la labor doméstica como trabajo, dejó ver una estructura patriarcal que marcó el inicio de su conciencia crítica. La crítica a la invisibilización del trabajo de las mujeres se convirtió en una de las claves de su mirada posterior.
El deseo de vivir y estudiar fuera de los límites patriarcales llevó a Federici a buscar becas que le permitieran salir de Italia. En 1966 recibió una oportunidad para participar en una escuela de verano de literatura en Edimburgo y, poco después, viajó a Buffalo, en el norte del estado de Nueva York, en 1967, gracias a una beca que le abrió las puertas a un mundo académico distinto. Tras completar la maestría, se trasladó a Park Slope, un barrio de Brooklyn, en 1970, iniciar una nueva etapa de su trayectoria. En 1973 conoció a su compañero de vida y trabajo, un filósofo marxista, con quien compartiría proyectos intelectuales y activismo político. Este periodo marcou su apertura internacional y su aproximación a la experiencia del activismo feminista, que luego radicalizaría en su producción teórica.
Su itinerario académico comenzó en la Universidad de Bolonia, donde estudió Letras y Filosofía, obteniendo la licenciatura en 1965. En ese periodo inicial, una beca la llevó a Edimburgo para una experiencia de verano y, a partir de allí, surgieron otras oportunidades para ampliar su horizonte académico. A raíz de esas experiencias, decidió adherirse a un programa de doctorado en Bolonia, centrado en estética, lo cual le permitió explorar las fronteras entre arte y filosofía. En ese momento, un tutor de izquierda la alentó a trabajar sobre un tema que conectara con la lectura en inglés, lo que la llevó a enfocarse en la obra de T. S. Eliot y su relación con la fenomenología. Este giro académico la condujo a obtener una beca Fulbright para viajar a Estados Unidos en 1967 y a continuar su formación en la Universidad de Buffalo, centro neurálgico de la fenomenología en ese país. Con el tiempo, Federici decidió ampliar su foco hacia Georg Lukács y completar su doctorado en ese entorno, abandonando el programa doctoral original en Italia. Su maestría quedó concluida en 1970 y el doctorado, en 1980. Una trayectoria marcada por la movilidad académica y la apertura a nuevas corrientes filosóficas.
En octubre de 1968, Federici viajó a Ciudad de México por un mes para conocer de cerca la realidad de la época, incluida la masacre de Tlatelolco, un hecho que dejó una huella en su visión de la represión y la lucha social. En 1972 participó en la fundación del Colectivo Feminista Internacional en Padua, una organización que impulsó campañas de alcance global en favor del salario por el trabajo doméstico dentro de la economía feminista. Con colegas y defensoras de la causa, entre las cuales se cuentan figuras como Mariarosa Dalla Costa y Selma James, Federici aportó ideas clave para el desarrollo del concepto de reproducción como eje de las relaciones de explotación y dominación en escenarios locales y globales. Este marco teórico se convirtió en una de las columnas de su trabajo sobre la autonomía femenina y los bienes comunes.
Entre 1984 y 1987 ejerció como profesora interina en la Universidad de Port Harcourt, en Nigeria, una experiencia que la acercó a la implementación de políticas neoliberales, la recolonización y los efectos de la agricultura de subsistencia en África. Parafraseando su compromiso, lideró esfuerzos para apoyar a estudiantes y docentes frente a reformas estructurales que afectaban a la educación y a la vida comunitaria. Más adelante, participó en la fundación del Committee for Academic Freedom in Africa y se convirtió en miembro de Midnight Notes Collective, redes que consolidaron su labor en defensa de la libertad académica, la solidaridad regional y la crítica a las políticas que deterioran la autonomía de los pueblos.
