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Tomás de Zumalacárregui

Nombre completo Tomás de Zumalacárregui
Nombre nativo Thomas Antonio Zumalacarregui Ymaz
Descripción Militar vasco y oficial del Ejército carlista del Norte en la primera guerra Carlista
Fecha de nacimiento 29-12-1788
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 24-06-1835
Nacionalidad España
Ocupaciones militar, militar carlista
Idiomas español, euskera
HermanosMiguel Antonio de Zumalacárregui
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Tomás de Zumalacárregui e Imaz nació en Ormáiztegui, en el seno de una familia de la clase media-alta. Su infancia estuvo marcada por la temprana pérdida de su padre y por una educación heterogénea que combinó lo elemental, el latín y ciertas nociones de oficio. Su trayectoria lo llevó desde la guerrilla en el norte hasta convertirse en un general carlista durante la Primera Guerra Carlista, ganándose el apodo de “Tío Tomás”. Este relato Sistematiza sus pasos, fraudes y gestos decisivos en un periodo convulso de la historia española.

Tomás de Zumalacárregui — Imagen principal

Tomás de Zumalacárregui e Imaz nació en Ormáiztegui, en el seno de una familia de la clase media-alta. Su infancia estuvo marcada por la temprana pérdida de su padre y por una educación heterogénea que combinó lo elemental, el latín y ciertas nociones de oficio. Su trayectoria lo llevó desde la guerrilla en el norte hasta convertirse en un general carlista durante la Primera Guerra Carlista, ganándose el apodo de “Tío Tomás”. Este relato Sistematiza sus pasos, fraudes y gestos decisivos en un periodo convulso de la historia española.

Biografía

Infancia y formación

Nacido en el caserío Arandi de Ormáiztegui, Tomás provenía de una familia con ciertas comodidades para la época y era el penúltimo de once hermanos. Su progenitor fue Francisco Antonio Zumalacarregui Muxica y su madre María Ana Ymaz Altolaguirre; uno de sus hermanos mayores, Miguel Antonio, se convertiría en un político liberal objeto de represión por parte de los absolutistas. En su niñez quedó huérfano y, poco después, su familia se trasladó a la casa Iriarte-Erdikoa, que hoy se conserva como motivo museográfico. Allí inició sus estudios elementales y manejó las primeras letras. En 1801 su madre lo envió a Idiazábal para aprender la práctica de escribano con un primo, y tres años más tarde pasó varios meses en Pamplona, donde conoció a Pancracia Ollo, con quien contrajo matrimonio en 1820.

Guerra de la Independencia

Con el estallido de la lucha contra Napoleón, en 1808 se alistó en Zaragoza y participó en el primer sitio a la ciudad, así como en la batalla de Tudela y en el segundo asedio. Durante el segundo cerco fue capturado por las fuerzas francesas en una salida frustrada, pero logró escapar cortando sus ataduras y regresó a su localidad natal. A partir de entonces se incorporó a una agrupación de guerrilleros dirigida por Gaspar de Jáuregui, conocido como El Pastor, quien luchaba de forma independiente en el País Vasco y Navarra. Al ser un hombre de iniciativa, Zumalacárregui recibió rápidamente la tarea de secretario personal de Jáuregui. Existen versiones que señalan que Jáuregui era analfabeto y que Zumalacárregui le impartía clases de lectura y escritura; otras fuentes lo niegan o las matizan, pero lo cierto es que la colaboración entre ambos favoreció su alfabetización práctica y su proyección política-militar. En los primeros años de la guerra tomó parte en numerosos asaltos y escaramuzas, destacando en lugares como Azpíroz, Oyarzún y Santa Cruz de Campezo, lo que le permitió ascender a subteniente dentro de la guerrilla.

En 1811 las guerrillas vascas y navarras, junto a otros grupos cercanos, fueron integradas en el Séptimo Ejército español, bajo el mando de Gabriel de Mendizábal. Jáuregui fue nombrado coronel y consolidó la unión de las guerrillas guipuzcoanas, que en el nuevo marco pasaron a formar el Primer Batallón de Guipúzcoa; Zumalacárregui, con el grado de teniente, pasó a ser oficial del Ejército. Con el tiempo se añadieron más batallones en Guipúzcoa a medida que crecía la guerrilla, y él siguió desempeñando funciones relevantes dentro de ese cuerpo.

