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Martín Chirino López

Nombre completo Martín Chirino López
Descripción Escultor español
Fecha de nacimiento 01-03-1925
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 11-03-2019
Nacionalidad España
Ocupaciones escultor
Grupos El Paso, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Idiomas español
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Martín Chirino López nació en Las Palmas de Gran Canaria el 1 de marzo de 1925 y murió en Madrid el 11 de marzo de 2019. Su trayectoria artística convirtió la escultura en un lenguaje de ideas, enfrentando lo local y lo global. Cofundador de un influyente colectivo en los años cincuenta, llevó el hierro a primer plano y situó la abstracción como eje de su creación. Su legado se articula entre lo técnico, lo simbólico y lo poético de la forma.

Martín Chirino López — Imagen principal

Martín Chirino López nació en Las Palmas de Gran Canaria el 1 de marzo de 1925 y murió en Madrid el 11 de marzo de 2019. Su trayectoria artística convirtió la escultura en un lenguaje de ideas, enfrentando lo local y lo global. Cofundador de un influyente colectivo en los años cincuenta, llevó el hierro a primer plano y situó la abstracción como eje de su creación. Su legado se articula entre lo técnico, lo simbólico y lo poético de la forma.

Biografía

Primeros años

Nació en la capital canaria, en una zona litoral donde la proximidad al mar y a la industria naval marcaría su mirada de metal y volumen. Fue el undécimo de una familia numerosa, y su padre ocupaba un cargo directivo en un astillero del Puerto de la Luz, experiencia que le proporcionó el primer contacto con el mundo del metal y la construcción de estructuras. El entorno familiar y esos primeros acercamientos a la fábrica influirían en su posterior interés por la forja y la geometría de las piezas.

Durante la adolescencia forjó una amistad con Manolo Millares, con quien compartiría afinidades artísticas y personales. Por decisiones del padre, trabajó inicialmente en el rubro de la navegación, acompañando a buques en salidas hacia la costa africana para abastecimiento, una experiencia que encontraría resonancia en su obra más adelante. El aprendizaje escultórico comenzó en la academia de Manuel Ramos, donde fue afianzando las bases formales que luego enriquecerían su búsqueda estética.

En 1948 se trasladó a Madrid para ampliar estudios y oportunidades. Su primer impulso fue inscribirse en Filosofía y Letras, pero pronto ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Durante esos años concilió la formación académica con labores como ayudante de quien sería su colega y mentor, Manuel Ramos, mientras se nutría de la escena artística de la capital.

Marcha a Madrid. El Paso

La década de los cincuenta marcó un giro decisivo: Chirino dejó la región atlántica para perseguir una carrera en la península y explorar la vanguardia. Tras completar sus estudios en Bellas Artes en 1952, recibió la condición de profesor y emprendió una etapa de aprendizaje en Londres, donde investigó la escultura contemporánea británica y entró en contacto con nombres como Henry Moore y Barbara Hepworth. Las estancias londinenses ampliaron su visión del volumen y de la forja, que luego trasladó a talleres privados de forja tras su regreso a Canarias.

De regreso a la capital, su relación con Manolo Millares se fortaleció y su actividad docente se diversificó: ejerció como profesor de inglés en un colegio de Madrid y exhibió por primera vez en la ciudad. Su primera exposición personal tuvo lugar en el Ateneo de Madrid y, poco después, en febrero de 1957, nació el grupo El Paso, con Antonio Saura, Manolo Millares, Manuel Rivera, Rafael Canogar, Luis Feito, Pablo Serrano, Juana Francés, José Ayllón y Manuel Conde, al que posteriormente se unió Chirino junto a Manuel Viola.

El paso a la escena internacional se consolidó con la participación de la obra de Chirino en muestras de gran resonancia: una sala dedicada en la Bienal de São Paulo de 1959 y la selección para la muestra colectiva del Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York en 1960, con comentarios de Frank O’Hara. En esas puestas en escena aparecieron piezas como una pieza titulada «Homenaje a Julio González» junto a obras que llevaban el tema de las raíces y la espiral, germen de su lenguaje característico.

La disolución de El Paso en mayo de 1960 cerró una etapa grupal, y Chirino consolidó su taller en San Sebastián de los Reyes, Madrid, proyecto que costearía y sostendría por treinta y cinco años. En ese periodo se fue forjando una identidad personal dentro de la escena madrileña, marcado por una trayectoria paralela que combinaría creación y enseñanza.

Etapa en solitario

En 1961 una enfermedad grave situó su actividad en un compás diferente: fue ingresado en un sanatorio de Madrid, proceso que coincidió con su primera incursión en el mercado estadounidense a través de Grace Borgenicht Gallery de Nueva York, donde presentó catorce obras entre 1959 y 1962, incluyendo piezas que ya habían estado en el MOMA. Entre los títulos emergen piezas de contenido figurativo y una consolidación de su interés por las ideas contenidas en las formas y en la materia.

La década siguiente trajo nuevas exhibiciones y experimentaciones: en el Ateneo de Madrid presentó series centradas en los temas de los Vientos y de las Raíces, y exploró piezas como El Grito o El Inquisidor. La vida personal dio continuidad a su trayectoria: en ese periodo nació su hija Marta, y la producción de obras se diversificó entre piezas de hierro y proyectos escultóricos de mayor formato.

En 1964 viajó a Grecia durante dos meses, encuentro que dejó una influencia notable en la serie Mediterránea, y dos años después el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca adquirió obras suyas para la colección, fortaleciendo su presencia en museos regionales. Su perfil de artista internacional crecía, con trabajos que combinaban el recorte de chapa, el ensamblaje y la pintura de color que dotaba de vida a los volúmenes.

