José Miguel de Barandiarán
| Nombre completo | Jose Miguel Barandiaran |
|---|---|
| Descripción | Sacerdote, antropólogo, etnólogo y arqueólogo vasco (1889-1991) |
| Fecha de nacimiento | 31-12-1889 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 21-12-1991 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | sacerdote católico, antropólogo, arqueólogo, etnólogo, sacerdote |
| Grupos | Real Academia de la Lengua Vasca, Sociedad de Ciencias Aranzadi, Real Academia Española, Sociedad de Eusko Folklore, Sociedad de Estudios Vascos |
| Idiomas | euskera, español |
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José Miguel de Barandiarán y Ayerbe nació en Atáun, en el caserío Perune–Zarre, el 31 de diciembre de 1889 y falleció en la misma localidad el 21 de diciembre de 1991. Su trayectoria combina la labor sacerdotal con una incesante curiosidad científica que le llevó a convertirse en un referente en antropología, etnografía y arqueología. Su obra ha iluminado la diversidad y las tradiciones del pueblo vasco, a la vez que dialogaba con tradiciones académicas europeas y un saber popular transmitido de generación en generación.
José Miguel de Barandiarán y Ayerbe nació en Atáun, en el caserío Perune–Zarre, el 31 de diciembre de 1889 y falleció en la misma localidad el 21 de diciembre de 1991. Su trayectoria combina la labor sacerdotal con una incesante curiosidad científica que le llevó a convertirse en un referente en antropología, etnografía y arqueología. Su obra ha iluminado la diversidad y las tradiciones del pueblo vasco, a la vez que dialogaba con tradiciones académicas europeas y un saber popular transmitido de generación en generación.
Biografía
Siendo el menor de nueve hijos, nació en un entorno familiar marcado por la fe y la vida rural. Sus padres fueron Francisco Antonio Barandiarán y Antonia Ayerbe, y desde joven recibió la influencia espiritual de su progenitora, que cultivó una fe profunda en el hogar. Perune–Zarre fue siempre su lugar de origen, donde germinó la vocación que lo llevaría a la vida religiosa y al compromiso con la cultura vasca.
Con diecisiete años inició una trayectoria formativa que lo llevó a la Preceptoría de Baliarrain y, posteriormente, al seminario de Vitoria. En su doble recorrido académico, simultaneó estudios de Teología y Magisterio, preparándose para la ordenación sacerdotal, que obtuvo en Burgos en 1914. En 1915 recibió la licenciatura en Teología en la Universidad Eclesiástica de Burgos, y poco después, en 1916, emergió en su quehacer un interés marcado por la Prehistoria y la etnografía de las comunidades vascongadas, una línea que definiría gran parte de su vida.
La influencia metodológica de Wilhelm Wundt, especialmente a través de su obra Völkerpsychologie, marcaría el rumbo de sus investigaciones. En el verano de 1916, durante una exploración en el área del Castillo de San Gregorio, descubrió en las cercanías de Argarbi, en la sierra de Aralar, nueve dólmenes que hasta entonces eran desconocidos como tales. Este hallazgo impulsó su contacto con Telesforo de Aranzadi, catedrático de Antropología en la Universidad de Barcelona, quien ya trabajaba en monumentos afines en la vertiente navarra de Aralar, y se convirtió en un puente entre investigaciones vascas y el mundo académico continental.
En el verano de 1917, Barandiarán, Aranzadi y el geólogo Enrique Eguren realizaron la primera campaña de campo en los dólmenes de Aralar, inaugurando un equipo de trabajo que daría como resultado numerosos hallazgos y publicaciones durante las dos décadas siguientes. Este grupo, conocido como Aranzadi-Barandiarán-Eguren, llevó a cabo prospecciones, excavaciones y estudios que estructuraron gran parte del conocimiento prehistórico vasco durante los años entre 1917 y 1936.