De 1987 a 2005, Federici se desempeñó como profesora de estudios internacionales, de mujeres y de filosofía política en el New College de la Universidad Hofstra, en Nueva York, título que posteriormente sería reconocido con la condición de profesora emérita y Teaching Fellow. Durante ese periodo, mantuvo una relación estrecha con investigaciones que conectaban la teoría con la práctica social, promoviendo un enfoque de educación que conectaba los saberes universitarios con las luchas cotidianas por la justicia de género y la equidad. En la década de los noventa, organizó viajes y cursos a la Ciudad de México con estudiantes y colegas para explorar dinámicas urbanas, políticas y culturales que influían en la vida de las mujeres y las comunidades en América Latina. Estas experiencias fortalecieron la dimensión internacional de su activist-academic practice.
Su labor intelectual dio frutos a través de varias publicaciones que han marcado el debate feminista y marxista. En 2004, presentó una obra que desbordó fronteras entre disciplinas y lenguajes: Calibán y la bruja, una investigación que profundizó en la relación entre el cuerpo y la acumulación originaria dentro de la historia del capitalismo. Este libro, traducido a múltiples idiomas, articuló una crítica de la teoría clásica de la acumulación primitiva de Marx y propuso una relectura centrada en la reproducción y en el papel de las mujeres en la economía política. La obra consolidó su estatus como una de las voces más influyentes del feminismo materialista.
Trayectoria
La formación de Federici se consolidó en la ciudad universitaria de Bolonia, donde cursó cuatro años de Letras y dos en Filosofía, y donde obtuvo su licenciatura en 1965. Su paso por Edimburgo y su posterior llegada a Estados Unidos la llevaron a descentrar su investigación hacia la fenomenología y a cuestionar las conveniencias de las tradiciones académicas establecidas. Su decisión de estudiar en Buffalo, con el influjo de las corrientes marxistas emergentes y de su interés por Lukács, dejó una marca decisiva en su desarrollo intelectual. La movilidad académica y la circulación de ideas se convirtieron en rasgo central de su labor.
En 1968, la experiencia mexicana fortaleció su sensibilidad por las dinámicas de poder y violencia contra movimientos sociales. En 1972, la creación del Colectivo Feminista Internacional representó un hito para la articulación de una red de activismo europeo y latinoamericano que buscaba respuestas a la explotación de género en el marco de la economía global. Federici y sus compañeras promovieron la campaña Wages For Housework, un programa que defendía un salario para el trabajo doméstico como reconocimiento de una labor históricamente desvalorizada. Con el tiempo, estas iniciativas se convirtieron en un referente práctico y teórico de la economía feminista y de las luchas por la autonomía de las comunidades.
La experiencia africana en Port Harcourt y la fundación de la estructura de defensa de la libertad académica en África ampliaron el marco de acción: intervenir en políticas educativas, criticar las reformas estructurales y apoyar a estudiantes y docentes frente a procesos de ajuste económico que consolidaban una dependencia externa. Federici se involucró también en Midnight Notes Collective, una colectiva que aportó a la crítica de las dinámicas del capitalismo y la búsqueda de alternativas colectivas. En Hofstra, su docencia abarcó cursos de internacionalismo, estudios de género y filosofía política, y su estatus de profesora emérita corroboró su influencia en la formación de nuevas generaciones de estudiantes y activistas. Su compromiso pedagógico fue, durante años, una forma de hacer teórico lo que ella llamaba práctica de cambio social.
Pensamiento
La contribución de Federici se distingue por una lectura del capitalismo que no reduce la explotación a la mera relación salarial, sino que la extiende al terreno de la reproducción y del cuidado. Su análisis sitúa a las mujeres en la frontera última de la acumulación: el trabajo no remunerado y reproductivo resulta decisivo para sostener el sistema económico, aunque permanezca invisibilizado y desvalorizado en las estadísticas convencionales. Este enfoque la ha llevado a insistir en la necesidad de incorporar el trabajo de casa, el trabajo sexual y el sostenimiento de la vida cotidiana como elementos centrales para entender la explotación capitalista. Su marco interpretativo enfatiza la intersección entre género, clase y poder, redefiniendo el concepto de trabajo en clave marxista-feminista.
