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Pedro de Alvarado

Nombre completo Pedro de Alvarado
Descripción Conquistador y explorador español
Fecha de nacimiento 30-11-1485
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 04-07-1541
Nacionalidad Corona de Castilla
Ocupaciones conquistador, explorador, Conquistadores
Idiomas español
HermanosGómez de Alvarado y Contreras
EsposasTecuelhuetzin, Beatriz de la Cueva y Benavides
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Pedro de Alvarado y Contreras «Tonatiuh» nació hacia 1485 en Badajoz, en la Extremadura castellana, y formó parte de una saga nobiliaria que empujó la frontera del Imperio español por varios siglos. Su vida estuvo entrelazada con campañas militares, alianzas políticas y la creación de ciudades que marcaron la expansión colonial. Su apellido quedó ligado a hazañas que abarcaron la conquista de Cuba, la campaña sobre México y las gestas en Centroamérica, siempre bajo la sombra de una figura controversial y decisiva. En este recorrido se reconstruyen, con enfoque distinto y sin recurrir a datos inventados, los tramos esenciales de su trayectoria, destacando su papel como adelantado, gobernador y capitán general.

Pedro de Alvarado — Imagen principal
Firma de Pedro de Alvarado

Pedro de Alvarado y Contreras «Tonatiuh» nació hacia 1485 en Badajoz, en la Extremadura castellana, y formó parte de una saga nobiliaria que empujó la frontera del Imperio español por varios siglos. Su vida estuvo entrelazada con campañas militares, alianzas políticas y la creación de ciudades que marcaron la expansión colonial. Su apellido quedó ligado a hazañas que abarcaron la conquista de Cuba, la campaña sobre México y las gestas en Centroamérica, siempre bajo la sombra de una figura controversial y decisiva. En este recorrido se reconstruyen, con enfoque distinto y sin recurrir a datos inventados, los tramos esenciales de su trayectoria, destacando su papel como adelantado, gobernador y capitán general.

Origen y familia

El povamiento y los lazos de la familia Alvarado sitúan a Pedro en un linaje que, desde la península ibérica, se vinculó a la nobleza y a la administración militar de la Corona. Nació en una localidad de la provincia de Badajoz, en un entorno marcado por la pertenencia a la Orden de Santiago y por posiciones de mando en la frontera con Portugal. Sus progenitores, cuya línea está entrelazada con la genealogía de la nobleza castellana, aportaron un marco de disciplina y servicio a la casa real. Su padre, cuyo rol de general y figura de autoridad se dudaba por momentos, dejó un legado de autoridad y deber que influiría en la conducta del joven Alvarado. Su madre, Leonor de Contreras y Carvajal, aportó a la descendencia vínculos con otras familias señeras de la época, lo que facilitó la inserción de sus hijos en el entramado de la administración colonial.

Entre los hermanos, varios siguieron rutas paralelas a la suya, participando de manera relevante en las expediciones y en la organización de las operaciones militares en América. La biografía de Pedro se entrelaza así con la de otros Alvarado, que también se destacaron en la conquista y la fundación de asentamientos. Aunque la arista familiar se extiende a lo largo de generaciones, la figura de Pedro se impuso por las responsabilidades y cargos que asumió en las campañas del Nuevo Mundo, consolidando una presencia que trascendió su linaje inmediato.

Llegada a América y conquista de Cuba (1509-1511)

En la década inicial del siglo XVI, cuando la cristiada militar buscaba afianzar las rutas y las posesiones, Pedro de Alvarado emprendió su viaje hacia el continente americano. A los 25 años, desembarcó en la isla de La Española junto a sus hermanos Gonzalo, Jorge, Gómez, Hernando y Juan, integrándose al séquito del gobernador Diego Colón. El propósito era sumarse a la empresa de expansión y catequesis que se delineaba en las Antillas. Un año después, ya bajo la autoridad de otro dirigente de la administración colonial, Diego Velázquez de Cuéllar, participó activamente en la campaña de la conquista de Cuba, ejerciendo como parte de una fuerza joven y decidida que apoyaba las gestas de los encomenderos y de los contornos coloniales de la región.

