Fernando María de Ybarra y de la Revilla
| Nombre completo | Fernando María de Ybarra y de la Revilla |
|---|---|
| Nombre nativo | Fernando María de Ybarra y de la Revilla |
| Descripción | Spanish politician (1875-1936) |
| Fecha de nacimiento | 30-06-1875 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 25-09-1936 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | político, industrial |
| Idiomas | español |
| Hermanos | Gabriel María Ybarra de la Revilla, Gabriel María Fernando Fructuoso de Ybarra y de la Revilla, Emilio Ybarra de la Revilla, Amelia María Irene Virginia de Ybarra y de la Revilla, Gregorio Ybarra y de la Revilla |
| Esposas | María de los Angeles Dominga de Oriol y Urigüen |
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Fernando María de Ybarra y de la Revilla nació en Santander el 30 de junio de 1875 y falleció en Bilbao el 25 de septiembre de 1936. Abogado de formación, desempeñó labores parlamentarias encuadradas en el Maurismo y las filas conservadoras de Vizcaya; recibió el rango de Marqués de Arriluce de Ybarra y, durante la Guerra Civil, encontró la muerte junto a su hijo. Su biografía combina ámbitos empresariales, periodísticos y una militancia monárquica sostenida a lo largo de varias décadas.
Fernando María de Ybarra y de la Revilla nació en Santander el 30 de junio de 1875 y falleció en Bilbao el 25 de septiembre de 1936. Abogado de formación, desempeñó labores parlamentarias encuadradas en el Maurismo y las filas conservadoras de Vizcaya; recibió el rango de Marqués de Arriluce de Ybarra y, durante la Guerra Civil, encontró la muerte junto a su hijo. Su biografía combina ámbitos empresariales, periodísticos y una militancia monárquica sostenida a lo largo de varias décadas.
Biografía
Origen familiar
El linaje de Fernando María de Ybarra y de la Revilla nace en el contexto vizcaíno, con padres llamados Fernando Luis Ybarra Arámbarri (nacido en Bilbao en 1844) y María Nicolasa de la Revilla Ingunza (probablemente nacida en Santander en 1854). La pareja contrajo matrimonio en Bilbao en 1873, en la parroquia de Santiago, y desde entonces cimentaron una trayectoria de arraigo familiar en la región. Quedó huérfano de padre en 1888, a los trece años, cuando estudiaba en Bilbao; por esa coyuntura, su destino quedó a cargo de su tío José de Vilallonga, casado con la hermana de su padre, Rafaela Ybarra y Arámbarri, conocida por impulsar obras filantrópicas.
La relación con su familia y su entorno inmediato configuraron, desde temprano, un sentido de deber social y de responsabilidad ante la vida pública. En esta etapa central de su formación, recibió la influencia de una dinastía que alternaba la responsabilidad empresarial con la dedicación cívica, rasgos que posteriormente permeaban su propio recorrido político y social.
Estudios
Después de completar el bachillerato, inició estudios en Filosofía y Letras y en Derecho en la Universidad de Deusto, para luego completar la formación universitaria en la Universidad de Salamanca. En junio de 1897 obtuvo la licenciatura en Filosofía y Letras con aprobación, y ese mismo año culminó la licenciatura en Derecho con una calificación sobresaliente. Más allá de las aulas, se mantuvo estrechamente ligado a la Universidad de Deusto, y participó como miembro de la Fundación Vizcaína Aguirre, promotora de la Universidad Comercial de Deusto en 1916.
La trayectoria académica le dejó una visión amplia que conjugaba humanidades y derecho, un marco que después alimentaría su actividad en el mundo empresarial y político. En esa misma época, su vinculación con instituciones regionales fortaleció su perfil como figura influyente en la vida cultural y educativa de la zona.
Altos Hornos de Vizcaya y Liga Vizcaína de Productores
El padre ocupó un cargo en el consejo de Altos Hornos de Vizcaya, y el joven Fernando fue nombrado, con apenas 23 años, vocal del consejo en pleno cambio de siglo, cuando falleció su tío. En mayo de 1901 asumió la tarea de integrar la comisión delegada de la empresa, en reemplazo de quien había sido director general de Obras Públicas. Con la fusión de la compañía para formar Altos Hornos de Vizcaya, pasó a ocupar un puesto de consejero en la nueva entidad. Paralelamente ingresó a la Liga Vizcaína de Productores (LVP) como socio personal en 1899 y, entre 1902 y 1905, ejerció funciones de contador.
En la LVP participó activamente junto a destacados industriales, mediando ante el gobierno en 1903 para impulsar una revisión arancelaria previa a la firma de tratados comerciales. Además ocupó la presidencia de la Hidroeléctrica Ibérica y de la Hidroeléctrica Española, consolidando una trayectoria marcada por la gestión empresarial y la colaboración con sectores estratégicos de la industria.