Durante esos años Zumalacárregui se consolidó como un experto de la guerra de guerrillas, dominando no solo la táctica, sino también aspectos logísticos, organizativos e de inteligencia. Su aprendizaje se forjó en convivencia con la montaña y en el conocimiento del terreno vasco-navarro, aprendizaje que resultaría decisivo cuando años después organizara el esfuerzo carlista. En la campaña participó en múltiples operaciones y batallas del norte, destacando su actuación en frentes de Guipúzcoa y Navarra.

Carrera militar

Concluida la etapa de la lucha de independencia, Zumalacárregui permaneció en el Ejército y fue nombrado capitán archivista. Su postura política se inclinó hacia el absolutismo monárquico, marginándolo de los principios liberales que triunfaban en España. En 1820, cuando se restableció la Constitución de 1812, fue denunciado ante el Gobierno por oficiales liberales y, si bien la acusación no prosperó, quedó apartada del servicio activo temporalmente. Más tarde se incorporó a las órdenes de Vicente Genaro de Quesada y ascendió a teniente coronel en 1822.

Tras la restauración de Fernando VII y la vuelta del absolutismo en 1823, formó parte de una comisión militar destinada a reprimir delitos políticos, obteniendo el grado de coronel en 1829. En 1832 fue nombrado gobernador militar de Ferrol, y ya para entonces era visto como un componente del bando absolutista que apoyaba las pretensiones de Carlos María Isidro de Borbón, Don Carlos.

Con la firma de la Pragmática Sanción de 1830 y la proclamación de Isabel II como heredera, cruzó con tensiones a las autoridades de Ferrol que apoyaban la causa constitucional. Como consecuencia, recibió una acusación de desafección y fue enviado a Pamplona, lo que marcó un giro importante en su carrera y su seguridad en el entorno político de la época.

Guerra Carlista

Tras la muerte de Fernando VII, Zumalacárregui se encontraba sin mando en Pamplona, vigilado por las autoridades conservadoras. Aprovechó una coyuntura para huir y alistarse en las fuerzas carlistas que se movían en el valle de La Berrueza, Navarra, bajo el liderazgo de Iturralde y Sarrasa. El levantamiento encontró frentes dispersos; tras derrotas en La Rioja y en las Provincias Vascongadas, restos del movimiento se ocultaron en los valles de La Berrueza y Amescoas. El 14 de noviembre de 1833 fue elevado a jefe de las tropas carlistas y, desde Estella, inició la organización de un contingente que, en poco tiempo, adquiriría la fisonomía de un ejército rebelde, equipándose mayoritariamente con armamento tomado a las tropas cristinas.

Popular entre sus hombres, recibió el apodo de Tío Tomás y mostró una fuerte determinación para sostener su bando, aun a costa de la crueldad en la represión de rivales liberales. Su acción más notoriedad polémica fue la aprobación de fusilamientos durante el conflicto de Heredia, hecho que manchó su figura con la sombra de la violencia política. A medida que avanzaba la guerra, se consolidó como el líder de un ejército que, pese a su inferioridad numérica y de recursos, logró mantenerse en pie gracias a la guerrilla y a la movilidad que le otorgaba el terreno.

En 1834 logró importantes victorias que afectaron el frente cristino: el asalto a un convoy de armamento entre Logroño y Cenicero, las acciones en Alegría de Álava y la operación de la Venta de Echavarri. Sin embargo, aquel año terminó con la derrota en Mendaza y una retirada prudente en Arquijas, prueba de la cautela que acompañaba a su estrategia cuando las condiciones no eran favorables.

Durante 1835 su estrategia se orientó a deshacer las guarniciones clave de Maeztu, Alsasua, Elizondo, Santesteban y Urdax, reduciendo la capacidad de respuesta de las fuerzas cristinas, que se retiraron a la ribera sur del Ebro y a la orilla izquierda del Arga. En paralelo, sus responsabilidades se extendieron al control de Vascongadas, mientras Don Carlos le ordenaba ampliar el dominio hacia Bilbao, con el objetivo de obtener apoyo económico y político, y de abrir camino hacia Madrid.