En su labor como docente, Barandiarán impartía clase en el seminario de Vitoria y, a raíz de un discurso inaugural sobre Prehistoria vasca en el curso 1917-18, entabló relaciones con figuras destacadas de la prehistoria europea, entre ellas Henri Breuil y Hugo Obermaier, con quienes establecería intercambios y contactos que estimularían su investigación. En 1921 fundó la Sociedad de Eusko Folklore, la revista Anuario de Eusko Folklore y la colección Eusko-Folklore. Materiales y Cuestionarios, publicaciones que recogían mitos y leyendas de la tradición vasca y consolidaban una plataforma para la investigación etnográfica de la región.
En 1922 y 1924 llevó a cabo una gira por Europa junto con Aranzadi y el profesor Enrique Eguren, visitando museos e instituciones que ampliaron su visión comparativa. Entre 1923 y 1924 participó en cursos dirigidos por Abate Breuil, experiencia que enriqueció su formación y, al mismo tiempo, mostró las tensiones entre la labor científica y la presión hidrocrítica de la época. A pesar de las dificultades que marcaban su labor por la politización y la tensión entre autoridades eclesiásticas y movimientos anticlericales, su labor fue reconocida en el ámbito académico y recibió nombramientos de relevancia, como patrono regional del Museo del Pueblo Español de Madrid en 1930 y miembro del Consejo Permanente de los Congresos Internacionales de Antropología y Etnografía en Londres en 1934.
Entre sus discípulos de aquella época figura Julio Caro Baroja, sobrino de Pío Baroja, quien pidió incorporarlo a su equipo de investigación y con quien intercambió ideas que marcaron su trayectoria posterior. En 1929 emprendió un segundo viaje de estudios junto a Aranzadi, recorriendo diversas sociedades e institutos antropológicos para ampliar su acervo y fortalecer redes de colaboración en el campo.
Durante el periodo 1917-1936, Barandiarán, en colaboración con Aranzadi y Eguren, llevó a cabo un plan sistemático de excavaciones que se centraron principalmente en el País Vasco. Se estudiaron dólmenes y necrópolis de Aralar, Aitzgorri y otros yacimientos distribuidos por la geografía vasca, incluidos Altzania, Encía y Santimamiñe, así como cuevas y grutas de Guipúzcoa y Vizcaya. Estas campañas definieron técnicas de campo y sentaron las bases de una antropología regional basada en datos empíricos, que nacen de un enfoque riguroso y paciente a la vez que permeó el trabajo de generaciones futuras.
En 1935 su labor recibió un reconocimiento institucional internacional al ser nombrado miembro del Consejo Permanente del Congreso Internacional de Antropología y Etnografía, con sede en Londres, una señal de que su influencia había traspasado fronteras y que sus métodos eran valorados por la comunidad científica global.
Exilio
Con el estallido de la Guerra Civil, Barandiarán se vio obligado a abandonar el País, huyendo al País Vasco francés para continuar sus investigaciones sin las presiones que se vivían en España. Su trayectoria de exilio comenzó con una salida desde el puerto de Motrico rumbo a Socoa, cercano a San Juan de Luz, y siguió con un traslado al seminario de Bayona para atender a los jóvenes refugiados que habían dejado sus comunidades.
En Francia su vida adoptó un nuevo ritmo: entre 1936 y 1941 permaneció primero en Biarriz y luego, entre 1941 y 1953, en Sare, acompañado por su sobrina Pilar, figura que jugó un papel decisivo en su vida personal y profesional. Durante estos años, siguió cultivando la investigación y la docencia, adaptando sus proyectos a un contexto de movilización cultural y apertura académica en el exilio.
En 1946 dio un nuevo impulso a su labor organizativa al crear el Institut Basque de Recherches, conocido como Ikuska, junto con la edición de un boletín que reunía las investigaciones desarrolladas en el marco de este instituto. A partir de entonces participó de forma activa en congresos y encuentros internacionales, buscando mantener vivos los lazos de la comunidad vasca en el ámbito de la investigación y la difusión cultural.
