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Zico

Nombre completo Arthur Antunes Coimbra
Nombre nativo Zico
Descripción Futbolista y entrenador brasileño
Fecha de nacimiento 03-03-1953
Lugar de nacimiento
Nacionalidad Brasil, Portugal
Ocupaciones futbolista, bloguero, entrenador, jugador de fútbol playa
Idiomas portugués
HermanosEduardo Antunes Coimbra
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Arthur Antunes Coimbra, conocido mundialmente como Zico, nació en la ciudad de Río de Janeiro el 3 de marzo de 1953. Su nombre figura entre las grandes leyendas del fútbol brasileño y su época dorada en los años ochenta lo sitúa entre los más destacados de su generación. Reconocido por su visión de juego, su dominio del balón y su capacidad para convertir en gol, su carrera abarca tanto logros con clubes como un impacto significativo en la selección. Su trayectoria, llena de matices y vueltas, dejó una huella que trascendió fronteras y dejó un legado que aún se estudia y se recuerda con admiración.

Zico — Imagen principal

Arthur Antunes Coimbra, conocido mundialmente como Zico, nació en la ciudad de Río de Janeiro el 3 de marzo de 1953. Su nombre figura entre las grandes leyendas del fútbol brasileño y su época dorada en los años ochenta lo sitúa entre los más destacados de su generación. Reconocido por su visión de juego, su dominio del balón y su capacidad para convertir en gol, su carrera abarca tanto logros con clubes como un impacto significativo en la selección. Su trayectoria, llena de matices y vueltas, dejó una huella que trascendió fronteras y dejó un legado que aún se estudia y se recuerda con admiración.

Carrera como futbolista

Nacido en una familia de origen portugués y de origen humilde, Zico creció en el barrio de Quintino Bocaiúva, al norte de Río de Janeiro. Su padre, José, era inmigrante portugués y seguidor fanático del Flamengo, pasión que transmitió a su hijo y que iría marcando el curso de su vida deportiva. En una familia extensa, Zico encontró en el balón una vía de escape y un proyecto compartido por hermanos que también habían dedicado parte de sus carreras al fútbol. Estas raíces forjaron la idea de que el fútbol podía convertirse en una profesión para su familia y para él mismo.

Comenzó a forjar su técnica en las calles y en un modesto equipo de fútbol sala, llamado River Futebol Clube, donde dejó constancia de su talento con un toque delicado y un disparo contundente. Su talento no tardó en llamar la atención de la gente que rodeaba el deporte y pronto pasó a formar parte de una ruta de oportunidad que lo llevó a un club tradicional del fútbol de Brasil. Con la ayuda de sus hermanos, especialmente de sus contemporáneos, su futuro comenzó a tomar forma en el gigante rojinegro.

A los catorce años, la posibilidad de una prueba en América parecía un camino inmediato hacia el profesionalismo, pero un periodista de radio, Celso García, descubrió su capacidad goleadora en un encuentro de futsal y aceleró su destino. García convenció a su padre para que permitiera la demostración ante el Flamengo, organización que aceptó con la voluntad de evaluar a un joven que ya mostraba una notable destreza técnica. Así, el joven Zico ingresó a las categorías juveniles del Flamengo el 28 de septiembre de 1967.

En la cantera, Zico tuvo que abandonar la delgadez que le impedía competir al máximo, y a los dieciséis años inició un programa de acondicionamiento diseñado por el preparador José Roberto Francalacci para ampliar su masa muscular sin perder velocidad ni agilidad. Este plan incluyó intervenciones que en su momento fueron controvertidas, pero que sirvieron para darle la base física que demandaba un salto decisivo al primer equipo. Con el tiempo, ese trabajo seria clave para su consolidación como un mediapunta completo.

