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Wenceslao Fernández Flórez

Nombre completo Wenceslao Fernández Flórez
Nombre nativo Wenceslao Fernández Flórez
Descripción Escritor español
Fecha de nacimiento 12-01-1885
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 29-04-1964
Nacionalidad España
Ocupaciones periodista, guionista, escritor, escritor de cuentos, dramaturgo, ensayista
Géneros folletín
Grupos Real Academia Española, Real Academia Gallega
Idiomas español, gallego
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Wenceslao Fernández Flórez se alza en la memoria de la literatura española como una voz curiosa, irónica y profundamente observadora de la vida cotidiana. Nacido en la ciudad de La Coruña a fines del siglo XIX, su trayectoria mezcló la crónica periodística con la novela y el guion cinematográfico, cobrando relevancia a partir de una habilidad para convertir lo común en materia de reflexión y humor. Su biografía es la de un hombre que transitó por varias ciudades y medios, dejando una huella perdurable en el imaginario literario español.

Wenceslao Fernández Flórez — Imagen principal
Firma de Wenceslao Fernández Flórez

Wenceslao Fernández Flórez se alza en la memoria de la literatura española como una voz curiosa, irónica y profundamente observadora de la vida cotidiana. Nacido en la ciudad de La Coruña a fines del siglo XIX, su trayectoria mezcló la crónica periodística con la novela y el guion cinematográfico, cobrando relevancia a partir de una habilidad para convertir lo común en materia de reflexión y humor. Su biografía es la de un hombre que transitó por varias ciudades y medios, dejando una huella perdurable en el imaginario literario español.

Biografía

Hijo de Antonio Luis Fernández Lago y de Florentina Flórez Núñez, Nunca** dejó de mirar con curiosidad el mundo desde una casa de la calle Torreiro en La Coruña; desde muy joven mostró inclinación por la medicina, pero la muerte de su padre, cuando apenas contaba dieciséis años, interrumpió sus estudios y lo empujó hacia el periodismo. Sus primeros pasos se realizaron en el diario local La Mañana, actividad que sería el preludio de una carrera que atravesaría varias cabeceras y ciudades.

Aún joven, asumió la dirección de La Defensa, un semanario de Betanzos que se declaraba adversario de un capitalismo feroz y a favor de un合理agrarismo gallego; poco después, con apenas dieciocho años, dejó huella en la dirección de Diario Ferrolano durante un año y medio, circunstancia que le obligó a ocultar su verdadera fecha de nacimiento para cumplir con la normativa, ya que era menor de edad para ejercer ese cargo. Posteriormente asumió la dirección de El Noroeste en La Coruña, consolidando su presencia en la prensa regional y preparando el campo para su salto a la capital.

En 1913 emprendió rumbo a Madrid para ocupar un puesto en la Dirección General de Aduanas, pero su vocación periodística lo llevó a colaborar en El Imparcial y, tras un breve periodo, en ABC, donde empezó a publicar sus Acotaciones de un oyente, una colección de crónicas parlamentarias que le valió reconocimiento y que más tarde reuniría en Crónicas parlamentarias (1914-1936). Su pluma también encontró espacio en El Liberal y La Tribuna, ambientes en los que mantuvo vínculos con la prensa de Madrid y, de forma paralela, con la galaxia gallega de la Editorial y la prensa regional.

El año de 1913 marcó para la familia Fernández Flórez un cambio significativo: pasaron los veranos en San Salvador de Cecebre y, a partir de entonces, viajaron cada año hacia ese entorno, quedando finalmente alojados en una casa más cercana al apeadero 14, un lugar que hoy se conserva como casa museo y centro de interpretación gracias a la acción de su fundación, la Diputación de La Coruña y el Ayuntamiento de Cambre. Allí germinó gran parte de su sensibilidad literaria y su mirada sobre el paisaje gallego que marcaría su producción.