La controversia de la meta se hizo evidente cuando Zumalacárregui, pese a obedecer la directriz de avanzar sobre Bilbao, mostraba inclinación por dirigir la ofensiva hacia Vitoria, un objetivo que consideraba más factible para debilitar al adversario en el propio corredor del País Vasco. En cualquier caso, el avance coincidió con un giro estratégico y con la consolidación de su posición en distintas guarniciones estratégicas de la zona.

La campaña para tomar Bilbao avanzó con éxito: tras vencer al general Espartero en el Puerto de Descarga, el asedio a Bilbao se convirtió en una realidad y él logró imponer su control sobre la ciudad a mediados de junio de 1835, marcando un hito en la contienda carlista y elevando su prestigio entre las filas carlistas.

Su muerte

El 15 de junio de 1835, durante un reconocimiento personal de las fortificaciones enemigas, ascendió al balcón del Palacio Quintana para observar las posiciones de sus fuerzas y recibió un impacto de bala rebotada en la pierna, disparada por las tropas sitiadoras. Fue atendido de inmediato por el médico de cámara, pero el general rechazó la extracción del proyectil; fue trasladado a Cegama, viajando cargado en un sillón y escoltado por sus voluntarios hasta la casa de su hermana.

Allí sufrió y murió el 24 de junio, a las diez y media de la mañana, probablemente de septicemia provocada por la herida y la infección derivada de la intervención médica posterior. Su fallecimiento dejó sin líder a las filas carlistas en un momento crucial de la guerra, y la noticia se recibió en Durango a las 18:00. La vivienda donde murió, Mazkiaran Barrena, sigue siendo un testimonio de su paso por la región, y su funeral se realizó sin la presencia del pretendiente, a pesar de la distancia.

Nunca llevó uniforme durante la campaña carlista, sino que su atuendo habitual fue un chaquetón de piel; por ello fue enterrado al día siguiente de su fallecimiento vestido de frac, habiendo sido nombrado capitán general poco antes. Este detalle, junto con las tensiones entre la corte ambulante y el mando en el frente, alimentó las leyendas sobre su muerte, aunque no existe evidencia concluyente que las corroborara.

Acciones de guerra

Las operaciones más destacadas en las que participó Zumalacárregui mostraron la versatilidad de su mando y el desarrollo de su táctica guerrillera. A continuación se resumen las que, por su impacto, se consideran centrales en su trayectoria:

  • La Acción de la Peña de San Fausto, realizada el 19 de agosto de 1834, que fortaleció su posición frente a las incursiones de las fuerzas cristinas.
  • La Acción de Alegría de Álava, ejecutada el 27 de octubre de 1834, que abrió un corredor de maniobra para futuras operaciones.
  • La Acción de la Venta de Echavarri, del 28 de octubre de 1834, que demostró su capacidad para neutralizar líneas de suministro ennemies.
  • La Acción del puente de Larraga, el 8 de marzo de 1835, que cortó rutas estratégicas y aisló a algunas guarniciones cristinas.
  • La Acción de Larremiar, el 12 de marzo de 1835, que consolidó la superioridad táctica en el frente oriental.
  • La Acción de Artaza, el 22 de abril de 1835, que demostró la capacidad de coordinación entre fuerzas propias y fuerzas aliadas.
  • La Acción del Puerto de Descarga, del 2 de junio de 1835, que reforzó el control logístico sobre las rutas de approvisionamiento de las tropas cristinas.

Fuera de esas operaciones planificadas, Zumalacárregui aceptó abrir combate en solo tres ocasiones: la Batalla de Nazar y Asarta (29 de diciembre de 1833), la Batalla de Mendaza (12 de diciembre de 1834) y la Batalla de Arquijas (15 de diciembre de 1834). En estas confrontaciones dejó claro su criterio de enfrentamiento directo frente a una superioridad adversa ocasional, priorizando la sorpresa y la movilidad sobre las cargas convencionales.

La figura de Zumalacárregui ha sido objeto de interpretaciones dispares entre la historiografía, especialmente por su papel en la organización de un cuerpo carlista que logró sostenerse frente a una coalición liberal que contaba con mayor equipamiento. Su legado, cargado de polémicas y de una eficiencia táctica notable, se admite como un pilar fundamental para entender el desarrollo de la Primera Guerra Carlista y el ascenso de la resistencia en los valles y montañas del norte de la Península.

Imágenes de Tomás de Zumalacárregui