Clube de Regatas do Flamengo

El debut de Zico con el primer equipo del Flamengo se produjo el 8 de agosto de 1971, cuando apenas tenía 18 años, enfrentando al histórico Vasco da Gama. Aquel encuentro terminó con una victoria por 2–1, y el joven volante aportó una asistencia que permitió que Fio Maravilha marcara el tanto definitivo. A medida que pasaban los meses, sus oportunidades crecieron y, en el campeonato Carioca de 1972, obtuvo su primer título profesional con la camiseta rojinegra.

Con una mayor continuidad, Zico se convirtió en titular indiscutible en la década de los setenta, adoptando la dorsal 10 y destacando por su capacidad de generar juego, asistir a sus compañeros y culminar las jugadas con precisión en el área rival. Su habilidad para ejecutar faltas, regate y definición lo convirtieron en un arma temible para las defensas contrarias y le valieron reputación de creador y artillero. En la temporada de 1974, sus registros en el torneo Carioca fueron extraordinarios, con 20 goles, mientras que en la liga nacional anotó 12 y recibió la distinción de Jugador Mejor del Torneo por la revista especializada Placar.

En medio de esa trayectoria ascendiente, 1976 marcó un antes y un después: la muerte de su amigo y compañero Geraldo Cleofas, un hecho que dejó una huella profunda dentro del vestuario del Flamengo y que condujo a la organización de un trofeo con su nombre. En esa edición, Flamengo venció a una selección de veteranos de Brasil integrada por leyendas como Pelé, Rivelino y Jairzinho, en un homenaje que unió dolor y fútbol en una sola celebración.

La campaña de 1978 fue decisiva para solidificar su estatura internacional, al ser convocado a la Copa del Mundo y consolidarse como una figura de referencia en un equipo que, en aquellos años, mostraba un fútbol vistoso y contundente. Tras batir el récord de máximo goleador del club en 1979, superando la marca de Edvaldo Alves de Santa Rosa, Zico cerró ese ciclo con la conquista del Brasileirão en 1980 y la consecución de la Copa Libertadores en 1981. En esa edición, Zico se coronó como máximo artillero del torneo, con un total de 11 tantos, incluidas dos dianas en la final ante el Cobreloa chileno. El equipo culminó ese periodo con la victoria en la Copa Intercontinental de 1981, venciendo al Liverpool y obteniendo un reconocimiento adicional como mejor jugador del partido.

La trayectoria en Flamengo continuó con la conquista de dos nuevos Campeonatos Brasileños en 1982 y 1983, y Zico recibió el reconocimiento de su generación como referente internacional, especialmente en la Copa del Mundo de 1982, donde compartió vestuario con figuras como Sócrates, Falcão, Toninho Cerezo y Júnior. Su rendimiento le valió un lugar en el once ideal de la FIFA y la distinción de mejor futbolista de Sudamérica en esa temporada, consolidando su estatus de símbolo del equipo y de la región. A los treinta años, anunció sus ganas de experimentar la Serie A italiana, pese a la resistencia de la afición local, y dejó entrever su intención de ampliar horizontes deportivos más allá de Brasil.

Udinese Calcio (Italia)

El paso de Zico por Italia comenzó con la llegada al Udinese Calcio, una operación que, pese a su alto costo para la época, encendió la esperanza de ver al astro en una de las ligas más competitivas del mundo. La transferencia se cerró el 1 de junio de 1983, con una cifra récord para aquel entonces: 4 millones de dólares, pagados al Flamengo. Detrás de la millonaria operación surgió una fuerte oposición por parte de la Federación Italiana de Fútbol, que llegó incluso a frenar la contratación debido a la crisis de la empresa patrocinadora, Zanussi, lo que provocó una tensión inusual en la prensa y en la opinión pública.

En el afán de convencer al bastión friulano, la afición local movilizó a favor del fichaje y la presión social se hizo notar; incluso se llegaron a escuchar consignas que evocaban un fuerte deseo de que Zico se incorporara a esa institución. El presidente italiano, Sandro Pertini, intervino para mediar en el conflicto y, finalmente, la compra se llevó a cabo. Más allá del impacto mediático, Zico aportó no solo rendimiento sino una imagen que revitalizó la región y la escena deportiva local.