Entre 1946 y 1950 tomó parte en congresos celebrados en Londres y Oxford, y en París participó en el Congreso de Archeocivilización y Musée de l'Homme (1947) y en otros encuentros organizados en 1948 y 1949 en París y Bruselas, respectivamente. Estas actividades fortalecieron su red de contactos y le permitieron mantener un flujo constante de ideas entre el exilio y los centros de estudio europeos, a la vez que consolidaban su posición como figura central de la investigación vasca en el panorama internacional.
Regreso al País Vasco
En octubre de 1953 regresa a su pueblo natal, Ataun, y se produce un resurgir institucional que uniría su labor académica con un nuevo ciclo de proyectos. En ese mismo año se crea en la Universidad de Salamanca la cátedra de Estudios Vascos Larramendi, y Barandiarán es invitado como profesor visitante para pronunciar una conferencia titulada El estado actual de los estudios vascos, respuesta a la necesidad de ordenar y renovar las perspectivas sobre la cultura vasca en un contexto de posguerra.
Al poco, reanudó las excavaciones en Urtiaga, un yacimiento que había quedado interrumpido años atrás, esta vez bajo el auspicio de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. El retorno permitió revigorizar la línea de trabajo arqueológico y devolverle al valle de la Cueva una función de laboratorio al aire libre que formó a nuevas generaciones de prehistoriadores que se convirtieron en protagonistas de un renacimiento de la investigación vasca.
En 1956 emprendió las labores en Lezetxiki, en Mondragón, y en 1960 inició la campaña de Aitzbitarte IV, en Rentería. Estos yacimientos se convirtieron en escuelas de campo donde jóvenes como Jesus Altuna y otros estudiantes de antropología pudieron aprender las técnicas de campo bajo su guía paciente y exigente. En esa misma época, Barandiarán reeditó y amplió el semanario Eusko Folklore, cubriendo desde el volumen 15 hasta el 30 (edición 1991), con el respaldo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, y volvió a dirigir investigaciones arqueológicas que abrieron paso a nuevos equipos de jóvenes investigadores.
Con el tiempo, el aprendizaje de nuevas técnicas de campo, la organización de equipos y la ampliación de las investigaciones le llevaron a impulsar un programa más amplio de recopilación etnográfica. En este marco creó y reforzó varios proyectos para explorar y documentar el patrimonio vasco en distintos yacimientos como Lezetxiki, Aitzbitarte, Kurtzia, Atxeta, Urtiaga, Axlor, Ekain, así como otros lugares de Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra. Este esfuerzo conjunto consolidó una red de jóvenes investigadores que, bajo su tutela, adquirieron experiencia en campo y técnicas de registro etnográfico y arqueológico.
Ese mismo año, anunció la reedición del Eusko Folklore —la publicación que había iniciado años atrás— y la llevó adelante desde el volumen 15 hasta el 30, con una continuidad que perduró más allá de su etapa directa. propició la creación de nuevos grupos de trabajo, renovó la dirección de proyectos y dio nuevas orientaciones a las investigaciones en curso, reafirmando su papel como catalizador de una labor colectiva que vinculaba investigación, difusión y enseñanza.
Entre 1965 y 1977 ejerció la liderazgo de la cátedra de Etnología Vasca en la Universidad de Navarra y, desde 1964, impartió enseñanza de euskera en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad. Allí concibió el Plan Etniker, un programa para formar y coordinar equipos de investigadores y colaboradores en todo el País Vasco con el objeto de construir el Atlas Etnográfico de Vasconia. Este proyecto de gran envergadura se convirtió en un hito de la labor etnográfica en la región, al reunir un acervo de información y una metodología de recopilación sistemática.