La primera década de su escritura coincidió con colaboraciones y encuentros con escritores y artistas mayores que él, entre los que destacaba Castelao, cuyo influjo fue particularmente decisivo para su desarrollo. En esa etapa recibió el premio del Círculo de Bellas Artes por Volvoreta (1917), una novela que explora amores prohibidos en un marco rural gallego. En 1926 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por Las siete columnas, reconocimiento que consolidó su condición de figura destacada de la literatura española.

De marcada adscripción liberal y conservadora en lo político, mantuvo, sin embargo, una mirada crítica sobre las dinámicas sociales y políticas de su tiempo. Sus textos más afilados en ese sentido se encuentran en obras como El secreto de Barba Azul, Las siete columnas y El espejo irónico, en las que conjugaba su visión de la política con un humor punzante sobre la realidad de la monarquía y los poderes de la época de Alfonso XIII. En la Segunda República recibió la Medalla de Oro de Madrid y, en 1935, fue distinguido con la Banda de la República junto a figuras como Américo Castro y José Ortega y Gasset, reconocimiento que le situó entre los intelectuales más visibles de aquel periodo turbulento.

Su trayectoria académica dio un giro relevante en 1934 cuando fue elegido miembro de la Real Academia Española, residencia que asumió definitivamente en 1945. Los años previos a la Guerra Civil fueron de intensa actividad pública y de polémicas que a veces rozaron la confrontación ideológica; entre ellas, su posición crítica frente a determinadas corrientes políticas y su cercanía con el liberalismo, que le valió, en ocasiones, tensiones y peligros durante el conflicto armado.

Con la llegada de la Guerra Civil y el estallido de la violencia, Fernández Flórez vivió momentos de alto riesgo. Sus opiniones políticas le expusieron a amenazas y, ante el avance de las hostilidades, buscó refugio primero en la Embajada de la República Argentina y, posteriormente, en la Embajada de Países Bajos, por su admiración previa a la descripción de Holanda en su viaje anterior. Su salida de España, en julio de 1937, se convirtió en un episodio diplomático de gran notoriedad, que terminó por abrirle camino hacia el exilio temporal y la continuación de su obra fuera de las fronteras españolas.

Desde el exilio, escribió sobre la experiencia de Madrid y el periodo de crisis de aquel tiempo en novelas como Una isla en el mar Rojo (1938) y La novela número 13 (1941), relatos que dibujan una visión áspera y desalentada de la capital durante la época del Frente Popular. A su regreso a España, su voz siguió activa en el terreno público y cultural: participó en la redacción de guiones y tuvo presencia en el cine, además de continuar publicando artículos de opinión y crítica, a veces críticos con el régimen, otras veces en sintonía con las estructuras culturales del momento.

En 1944 intervino en el guion de una película dirigida por José Luis Sáenz de Heredia, y en 1945 ingresó de nuevo en la Real Academia Española. A mediados de los años cincuenta, la producción audiovisual gallega lo vinculó de nuevo con el mundo del cine, cuando un guion suyo inspiró la realización de Camarote de lujo en La Coruña; un reconocimiento a su sentido crítico frente a la emigración y a las dinámicas laborales. En 1959 recibió la Cruz de Alfonso X el Sabio, galardón que celebró su trayectoria cultural y formativa. Su relación con el cine fue extensa: adaptó El capitán Veneno para el cine y varias de sus novelas dieron lugar a versiones cinematográficas en distintas etapas, a cargo de directores como Rafael Gil y otros nombres relevantes del panorama español.

Antes de la Guerra Civil ya era conocido por sus posiciones liberal-conservadoras y por su menoscabo público a las bases del Movimiento Nacional; sin embargo, convivía con una relación histórica de cierta complicidad entre las familias de ambos personajes, un vínculo que se explica por la procedencia ferrolana del padre de Fernández Flórez y por la trayectoria de establecermiento de Franco en la academia militar. Este matiz singular explicaba una relación personal entre el escritor y el líder político que, a la postre, marcó la recepción de su obra en distintos momentos del siglo XX.