La campaña 1983–84 dejó un rendimiento notable, con 19 goles, apenas uno menos que Michel Platini, y un aporte significativo en un club que atravesaba un proceso de venta y de desequilibrio en la plantilla. Aun así, eludió la presión de la situación institucional y mostró su capacidad para hacerse dueño del juego ofensivo, desde su función de mediapunta que combinaba pases precisos y capacidad para definir. Sin embargo, las lesiones y los vaivenes del equipo afectaron el rendimiento general, y el Udinese terminó entrando en un periodo de inestabilidad.

En 1985, Zico enfrentó un proceso penal por un supuesto delito de exportación de divisas vinculado a su imagen comercial. Aunque la justicia italiana inicialmente lo condenó en primera instancia, la sentencia fue apelada y terminó siendo absuelto años después. Este episodio provocó una retirada temporal de la Serie A para el jugador, quien, aun con esa experiencia, dejó claro que su intención era seguir compitiendo al máximo nivel y que el entorno mediático no debía empañar su carrera deportiva.

La estancia en Udine, a pesar de su duración relativamente breve, dejó huella y consolidó el reconocimiento hacia Zico entre la afición italiana y los observadores extranjeros. Su figura continuó siendo respetada como un referente técnico, y la admiración no cesó incluso cuando las circunstancias deportivas del club no acompañaban de forma constante. En 2009, la ciudad de Údine lo nombró ciudadano de honor en reconocimiento a la influencia positiva de su paso y a la imagen que dejó en la región.

Regreso al Flamengo

Tras dos años en Italia, Zico volvió a vestir la camiseta del Flamengo el 12 de julio de 1985, participando en un encuentro amistoso frente a un selecto equipo de estrellas internacionales que reunió a figuras como Toninho Cerezo, Diego Armando Maradona, Karl-Heinz Rummenigge y Paulo Roberto Falcão. El ánimo en Brasil era extraordinario ante el retorno del crack, cuyo talento se sentía en cada jugada.

Sin embargo, esa ilusión se vio truncada poco después. En un choque frente al Bangu A.C., un defensa le causó una lesión grave que puso en riesgo su carrera. A partir de ese momento, Zico atravesó un periodo de rehabilitación que incluyó varias operaciones de la rodilla derecha y largos procesos de recuperación. Durante ese tiempo, trabajó para recuperar la musculatura de la pierna izquierda, entrenando largas sesiones diarias para volver a competir a nivel internacional.

Con el esfuerzo propio, Zico regresó a la acción a principios de 1986 y volvió a formar parte de la plantilla del Flamengo, consiguiendo junto a Sócrates la gloria del campeonato Carioca de ese año. Durante ese tramo, se ratificó como referente creativo del equipo y, al mismo tiempo, como uno de los máximos exponentes del fútbol brasileño en esa década, capaz de guiar a sus compañeros incluso ante la adversidad física.

En esa década, la última gran consagración del Flamengo llegó en la temporada de 1987 con el título del Copa União, disputado fuera del calendario de la liga oficial en Brasil. Aunque ese año dejó un capítulo polémico por su estatus no reconocido por la Confederación Brasileña de Fútbol, para Zico representó una carrera marcada por la superación y el liderazgo en el campo. Su última temporada en el Flamengo, en 1989, se movió hacia el cierre de una etapa spendida en el club, y anunciando su retirada del fútbol profesional a finales de ese año, con 36 años.

El 6 de febrero de 1990 se organizó un partido de homenaje en el Maracaná, para despedirlo junto a un plantel estelar que reunió a grandes nombres del fútbol mundial. Zico cerró esa etapa con el Flamengo como el segundo jugador con más participaciones (731) y el máximo goleador histórico (508 tantos). Este cierre de ciclo consolidó su figura como mito del club y como una referencia de la actitud profesional que marcaría su vida posterior en el fútbol.