En 1972, la Gran Enciclopedia Vasca de Bilbao inició la publicación de sus obras, que terminaron componiendo una colección de 22 volúmenes. Ese año también dio inicio a un proyecto de investigación en Busturia con el historiador Joseba Agirreazkuenaga, ampliando su interés hacia la etnografía regional y su intersección con la historia local. En 1976, junto a Manuel Lekuona y otros colegas, reactivó la Junta Permanente de la Sociedad de Estudios Vascos y, en la asamblea de Oñate, fue elegido presidente de Eusko Ikaskuntza por unanimidad, cargo que ejerció con renovada energía y visión de conjunto.
A finales de la década de los ochenta, escribió Mitos del pueblo vasco y, ya cumplidos los 100 años, participó activamente en la revisión de investigaciones etnográficas anteriores para su publicación, especialmente las que habían quedado pendientes en Ezcurra. Su vida siguió ligada a la labor de campo, la docencia y la divulgación hasta su fallecimiento en Ataun, a los 101 años, dejando una herencia que continúa guiando a las generaciones presentes y futuras.
Importancia de su labor
La contribución de Barandiarán se distingue por contemplar la cultura vasca desde una perspectiva sobria y rigurosa, sin caer en pasiones partidistas. Su enfoque integró la observación de tradiciones orales, prácticas sociales, ritos y mitologías dentro de un marco metodológico que buscó entender las continuidades y transformaciones a lo largo del tiempo, sin trivializar lo local ni exagerar lo excepcional. Su labor es reconocida como un puente entre la tradición y la interpretación crítica de los datos, una voz capaz de articular una identidad regional sin perder la mirada global de la antropología.
Relación de sus obras principales
- Paletnografía vasca (1921)
- Mitología vasca (1924)
- El hombre primitivo en el País Vasco (1934)
- Antropología de la población vasca (1947)
- Cultura vasca (1977)
- Historia general del País Vasco (1980)
- Brujería y brujas (1984)
- Mitos del pueblo vasco (1989)
- Mitología del pueblo vasco (1994)
Cargos, distinciones y reconocimientos
La figura de Barandiarán fue honrada con una diversidad de distinciones que atestiguan su impacto académico y cultural. Entre ellas destaca la Gran Cruz de la Orden de Carlos III, la designación como académico de número de la Real Academia de la Lengua Vasca y su condición de miembro de la Real Academia Española, además de la Medalla de Oro de Navarra. Su nombre ha quedado grabado en distintas instituciones como un referente de la investigación vasca y de su apoyo institucional.
La Sociedad de Estudios Vascos, más conocida como Eusko Ikaskuntza, creó en su honor la Fundación José Miguel de Barandiarán, una entidad privada de carácter cultural destinada a reeditAR publicaciones y a conservar su legado. Esta fundación ha contribuido a la continuidad de su obra, la difusión de sus memorias y la consolidación de un archivo que reúne su espectro de investigaciones y principios metodológicos.
En reconocimiento a su trayectoria, el Gobierno Vasco le concedió la Cruz del Árbol de Guernica y, dos años más tarde, la Medalla de Oro de Navarra. Más allá de estas distinciones, la casa de estudios y las universidades que lo reconocieron con doctorados Honoris Causa —entre ellas la Universidad del País Vasco y la Universidad de Deusto— consolidaron su estatura como un referente de la cultura y la memoria vasca en el siglo XX y principios del XXI.
En memoria de su labor, la Sociedad de Estudios Vascos instituyó una fundación en su nombre, que ha servido para impulsar proyectos culturales y de investigación, y para sostener la edición y la difusión de las investigaciones que Barandiarán desarrolló a lo largo de su vida. Su legado quedó también reflejado en numerosos edificios y espacios dedicados a la educación y a la cultura vasca, que llevan su nombre en distintas ciudades y municipios, recordatorios de un trabajo que se extendió más allá de una biografía individual para abrazar a toda una comunidad.