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Hernando Pizarro

Nombre completo Hernando Pizarro
Descripción Conquistador español y teniente de gobernador general del Cuzco
Fecha de nacimiento 01-01-1502
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 01-01-1578
Nacionalidad España
Ocupaciones explorador, conquistador
Idiomas español
HermanosFrancisco Pizarro, Gonzalo Pizarro, Juan Pizarro
EsposasFrancisca Pizarro Yupanqui
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En Trujillo, Extremadura, Hernando Pizarro nació a principios del siglo XVI dentro del entramado familiar que movería los hilos de la conquista. Su vida, vinculada estrechamente a la figura de su hermano mayor Francisco, se desarrolló en un marco de ambición, batallas y decisiones que trascendieron el ámbito personal para adquirir un carácter histórico. Este relato propone una visión renovada de sus actos, sus tecnologías de liderazgo y las controversias que lo persiguieron a lo largo de décadas, tanto en el Perú conquistado como en la península ibérica.

Hernando Pizarro — Imagen principal

En Trujillo, Extremadura, Hernando Pizarro nació a principios del siglo XVI dentro del entramado familiar que movería los hilos de la conquista. Su vida, vinculada estrechamente a la figura de su hermano mayor Francisco, se desarrolló en un marco de ambición, batallas y decisiones que trascendieron el ámbito personal para adquirir un carácter histórico. Este relato propone una visión renovada de sus actos, sus tecnologías de liderazgo y las controversias que lo persiguieron a lo largo de décadas, tanto en el Perú conquistado como en la península ibérica.

Biografía hasta ser comendador de la Orden de Santiago

Origen familiar y primeros años

El linaje de Hernando Pizarro se remonta a una estirpe de origen capitular y militar. Fue el único hijo varón reconocido legalmente de Gonzalo Pizarro Rodríguez de Aguilar, conocido como “el Largo” o “el Romano”, y de Isabel de Vargas y Rodríguez de Aguilar, con quienes compartía un parentesco lejano. En la vida pública, sus hermanos por la línea paterna —Francisco, Gonzalo y Juan Pizarro— aparecerían junto a él en las crónicas de la empresa americana, todos ellos nacidos fuera del matrimonio y por ello designados como bastardos, una etiqueta que en su tiempo no restaba, sino que subrayaba la tensión social y la aspiración de poder que movía a la familia.

Hernando recibió una educación notable para la época, y desde joven se integró en la milicia. Tomó parte en las contiendas italianas y en operaciones de conquista en Navarra, donde obtuvo el rango de capitán. A la muerte de su padre en 1522 se le encomendaron responsabilidades testamentarias: velar por la educación de sus hermanos menores y garantizar su futuro dentro de la empresa familiar. Esta responsabilidad temprana anticipó su destino: la unión entre deberes familiares y ambiciones políticas y militares.

En 1529, mientras residía en su ciudad natal, recibió la inesperada visita de su hermano mayor, Francisco Pizarro, ya consolidado como explorador experimentado en las tierras recién conquistadas. Francisco les propuso emprender una nueva expedición hacia América, y sus planes contaron con el apoyo de la familia para acompañarlo en 1530, con el objetivo de aprovechar la riqueza que parecía latir en el Imperio incaico. Esta decisión transformaría la vida de Hernando y de sus hermanos, abriéndoles una vía de ascenso y conflicto que definiría la historia del Virreinato peruano.

Conquista del Perú

En aquella época, Hernando Pizarro destacaba por una estatura imponente y un carácter dominador, rasgos que le granjearon tensiones con Diego de Almagro, socio de Francisco en la empresa conquistadora. El antagonismo entre ambos sería uno de los motores de los acontecimientos que siguieron, marcando un conflicto de intereses que perduró durante años. A la cabeza del tercio de campaña de Francisco, Hernando se ganó un lugar de relevancia en varias operaciones arriesgadas, afianzando su posición como pieza clave de la expedición hacia el corazón del territorio incaico.

La columna de asistentes liderada por Francisco Partió hacia Cajamarca, y allí Hernando junto con Hernando de Soto desplegaron una audacia que resultó decisiva: la captura de Atahualpa en una acción que permanecería en la memoria histórica como un punto de inflexión. En esa empresa, el cargo de capitán de jinetes acompañó a su egreso de la fase más arriesgada de la campaña, dejando constancia de su decisión de actuar con rapidez ante un simulacro de reconciliación que terminó convirtiéndose en una victoria que resonó a lo largo de los años.

Durante la etapa de rescate, Hernando asumió una misión de gran dificultad: dirigirse al recinto sagrado de Pachacámac con apenas veinte jinetes para tratar de localizar el metal precioso escondido allí por sacerdotes incas. En aquella coyuntura demostró una capacidad de liderazgo que, frente a la presencia de Chalcuchímac al mando de las fuerzas enemigas, supo organizar a sus tropas y garantizar una salida exitosa, un logro que consolidó su reputación entre los mandos españoles. Al regresar al campamento, volvió a recibir el reconocimiento por la osadía demostrada, al traer consigo una carga de oro y un alto mando incaico prisionero.