Diputado
En las elecciones de 1907 obtuvo el escaño de diputado por Bilbao, superando a rivales relevantes y acumulando una votación amplia. Este triunfo se forjó en un marco de coaliciones segmentarias que involucraban a carlistas, nacionalistas y católicos, y se produjo pese a presiones del Partido Nacionalista Vasco que pidió la retirada de la candidatura. En las elecciones de 1910 repitió como diputado, esta vez por Baracaldo, consolidando su presencia en el Congreso. Más adelante, en una elección parcial de 1919, accedió al Congreso de los Diputados por Villarcayo, sustituyendo a un colega y obteniendo una significativa cantidad de votos en una votación reducida.
Durante estos mandatos, su perfil político respondió a un conservadurismo dinámico, con alianzas que atravesaron el espectro de la derecha y una defensa de instituciones y tradiciones frente a corrientes reformistas. Su permanencia en la vida parlamentaria mostró un compromiso con la representación regional y con un marco jurídico que equilibraba intereses industriales y sociales.
Partido Conservador y prensa afín
La derrota electoral de los dinásticos en 1909 favoreció la llegada de una visión monárquica a Vizcaya, que dio origen a una estructura partidista propia. Junto a figuras como el conde de Aresti y otros aliados, colaboró en la creación del Partido Conservador de Vizcaya, cuyo acto fundacional tuvo lugar en un emblemático espacio teatral de la ciudad. Su elección como presidente de este partido se mantuvo hasta 1916, año en que decidió apartarse por sentir que no contaba con el respaldo suficiente.
Paralelamente participó en la fundación de publicaciones como Luz y taquígrafos y, de modo más destacado, El Pueblo Vasco, en las que se reflejaba una línea política claramente católica y dinástica. Estas plataformas funcionaron como altavoces del conservadurismo y, en el ámbito local, fortalecieron la cohesión de las juventudes vinculadas a la causa Maurista. En 1910, por su papel público, recibió el título de Gentilhombre de cámara con ejercicio, una distinción que consolidó su vínculo con la Corona.
Durante la Gran Guerra
Con estallido de la Gran Guerra, su condición de importante empresario y su actividad en el Banco de Vizcaya lo situaron como garante de operaciones del Banco de España, aportando su capital personal para sostener la estabilidad financiera en tiempos turbulentos. Entre 1914 y 1916 continuó activo como diputado maurista en Cortes, combinando su labor legislativa con la presidencia del Real Sporting Club de Bilbao y su protagonismo en la Liga Vizcaína de Productores. También participó en el Consejo de Patronos de la naciente Universidad Comercial de Deusto y figuró en actos de homenaje a figuras destacadas, como Francisco Cambó.
Esta etapa consolidó su papel como nexo entre la iniciativa privada, la vida cultural y la representación política regional, fortaleciendo su capacidad para influir en decisiones que afectaban a la industria regional y al ámbito universitario.
Liga de Acción Monárquica
En los años finales de la década de 1910, durante un acto de desagravio celebrado en Archanda, defendió la lealtad al monarca y la necesidad de unidad entre las fuerzas dinásticas. Es así como articuló la Liga de Acción Monárquica, que, al consolidarse en el centro maurista de Bilbao, envió un telegrama al gobierno con firmas entre las que figuraba Fernando María de Ybarra.
El reconocimiento de la Corona no tardó: el 6 de noviembre de 1918, el rey Alfonso XIII le concedió el título de marquesado de Arriluce de Ybarra, reafirmando su estatus dentro de la aristocracia y la estructura política conservadora. Este honor marcó una cota alta en su carrera pública y reforzó su liderazgo en Vizcaya.
Renovación Española, Guerra Civil y Cabo Quilates
Con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera, su actividad política se distanció de la escena pública. Durante la Segunda República, evolucionó hacia una postura más conservadora y se integró en la Renovación Española, movimiento monárquico fundado por Antonio Goicoechea en 1933. Desde esa organización participó en la conspiración que buscaba derrocar al régimen republicano y fue designado tesorero de la trama golpista, en una función autorizada por José Calvo Sotelo tras el triunfo del Frente Popular en 1936.
Antes de la sublevación de julio de 1936, se hallaba en Sevilla asistiendo a una boda cuando recibió la noticia de lo que venía. Se trasladó a Bilbao y fue detenido poco después. El 25 de septiembre de 1936, tras un ataque aéreo, fue llevado a cabo el trágico trazo que culminó con la muerte de él, de su hijo y de dos sobrinos en Cabo Quilates, en un episodio de represalia que dejó una marca profunda en la historia de la familia. Un testigo presenció cómo, al pasar lista, un soldado exclamó la existencia de más Ybarras, dejando constancia de la memoria de la intervención.