Obra literaria

La producción narrativa de Fernández Flórez se desarrolló mayoritariamente en castellano, aunque algunos de sus relatos aparecieron en gallego, y su tono combina con frecuencia humor irónico y una sensibilidad casi lírica hacia el paisaje de Galicia. Sus textos no se adhirieron a las rupturas formales de la vanguardia; se gestaron dentro de una tradición narrativa sólida, pero su mirada estaba impregnada de una frescura que permitía explorar lo universal a través de lo local y lo cotidiano.

Se ha señalado que su estilo alberga una curiosa proximidad con el pensamiento de autores como Anatole France, y que ciertas huellas de Stendhal y Eça de Queiroz atraviesan su manera de presentar personajes y conflictos. Sus personajes suelen moverse entre la frustración y el fracaso, en un marco que respira el pesimismo prudentemente envuelto en humor. A través de ese prisma, Fernández Flórez indaga en temas de valores espirituales y morales que persisten pese a los cambios superficiales de la época.

Además, su obra se distingue por una sensibilidad hacia lo simbólico y por una representación de la realidad que, aunque conservadora en ocasiones, muestra una mente crítica y una curiosidad abierta a cuestionar las convenciones. En el conjunto, su escritura se caracteriza por una notable capacidad para convertir la sátira en una forma de conocimiento social, sin renunciar a la ternura hacia sus personajes y sus paisajes. Su legado literario fue celebrado y conservado por editoriales y grupos culturales que apreciaban su contribución a la imagen de España y de Galicia en particular.

La relación entre su visión personal y las circunstancias políticas de su tiempo se refleja en artículos de prensa que, sin abandonar el tono humorístico, a veces se volvieron incisivos frente a las dinámicas del poder. En ese sentido, su obra periodística y su narrativa compartieron una intención de describir una España que se movía entre la memoria de tradiciones y la presión de los cambios sociales, buscando siempre un equilibrio entre la crítica y la cordialidad que definía su temperamento literario.

Aun cuando sus obras se mantuvieron dentro de una línea de escritura relativamente estable, Fernández Flórez fue, en varios momentos, un explorador de ideas y de estilos que lo acercaron a perspectivas modernas sin abandonar la fidelidad a la lengua y a la identidad gallega que lo habían formado. En el conjunto de su producción, se destacan novelas y relatos que, por su tono y por su humor, abrigan una visión del mundo en la que lo humano y lo social se entrelazan de manera evidente, dejando un legado de lectura irónica y reflexiva.

Obras

Relación de algunas de sus obras, organizadas para facilitar la exploración de su trayectoria creativa y su diversidad temática.

  • La tristeza de la paz (1910)
  • La familia Gomar (1914)
  • La procesión de los días (1914)
  • Luz de luna (1915)
  • Acotaciones de un oyente (Crónicas parlamentarias, 1916)
  • Volvoreta (1917)
  • Las gafas del diablo (1918)
  • Ha entrado un ladrón (1920)
  • El espejo irónico (1921)
  • Tragedias de la vida vulgar (1922)
  • El secreto de Barba Azul (1923)
  • Visiones de neurastenia (1924)
  • Unos pasos de mujer (1924)
  • Las siete columnas (1926)
  • Relato inmoral (1927)
  • El hombre que se quiso matar (1929)
  • Fantasmas artificiales (1930)
  • Los que no fuimos a la guerra (1930)
  • El malvado Carabel (1931)
  • La casa de la lluvia (1931)
  • El hombre que compró un automóvil (1932)
  • Aventuras del caballero Rogelio de Amaral (1933)
  • Los trabajos del detective Ring (1934)
  • O terror vermelho (1938)
  • Por qué te engaña tu marido (1939)
  • Una isla en el mar rojo (1939)
  • La novela número 13 (1941)
  • El bosque animado (1943)
  • Yo y el ladrón (1944)
  • El toro, el torero y el gato (1946)
  • La nube enjaulada (1947)
  • De portería a portería (1949)
  • El sistema Pelegrín (1949)
  • Fuegos artificiales (1954)

Imágenes de Wenceslao Fernández Flórez