Federici ha criticado la manera en que ciertas instituciones internacionales, especialmente la ONU, han capturado la agenda feminista para promover políticas neoliberales que, paradójicamente, fortalecen la desigualdad. Según su lectura, esas intervenciones buscan presentar una narrativa de progreso que, en la práctica, desarticula la lucha por la redistribución del trabajo y por la autonomía de las mujeres, al tiempo que legitima mecanismos de privatización y subordinación económica. En ese sentido, su análisis denuncia la “lavado” de contenidos feministas para alinear la agenda con procesos de mercantilización de la vida cotidiana. El feminismo, desde su perspectiva, debe resistir a las presiones de neutralización política y conservar la capacidad subversiva de la lucha.
La autora ha situado su obra dentro de una tradición marxista que no abdica de la crítica libertaria, lo que la ha llevado a dialogar con corrientes anárquico-comunistas. Su lectura del materialismo histórico incorpora la centralidad de la reproducción como eje de la economía, y su propuesta invita a revisar el papel de la clase trabajadora en la constitución de las relaciones sociales. En la actualidad, Federici sostiene que la lucha por la gratuidad del cuerpo y del trabajo reproductivo, así como por la justicia de los bienes comunes, ofrece herramientas para resistir la privatización de recursos esenciales y para reconstruir formas de convivencia basadas en la cooperación comunitaria. Su síntesis entre teoría y práctica ha abierto nuevas rutas para la reflexión sobre el mundo del trabajo.
Una de las líneas más distintivas de su pensamiento es la idea de que la historia del capitalismo no puede entenderse sin revisar las prácticas de control y castigo que históricamente se han utilizado para someter a las mujeres. En este marco, la violación, la caza de brujas y las persecuciones religiosas se leen como expresiones de un patrón de dominación que acompaña las fases de acumulación de capital. Federici ha argumentado que la violencia patriarcal y la violencia estatal se entrecruzan para asegurar la expropiación de la fuerza de trabajo femenina. Este análisis se ha traducido en una crítica a la noción de progreso económico que ignora la degradación de las vidas de las mujeres y de los cuerpos que sostienen la reproducción social. La mirada de Federici es, por ello, profundamente transdisciplinaria y orientada a la acción colectiva.
Otra dimensión central de su pensamiento es la defensa de los bienes comunes y de la idea de comunalismo frente a la lógica privatizadora del capitalismo. En su visión, la historia de la expropiación colonial y las políticas de privatización de recursos básicos –tales como el agua, las semillas y, incluso, el código genético– no son meras manifestaciones accidentales, sino expresiones de una estrategia global para privatizar la vida. Este marco analítico ha sugerido nuevas lecturas sobre instituciones financieras y organismos multilaterales, que se presentan como actores que promueven una reordenación de la propiedad y la producción a favor de intereses privados. En ese sentido, su obra propone fortalecer las prácticas de cuidado común y de cooperación que sostienen la vida diaria como contrapeso a la concentración de riqueza y poder. La filosofía de Federici es, pues, una invitación a repensar la economía desde la vida y la dignidad de las personas.
Calibán y la bruja
En la obra Calibán y la bruja: Mujeres, el cuerpo y la acumulación originaria, Federici articula una lectura que toma como referencia la historia de la caza de brujas para desentrañar los hilos invisibles de la economía capitalista. A partir de la labor de Leopoldina Fortunati y de otros teóricos, la autora replantea la noción de acumulación primitiva, sosteniendo que la reproducción y la sumisión del cuerpo femenino son piezas centrales para entender la formación del capitalismo. En lugar de ver la acumulación como un proceso únicamente exterior al mundo de la mujer, Federici propone distinguirla como un fenómeno que se entreteje con el trabajo reproductivo no remunerado, que alimenta el ciclo de producción y consumo. En sus palabras, la economía está inseparablemente ligada a la vigilancia del cuerpo y a las prácticas de exclusión que han mantenido a las mujeres en situación de subordinación histórica. La obra desafía las interpretaciones tradicionales de Marx y ofrece una reconfiguración crucial de la relación entre cuerpo, violencia y economía.