Vida fuera de la competición: incursión y legado

Poco tiempo después de la retirada, Zico probó otro terreno, la política deportiva. En ese año, el presidente de Brasil nombró al ex jugador como secretario nacional de Deportes, cargo desde el que impulsó reformas destinadas a profesionalizar las entidades deportivas y a fiscalizar sus cuentas. Entre las medidas más destacadas, propuso recortar poderes a las federaciones y liberalizar las transferencias de futbolistas. Aunque estas iniciativas enfrentaron la resistencia de la industria del fútbol, muestran la disposición del ex jugador para influir más allá del terreno de juego.

El cargo resultó ser breve y, con el paso del tiempo, Zico dejó claro que las presiones y obstáculos institucionales marcaron su experiencia en la política deportiva brasileña. En su propio balance, reconoció las buenas ideas del proyecto, pero señaló que la implementación terminó frustrando a las diversas comunidades involucradas. Aun así, esa etapa le proporcionó una visión distinta sobre la gestión del deporte y su impacto social, siempre desde la perspectiva de un jugador que entendía el juego desde adentro.

Kashima Antlers (Japón)

Retomó las canchas en 1991 para competir en el fútbol japonés, aceptando un acuerdo con Sumitomo Metal de Kashima (Ibaraki). En ese momento, Japón buscaba potenciar su liga emergente y convertir al futbolista en un imán que impulsara el desarrollo del deporte a escala nacional. El contrato ofrecía un salario significativo para la época y la promesa de ayudar a crear un nuevo equipo competitivo para la futura J.League. El objetivo no era solamente lograr resultados, sino sentar las bases para un desarrollo sostenido del fútbol en todo el país.

La transición desembocó en la transformación de Sumitomo Metal en el histórico Kashima Antlers y en la fundación de un proyecto que contaba con la participación de varios excompañeros de Flamengo y otros talentos brasileños. Bajo su liderazgo, Zico asumió el rol de capitán y trabajó para sumar a exfutbolistas como Leonardo y Alcindo Sartori, pero también para facilitar que otros brasileños encontraran acomodo en distintos clubes. Su prestigio resultó un motor para atraer aficionados y fortalecer la imagen del club.

En la competición, Zico contribuyó a la obtención de la primera edición de la Copa de la Liga (conocida como Suntory Cup) y llevó al equipo a la búsqueda de la gloria en la liga nacional, quedando en posición de subcampeón en 1993. En aquel encuentro decisivo, el rival fue Verd y Kawasaki, y Zico recibió una de las pocas expulsiones de su carrera por protestar la actuación de la terna arbitral. Su periodo con Kashima cerró en 1994, cuando la presencia de lesiones fue reduciendo sus minutos de juego. Aún así, dejó un legado de liderazgo y dedicación que fue recordado por la afición nipona.

La despedida definitiva de las canchas se produjo en agosto de 1994, a los 41 años. Tras retirarse, la relación con el club continuó en calidad de asesor, y su influencia en la cultura deportiva local quedó patente a través de su disciplina y su compromiso con el desarrollo del fútbol en la región. La admiración por su figura se reflejó incluso en la infraestructura del estadio y en monumentos que conmemoran su aportación.

Vida tras la retirada

En 1995 recuperó la presencia deportiva a través del fútbol playa de Brasil, integrando la selección que disputó la primera edición de la Copa Mundial de la disciplina. En esa temporada, Zico obtuvo el título y fue máximo goleador con 12 tantos, compartiendo el galardón con Alessandro Altobelli, y fue además nombrado MVP del torneo. Al año siguiente, continuó participando y logró su segundo campeonato, afianzando su reputación no solo como jugador de campo sino como referente en las disciplinas emergentes.

El 12 de julio de 1996 inauguró su propia institución centrada en la formación, el Río de Janeiro Futebol Clube, que hoy opera con el nombre Centro de Futebol Zico y mantiene una presencia educativa y deportiva en Brasil. Este proyecto promueve el desarrollo de jóvenes talentos y mantiene vínculos de cooperación con Flamengo, entre otras entidades, para enriquecer la estructura formativa y el intercambio de experiencias.