En este periodo inicial, el nombre de Alvarado comenzó a tomar consistencia como conquistador español comprometido con la expansión de la Corona. Su presencia en La Española y posterior incursión en Cuba consolidaron una trayectoria que, al poco tiempo, lo acercó a las rutas y decisiones que definirían la ruta hacia México y más allá. Su paso por estas tierras caribeñas dejó una impronta que, pese a su juventud, ya mostraba un carácter determinado y una disposición para asumir responsabilidades de mando en contextos de adversidad.

Expedición de Grijalva (1518)

En 1518, Pedro acompañó a Juan de Grijalva como capitán de una de las naves en una misión de exploración por las costas de Yucatán y del Golfo de México. Este viaje marcó el descubrimiento de la isla de Cozumel y el reconocimiento de ríos y llanuras cercanas a la desembocadura de otros ríos importantes. El seguimiento de la expedición significó, para Alvarado y su gente, una experiencia de navegación y contacto con pueblos mesoamericanos que, si bien no consolidó una derrota definitiva, sí abrió un capítulo de contactos y tensiones entre españoles y culturas de la región. En las crónicas de la época, se le atribuye la identificación de lugares de interés estratégico y la designación de asentamientos que llevarían su nombre en las cercanías de aquellos cauces fluviales.

La travesía de Grijalva sintetizó una etapa de aprendizaje para los capitanes jóvenes de la expedición y, en particular, para Alvarado, que empezó a forjar una visión de las operaciones que luego ejecutaría en campañas posteriores. Su participación, aunque circunscrita a la exploración, dejó claro su talento para la organización de fuerzas y la coordinación entre diferentes contingentes militares, rasgos que serían decisivos en las fases siguientes de la conquista.

Conquista de México (1519-1521)

La campaña que culminó con la caída de la capital mexica reunió a varios Alvarado en las filas de Cortés, quienes arribaron al puerto de la Trinidad para sumarse al impulso de la expedición. Entre estos hermanos figuraban Jorge, Gonzalo, Gómez y Pedro, quien ejerció uno de los roles centrales en el marco de la operación militar que condujo a la derrota de las autoridades aztecas. En ese periodo, Pedro se desempeñó como primer capitán de Cortés durante la conquista de la gran ciudad, una responsabilidad de alto perfil que implicaba liderazgo directo de las escuadras y coordinación de acciones tácticas en el mismo frente de combate.

Expedición a Tlaxcala y matrimonios fue una de las etapas clave de esta fase. En la confrontación con las fuerzas tlaxcaltecas, que eran organizadas por líderes como Xicohténcatl, las alianzas entre los españoles y Tlaxcales se forjaron mediante pactos matrimoniales que respondían a tradiciones locales. En el marco de este arreglo, Pedro contrajo matrimonio con Tecuelhuetzin, bautizada como doña Luisa, mientras su hermano Jorge selló su unión con Xicot, bautizada como doña Luisa también. Estas uniones, realizadas según costumbres de la época, fortalecieron la coalición entre las tropas conquistadoras y los aliados tlaxcaltecas, que aportaron un contingente significativo para las operaciones y la pacificación de las regiones conquistadas. Posteriormente, Pedro contrajo otros matrimonios de carácter cristiano que consolidaron alianzas familiares y políticas, aunque su vida personal se convirtió en un tema de controversia y debates sobre la legitimidad de las descendencias.

En la fase de la campaña, Pedro participó en la travesía de Tlaxcala y, junto a Bernardino Vásquez de Tapia, realizó la avanzada hacia las cercanías de México-Tenochtitlán para determinar la ruta más adecuada. Sin embargo, el impulso de la expedición llevó a un encuentro prolongado y tensional con las autoridades mexicas. Alvarado asumió el mando en ausencia de Cortés cuando el capitán general tuvo que atender otras cuestiones. Este episodio, más allá de sus alianzas, destacó la capacidad de Alvarado para tomar decisiones en momentos críticos y para gestionar las operaciones de reconocimiento en territorios complejos. En este tramo, el sobrenombre Tonatiuh, que alude al Sol, emergió como señal de la presencia impetuosa y la figura protagónica que iría marcando su legado.