La teórica sostiene que la acumulación originaria no es un episodio del pasado, sino una lógica persistente que se actualiza en las condiciones contemporáneas. Para Federici, la lucha por el reconocimiento del trabajo doméstico y del trabajo sexual, así como la defensa de los bienes comunes, son elementos estratégicos para frenar las dinámicas de desposesión y para construir una economía que atienda a la vida y no únicamente a la ganancia. Su enfoque ha sido utilizado para problematizar la separación entre producción y reproducción, y para proponer un marco analítico que permita entender las múltiples formas de explotación que atraviesan diversas regiones y comunidades. La crítica de Federici se dirige a un capitalismo que favorece la privatización de lo básico y que, en esa lógica, mercantiliza la vida misma.
Federici ha dimensionado su pensamiento con una visión de emancipación que no se restringe al plano teórico; ha promovido prácticas de la vida cotidiana que fomentan la cooperación, la solidaridad y la creación de redes de apoyo. En sus presentaciones públicas y debates, ha defendido un reconocimiento del trabajo doméstico, de la labor sexual y de los cuidados como derechos fundamentales y como componentes necesarios para la construcción de una economía que sirva a las necesidades de las personas y no a la maximización de beneficios. Este planteamiento se ha convertido en una de las señas más visibles de su trayectoria intelectual y política. La síntesis entre teoría crítica y acción práctica se ha convertido en la marca de su labor.
Publicaciones
Libros como autora
- 1984 - con Leopoldo Fortunati: Il grande Calibano. Storia del corpo sociale ribelle nella prima fase del capitale
- 2004 - Il Femminismo e il Movimento contro la guerra USA
- 2004 - Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Caliban and the Witch: Women, the Body and Primitive Accumulation. Brooklyn, NY: Autonomedia. Edición española en Traficantes de Sueños
- 2012 - Revolution at Point Zero: Housework, Reproduction, and Feminist Struggle
- 2013 - Revolución en punto cero: trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Traficantes de sueños
- 2018 - El patriarcado del salario. Críticas feministas al Marxismo. Traficantes de sueños
Libros como editora
- (1995) Enduring Western Civilization: The Construction of the Concept of Western Civilization and Its "Others"
- (2000) A Thousand Flowers: Structural Adjustment and the Struggle for Education in Africa
- (2000) African Visions: Literary Images, Political Change, and Social Struggle in Contemporary Africa
Conferencias y archivos de audio
- Conferencias y grabaciones que recogen su intervención sobre la relación entre el cuerpo, la acumulación capitalista y la potencia del trabajo.
- Discursos para grupos de historia radical y debates sobre género, clase y economía política.
Legado
La labor de Federici ha dejado una huella durable en el pensamiento crítico de finales del siglo XX y principios del XXI. Su lectura de la economía desde la perspectiva de género aportó herramientas para cuestionar la centralidad del salario como único criterio de valor y para entender cómo la reproducción sostiene, permanentemente, la tasa de ganancia. Sus investigaciones sobre el trabajo doméstico y el cuerpo han inspirado movimientos académicos y sociales que abogan por políticas que reconozcan y retribuyan el cuidado, la cooperación y la sostenibilidad de la vida. En la actualidad, su condición de profesora emérita y su actividad como conferenciante y autora mantienen vigentes los debates sobre la necesidad de construir economías más justas, basadas en la democratización de los saberes y en la defensa de los bienes comunes. Su voz continúa generando preguntas y comunidades de práctica que buscan transformar la realidad desde la justicia social y la libertad.