Selección nacional

Con la selección de Brasil, Zico acumuló 71 apariciones oficiales y marcó 48 goles, cifra que lo posiciona como uno de los máximos artilleros de su país en la era contemporánea. Entre sus logros internacionales destacan su participación en tres Copas Mundiales (1978, 1982 y 1986) y su presencia en la Copa América de 1979. Su debut con la absoluta se produjo el 25 de febrero de 1976, en la final de la Copa Río Branco, donde Brasil venció a Uruguay y él anotó el gol decisivo para la victoria.

Entre 1976 y 1986, el mediocampista ofensivo disputó un total de 71 encuentros oficiales y convirtió 48 goles, convirtiéndose en la segunda figura goleadora de la selección detrás de Pelé, aunque ese liderazgo sería superado más tarde por Romário. En los inicios de su carrera con la selección también participó en la fase de clasificación de los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, donde el entrenador Mario Zagallo decidió no convocarlo para la gran cita, un episodio que marcó de forma relevante su trayectoria y que influyó en su decisión de seguir activo en el juego pese a las dudas iniciales.

El primer gran torneo llegó en la Copa Mundial de 1978, disputada en Argentina. En su debut frente a Suecia partió como titular, pero vio cómo le anulaban un gol en los momentos finales. A partir de la tercera jornada, el técnico Cláudio Coutinho lo dejó en un rol de suplente, y durante la segunda fase se lesionó frente a Polonia, lo que afectó su participación en el choque por el tercer lugar. Brasil fue eliminado tras la fase de grupos, y ese periodo dejó una marca decisiva en su desarrollo como jugador de corte mundial.

La participación en la Copa Mundial de 1982 en España fue particularmente memorable: la selección brasileña, dirigida por Telê Santana, contaba con un plantel de lujo y Zico marcó goles determinantes frente a Escocia, Nueva Zelanda y Argentina, además de liderar al equipo hacia una campaña recordada por su estilo ofensivo. A pesar de la eliminación en la segunda fase, Zico fue incluido en el once ideal de la FIFA y recibió la distinción de mejor futbolista sudamericano en aquella edición. En 1986, pese a llegar con molestias por una lesión, participó en la fase final de la competición y, tras un tramo inicial de recuperación, integró el plantel para el choque de cuartos de final ante Francia, donde Brasil cayó en tanda de penaltis tras un fallo de Zico desde el punto de penalti. Su despedida internacional llegó tras esa cita mundialista, dejando una marca imborrable en la historia de la selección.

Carrera como entrenador

El primer contacto de Zico con la dirección técnica se dio como asesor de Mário Zagallo en la selección de Brasil durante la Copa Mundial de 1998. En ese periodo, una decisión relevante fue la no convocatoria de Romário para la cita, un hecho que generó tensiones entre las partes y que marcó una relación professional compleja para el futuro. Este episodio dio lugar a un aprendizaje y a una visión particular sobre las responsabilidades y decisiones técnicas en el contexto de una selección national.

A finales de la década de 1990, Zico asumió el rol de entrenador en el fútbol japonés, al frente del Kashima Antlers como técnico interino en agosto de 1999 para reconstruir la plantilla y revertir su mala posición en la liga. Su gestión se enfocó en la mejora de la estructura del equipo y, además de cumplir con los objetivos planteados, logró sentar las bases de una etapa nueva para el club y para la propia liga. Posteriormente, dejó el club para dirigir el Centro de Futebol Zico (CFZ), una experiencia que le permitió sugerir cambios organizacionales y, en particular, recomendó a Toninho Cerezo como sustituto para consolidar el proyecto a largo plazo.