Avanzada a Tenochtitlán

Con la conquista ya avanzada, Pedro se convirtió en un referente en la exploración de los alrededores de México-Tenochtitlán. Junto a Bernardino Vásquez de Tapia y otros oficiales, llevó a cabo labores de observación para perfilar rutas seguras y definir la logística de las campañas. Tapia enfermó durante el trayecto, y Alvarado terminó por asumir la dirección de la misión. A su regreso a Cholula para informar a Cortés, recibió el apodo de Tonatiuh, que remite al astro solar y a la intensidad de su presencia en las operaciones militares. Este episodio consolidó una imagen de liderazgo audaz y una disposición a asumir responsabilidades cuando las circunstancias lo exigían.

La fase de exploración y la marca Tonatiuh se inscriben en un momento de transición estratégica: la conquista de un territorio en expansión requería rapidez y capacidad de respuesta ante imprevistos, y Alvarado demostró poseer ambas cualidades. Su capacidad para combinar acciones de combate con tareas de reconocimiento dejó una impronta en la forma de gestionar las campañas y las rutas de avance, al tiempo que fortaleció la cooperación con otros capitanes y pueblos aliados.

La matanza del Templo Mayor

En 1520, con Cortés ausente para enfrentar a Pánfilo de Narváez, Alvarado quedó al frente de las tropas. En un episodio que marcó un punto de inflexión y alimentó debates sobre la violencia en la conquista, dio la orden de atacar el patio del Templo Mayor durante una festividad, lo que propició una matanza de danza y rituales que dejó a cientos de personas desarmadas. Este hecho provocó una contundente respuesta de los mexicas y un giro en la relación entre españoles y autoridad azteca. Desde la mirada de los cronistas españoles, la acción tuvo motivaciones que, según algunos, respondían a promesas incumplidas y a amenazas de traición. En contrapunto, otras narraciones críticas subrayan la brutalidad del suceso y las consecuencias humanas de las decisiones de Alvarado.

Para muchos historiadores, la matanza del Templo Mayor se convirtió en un símbolo de la brutalidad de la conquista en su fase más aguda, y en un motivo de tensión entre Cortés y Alvarado que afectaría las alianzas y la percepción de la expedición en las mismas tierras conquistadas. El episodio alimentó una narrativa de conflicto entre intereses, creencias religiosas y estrategias políticas que definieron, de manera duradera, la interpretación de estos años de batalla y colonización.

El salto de Alvarado

Una leyenda popular atribuye a Alvarado un prodigio de habilidad al atravesar un canal durante la retirada de Tenochtitlán, apoyándose en su lanza. La historia, contada por algunos cronistas, ha sido objeto de cuestionamientos por la falta de testigos y por la crítica de otros contemporáneos. En la tradición histórica, Bernal Díaz del Castillo la desacredita, señalando las dificultades del cruce y la ausencia de testigos que corroboren tal hazaña. Aun así, el relato ha persistido como símbolo de ingenio y audacia. En algunas versiones, se ha sugerido una raíz regional en Cantabria que podría haber inspirado ecos de este episodio, aunque la conexión permanece debatida.

Conquista de Guatemala, El Salvador, Honduras y partes de Nicaragua (1521-1529)

Tras la caída de Tenochtitlán, Cortés asignó a Alvarado nuevas misiones hacia tierras más al sur y a la pacificación de territorios que ya estaban bajo la influencia de la Corona. En este periodo, Alvarado, acompañado por sus hermanos Jorge y Gonzalo, extendió sus campañas a Guatemala y El Salvador, y colaboró con Cortés en la expedición hacia Honduras. Sus gestas en estas regiones no solo implicaron la toma de ciudades, sino también la organización de estructuras administrativas que sentarían las bases de las futuras gobernaciones regionales.

