Tutmosis IV
| Nombre completo | Tutmosis IV |
|---|---|
| Descripción | Faraón de la Dinastía XVIII de Egipto |
| Fecha de nacimiento | 01-01-1500 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 01-01-1400 |
| Ocupaciones | estadista |
| Hermanos | Amenemopet |
| Esposas | Mutemuia, Nefertari, Iaret |
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Menjeperura Thutmose, conocido también como Thutmose IV o Tutmosis IV, fue el faraón octavo de la dinastía XVIII de Egipto. Su reinado se sitúa entre los años 1417 y 1407 a. C., en un periodo en el que las tensiones entre el poder sacerdotal y la autoridad real se agudizaban. Su figura es recordada tanto por maniobras religiosas que buscaron equilibrar fuerzas internas como por la proyección de la grandeza egipcia sobre el panorama internacional sin emprender campañas militares de gran envergadura.
Menjeperura Thutmose, conocido también como Thutmose IV o Tutmosis IV, fue el faraón octavo de la dinastía XVIII de Egipto. Su reinado se sitúa entre los años 1417 y 1407 a. C., en un periodo en el que las tensiones entre el poder sacerdotal y la autoridad real se agudizaban. Su figura es recordada tanto por maniobras religiosas que buscaron equilibrar fuerzas internas como por la proyección de la grandeza egipcia sobre el panorama internacional sin emprender campañas militares de gran envergadura.
Biografía
Tutmosis IV nació de Amenofis II y de una esposa secundaria llamada Tiaa, lo que complicaba su posición como posible heredero ante otros príncipes de mayor estatura dinástica. A pesar de esa desventaja, la cadena de muertes entre posibles candidatos dejó el trono vacante y él fue coronado, convirtiéndose en un monarca que no buscó la gloria mediante conquistas, sino la continuidad del statu quo y la afirmación de su legitimidad.
Una de las características centrales de su ascenso fue el manejo sagaz de la esfera religiosa. En un Egipto where Amón ejercía una influencia desproporcionada, el joven soberano optó por erigir a Ra como garante de su mandato, desdibujando el peso de Amón como legitimador del poder. En esta estrategia, se valió de una acción simbólica y estratégica al mismo tiempo: la Gran Esfinge, semienterrada durante siglos y prácticamente olvidada, pasaría a figurar como icono de su autoridad y de la protección divina que la rodeaba.
El objetivo inmediato de aquella maniobra fue evitar que el clero de Amón se erigiera en un obstáculo insalvable para la gobernabilidad. Con el tiempo, el resultado fue un reinado relativamente tranquilo, centrado en preservar la magnificencia del país y en mantener su estatus internacional mediante alianzas dinásticas más que por medio de guerras de expansión.
En su vida familiar, debido a que no era hijo de la Gran Esposa Real, contrajo matrimonio con dos princesas de su linaje: Iaret y Nefertari. Estas uniones no sólo aseguraron la continuidad de la línea real, sino que también fortalecieron la red de alianzas dentro de la corte. De Mutemuia, una esposa de origen humilde, nació su primogénito, quien sería príncipe heredero en la primera etapa de su reinado y cuyo linaje prometía mantener la dinastía en la muerte de su padre.
La muerte de Tutmosis IV se produjo a una edad relativamente joven, dejando tras de sí un legado de continuidad y de estabilidad que su hijo, Amenofis III, heredó cuando apenas contaba con doce años. Su momia fue descubierta luego en el Valle de los Reyes, en un estado de conservación notable, y su cuerpo fue encontrado en la tumba de Amenofis II, lo que ha permitido a los egiptólogos trazar un vínculo directo entre la dinastía y la genealogía real que la sustentó.
El clima de su tiempo sentó las bases de lo que después sería la etapa de Amarna, pues los cambios que comenzaron a germinar durante su reinado preanunciaron la crisis religiosa y política que explotaría en el siglo siguiente bajo Akenatón, el nieto que pondría en jaque la tradición religiosa vigente y obligaría a reconfigurar la centralidad del poder en el antiguo Egipto.
Genética
Un análisis paleogenético de la momia de Amenofis III, hijo de Tutmosis IV, ha dejado huellas decisivas sobre la identidad genética de la dinastía. En particular, el linaje paterno del portador del ADN-Y se ha asociado con el haplogrupo R1b-M343, un linaje que, en contextos modernos, se vincula a poblaciones europeas. Este hallazgo, interpretado con cautela, ofrece una pieza más del rompecabezas sobre la diversidad de los orígenes de las dinastías y la movilidad de las familias reales a lo largo de la historia egipcia.
Testimonios de su época
Las huellas de su mandato se conservan en múltiples ámbitos de monumentos y textos. Tutmosis IV dejó constancia de su presencia a través de una obra monumental en el Valle de los Reyes, destinada a acompañarlo en la eternidad y a consolidar su memoria entre las estelas y las esculturas que decoraron su época.
- Egipto bajo su mandato: llevó a cabo una serie de proyectos en Karnak que dieron forma a un conjunto de estructuras y relieves que enriquecen la escena monumental de la ciudad sagrada.
- Se conservan inscripciones que permiten reconstruir su programa de obras y la visión de su tiempo, con entradas que se citan en estudios especializados de la época.
- Varias esculturas han sido identificadas como atribuidas a su reinado, reflejando la iconografía y la iconolatría de ese periodo.
- Una inscripción grabada en roca cerca de Asuán, documentando aspectos de sus campañas y de su presencia en territorios cercanos a la frontera sur.
- Otra inscripción grabada en una roca junto a Sehel, que aporta datos sobre las prioridades de su administración y su visión de la autoridad divina.
- La Estela del Sueño, esculpida en granito, conserva testimonios sobre su relación con la Gran Esfinge y la señal que simbolizaba su legitimidad.
- Un registro estelar en torno a una campaña realizada en Nubia figura en una estela tallada en roca cerca de Konosso, que detalla los logros militares y la expansión de la influencia egipcia hacia aquellos territorios.
- La Estela del oficial Neferhotep ofrece una visión detallada de las actividades administrativas y militares que se enmarcaron en su reinado.
Titulatura
Dentro de sus signos jeroglíficos, el nombre de trinidad real cumplía una función ceremonial y de legitimación ante el pueblo. Su denominación oficial está recogida como Men-Jeperu-Ra Dyehuty-Mose, que combina la identificación de nacimiento y el título de trono. Este conjunto de designaciones revela la relación entre la identidad divina que se le atribuyó y la autoridad que ejerció sobre Egipto, en un marco de reconocimiento ritual y político.