En 2002, la Asociación Japonesa de Fútbol lo contrató para dirigir a la selección de Japón tras el Mundial, con la tarea de dotar al equipo de un estilo de juego más ofensivo y con mayor libertad de movimientos y pases cortos. Aunque los comienzos fueron difíciles, el trabajo dio frutos con la conquista de la Copa Asiática 2004 y se mantuvo al frente del equipo hasta la Copa del Mundo de 2006, donde Japón cayó en la fase de grupos frente a Brasil, Australia y Croacia. Este periodo reforzó la imagen de Zico como un entrenador capaz de adaptar su filosofía a distintos contextos y de mantener un proyecto de mejora continua.

En el tramo posterior, Zico se trasladó a la esfera de clubes europeos y de Asia, dirigiendo a Fenerbahçe en Turquía (2006–2008), luego a Bunyodkor en Uzbekistán (entonces conocido como Kuruvchi) y, más tarde, al CSKA de Moscú y al Olympiacos en Grecia. En cada una de esas experiencias, dejó huella por su capacidad para mantener una propuesta ofensiva y por su habilidad para gestionar plantillas con desafíos diversos. Sus etapas en Rusia y Turquia estuvieron marcadas por logros de liga y participar en competiciones continentales de alto nivel, aunque con resultados que variaron según el contexto y la competencia.

Anterior a su paso por Europa, Zico aceptó proyectos fuera de Brasil para promover la difusión del fútbol y su desarrollo técnico. Regresó a Brasil en 2010 para retomar un cargo directivo en Flamengo, aunque esa etapa estuvo marcada por diferencias con la dirigencia que llevaron a su salida en pocos meses. Entre 2011 y 2012 asumió la dirección técnica de la selección de Irak, en un periodo de cambios y ajustes contractuales, y en la temporada 2013–14 dirigió al Al-Gharafa de Catar. En 2014, volvió a una liga extranjera para dirigir al FC Goa de la Superliga de India, y en ese ciclo llevó al equipo a disputar la final del campeonato, que terminó en derrota frente al Chennaiyin FC.

Con el paso del tiempo, su carrera como entrenador continuó siendo un mosaico de experiencias internacionales, donde su enfoque de juego y su gestualidad de líder influyeron en varios proyectos. Aunque las etapas fueron diversas y a veces contradictorias, Zico dejó claro que su vocación iba más allá de obtener títulos: era también un agente de desarrollo, un promotor del talento joven y un embajador del fútbol como fenómeno social.

Otras consideraciones

Estilo de juego

En su naturaleza de mediapunta, Zico combinó una visión estratégica con una ejecución precisa. Su capacidad para interpretar el juego le permitió distribuir pases decisivos, sortear defensas con recursos técnicos y encajar remates en momentos clave. su dominio de los tiros libres lo convirtió en una amenaza constante desde cualquier distancia. En el ámbito colectivo, su inteligencia para organizar la jugada y su repertorio de regates lo distinguían como un referente de la generación que marcó la identidad del fútbol brasileño en esa era. Y aunque su estilo fue moldeado por cada club y competición, la esencia de su juego permaneció clara: creatividad, precisión y una lectura del ritmo que convirtió cada encuentro en una muestra de fútbol ofensivo.

  • Nombre completo: Arthur Antunes Coimbra
  • Apodo: Zico
  • Nacionalidad: brasileña
  • Principales clubes: Flamengo, Udinese, Kashima Antlers, Fenerbahçe, CSKA Moscú, Olympiacos
  • Selección nacional: Brasil
  • Roles destacados: mediapunta, entrenador, directivo

La vida profesional de Zico ha sido un itinerario de alianzas entre éxitos deportivos y una constante búsqueda de renovación. Su paso por Flamengo dejó una huella imborrable que hoy se recuerda como un referente de orgullo para la afición y para los jóvenes que sueñan con vivir del fútbol. Su experiencia internacional, con etapas en Italia, Japón, Turquía, Rusia, Catar, India y Oriente Próximo, proyectó su figura como uno de los embajadores más reconocidos del balompié mundial.

Imágenes de Zico