Sin embargo, la llegada de Almagro al Cajón de Cajamarca, con un contingente creciente, desató viejos resentimientos entre los dos bandos y dejó entrever la fragilidad de la alianza entre Francisco y sus socios. Las tensiones no tardaron en escalar, y el ambiente pronto se convirtió en una especie de preludio de la futura desavenencia que marcaría la historia de la conquista y sus consecuencias para todos los implicados.

Vuelta a España y caballero de Santiago

En el corredor de la política internacional, la decisión de enviar a Hernando Pizarro a España respondió a la necesidad de justificar ante la corte los logros obtenidos y de consolidar el respaldo a la causa pizarrista frente a la creciente oposición de Almagro. Con la encomienda de entregar el quinto real de la conquista y de defender los intereses de su linaje, el viaje a la Península se convirtió en una misión diplomática y propagandística orientada a asegurar títulos y cargos para los participantes en la empresa.

Durante la travesía por la ruta española, el capitán redactó una crónica extensa enviada a los oidores de Santo Domingo, cuyo documento, de estilo casi crónico, ofrece una mirada detallada a los sucesos de descubrimiento y conquista en el Perú. Al arribar a Espańa, la atención generada por su colección de tesoros y por las historias de Cajamarca elevó la influencia de los Pizarro ante un emperador que observaba con formalidad los gestos de recompensa que podían derivarse de aquella empresa.

En la corte, Hernando dejó de lado la vida de espadas para abrazar la cortesía de la nobleza. Fue investido caballero de la Orden de Santiago, y, posteriormente, recibió el título de comendador, lo que marcó un giro significativo en su trayectoria, al pasar de la acción bélica a la responsabilidad institucional y ceremonial que acompaña a las distinciones de la Corona. En esa etapa, sin renunciar a sus vínculos familiares, trató de equilibrar los intereses de sus hermanos y, cuando fue necesario, defendió las causas de la familia ante las instancias reales.

Es cierto que, a pesar de la promesa de defender las causas de Almagro, los acuerdos reales reconocieron la posibilidad de extender a Almagro un territorio autónomo que funcionara como gobernador, intentando mitigar la fractura entre ambos bandos. Aun así, los instrumentos de poder de la corte hicieron que las tensiones no se disiparan por completo y que las treguas, cuando existieron, estuvieran cargadas de desconfianza y cálculo político.

Rebelión inca

Con la salida de Almagro hacia Chile, la situación en el Cuzco quedó en manos de los jóvenes Juan Pizarro y Gonzalo Pizarro, mientras su hermano mayor, Francisco Pizarro, se ocupaba de la fundación de Lima como nueva capital. Los jóvenes conquistadores, sin la experiencia necesaria para gestionar las tensiones, sometieron a Manco Inca, que hasta entonces había colaborado con los españoles, y sometieron su dignidad y su autoridad a una presión que provocó la ruptura y una respuesta de rebelión. En respuesta, Hernando, de regreso a la región, intentó reparar el daño y restituir la dignidad de las autoridades incas ante la presión de la contienda, pero la situación ya había escapado de su control y el conflicto estaba consumado en gran parte.

La rebelión inca tuvo un impacto profundo: el propio Manco Inca consiguió escapar de las posiciones españolas y desató una oleada de hostilidad que obligó a las fuerzas españolas a replegarse en el Cuzco. La ciudad quedó cercada y atacada por las fuerzas incas, lo que llevó a que los españoles enfrentaran una defensa prolongada y a que la guerra de asedio villara en la que el liderazgo de Hernando mostró elementos de táctica y resistencia, aun cuando la afectación de la contienda fue devastadora para la población y para los intereses de la expedición.

Teniente de gobernador del Cuzco y detención

Con el fin de las hostilidades en el Cuzco, Hernando recibió el encargo de servir como teniente de gobernador en 1536, en un momento en que el control de la región dependía del equilibrio entre las tropas españolas y la resistencia indígena. Sin embargo, la llegada de Almagro desde Chile reanimó la tensión entre las dos facciones y la ciudad quedó inmersa en una espiral de deslealtades y confrontaciones que precipitó nuevos choques. Las fuerzas españolas buscaban la libertad del sitio, y un contingente de aliados encabezados por Alvarado se movió para socorrer a los sitiados. En ese marco, Almagro exigió la entrega de la ciudad, y la negativa de los defensores provocó el estallido de operaciones militares que culminaron en la Batalla de Abancay, con resultados favorables para Almagro.

El siguiente episodio fue crucial: Hernando y su hermano Gonzalo fueron capturados por Almagro, y el choque entre las tropas de Almagro y las de Alvarado dejó clara la volatilidad de la alianza entre conquistadores. Este episodio marcó la derrota de facto de la prensa pizarrista en el conflicto, al menos en esa coyuntura, y obligó a replantear la estrategia para recuperar el control de la región.