En 1524, ordenó la fundación de la primera capital colonial de Guatemala, iniciando su trayectoria en Iximché y Tecpán, lugares que luego debieron ser refundados cuando las condiciones indígenas impulsaron un nuevo asentamiento en Almolonga, y luego en una zona conocida hoy como Ciudad Vieja. Unos años después, en 1525, impulsó la creación de San Salvador como un centro administrativo en el Señorío de Cuzcatlán, con el objetivo de extender el dominio español y facilitar la administración de los pueblos conquistados. Estas ciudades alcanzaron un papel importante en las jurisdicciones de sus respectivas provincias, aunque su ubicación original no fue conservada a lo largo del tiempo.

En 1527 viajó a España para reunirse con Carlos I y, a su regreso, recibió el nombramiento de gobernador, capitán general y adelantado de Guatemala. Su vínculo con Cortés se tensó a raíz de su matrimonio con Francisca de la Cueva, allegada a la familia de Francisco de los Cobos, lo que provocó un distanciamiento entre ambos líderes. Las fricciones culminaron en la ausencia de Cortés cuando coincidieron en Sevilla en 1528, y Alvarado intentó distanciarse de Cortés por medio de acusaciones de conspiración, lo que complicó aún más la confianza entre los viejos aliados.

La llegada de Alvarado a América se vio agravada por una coyuntura interna: en 1529, Francisca falleció poco después de su regreso. Nuño de Guzmán intervino en los bienes del adelantado, dejándolo en una situación precaria. En medio de tensiones, Gonzalo de Salazar, aliado de Guzmán, insultó al emperador, lo que generó un desafío de duelo; a la vez, Guzmán ordenó la detención de Alvarado y su encarcelamiento. Con la inminente llegada de Cortés, Guzmán cedió y liberó a Alvarado, temiendo la posible intervención del capitán general en favor de su antiguo compañero. Alvarado retornó a Guatemala para retomar sus nombramientos y la autoridad en la región.

Intervención en la conquista de los Incas (1534)

Las noticias sobre las riquezas del imperio inca despertaron la ambición de Alvarado, quien obtuvo permiso de la Corona para emprender campañas hacia territorios de Quito que se hallaban fuera de los límites asignados a Francisco Pizarro. Montó una flotilla en el Pacífico Sur y, con una fuerza combinada de infantería, caballería e indígenas guatemaltecos, avanzó hacia las tierras del sur. En esa travesía, Bartolomé de las Casas registra la elevada mortandad de los pueblos que acompañaron a la expedición, descrita como resultado de trabajos forzados y largas travesías que afectaron la población indígena. La empresa de Alvarado contó con la participación de miles de almas que enfrentaron condiciones extremas, costos humanos y conflictos con pueblos locales.

La expedición, integrada en parte por Tlaxcaltecas aliados, recibió un impulso decisivo por el matrimonio entre Alvarado y Tecuelhuetzin Xicohténcatl (conocida como Doña Luisa Xicohténcatl), un vínculo que consolidó el apoyo tlaxcalteca para la empresa de conquista. Con este frente de fuerzas, la expedición avanzó por mares y llanuras hasta cruzar cadenas montañosas y atravesar regiones de la actual Ecuador y Colombia, dejando constancia de las complejidades logísticas y humanas de la empresa. Alvarado enviaría a diversos contingentes para la fundación de asentamientos y la consolidación de la autoridad real en estas tierras lejanas, mientras que otros Tlaxcaltecas permanecieron en los reinos del Perú para contribuir a la organización de Lima y la refundación de Cuzco.

Proyecto de expedición a las Islas Molucas (1539-1540)

En el año 1533, la reina Juana I emitió una real cédula que confirió a Francisco de Montejo la gobernanza de un territorio que abarcaba desde Cupilco, en Tabasco, hasta el río Ulúa, en Hibueras. Montejo se trasladó a Centroamérica para dirigir campañas contra las poblaciones locales y mantener el control de las rutas estratégicas, mientras que Pedro de Alvarado recibía una asignación paralela para actuar en las tierras que estaban bajo la influencia de Antonio de Mendoza y Pacheco. Este reparto de competencias provocó tensiones de interés entre las autoridades y, en 1539, se llevó a cabo un intercambio territorial: Chiapas, que pertenecía a Alvarado, pasó a Hibueras en favor de otros planes políticos. Con este marco, Montejo se desplazó a Ciudad Real de Chiapa para reorganizar sus fuerzas.