La década de los sesenta culminó con una muestra en Nueva York (1969) donde presentó de manera amplia la serie Mediterráneas, esculturas realizadas con láminas de hierro soldadas y pintadas, que marcaron un giro hacia volúmenes huecos y de apariencia liviana. En esa fase también se instaló un diálogo con espacios públicos de la ciudad, destacando una presencia en el Museo de Escultura al Aire Libre de la Castellana.

En Tenerife se erigió una obra de gran formato llamada My Lady, frente al Colegio de Arquitectos de Canarias en Santa Cruz de Tenerife, que formó parte de una exposición de calle y se convirtió en un emblema de la relación entre su propuesta y el entorno urbano. Durante esa época mantuvo vínculos estrechos con figuras culturales de la región y con personalidades de la escena artística internacional.

La década de los setenta consolidó su presencia en Nueva York, donde trabajó en el estudio de Beatrice Perry y llevó a cabo encargos de connotación íntima, como una escultura para la tumba del hijo de su amiga, en la diócesis cercana. Allí comenzó a explorar un cruce entre la memoria personal y la memoria colectiva a través de obras que abrazaban la idea de la materia como testigo de la experiencia.

Encrucijadas y reconocimientos

En 1976 firmó el Manifiesto del Hierro, un documento que vinculaba la identidad canaria con su pasado africano y que, pese a ser matizado por distintos firmantes, definió un marco de pensamiento cultural decidido a repensar el lugar de Canarias en la geografía africana y mundial. En la misma línea, suscribió el Documento AfroCan, presentado en Madrid, y llevó a cabo una exposición titulada Afrocán en la Galería Juana Mordó, que consolidó su perfil de artista que dialoga con la identidad regional desde una proyección continental.

El año 1978 le otorgó el Primer Premio Internacional en la Bienal de Escultura de Budapest, un hito que reforzó su resonancia en circuitos europeos y mostró su capacidad para trascender fronteras. En 1980 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas, reconocimiento que consolidó su trayectoria dentro de las instituciones culturales españolas.

En los años ochenta su labor fue reconocida con la Medalla de Oro de Bellas Artes y, poco después, con un encargo institucional de relevancia. El periodo coincide con una etapa de gestión institucional: en 1982, tras la victoria electoral de un partido político en el país, se le propuso presidir el Círculo de Bellas Artes de Madrid, cargo que ejerció hasta 1992 y que le permitió influir en el circuito artístico de la capital.

Labor institucional y proyectos andaluces

Entre 1987 y 1992 Chirino produjo obras en distintos espacios institucionales y, de forma destacada, realizó la pieza Gran Cabeza Africana para la sede de una entidad de ahorro canaria. Paralelamente, fue designado miembro de la Comisión Asesora del Museo Reina Sofía, ampliando su ámbito de influencia y su papel como referente para nuevas generaciones. En 1989 comenzó a estar vinculado a la creación del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) de Las Palmas de Gran Canaria, del cual asumió la dirección dos años después, mientras mantenía su labor directiva en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. La doble labor permitió una articulación entre el centro y la periferia, entre las islas y la península.

En 1992 decidió no presentarse a la reelección para concentrarse en su obra personal y en la dirección del CAAM, donde intensificó proyectos de difusión y recuperación de la colección. Este periodo consolidó su figura como motor de renovación de la escena artística canaria y española, mediante una gestión que equilibraba investigación, exhibición y docencia.

Últimos años y legado urbano

En 1996 la obra Lady Harimaguada fue inaugurada en Las Palmas y, con el tiempo, se convirtió en un emblema de la ciudad y en referencia para eventos culturales de gran envergadura, incluido el Festival Internacional de Cine. Poco después, la espiral que caracteriza su iconografía apareció en el techo del Parlamento de Canarias, consolidando su presencia en símbolos institucionales; la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria también incorporó su escultura El Pensador a su logotipo del campus de Tafira.

En 2002 Chirino dejó la dirección del CAAM en medio de una reestructuración museística que generó controversias, marcando un conflicto entre la gestión institucional y la creación artística. En 2007 recibió el título de hijo adoptivo de San Sebastián de los Reyes, municipio donde residió durante años, y se le concedió además el honor de una calle y una sala de exposiciones en su nombre. La relación con Morata de Tajuña se fortaleció en 2016, cuando fue declarado hijo adoptivo de ese municipio y, como homenaje, se erigió la escultura La Morateña.

El 11 de octubre de 2014 fue distinguido como Miembro Honorario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, una ratificación de su trayectoria dentro de la élite académica y artística. En 2019, tras su fallecimiento en la capital española, sus cenizas encontraron un lugar definitivo en el cementerio de Vegueta, junto a la tumba de su amigo Alfredo Kraus, bajo el monumento que él mismo había diseñado y denominado Jano, evocando las puertas como umbrales de memoria.

Fundación Martín Chirino

En 2015 se inauguró la Fundación de Arte y Pensamiento Martín Chirino en el Castillo de la Luz, en Las Palmas de Gran Canaria. Este centro museístico alberga una colección permanente de 25 obras que recorren su trayectoria y ofrecen una lectura integral de su lenguaje escultórico, articulando la colección con propuestas de pensamiento y reflexión sobre el arte contemporáneo. La fundación se convierte en un puente entre la obra y el público, facilitando una comprensión más amplia de su proyecto artístico y su filosofía de creación.