Liberación y guerra civil entre los conquistadores

Tras un periodo de cautiverio, Hernando recuperó la libertad gracias a las gestiones de su hermano Francisco, quien prometió encontrar una salida pacífica a la disputa. No obstante, a la liberación llegó la exigencia de retomar las hostilidades contra Almagro y consolidar la hegemonía de la casa Pizarro. En la Batalla de Las Salinas (1538) las fuerzas pizarristas, lideradas por Hernando, obtuvieron una victoria decisiva que consolidó su influencia y demostró su capacidad para convertir una fase de crisis en un triunfo estratégico. El desenlace fue trágico para Almagro, que fue capturado en el Cuzco y ejecutado por orden de los pizarristas, tras un proceso que disgustó a muchos vecinos de la ciudad y abrió una herida profunda en la relación entre las facciones.

La sentencia final para Almagro, emitida por la autoridad de Hernando, fue la decapitación en la misma ciudad que albergó la guerra civil. La ejecución y la presentación del cuerpo ante la plaza principal sellaron un episodio brutal y polémico: la justicia de la guerra entre conquistadores dejó una marca imborrable en la memoria regional y en la literatura de la experiencia colonial.

Viaje a España para defender la causa pizarrista

Ante la necesidad de legitimar las acciones de los Pizarro frente a la jurisprudencia de Castilla y a las pretensiones de Almagro, Diego de Alvarado viajó a la metrópoli para presentar una denuncia contra los Pizarro por la muerte de Almagro. En respuesta, Francisco envió a Hernando para que defendiera la causa ante la Corona, contando con la designación de Cristóbal Vaca de Castro como árbitro para facilitar las negociaciones entre las facciones. Este episodio convirtió a Hernando en una pieza clave de la gestión de la controversia ante un aparato judicial complejo y poderoso.

Durante su estancia en la península, la figura de Hernando se topó con una atmósfera de intriga y de duelos de poder. El testimonio de testigos resultó dificultoso y, pese a las amenazas de duelo por parte de quienes lo confrontaban, el desarrollo del proceso se convirtió en un fenómeno político más que en una simple contienda legal. Los rumores sobre el asesinato del rival y las intrigas cortesanas rodearon su figura, y el ambiente de la corte dejó entrever el alto costo personal de la lucha por la supremacía entre las casas conquistadoras.

Nuevo encarcelamiento y destierro de Indias

El curso de las investigaciones llevó finalmente a un proceso en su contra, vinculado a la muerte de Almagro y a otras acciones atribuidas a su persona. Fue conducido al Real Alcázar de Madrid y luego al Castillo de La Mota, donde permanecería cerca de dos décadas. Durante su estancia en La Mota, la vida de Hernando dio un giro privado: contrajo matrimonio con su sobrina Francisca Pizarro Yupanqui, hija de Francisco Pizarro y de Quispe Sisa, y con ella procreó varios hijos. Este vínculo estuvo rodeado de intrigas y disputas de herencia que marcarían el devenir de su descendencia, ya que sus descendientes directos se extinguieron con el tiempo, mientras surgían linajes colaterales vinculados a su unión con Isabel Mercado, con quien mantuvo una relación posterior durante su estancia forzosa en el castillo.

A partir de estas circunstancias, la Real Cédula y los reguladores destacaron la legitimidad de los títulos de Francisca Pizarro Yupanqui como heredera de ciertos linajes, y establecieron el marco de las posesiones y derechos de la familia en la región. En 1561, fue puesto en libertad, pero la fortuna del protagonista continuó siendo polémica y discutida en los registros de la Corona. Finalmente, en 1572, el tribunal declaró su condena a una cuantía cuantiosa de ducados y, de manera definitiva, el destierro perpetuo de Indias, cerrando un capítulo de su vida que había estado atravesado por las batallas, la prisión y las intrigas de la Corte.

Últimos años y fallecimiento

Desde Trujillo, ciudad que le dio el nombre a la casa conquistadora, Hernando Pizarro buscó cerrar su ciclo vital con una acción edificante: inició la construcción del Palacio de la Conquista, una obra que aún hoy es un testimonio de esa etapa de su biografía. También instituyó un mayorazgo y promovió la creación de una iglesia y un hospital, esfuerzos que apuntaban a dejar un legado visible para la comunidad local. En el ocaso de su vida, ciego y aquejado por la enfermedad, falleció en 1580 y fue sepultado en la iglesia de San Francisco de Trujillo, cerrando un destino marcado por la gloria y la controversia.

La memoria de Hernando Pizarro se ha mantenido en la historiografía no solo por sus acciones en la conquista, sino también por su papel en la consolidación del linaje de la familia Pizarro y por las complejidades de su trayectoria que, entre prisiones y distinciones reales, dejó una marca indeleble en la dinámica de las conquistas en América.

Obra escrita

  • Carta a los oidores de la Audiencia de Santo Domingo (1533). Aunque no es una crónica exhaustiva, representa una de las primeras narrativas que describen, desde la perspectiva de un participante directo, los hitos de la conquista del Perú y ofrece una visión documental de los hechos que dieron forma al encuentro entre dos mundos.

Imágenes de Hernando Pizarro