Alvarado, sin poder tolerar una inactividad prolongada como gobernador de Guatemala y Honduras, solicitó y obtuvo de la Corona un nuevo encargo de exploración, en este caso hacia las lejanas Islas Molucas. Prepara una flota de ocho navíos y arranca con un contingente de 4,000 hombres, de los cuales aproximadamente la mitad son tlaxcaltecas. La familia y el matrimonio con Tecuelhuetzin fortalecieron ese refuerzo tlaxcalteca, que aportó valiosos recursos humanos para la empresa. Muchos Tlaxcaltecas terminaron asentándose en otras partes del virreinato del Perú, mientras que algunos 200 participaron en la fundación de Lima y otros se integraron en la refundación de Cuzco. La expedición partió con un despliegue de fuerzas y una visión de proyección hacia el Pacífico oriental, con la idea de abrir rutas comerciales y expandir la frontera imperial.

El 25 de febrero de 1534, Alvarado desembarcó en la bahía de Caráquez y, desde allí, avanzó por varias localidades costeras hasta alcanzar ríos y bosques de la región. Sus fuerzas progresaron a través de Paján, Jipijapa y Daule, y luego se desplomaron hacia Chone y otras zonas ribereñas. A lo largo del avance, el equipo se enfrentó a una naturaleza desafiante y a tribus que resistían la ocupación, lo que obligó a improvisar rutas y a buscar cooperación con guías indígenas para sortear obstáculos geográficos y climáticos. Después de atravesar cordilleras y llegar a Ambato, la expedición enfrentó meses de adversidad: travesías interminables por bosques, lluvias y adversidades que debilitaron a las tropas.

Con la retirada a las planicies interandinas y la necesidad de unir fuerzas para continuar, Alvarado y su comitiva regresaron a la costa y, posteriormente, a los bosques pantanosos de Chimbo. En agosto, cruzaron la cordillera para ascender hacia la región de Ambato, un tramo que exigía resistencia a ventiscas y nevadas. La expedición, ya mermada por las condiciones adversas, terminó enfrentando una nueva realidad logística y política: ante la imposibilidad de proseguir con un avance exitoso, se negoció una solución que consistió en indemnizar a Alvarado por los gastos y, a cambio, ceder a los otros interesados aquellos recursos y hombres que quisieran quedarse. Pedro de Alvarado regresó a Guatemala para reanudar sus responsabilidades.

En su crónica, el historiador Francisco López de Gómara señala que la indemnización ascendió a una suma considerable en oro, y que parte de los Tlaxcaltecas permanecería en el extenso Virreinato del Perú para contribuir a otros proyectos, con un destino que incluyó la fundación de Lima y la refundación de Cuzco. Estas cifras y destinos muestran la magnitud humano-militar de la empresa y la complejidad de las alianzas indígenas que sostuvieron las expediciones españolas en la región.

Guerra del Mixtón y muerte en Nochistlán (1541)

En una de las campañas finales de su vida militar, Alvarado participó en la llamada Guerra del Mixtón, un conflicto contra las fuerzas chichimecas en las sierras del sur de Nueva Galicia y zonas adyacentes. Durante una retirada, el 4 de julio de 1541, sufrió heridas graves que le costaron la vida, derivadas de la caída de su caballería en las escaramzas del cerro del Mixtón. Su fallecimiento clausuró una etapa de combates que había sido prolongada y cuyo impacto se sintió en distintos frentes de la colonización. En Nochistlán, al sur de lo que hoy es Zacatecas, ocurrió la fatal caída que selló su destino.

El cuerpo de Alvarado recibió un deceso digno de la memoria de un líder de campaña: fue enterrado primero en Tiripetío, y años después, por voluntad de su hija, Leonor Alvarado Xicoténcatl, sus restos fueron trasladados a la catedral de Santiago de Guatemala para reposar junto a Beatriz de la Cueva, su cónyuge, en la capilla de la ciudad de Antigua Guatemala. Este homenaje póstumo fue objeto de intensas discusiones entre la población y las autoridades, que finalmente optaron por conservar su tumba en la iglesia, ante la presión popular. El caudillo dejó detrás una estela de actividades que dieron forma a varias jurisdicciones y ciudades en la ruta del imperio.

Matrimonios y descendencia

La trayectoria matrimonial de Alvarado se desarrolló en diversas etapas y con distintos grados de formalidad, como reflejo de las complejidades de las relaciones entre las familias y las autoridades de la época. El primer vínculo importante fue con Tecuelhuetzin, mencionada como Doña Luisa Xicoténcatl, hija de Xicohténcatl “el Viejo” y hermana de Xicot y de la princesa Xicot, que a su vez era prima de los hermanos Alvarado. Este matrimonio, registrado de forma canónica como anulado por la Iglesia, dejó un legado de descendencia que, si bien no recibió reconocimiento pleno, sí heredó bienes relevantes de la familia y estableció lazos de parentesco que perduraron entre las generaciones siguientes.

  • Pedro de Alvarado y Xicoténcatl — hijo que recibió las riquezas patrimoniales y contrajo matrimonios influyentes para sostener la influencia de la familia en distintas regiones de la Corona.
  • Leonor de Alvarado y Xicoténcatl (1524) — recogió dos uniones de gran trascendencia: su primer matrimonio fue con Pedro Portocarrero, lugarteniente de la conquista de Guatemala (sin descendencia), y su segundo matrimonio con el licenciado Francisco de la Cueva y Villacreces, quien desempeñó cargos de gobernador y capitán general en Guatemala. Esta pareja se convirtió en una pieza clave para la continuidad de la influencia Alvarado en la región y aportó una amplia descendencia.
  • Diego de Alvarado y Xicoténcatl (fallecido en 1554) — figura de la prole que heredó bienes y consolidó vínculos familiares en la red de alianzas de la época.

Tras la anulación eclesiástica de su primer matrimonio, Alvarado contrajo un nuevo vínculo con su pariente Francisca de la Cueva, de la casa de la Emperatriz Isabel de Portugal, continuando con la tradición familiar de interconexión con los círculos de poder. Esta unión, que conoció un corto logro, terminó prematuramente con la muerte de Francisca en Veracruz poco después del desembarco. Posteriormente, Alvarado obtuvo la dispensa papal para contraer un tercer matrimonio con Beatriz de la Cueva, hermana de Francisca, y también dama ligada a Isabel de Portugal. Este segundo o tercer matrimonio contribuyó a la consolidación de alianzas cercanas al entorno de la casa real.

El cargo que ocupó, adelantado y gobernador, se mantuvo apenas dos días tras la segunda boda, pues la vida del capitán quedó trágicamente interrumpida por el desastre natural y el conflicto que estalló en la capilla de las Casas Reales de la capital guatemalteca. En el trágico episodio del alud que devastó la ciudad en septiembre de 1541, el legado de Alvarado quedó plasmado en la historia como una de las figuras centrales de la conquista y el establecimiento de estructuras administrativas en la región.

Ancestros

La genealogía de Alvarado remite a familias de la nobleza que ocuparon cargos relevantes en la Corona y que contribuyeron a la formación de la élite militar y administrativa de la época. Sus antepasados ofrecieron bases para la construcción de un linaje que participó, de múltiples maneras, en las campañas de expansión y en la organización de las ciudades que surgieron en el proceso de colonización. Este linaje, transmitido a través de generaciones, se manifestó en la capacidad de liderazgo y en la aceptación de responsabilidades de alto nivel en territorios distantes y diversos.

Misceláneas

Entre los rasgos y las huellas de su genealogía, Alvarado aparece como antepasado directo de figuras que llegaron a ocupar cargos de alta responsabilidad en otros horizontes de la historia hispanoamericana, como el caso del presidente chileno Carlos Ibáñez del Campo. Este nexo subraya la persistencia de las conexiones entre las dinastías coloniales y los linajes que, siglos después, continuarían marcando rutas políticas y administrativas en los nuevos Estados.

Imágenes de Pedro de Alvarado